21
Este dato, que podía ser exacto hace algunos años, no lo es hoy; se acerca a un millón de toneladas la vena de hierro que anualmente se exporta de Vizcaya, y la exportación se triplicará antes de un año, una vez obtenida la paz.
22
Véase en la Revista de 15 de marzo de 1867 el estudio de Mr. Eliseo Reclus, titulado Les Basques, un peuple qui s'en va. Permítame el ilustrado Mr. Lande decirle que Mr. Reclus exageró desmesuradamente la decadencia de los vascos. Ese pueblo modificará su fisonomía exterior y realmente la modifica según ha hecho en todos los tiempos, adaptándola a las necesidades y conveniencias de la época, como sucedió con motivo de la invasión sarracena y el descubrimiento de América, en que los vascos aparecen siempre en primer término en la gran epopeya de la Reconquista y en la no menos gloriosa del descubrimiento, colonización y civilización de nuevos continentes; pero el fondo, la fisonomía interior y esencial de ese pueblo no varió ni variará en muchos siglos. Diga lo que quiera Mr. Reclus, el pueblo vasco no es un pueblo que se va; por el contrario, es un pueblo que se afirma.
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Hay en esto error, o cuando menos inexactitud, que se comprende en un extranjero, por ilustrado que sea, cuando mayores errores aún vemos todos los días en algunos periódicos españoles, al tratarse de los vascongados: éstos pagan en su tierra contribuciones tan grandes como en la suya los demás españoles; y en cuanto a las quintas, no se les comprende en ellas cuando emigran al interior de España, no porque sean vascongados, sino por la sencilla razón de que todo español levanta las cargas públicas sólo en el pueblo donde tiene casa abierta o la tienen sus padres, de quienes depende.
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Yo no repruebo en absoluto la emigración a América, pero sí la repruebo con toda mi alma cuando se verifica con las malísimas condiciones con que la emprende la muchedumbre de jóvenes, particularmente de Galicia, seducidos por una especie de enganchadores que los Gobiernos americanos pagan en todo el litoral cantábrico. Siento que las necesidades de mi vida privada apenas me permitan ocupación que no se encamine directamente a satisfacerlas, porque de no ser así, mi vida casi entera se consagraría a contrarrestar por medio de mis escritos la funesta propaganda que hacen los llamados agentes de inmigración, auxiliados por la ignorancia y sencillez de las gentes entre quienes la ejercen. El día que yo hiciese circular en castellano y vascuence medio millón de ejemplares de una hoja de papel impreso, escrita como yo la concibo, tendrían que mudar de oficio los susodichos enganchadores.
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El delicado y generoso pensamiento de la Junta general fue, según me manifestaron los diputados elegidos por ella para el gobierno del Señorío durante el próximo bienio, recompensar mis merecimientos y estimular mis estudios y trabajos literarios sucesivos con una pensión decorosa, que me permitiese dedicarme a ellos con la tranquilidad del que no tiene que atender diariamente a las principales necesidades de la vida.
26
El árbol foral que cayó de viejo en 1811 contaba cerca de trescientos años. El actual tiene cerca de ciento, y el que le ha de sustituir no pasa de doce.
27
No las dos terceras partes, sino todos los habitantes naturales o foralmente domiciliados en el país.
28
Debo declarar aquí que nunca mi pluma ha escrito una palabra que se pueda interpretar como falta de respeto y adhesión a la reina Doña Isabel II ni a su augusta dinastía.
29
Que son los que han ejercido el cargo de Diputados generales.
30
Hasta aquí he traducido con alguna libertad lo relativo al mensaje, porque Mr. Lande narra este hecho histórico con desconocimiento que no es de extrañar en un extranjero, por ilustrado que sea. El director del Journal des Debats, Mr. Detroyat, lo es mucho, ha estado en estos últimos tiempos en España, tiene aquí grandes relaciones y amigos, conoce nuestra lengua y literatura, y, sin embargo, su periódico se ha singularizado durante la guerra última en disparatar acerca de las cosas vascongadas.