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Aunque no pueda ignorar la parte de la Historia. Por ejemplo, los episodios del Sietemesino, del Oidor, o el del político que celebra la llegada de la electricidad a la ciudad de Santa Gema con un convite (que significativamente la inocente tropilla de Eme Calderón confunden con la celebración de una boda), que deja sin alimentos a los del lugar y luego se lleva el generador. También en este episodio hay otro indicio que subrayar: con la iluminación se veían más las miserias del lugar. Es decir, los adelantos de la técnica, los adelantos de la modernidad, no solucionan por sí solos las verdaderas o más auténticas necesidades, sino que por el contrario las da más relieve. Además, obsérvese que no le interesa el contenido de la memoria del pasado (solo sabemos la existencia de una matanza, el hecho determinante del exilio) no sólo porque no quiere introducir la Historia, sino porque la considera mentirosa, como se evidencia en la manipulación a la que fueron sometidas las diferentes copias de esa memoria.
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«Tres golpes de timbal
-le dijo Moyano a Gil Amate- significa mi liberación, es la última novela latinoamericana que escribo. En esta novela el protagonista encuentra a su padre, encuentra su identidad y yo le digo adiós, con todo el dolor del alma, a América Latina como tema literario...»
(«Lleno de ardor, con las manos tendidas, entrevista con Daniel Moyano», Quimera, n.º 86, 1989, p. 32).
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«La realidad que me mostraba (Minas Altas) era la de un sueño que se recuerda»
(16).