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Cabría aquí la posibilidad, aunque no es la intención de este trabajo, de discutir si el hecho de que ambas generaciones tengan en común ciertas circunstancias vitales refrendaría la creación de un corpus literario en alguna medida semejante o, simplemente, de si es pertinente prestar atención a los devaneos biográficos de estos poetas con el fin de obtener una mayor comprensión de su obra. Sabemos todo lo que predicó el formalismo y las corrientes del New Criticism anglosajón acerca de lo erróneo de este proceder. Sin embargo, tengo la manía de no compartir a rajatabla ninguna teoría y de que es la propia obra la que puede facilitar las pistas a seguir para aproximarse a ella. Resultaría menos relevante estudiar a Borges, Lezama Lima, Eliot, Colinas o Siles a la luz de sus comportamientos vivenciales, que la obra de escritores tan diferentes entre sí como Bukowski, Cendrars, Brecht, Cernuda, Artaud o Kafka. Creo que en las generaciones aludidas en este trabajo la biografía parece resultar decisiva, por explícita, en la composición de determinados poemas.



 

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Evidentemente se hace necesario ampliar la lista a autores nacidos a finales de la década del treinta y todo el cuarenta que comenzaron a publicar en la década de los sesenta y que comparten muchos de los rasgos de la generación precedente. Me refiero a Félix Grande, Juan Luis Panero, Hugo Gutiérrez Vega, Oscar Hahn, José Emilio Pacheco, Nancy Morejón, Antonio Cisneros, José Kózer, Gioconda Belli, Claribel Alegría, etc. O de otros autores que cambiaron su orientación poética hacia el tono conversacional a finales de los años cincuenta, como Rosario Castellanos, o ya en los años setenta, como es el caso de Jaime García Terrés, un escritor siempre a contrapelo de las tendencias dominantes.



 

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Luis Antonio de Villena, «Prólogo», José Emilio Pacheco. Poesía, Madrid, Júcar, 1986, pp. 12-13.



 

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«Tengo la impresión de que la poesía que hoy se produce en América Latina, y aún la que se había desarrollado a partir de la eclosión de las vanguardias, es bastante más homogénea que la que actualmente se publica en España [1989]. [...] Por otra parte, en tanto que la actual poesía española suele aparecer como muy segura de sus rasgos distintivos, la que se escribe en América Latina sigue incansablemente buscando su identidad» («Rasgos y riesgos de la actual poesía latinoamericana», El ejercicio del criterio, Madrid, Alfaguara, 1995, pp. 136-137).



 

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Pedro Provencio, Poéticas españolas contemporáneas. La generación del 50, Madrid, Hiperión, 1996.



 

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«Vallejo y Neruda: dos modos de influir» y «Antonio Machado: una conducta en mil páginas», El ejercicio del criterio, Madrid, Alfaguara, 1995, pp. 203-206 y 527-530, respectivamente.



 

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«Para leer a Vallejo», Ensayo de otro mundo, La Habana, Instituto del Libro, 1967.



 

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Félix Grande aclara su formación de esta manera: «César Vallejo fue un hombre de genio. Su lenguaje no podía dejar de proponerse como modelo a un adolescente con su capacidad expresiva en proceso de formación. [...] y Machado sería para el muchacho aquel un rotundo maestro, que no ha dejado de prestarme su apoyo en las esquinas y en los laberintos de la expresión poética, además de ser, a la vez, un oasis de consuelos eventuales y una constante fuente de revelación de la vida». «Prólogo» a Biografía. Poesía completa (1958-1980), Barcelona, Anthropos, 1989.



 

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Víctor García de la Concha, «El estado de la cuestión: encuentros con el 50. La voz poética de una generación», Ínsula, 494 (1988), p. 22.



 

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Mario Benedetti, «El escritor y la crítica en el contexto del subdesarrollo», op. cit., p. 47.



 
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