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El proteico Gide

Ricardo Gullón





No, no se agota el tema Gide. Cuando parece declinante, vuelve a surgir con estruendo; unas veces por la publicación de textos inéditos del escritor y otras por la de revelaciones y testimonios más o menos interesados en torno a su persona o a su obra (con mayor frecuencia en torno a la persona).

La gran personalidad de Gide aparece cada día más rica de contrastes, más compleja y matizada; lo corriente es detenerse a examinar sus aspectos fundamentales, pero en esta ocasión nuestro propósito es muy limitado. Queremos, simplemente, subrayar la afición del autor de Los monederos falsos por cuentecillos y chascarrillos, y para mostrar sus preferencias nos pareció indicado traducir dos de los varios que transcribe -y según los cuenta- en su libro póstumo: Ya no va más o Así sea.

«Un sujeto tira su bastón al estanque de las Tullerías. Su perro se lanza al agua y se lo trae. El juego se repite. Un espectador, estupefacto, le dice al dueño del animal : -¡Pero oiga, si su perro corre sobre el agua! -Y el otro responde con toda naturalidad: -¡Qué quiere usted qué haga, si no sabe nadar!».



Uno de actualidad, en torno a las depuraciones stalinistas:

«La escena, en un país satélite de Rusia. Los guardias fronterizos tienen orden de disparar contra quienes intenten salir del territorio «libre». Cierta noche, uno de esos guardias ve con estupor que llega un tropel de conejitos. -Pero ¿qué os pasa, amiguitos? -les pregunta. -Nos han informado confidencialmente de que en este país van a echar mano en seguida a todos las jirafas.

»El guardia se echó a reír: -¡Pero, chicos, vosotros sabéis bien que no sois jirafas! -Sí, claro -dijo temblando el conejo delegado-, sí, pero ¿cómo podríamos probarlo?».







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