Laura Esquivel, op. cit., p. 87.
En la misma tesitura está el siguiente fragmento de Isabel Allende: «Y entonces, en una oleada de sangre surgió una cabeza cubierta de pelo oscuro [...]. Con otro brutal empeño de la madre apareció el resto del cuerpo de mi nieta, un paquete ensangrentado y frágil, el más extraordinario regalo». Isabel Allende, Paula, Barcelona, Círculo de Lectores, 1994, p. 267.
Almudena Grandes, op. cit., p. 425.
Apud Toril Moi, Teoría feminista, Madrid, Cátedra, 1999, p. 124.
Hélène Cixous, op. cit., p. 56.
La adyacencia de Tita al seno de Nacha supone un doble exilio: por un lado del territorio del padre/madre biológicos y por otro, de la cultura de raigambre europea (sus padres son hacendados) a la de origen prehispánico.
El pensamiento homocéntrico ha creado toda una serie de símbolos y mitos que aluden a la mudez como constitucional del sexo femenino o al «robo» prometeico de la palabra: Lilith maldita por pronunciar nombre inefable, por el mismo hecho de nombrar; Procne y Filomela, mujeres sin voz; la Esfinge como monstruo de la palabra desconocida, del enigma.
Luisa Valenzuela, «La mala palabra», Revista Iberoamericana, n.º 132-133, Pittsburgh, p. 489.
Tina Escaja, op. cit., p. 577.
Laura Esquivel, op. cit., p. 227.