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Notemos de pasada el criollismo esencial de Caviedes, mezcla de conocimientos europeos, adquiridos en este caso del libro de Pedacio DIOSCÓRIDES ANARZABEO, Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos, traducido por el Doctor Andrés Laguna, Salamanca, 1555, y profusamente editado a lo largo de los siglos XVI-XVII (el ejemplar consultado es de 1566 y tiene la signatura R/2007 de la Biblioteca Nacional de Madrid, p. 218), y de conocimiento directo de la realidad americana. De ahí que junte la descripción de Liseras como «cohombro retorcido»
, basándose en el libro de Dioscórides, que cica, y otras frutas conocidas en Europa, con nombres de frutas obtenidas de los idiomas aborígenes: 'zapallo', 'camote', 'yuca', 'choclo' o 'papaya'.
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Y en ambos poemas la intromisión de la voz del autor rompe por un momento la convención locutores/interlocutor para situarse en primer plano. En el romance anterior, cuando usurpa la voz de los locutores en el paréntesis que constituye la notificación, vv. 57-61: «Por tanto, saber le hacemos / (y sepa que es gran prodigio / hacerle saber, sabiendo / que nada sabe un pollino), / digo, se le haga saber...»
. Y en el actual cuando teme por la vida del Presidente de la Audiencia (vv. 33-36): «esto es si llega, que juzgo / del tuerto que, a cuatro o cinco / jornadas, la Presidencia / quedará viuda de oficio»
. Las palabras en cursiva son mías.
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Ya había jugado Caviedes con motivos escatológicos - 'ojo' (de la cara / del culo) y 'puerta' y 'postigo' en un poema anterior que había dedicado al Dr. Vásquez (Habiéndose alabado mucho [et Doctor Melchor Vásquez] que había sanado a un enfermo de una enfermedad grande y peligrosa, le hizo el autor estas décimas, pp. 231-233). En el poema que nos ocupa, vv. 341-348: «Item que no cure más / achaque que el de estreñidos, / que el que mata camarientos / dejará a los otros vivos. / Aquesto proveo y mando, / que así conviene al servicio / de Apolo, que seguidillas / le da tanto proveído»
.
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Perspectiva que desgraciadamente no se mantiene a lo largo del poema. La voz del poeta real, no del personaje-juez del poema, emerge cuando se dirige a Don Martín de los Reyes y cuando, a renglón seguido, ratifica la existencia de su libro contra los médicos: «El que ha leído mi libro / no tiene que disculparse / con que ignora los peligros / de los médicos matantes. / Y si en mi mano estuviera, / mandara que no enterrasen / en sagrado al que llamó / médico que le matase»
(vv. 77-84).
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A veces atemperada con la inclusión de locutores burlescos en medio del poema, a través de formas «dicendi». Así ocurre en A un desafío que tuvo el dicho corcovado con otro cirujano tuerto sobre salir discordes en una junta, en la que el discurso exagemático se rompe con la intervención directa de los cirujanos, primero, y de la Muerte, después. El lector puede ver otro ejemplo en el poema Los efectos del Protomedicato de Don Francisco de Bermejo [escritos] por el ánima de Don Francisco de Quevedo.
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Con todo, no debemos olvidar que muchos poemas hay que enfocarlos desde una doble óptica: como hecho concreto, satirizado por Caviedes, y como lección moral que se puede desprender de él. Así, las contestaciones de los médicos (en oposiciones) son satirizadas por lo impertinente de las mismas, las autoalabanzas de los médicos por lo que tienen de inmodestas, etc.
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No es menor el sarcasmo de los poemas que dedica a otros médicos, como Vargas Machuca, si bien en este caso concreto su origen puede deberse a una curación fallida de una prima de Caviedes (¿Doña Teresa Berjón de Caviedes?), que refleja el romance Loa en aplauso del Doctor Machuca por haber curado a una prima del autor con tal efecto que la mató, como a todos los que curaba.
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Técnicas que ya señalaron Raúl BUENO CHÁVEZ, «Algunas formas del lenguaje satírico de Juan del Valle Caviedes», en Literatura de la emancipación hispanoamericana y otros ensayos, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1972, pp. 349-355; y María del Milagro CABALLERO WANGÜEMERT, «"Diente del Parnaso", simbiosis de lo personal y lo tópico en la lírica hispanoamericana del Barroco», en Jornadas de Andalucía y América, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1984, pp. 191-212, y muy especialmente, pp. 201-211.
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En gran medida estas metáforas reductores hacen referencia a la joroba de Liseras. Así «escarabajo físico»
, «licenciado galápagos»
u «odre hidrópico de viento»
. Además de «mono de la medicina»
, «jimio de los curanderos»
o «espantajo de barberos»
.
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A ello parece referirse Caviedes en los versos de la décima tercera (pp. 178-179), en que interpela directamente a Liseras: «Dime, tonto singular, / ¿cómo dice[s] mal de quien / diciendo mal dice bien? / ¡Que hay bien en el decir mal! / Si hablo en la voz general / de médicos, no hay disputa / de que en nada es disoluta / mi pluma, y así lo pruebo: / Yo te puse como nuevo / sin decirte hijo de puta»
. Las negritas son mías.