Escena
II
|
|
|
CARLOS V, de monje, con una
lámpara en la mano;
PABLO, que finge dormir.
|
|
CARLOS V.-
¡Ah, bienaventurado! ¡En
otro tiempo todo me era posible, menos dormir de esa suerte!
(Arrastrándose de mueble en mueble
hasta una mesa donde coloca la lámpara.) ¡Pobre mozo!
Siempre a mi lado, y sin conocerme. Ningún religioso osaría
contravenir a mi orden revelándole quién soy, o quién fui
más bien.
|
|
PABLO.-
(Incorporándose.) Habla
solo, pero tan bajo...
|
|
CARLOS V.-
Siempre padecer... ¡sin tener
con quien dolerse!
(Levántase, y va a sacudir del
brazo a
PABLO.) ¡Arriba, novicio, arriba! La
pereza, hermano, es gran pecado.
|
|
PABLO.-
Sin duda
(Bostezando.) el que
inventó ese pecado debió de ser un santo varón a quien la
gota desvelaba.
|
|
CARLOS V.-
O que sabía el precio del
tiempo. Pero vos, novicio, cuando no le perdéis del todo, empleaislo
mal: siempre respondón, y curioso por demás.
|
|
PABLO.-
¡Como si fuese yo el
único en la casa!
|
|
CARLOS V.-
¿Qué queréis
decir? ¿Eso va conmigo?
|
|
PABLO.-
Dios me libre, padre; no, sino con el
padre prior, que me anda siempre sacando las palabras del cuerpo.
|
|
CARLOS V.-
¿Y qué os pregunta?
|
|
PABLO.-
(El padre no es curioso.) Cuanto hace
vuestra reverencia, y lo que dice, y lo que escribe.
|
|
CARLOS V.-
¿No más? ¿Y le
respondéis...?
|
|
PABLO.-
Que hacéis relojes, que
decís:
¿Qué hora es? Y que
escribís vuestras confesiones.
|
|
CARLOS V.-
¡Bien, por Dios! Os tuve por
maldiciente...
|
|
PABLO.-
Yo, padre...
|
|
CARLOS V.-
Si fuese cierto, fuerza sería
separaros de mí, porque es hombre el padre prior de tomar a la letra
vuestras palabras. ¡Más que hombre de Dios, es hombre del rey! Y
en cuanto a mí, sobre acechar mis acciones, de un grano de arena
haría él de buen grado una montaña.
|
|
PABLO.-
(El padre no es maldiciente.)
|
|
CARLOS V.-
Quiero más bien la llaneza
salvaje del padre lector.
|
|
PABLO.-
¿Del padre Lorenzo, mi
tío?
|
|
CARLOS V.-
(¡Su tío! ¡Pobre
mozo! ¡Condenado a ser huérfano! Los monjes no tienen nunca sino
sobrinos.)
|
|
PABLO.-
No sé qué os diga. Hace
días que el padre prior se ha vuelto más indulgente. Como la
comunidad ha de reunirse hoy para la elección de prior nuevo, no dice ya
mal de nadie. En vez que mi tío, el padre Lorenzo, dice mal de todo el
mundo. Quiere el primero hacerse con votos para ser reelegido, y el segundo
quitárselos a los demás.
|
|
CARLOS V.-
¿Y de mí dice mal
también?
|
|
PABLO.-
Como de costumbre: acuérdase de
que fue marino, y todo es gritar, como a bordo: ¡La obediencia! ¡La
subordinación! Y dice sobre eso que vuestra reverencia provoca la
rebelión de los padres mozos contra los viejos.
|
|
CARLOS V.-
¿Yo que ando siempre
conciliando los bandos?
|
|
PABLO.-
Sí, mas parece hecho adrede: en
cuanto los conciliáis, pesia mí si se entienden.
|
|
CARLOS V.-
Di más bien que la
próxima elección los saca a todos de quicio.
|
|
PABLO.-
Hasta el padre Timoteo.
|
|
CARLOS V.-
¡Un hombre tan humilde!
|
|
PABLO.-
Mucho: así perora él
humildemente por lo bajo, y tiene a su devoción más de veinte
padres... por su parte, el padre lector, mi tío, dispone de otros
tantos; de suerte que se andan quitando los votos y la buena fama... ¡Oh!
¡Y le aborrecen!... Es una bendición.
|
|
CARLOS V.-
¿Sabéis por quién
votará el padre Timoteo?
|
|
PABLO.-
Por el padre procurador tal vez. Como
es el amigo del padre despensero... Pero alguien conozco yo por quien
votaría él de harto mejor gana.
|
|
CARLOS V.-
¿Por quién?
|
|
PABLO.-
Por vuestra reverencia.
|
|
CARLOS V.-
¿Tengo yo por ventura
pretensiones?
|
|
PABLO.-
Ayer me decía: «Nuestro
venerable padre... esa lumbrera de la comunidad, a quien tienes la dicha de ver
a todas horas, goza de gran favor con el rey; si él quisiera,
tendría yo la honra de predicar esta cuaresma en presencia de la
corte.»
|
|
CARLOS V.-
Como si estuviera allí Dios
más bien que en otra parte. ¿Y no añadió nada
acerca de Carlos V?
|
|
PABLO.-
¡Carlos V! No le conozco.
|
|
CARLOS V.-
(Sonriéndose.) ¡Oh
gloria humana!
(Dejándose caer en el
sitial.) ¡Ay! Sólo el dolor es real en este mundo.
|
|
PABLO.-
¡Ah! ¿Hablaba vuestra
reverencia de ese Emperador a quien nadie veía, que ha muerto
aquí recientemente, y cuyas honras han de celebrarse dentro de tres
días?
|
|
CARLOS V.-
Sí; dentro de tres días.
(Diéronme gusto acreditando ese rumor, que ha de ahorrarme tantas
molestias.)
|
|
PABLO.-
¡Oh! Cuando habla de ese
Emperador, se santigua y se inclina, y más cuando pronuncia: «Su
Majestad imperial y real, que santa gloria haya.»
|
|
CARLOS V.-
¡Bueno está, bueno!
Vuestra locuacidad, Pablo, me divertía hasta ahora, pero a la
larga...
|
|
PABLO.-
Todo cansa. He ahí previamente
el efecto que me produce el monasterio.
|
|
CARLOS V.-
¿Qué es eso, Pablo?
Pasad a mi celda; dad un vistazo a mis relojes. Creo que el número
cuatro atrasa.
|
|
PABLO.-
Voy, reverendo padre; pero por
más que yo mueva el minutero, el tiempo no ha de pasar por eso
más de prisa.
|
|
CARLOS V.-
Si me levanto y os alcanzo,
Pablo...
|
|
PABLO.-
(Sale saltando.)
¡Sí, si, con la gota!...
|
Escena
VII
|
|
|
PABLO,
DON JUAN; un novicio, que deja un hábito sobre
un sitial, y sale.
|
|
DON JUAN.-
(Sin ver a
PABLO.) ¡Desarmarme!
¡Arrancarme de sus brazos, a pesar de sus lágrimas! ¡Que no
pudiese vengarme! ¡Para siempre separado de ella!
|
|
PABLO.-
¡Santa María! Habla de
una mujer.
|
|
DON JUAN.-
¡Para siempre enterrado en este
monasterio! Estas paredes me ahogan. Me volverán impío queriendo
convertirme por fuerza.
(Cayendo en un sitial.)
¡Desventurado!
|
|
PABLO.-
Dame lástima.
¿Hermano?
|
|
DON JUAN.-
(Volviéndose.)
¿Quién sois?
|
|
PABLO.-
Pablo, vuestro compañero.
|
|
DON JUAN.-
¿Qué queréis?
|
|
PABLO.-
Haceros servicio.
|
|
DON JUAN.-
¿Sí? ¿Qué
convento es éste?
|
|
PABLO.-
El monasterio de Yuste.
|
|
DON JUAN.-
(Levantándose.)
¿Yuste? ¿Dónde se ha retirado Carlos V?
|
|
PABLO.-
Todos hablan de Carlos V.
|
|
DON JUAN.-
Él tomará mi demanda.
¿Puedo verle?
|
|
PABLO.-
Ha tres días que
murió.
|
|
DON JUAN.-
(Cayendo de nuevo en el sitial.)
Y mi esperanza con él.
|
|
PABLO.-
(He de decirle... ¿qué
riesgo corro? Aquí no conoce a nadie: y me ha de ayudar.)
(Misteriosamente.) No os
aflijáis: yo os protejo.
|
|
DON JUAN.-
¿Vos? ¡pobre mozo!
|
|
PABLO.-
Sed sumiso a las órdenes del
reverendo a cuyo cargo venís.
|
|
DON JUAN.-
¡Yo a su cargo! ¡Mil
diablos antes, el infierno todo!
|
|
PABLO.-
¡Cómo jura!
|
|
DON JUAN.-
Jamás. Dije que no he de ser
fraile: no he de serlo.
|
|
PABLO.-
Pero hablad más bajo: en el
monasterio no se dice cuanto se piensa, y lo que se dice se dice por lo
bajo.
|
|
DON JUAN.-
(Echando mano al hábito.)
Primero haré pedazos este hábito con los pies.
|
|
PABLO.-
(Conteniéndole.)
¿Qué hacéis? Aquí se rabia cuanto se quiere debajo
del hábito, ¡pero desgarrarle!... ¡se vería! (Hay que
enseñarle desde el
Cristus.)
|
|
DON JUAN.-
¿Qué queréis,
pues?
|
|
PABLO.-
Escuchad: tengo ocasión de
libertaros; pero es fuerza disimular.
|
|
DON JUAN.-
¿Podré?
|
|
PABLO.-
Si la noche es oscura...
|
|
DON JUAN.-
¿Qué?
|
|
PABLO.-
Con esta llave...
|
|
DON JUAN.-
Acabad.
|
|
PABLO.-
¡Silencio! He aquí al
padre.
|
|
DON JUAN.-
Está visto: no lo sabré.
(PABLO canta a media voz un
villancico.)
|
Escena
IX
|
|
|
CARLOS V,
DON JUAN.
|
|
CARLOS V.-
Llegad.
|
|
DON JUAN.-
(Le aborrezco ya.)
|
|
CARLOS V.-
(Hay algo en él que me llega al
corazón.)
|
|
DON JUAN.-
Reverendo padre... (¡Buen
aspecto!)
|
|
CARLOS V.-
¿Pensáis pronunciar
vuestros votos en esta casa?
|
|
DON JUAN.-
Nunca supe mentir. Estoy en ella mal
mi grado.
|
|
CARLOS V.-
¿Cómo?
|
|
DON JUAN.-
Por fuerza se apoderaron de mí,
y por fuerza me trajeron.
|
|
CARLOS V.-
¿No teníais, pues,
ningún protector?
|
|
DON JUAN.-
Uno tuve: veinte años me
trató como a hijo. Cometí faltas, es verdad. ¿Pero por
ellas debía ser cómplice de una felonía él mismo,
don Rodrigo Quesada?
|
|
CARLOS V.-
¡Don Rodrigo Quesada!
¿Vos fuisteis confiado a don Rodrigo?
|
|
DON JUAN.-
Al mismo.
|
|
CARLOS V.-
¿Os llamáis don
Juan?
|
|
DON JUAN.-
Cierto.
|
|
CARLOS V.-
(¡Él es! ¡Mi hijo!
¿Es posible?) ¿Vos, don Juan, vos desdichado, y junto a
mí? ¿Vos forzado en este claustro?
|
|
DON JUAN.-
Y para siempre. Mas ¿qué
tenéis?
|
|
CARLOS V.-
¡Oh! nada, nada. La
compasión... el... (Sea yo dueño de mí propio.)
|
|
DON JUAN.-
¿Sabíais mi nombre?
|
|
CARLOS V.-
¿No acaban de decírmelo?
(¡Gentil presencia! ¡gallardo continente! ¿Y no he de
abrazarle?)
|
|
DON JUAN.-
¿Pero conocíais a don
Rodrigo?
|
|
CARLOS V.-
Hele visto en otro tiempo.
¿Él acaudillaba a los que os trajeron?
|
|
DON JUAN.-
Él fue quien me puso la mano
encima; él fue mi carcelero. Ni hablarle quise, ni mirarle. Con todo,
cuando llegábamos a las puertas aún tuvo la osadía de
decirme al oído: «Agradecedme que os conduzca a este monasterio:
tenía orden de llevaros a otro.» ¡Aun he de estarle
agradecido!!!
|
|
CARLOS V.-
(Reconozco a mi antiguo consejero.)
¿Mas de quién fue esa orden?
|
|
DON JUAN.-
Del rey.
|
|
CARLOS V.-
(¡Su propio hermano!)
¿Del rey, decís?
|
|
DON JUAN.-
Sorprendida tal vez por un cobarde
caballero que quiso más bien deshonrarse, encerrándome, que
cruzar su espada con la mía.
|
|
CARLOS V.-
Pero... ¿y vuestro padre?
|
|
DON JUAN.-
En su nombre me persiguen. Él
es, dicen, quien me condenó a vivir, o a morir más bien en esta
cárcel.
|
|
CARLOS V.-
(Con viveza.) Es falso... quiero
decir, es imposible. Que vuestro padre, por motivos que acaso él
sólo sepa, hubiese deseado veros abrazar una vida retirada, lo
comprendo; pero ¡autorizar él propio tal violencia! ¡Un
padre! Don Juan, es imposible.
|
|
DON JUAN.-
¿Fue nunca padre para
mí?
|
|
CARLOS V.-
¿Sabéis si pudo
serlo?
|
|
DON JUAN.-
¡Ah! Reverendo padre, me
abrió los ojos mi desventura. Me dicen que es muerto. Pero
¿quién sabe si vive todavía? Dios sabe si es algún
prócer de esa corte devota, donde el que fue frágil en su
juventud se vuelve hipócrita en su vejez. El cielo sabe si acaso
persigue en mi un recuerdo molesto, un testigo acusador, y si fui fruto de
alguna flaqueza humana, de que siente más vergüenza que
remordimientos.
|
|
CARLOS V.-
(Dios mío, ¡cuán
cruelmente me castigas!)
|
|
DON JUAN.-
Tales son esos grandes de la tierra.
Por borrar la huella de un yerro venden su propia sangre, entregándola
en manos extrañas, arrojan un desdichado a la merced del azar, y
ampárele quien quiera. Sepúltanle vivo en una tumba para que
expíe con sus austeridades un nacimiento de que ellos solos fueron
culpables y, fiando su salvación de la penitencia de otro, viven en paz
consigo propios, gozando tal vez de una opinión sin tacha. Por encubrir
un yerro cometen un crimen; ¡y el mundo los honra!!!
|
|
CARLOS V.-
Basta, mancebo, basta. ¿No
teméis ser injusto con vuestro padre?
|
|
DON JUAN.-
Decís bien. Tal vez lo sea. Mi
desdicha me arrastró. ¿Quién fue ese padre?
¿Quién? Díganmelo en fin, y, a pesar de cuanto
oísteis, señor, daré el ser que de él recibí
por vengar su honra puesta en duda, o su memoria ultrajada. ¡Ah! Si
dejó de existir, le lloro; si vive, le perdono.
|
|
CARLOS V.-
Bien, don Juan, bien. Me
acabáis de probar que sois digno de mejor suerte.
|
|
DON JUAN.-
¿Qué decís?
¿Habré encontrado un amigo donde sólo esperé hallar
perseguidores? ¡Ah! ¿Por qué murió tan presto Carlos
V? Hubiérale acaso hablado por vuestra mediación.
|
|
CARLOS V.-
¿Qué le hubierais
dicho?
|
|
DON JUAN.-
¿Vos me lo preguntáis?
Hubiera besado sus plantas. Hubiérale dicho: «Tengo valor,
señor; tengo ambición de gloria, y quieren sepultar mi porvenir
en la estrechez de un claustro. No tengo sino veinte años, y se tuercen
las leyes divinas para imponerme una esclavitud sin término: soy,
señor, súbdito vuestro, y me oprimen con mengua de las leyes
humanas. Fuisteis harto grande para no ser bueno y justo, y debéis
lanzaros entre el opresor y el desdichado.» ¿Pensáis que no
le hubiera persuadido?
|
|
CARLOS V.-
Mas, don Juan:
¡hubiéraisle arrancado lágrimas!
|
|
DON JUAN.-
Él me hubiera devuelto al
mundo; ¿no es verdad? A la gloria, a aquel contento, en fin, cuyo
recuerdo me mata lejos de ella.
|
|
CARLOS V.-
¡Lejos de ella!
¿Qué decís?
|
|
DON JUAN.-
Perdón, si os muestro mi
corazón todo entero. Hay una mujer en la tierra que era mi vida, la
mitad de mí mismo...
|
|
CARLOS V.-
(¿Pudiera yo en eso ver un
crimen?)
|
|
DON JUAN.-
A punto ya de unirnos, nos separaron
para siempre.
|
|
CARLOS V.-
No me culpéis de indiscreto: me
interesasteis, don Juan: os quiero servir, y he menester saberlo todo.
¿Su nombre?
|
|
DON JUAN.-
Doña Florinda Sandoval.
|
|
CARLOS V.-
¡Sandoval! ¡Cristianos
nuevos! Si no me engaño...
|
|
DON JUAN.-
¿Qué importa?
|
|
CARLOS V.-
Para el mundo mucho; pero ante Dios,
decís bien: no es la fe mejor la más antigua, sino la más
pura.
|
|
DON JUAN.-
¿Sois monje y habláis
así?
|
|
CARLOS V.-
Don Juan, sois joven. ¡Mucho os
queda que ver! Conozco esos Sandovales. Prestome el padre de doña
Florinda un servicio que mal pudiera olvidar: acuérdome además de
haber visto muy niña a doña Florinda.
|
|
DON JUAN.-
¿La visteis? ¡Belleza sin
igual!
|
|
CARLOS V.-
Prometía serlo.
(Apartándose de
DON JUAN para encubrir su emoción.)
¡Qué fuego, qué ternura en el mirar! Así era su
madre. ¿Dónde sois idos, mis días de gloria y de
ventura?
|
|
DON JUAN.-
¿Hablasteis de mi madre?
¿La conocisteis por ventura?
|
|
CARLOS V.-
¡Yo!
|
|
DON JUAN.-
¡Oh! Sí; la habéis
conocido: nombrádmela, por piedad. ¡Haced que yo la vea!
|
|
CARLOS V.-
¿Por qué suponéis
que debo de haberla conocido?
|
|
DON JUAN.-
(Despechado.) Está visto:
jamás hallaré respuesta a esa pregunta.
|
|
CARLOS V.-
Vuestra desdicha, don Juan, me
interesa. Es un deber religioso en mí el oponerme a una violencia que
Dios condena. Saldréis de aquí.
|
|
DON JUAN.-
¿Es posible? ¡Por piedad,
hoy mismo!
|
|
CARLOS V.-
Lo espero; no os respondo así
de ese enlace que anheláis.
|
|
DON JUAN.-
¡Ah! Véame yo libre
ahora, ¡libre no más!
|
|
CARLOS V.-
Lo seréis: tengo alguna
influencia en el monasterio: la emplearé.
|
|
DON JUAN.-
(Besándole las manos.)
¡Padre mío!
|
|
CARLOS V.-
(Enternecido.) ¡Su padre!
(Inclinado sobre
DON JUAN, que se ha estado a sus pies, y a quien
tiene abrazado.) ¡Hijo mío! Dulce me hubiera sido hallar
en vos un compañero, un amigo, y entregar mi alma al Señor sobre
ese corazón que me hubiera amado... Pero no temáis: sabré
sacrificar mi dicha a la vuestra.
|
|
DON JUAN.-
Hacedlo, y mi vida entera será
poco para agradecer...
|
|
CARLOS V.-
(No es hijo de una reina, pero vale
más que el rey don Felipe.)
|
Escena
XI
|
|
|
CARLOS V,
EL PADRE PRIOR, después
DON RODRIGO.
|
|
PRIOR.-
Don Rodrigo anhela despedirse de ese
mozo. La nueva de vuestra muerte le ha colmado de dolor: sin sacarle de error,
le he dicho, reverendo padre, que en esta celda hallará a don Juan; pero
si os pesa de verle...
|
|
CARLOS V.-
No; bien está así; pero
antes, reverendo padre, he de pediros una gracia.
|
|
PRIOR.-
¿Qué puede vuestra
reverencia pedir que yo...?
|
|
CARLOS V.-
Poca cosa por cierto; y no me la
negaréis hoy que la elección os prepara un nuevo triunfo, en el
cual no acierto a encareceros la parte de contento que me cabe. El mancebo que
acabo de recibir no tiene vocación para la vida contemplativa; mandad,
pues, que las puertas le sean abiertas. Bien veis que es poca cosa.
|
|
PRIOR.-
¿Poca cosa, reverendo padre? La
orden de Su Majestad...
|
|
CARLOS V.-
Su Majestad fue inducido en error.
|
|
PRIOR.-
¡En error! ¿Su reverencia
lo cree posible?
|
|
CARLOS V.-
¡Ah padre mío!
¿Quién mejor que yo sabe si un rey puede engañarse?
|
|
PRIOR.-
Humildad que admito. Mas ved que me
hago delincuente para con el rey si desobedezco.
|
|
CARLOS V.-
Pero lo sois para con Dios si
obedecéis.
|
|
PRIOR.-
Para con Dios, padre es una
cuestión, y para con el rey es positivo.
|
|
CARLOS V.-
Es decir que mis ruegos... En buen
hora. Lo exijo, y tomo sobre mí...
|
|
PRIOR.-
Tendré, padre, la amargura
de...
|
|
CARLOS V.-
Pero...
|
|
PRIOR.-
Pero... hermano mío, yo mando
aquí.
|
|
CARLOS V.-
(Con indignación.)
¡Yo mando, yo mando!
(Con resignación.)
Decís bien, padre prior. Su reverencia manda. Hice voto de obediencia;
no seré yo quien dé el ejemplo de la rebelión.
|
|
DON RODRIGO.-
(Que reconoce al entrar a
CARLOS V.) ¡Santo Dios!
¿Qué veo?
|
|
PRIOR.-
¿Su reverencia me permite que
me retire?
|
|
CARLOS V.-
Vuestra reverencia manda
aquí.
|
Escena
XV
|
|
|
Dichos,
PABLO.
|
|
PABLO.-
(A
CARLOS.) Nadie, reverendo padre,
nadie.
|
|
CARLOS V.-
Podéis hablar, Pablo, a la par
que nosotros.
|
|
PABLO.-
¿Yo, reverendo padre? Tanta
honra...
|
|
CARLOS V.-
Merecedla con vuestra
discreción.
|
|
PABLO.-
Jamás digo sino lo que me
callan.
|
|
CARLOS V.-
¿Qué os parece, don
Rodrigo, que se haga?
|
|
DON RODRIGO.-
Urge el tiempo, padre mío. Los
criados de Su Majestad que nos acompañaron hasta el monasterio se
volvieron ya a dar cuenta de la expedición. Órdenes más
severas pueden llegar de un momento a otro. Vuestra reverencia debe de haber
conservado algún amigo o deudo en la corte. Que escriba en favor
nuestro, y presto, y a quien pueda mucho. He ahí mi sentir. He
dicho.
|
|
CARLOS V.-
¡Yo, pobre monje!
¡Olvidado! Por otra parte, os lo confieso, cifro mi orgullo en libertar a
don Juan por mi propio esfuerzo. Quiero probarme a mí mismo que
aún no he envejecido.
|
|
DON RODRIGO.-
(Siempre el mismo. Creándose
dificultades para tener la gloria de vencerlas.)
|
|
CARLOS V.-
En consecuencia, se desecha el
consejo, don Juan.
|
|
DON JUAN.-
Si he de deciros la verdad, mi mejor
consejo fuera esa espada que veo pendiente de la pared, y que me prueba que
habéis sido soldado.
|
|
CARLOS V.-
He probado de todo un poco.
|
|
DON JUAN.-
Dádmela, pues, y si no me
abriese paso...
|
|
CARLOS V.-
Por más caballeresco que sea,
don Juan, vuestro sentir, os diré que sería más
conveniente en una fortaleza que en un monasterio. ¿No decíais
que Pablo...?
|
|
DON JUAN.-
Le prometí secreto.
|
|
CARLOS V.-
Hablad, hermano Pablo, os lo
mando.
|
|
PABLO.-
¿Vuestra reverencia me
empeña su palabra...
|
|
CARLOS V.-
¿De qué?
|
|
PABLO.-
De que aun después de conocido
mi arbitrio podré aprovecharme de él para mí mismo?
|
|
CARLOS V.-
¿Queréis dejarme,
hermano?
|
|
PABLO.-
No a vuestra reverencia, sino el
convento. No tengo vocación tampoco.
|
|
CARLOS V.-
¡Hermano Pablo!
|
|
DON RODRIGO.-
(Bajo.) Ved, señor,
que...
|
|
CARLOS V.-
(Bajo.) Decís bien.
Veamos. Hablad.
|
|
PABLO.-
Tengo dos medios.
(Enseñándole la
llave.) ¡Uno!
|
|
CARLOS V.-
¡Dios me perdone! ¡La
llave maestra del padre lector!
|
|
PABLO.-
¿Su reverencia olvida...?
|
|
DON JUAN.-
¡Padre mío!
|
|
PABLO.-
(Descubriendo la escala bajo la
tarima.) ¡Otro!
|
|
CARLOS V.-
¡Una escala de cuerdas!
|
|
PABLO.-
Con ésta se baja por esa
ventana: con la otra se sale por la puerta excusada que da al campo.
|
|
CARLOS V.-
¿Sabéis, hermano, que
mereceríais...? Con todo, no me ocurre nada mejor. No será la
primera vez que un novicio habrá andado más discreto que todo un
capítulo.
|
|
PABLO.-
La comunidad está en el
refectorio, cuyas ventanas dan a la parte opuesta; y cuando está en tan
santa ocupación, nunca piensa en otra cosa. Aprovechemos la
ocasión.
|
|
CARLOS V.-
¡En buen hora!
|
|
DON JUAN.-
¡Honra y prez al hermano
Pablo!
|
|
CARLOS V.-
(A
DON RODRIGO.) En cuanto os veáis
fuera de aquí, conducid a don Juan a casa del anciano duque de Medina:
habladle de mí: no habrá olvidado aún a su antiguo amigo.
Ocultos en su posada, esperad a recibir letras mías. Manos a la obra,
don Juan.
|
|
DON JUAN.-
No he de hacerme de rogar.
|
|
DON RODRIGO.-
¿Queréis que a mi
edad...?
|
|
CARLOS V.-
Yo os tendré la escala. Pablo,
tened cuenta.
(Hace seña al novicio, que sale a
la puerta a acechar.)
|

|
|
DON RODRIGO.-
¿Vuestra reverencia se
dignaría...?
|
|
CARLOS V.-
A otros he ayudado a bajar, y de
más alto.
|
|
DON RODRIGO.-
(Besando la mano a
CARLOS.) ¡Dios guarde, pues, a,
vuestra reverencia!
|
|
DON JUAN.-
¡A más ver, padre
mío!
|
|
CARLOS V.-
¿Os vais sin estrecharme en
vuestros brazos?
|
|
DON JUAN.-
Decís bien. Fuera
ingratitud.
|
|
CARLOS V.-
(Conmovido.) ¿Volverele a
ver?
|
|
DON JUAN.-
¡Ah! Se me olvidaba.
(Va a desnudar el
hábito.)
|
|
PABLO.-
(Acude presuroso.)
¡Silencio! ¡Silencio! ¡El padre prior!
|
|
DON RODRIGO.-
¡Somos perdidos!
|
|
CARLOS V.-
¡Va a ver la escala!
|
|
PABLO.-
(A
DON RODRIGO.) Cerrad una de las
maderas!
|
Escena
XVII
|
|
|
CARLOS V,
DON RODRIGO,
PABLO.
|
|
CARLOS V.-
¿Un obstáculo os abate,
don Rodrigo? A mí me despierta, me estimula. Paréceme ya ser
otro.
|
|
PABLO.-
(¡Cómo se mueve!
¡Cómo anda! ¡Ha olvidado la gota!)
|
|
CARLOS V.-
Lucharé, triunfaré. Don
Rodrigo, no sois el que erais, ¿Tenéis miedo? Quien piensa en el
vencimiento está ya medio vencido.
(Bajo.) ¿No
perdíamos las primeras tres horas la batalla de Pavía? Y con
todo...
(Con impaciencia.) No tengo
más que dos horas. ¡Esta cabeza otro tiempo tan fecunda!
(Se sienta.) ¿No
podrá inventar ya nada?
|
|
PABLO.-
(Retirando la escala de la
ventana.) La comunidad baja a la huerta. Los padres se encaminan a la
sala de capítulo para la elección. ¿No ha de asistir
vuestra reverencia?
|
|
CARLOS V.-
¡Silencio! ¡Dejadme en paz
con vuestra elección!
(Levantándose.)
(¡Ah! ¡Por vida mía! Doy en ello. Ese prior manda. ¡Y
si pudiese yo mandar a mi vez!)
(Alto.) Don Rodrigo, ¿os
acordáis de cierta elección que metió algún ruido
en el mundo?
|
|
DON RODRIGO.-
¡Mal pudiera olvidarla, aunque
no fuese sino por las cartas que en aquella sazón escribí, sin
contar con las posdatas!
|
|
CARLOS V.-
Eso es precisamente lo que vais a
volver a hacer. Presto, acercaos a esta mesa.
|
|
PABLO.-
(Mirando por la ventana.) Se
dividen en corrillos. Lo menos tienen aún para media hora de intrigas
antes de entrar.
|
|
CARLOS V.-
(Tomando plumas y papel.)
¿Media hora?
|
|
PABLO.-
Mi tío grita, el padre Timoteo
predica como un pico de oro, y el padre prior, para ser reelegido, da su
bendición a todo el mundo.
|
|
CARLOS V.-
Presto, novicio, aquí; con la
mejor letra posible...
|
|
PABLO.-
(Una rodilla en tierra, pronto a escribir
sobre un misal.) Ya estoy.
|
|
CARLOS V.-
Y yo...
(Buscando donde ponerse, y
colocándose por fin en el reclinatorio.) Yo allí.
¡Atención! Empiezo a dictar. A ti, Pablo, para el padre Timoteo.
«Mi muy elocuente amigo.».A vos, Rodrigo, para el padre procurador.
«Muy reverendo padre.»
(Escribiendo él mismo.)
«Mi muy caro padre lector.»
|
|
PABLO.-
Ya está. (Mal año, si
sé dónde va a parar.)
|
|
CARLOS V.-
(A
PABLO.) «Apruebo la santa
ambición que manifestáis de predicar delante de la corte y
duéleme haberme de resignar voluntariamente a perder el fruto de
vuestras edificantes pláticas.»
(A
DON RODRIGO.) «Varias veces me
habéis ofrecido vuestro voto, y los de vuestros amigos si yo creyese
perjudicar en lo más mínimo a nuestro buen prior
aceptándolos, los tornaría a rehusar, pero...».
|
|
DON RODRIGO.-
Demasiado de prisa, reverendo padre,
demasiado de prisa.
|
|
CARLOS V.-
(¡Pobre don Rodrigo! Está
gastado.)
|
|
PABLO.-
«Edificantes
pláticas.»
|
|
CARLOS V.-
(A
PABLO continuando la suya.) «Si la
comunidad me confiriese hoy, merced a vuestro voto y a los de vuestros
parciales, una autoridad que me permitiese disponer de vuestra reverencia para
enviarlo a la corte, podríais contar en ella con mi apoyo.»
|
|
PABLO.-
(Escribiendo.)
(¿Querrá ser prior?)
|
|
DON RODRIGO.-
«Tornaría a rehusar,
pero...».
|
|
CARLOS V.-
«Pero algunos votos favorables
en el primer escrutinio me serían ocasión de gran contento, sin
perjudicar por eso, Dios me libre, a la elección del más digno.
Vuestro mejor amigo.» ¿Estáis ya, novicio?
|
|
PABLO.-
Ya espero.
|
|
DON RODRIGO.-
(Ya está en su elemento.
¡Tres cartas a la vez!)
|
|
CARLOS V.-
«Privar al rey, padre Timoteo,
de un ingenio como el vuestro fuera pecar; quiero más hacer doblemente
penitencia pasando toda una cuaresma sin oíros.»
|
|
PABLO.-
¡Esa frase ha de llegarle al
alma!
|
|
CARLOS V.-
Escribe, escribe.
(Leyendo la carta que acaba de
escribir.) «Mi muy caro y muy reverendo padre lector: voy a ser
franco con vos, que sois la franqueza misma. Quiero ser prior. Os pido, pues,
vuestro voto y el de los amigos de que disponéis, en nombre del novicio
que os ha de entregar estas letras. Vos conocéis a su padre y yo
también. Remolcad, pues, mi galera a buen puerto, o vive Dios que echo a
pique la vuestra. Siempre monje, hablaré: prior, os juro secreto. Con
esto, caro lector, buen viento, y Dios salve el honor de nuestro
pabellón.»
(Corriendo hacia
PABLO.) Dame que lo firme, y pliega esa
carta.
|
|
PABLO.-
¡Oh! Yo os fío que
tendréis esos votos; pero si vuestra reverencia hace pasar a su bordo a
mi tío con toda su tripulación, el triunfo ha de ser
completo.
|
|
CARLOS V.-
(Alegremente.) En el cual
habréis tenido, novicio, más parte de la que pensáis.
|
|
PABLO.-
¡Ah!
|
|
CARLOS V.-
Porque vais a ser mi mensajero para
con él.
|
|
PABLO.-
No haga tal vuestra reverencia: ved
que no gusta de los novicios.
|
|
CARLOS V.-
No importa: llevadle esas letras.
|
|
PABLO.-
Al punto.
|
|
CARLOS V.-
Y deslizad la que habéis
escrito en la manga del padre Timoteo.
|
|
PABLO.-
Entiendo.
|
|
CARLOS V.-
Averiguad de paso dónde
está don Juan.
|
|
PABLO.-
(Enseñándole la
llave.) Más que eso he de hacer.
|
|
CARLOS V.-
¡Presto! ¿Pero vais
saltando? Hermano Pablo, vuestra misión es grave.
|
|
PABLO.-
(Devotamente, y cruzando los brazos sobre
el pecho.) El espíritu del Señor sea con vos, reverendo
padre.
|
|
CARLOS V.-
(Está visto: he de volverle
hipócrita. De eso habré de acusarme.)
|
Escena
XX
|
|
|
CARLOS V,
PABLO sin aliento.
|
|
CARLOS V.-
¿Y bien? ¿Habéis
visto al padre Timoteo?
|
|
PABLO.-
Leyó vuestras letras, diome un
golpecito en la mejilla, y me añadió dulcemente: Soy suyo,
enteramente suyo, hijo mío.
|
|
CARLOS V.-
¿Y vuestro tío?
|
|
PABLO.-
¡Oh! No bien hubo leído
se volvió rojo como la lumbre; mirome de través...
|
|
CARLOS V.-
¿Qué más?
|
|
PABLO.-
Por ese lado nada. Hizo añicos
el papel. «He ahí, añadió con voz de trueno, he
ahí mi respuesta, instrumento de corrupción.» Y acabando
con una blasfemia, reverendo padre, que no osaré repetiros, fuese
furioso a escribir su voto.
|
|
CARLOS V.-
(¿Resistirá? Todo el
éxito pende de él.)
(A
PABLO.) ¿Y don Juan?
|
|
PABLO.-
Al ruido que hacía por evadirse
he descubierto su prisión. ¡Cric, crac! La puerta se abre, y
echamos a correr los dos; ahí está, en mi celda; pero sin
hábito ya, padre, hecho añicos... no le gustan los
hábitos.
|
|
CARLOS V.-
¡Que venga, Pablo, que
venga!
|
|
PABLO.-
(Desde el fondo.) ¡Don
Juan, don Juan!
|
|
CARLOS V.-
Por mi parte he usado de todos los
medios: amenazas, promesas, toda la gruesa artillería de un día
de elección.
|
Escena
XXI
|
|
|
Dichos,
DON JUAN.
|
|
DON JUAN.-
¿Será cierto, padre
mío? ¿No me ha engañado Pablo? Cuando yo fío en vos
mi libertad, ocupa todo vuestro pensamiento la elección de un prior.
|
|
CARLOS V.-
¿Me culpáis, don Juan?
Así juzga el mundo. Pablo, alcanzadme esa espada.
|
|
PABLO.-
(Saltando sobre un sitial.)
¡Jesús! ¡Cuán pesada!
|
|
DON JUAN.-
(Desenvainándola.) Para tu
mano, niño, mas no para la mía.
|
|
CARLOS V.-
Creo en efecto, hijo mío, que
vuestro brazo sabrá honrarla en el peligro.
|
|
DON JUAN.-
¡Contra un ejército
entero!
|
|
CARLOS V.-
(Cogiéndola.) Esta arma,
don Juan, es harto más preciosa de lo que pensáis: es un presente
de ese emperador que vino a morir aquí debajo de un hábito que
hubiera sin duda destrozado, como vos, a vuestra edad.
|
|
DON JUAN.-
¡De Carlos V! ¿Vos erais
su amigo? Murió acaso en vuestros brazos?
|
|
CARLOS V.-
Húbola por derecho de conquista
del rey Francisco I en una jornada bien gloriosa para las armas
españolas.
|
|
DON JUAN.-
¡La espada de Francisco I!
¿Y pudierais desprenderos de ella?
|
|
CARLOS V.-
¿De qué utilidad puede
serle a un monje?
|
|
DON JUAN.-
¡Y en obsequio mío!
|
|
CARLOS V.-
Con ciertas condiciones que
aquí para ante Dios habéis de jurar cumplir.
(Presentándole la espada desnuda
para recibir su juramento.) ¿Juráis no desenvainarla en
causa vuestra, sino en legítima defensa? Juráis que no se vea
desnuda sino por orden de vuestro soberano, y que caerá de vuestras
manos a su primera indicación; juráis, en fin, que no se
verá teñida jamás sino en la sangre de los enemigos del
rey y de la monarquía; juraislo así, don Juan?
|
|
DON JUAN.-
Lo juro.
|
|
CARLOS V.-
Si así lo cumpliereis, Dios os
lo tenga en cuenta. Vuestra es, don Juan; ¡presiento que ha de ganar
batallas en vuestras manos!!
|
|
DON JUAN.-
(Con la espada en la mano.)
¡Yo haré verdadera vuestra predicción!!!
|
Escena
XXII
|
|
|
Dichos;
DON RODRIGO, después el
PRIOR.
|
|
DON RODRIGO.-
¡Una mayoría victoriosa!
¡Una elección completa!
|
|
CARLOS V.-
¡Alegre nueva, que no pudiera
traerme mensajero ninguno más agradable!
(Bajo.) ¿Sabéis,
don Rodrigo, que aun pudiera yo triunfar en un cónclave?
|
|
DON RODRIGO.-
(Fuerza era que le ocurriese.) El
prior me sigue para daros el parabién, y resignar, mal que le pese, su
autoridad en vuestras manos.
|
|
PABLO.-
Me ha cogido mis naranjas, y yo le he
cogido sus votos.
|
|
CARLOS V.-
(A
DON RODRIGO.) Tened presentes mis
últimas instrucciones: no dejéis un punto solo a don Juan; sed su
sombra; es servicio que de vos reclama mi antigua amistad.
|
|
DON RODRIGO.-
¿Podéis dudar de mi
lealtad?
|
|
PRIOR.-
(Entrando.) Huélgome,
reverendísimo padre, de ser el primero en daros el parabién:
vuestra elección me colma de contento, y desde este punto juro
obediencia a mi prior.
|
|
CARLOS V.-
Sé, padre, cuán sinceras
son vuestras felicitaciones, y quiero desde ahora poner a prueba vuestro buen
celo y esa misma obediencia de que dais ejemplo. Conducid a don Rodrigo y don
Juan.
|
|
PRIOR.-
(Sorprendido.) ¡Este mozo
aquí!
|
|
CARLOS V.-
Conducidlos vos mismo fuera de las
tapias del monasterio.
|
|
PRIOR.-
¡Yo mismo! Vuestra reverencia...
las órdenes del rey...
|
|
CARLOS V.-
(Severamente.) Reverendo padre,
yo mando aquí.
(EL PRIOR se
inclina.)
|
|
DON JUAN.-
¡Qué injusto fui!
|
|
PABLO.-
¡El padrecito es más que
hombre!
|
|
DON RODRIGO.-
(Bajo a
CARLOS.) ¿Sois prior,
señor?
|
|
CARLOS V.-
(Bajo a
DON RODRIGO.) Todo se reduce a una
abdicación más o menos.
|
|
DON RODRIGO.-
(Está poseído del
espíritu de la abdicación.)
|
|
PRIOR.-
(A
DON JUAN y
DON RODRIGO.) Seguidme.
(DON JUAN se arroja en
brazos de
CARLOS V;
DON RODRIGO le besa la mano y sale.)
|