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La cantidad de las palabras latinas se cifraba en el tiempo que se gastaba en la pronunciación de las sílabas, cosa totalmente distinta de la acentuación, de suerte que ni conocemos, ni a punto fijo podemos indicar en qué consistía la verdadera pronunciación del idioma romano. Muchos recitan y aún componen versos latinos, sin sospechar que alguna vez fueron recitados de una manera distinta; ¿a qué pues imponerse leyes inútiles y pesadas que en nada contribuyen a la armonía del verso? ¿por qué, por ejemplo, la sílaba cu es larga en cubus y breve em cubital, la a larga en amisus y breve en amicus, por qué se contaban como dos tiempos el fe de felix y por uno el de femen siendo una misma la articulación e idéntico el espacio empleado en pronunciarlas? ¿qué moderno es capaz de distinguir la menor diferencia prosódica si el verso Integer vitæ scelerisque purus se cambiase en Integer vitce criminisque purus? y el verso jámbico usado en la comedia, que nuestros oídos no distinguen de la prosa, ¿por qué, según Horacio, era apto para dominar el estrépito del público? ¿por qué este se indignaba si alteraba el actor la cantidad de una sola sílaba? ¿por qué S. Agustín en su tratado de la música, manda a su discípulo que le presente dos pies prosódicos, no con la voz, sino con el compás?
Otros admiten esta diferencia entre la verdadera pronunciación de las palabras latinas y la que nosotros practicamos, pero parecen atribuirla al capricho de los maestros de prosodia y aún esperan que cuando la nuestra se haya fijado, rivalice en medios musicales con las antiguas. Mas ¿qué hay que fijar? ¿existe entre nosotros la exacta distinción de sílabas de un tiempo y de dos tiempos? y si no existe ¿todas las reglas prosódicas juntas serán capaces de crearla?
No cabe tampoco duda en que los versos latinos tales como actualmente se recitan, contentan el oído por las reglas prosódicas de los modernos y pueden ser perfectamente imitados en español. Permítasenos presentar la siguiente estrofa latino-castellana, en que de ningún modo debe atenderse al sentido oratorio, ni a la propiedad de dicción:
| Canto felices celebres amores, | |||
| Canto fulgentes animas beatas, | |||
| Saphicos ritmos metricos amando, | |||
| O pia musa. |
¿Qué diferencia de pronunciación daremos a estos versos, si los consideramos como latinos sujetos al rigor de las cantidades prosódicas, y si como en sáficos castellanos no atendemos más que al número de las sílabas y a la disposición de los acentos? Ninguna absolutamente.
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Véase esta sextina provenzal.
| Emperador avem de tal manera | |||
| Que non a sen ni saber ni membranza: | |||
| Plus ibiacs no s'asec en chadera, | |||
| Ni plus volpils no porta escut ni lanza: | |||
| Ni plus avols no chaussa esperos, | |||
| Ni plus malvatz no fai vers ni chansos. |
A veces señalaban con una rayita la detención que la pronunciación y en el canto hacían después de la cuarta sílaba, (que es lo que impropiamente se llama cesura), como puede verse en las poesías de D. Ausiàs March, de quien son los versos siguientes:
| Les fins dels fets | estan encadenades | |||
| Secretament | que nos ull que las veja: | |||
| La plus gentil | senyala cosa lleja, | |||
| Si nos veu tost | trau lo cap a vegades, | |||
| Si como lo temps humit | lo sec senyala | |||
| Los fets del mon | van de bon obra en mala. |
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Horacio: Humano capiti.
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Horacio: Humano capiti.
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Id. Pindarum quisquis.
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Horacio: Poscimus si quid.
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Id. Ille et nefasto.
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Id. Ne forte credas.
19
Id. Ille et nefasto.
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Esta sabrosa mezcla de versos de 10 y 12 sílabas se halla en varias letras de las comedias de Calderón y en alguna canción vulgar de Andalucía.