1
Leo Spitzer, L'amour lontain de Jaufré Rudel et le sens de la poésie des troubadourt, Studies in the Romances Languages and Literature, Univ. of North Carolina, Chapel Hill, 1944; los textos citados en las págs. 8 y 22.
2
Eugenio Asensio, «Texto integral y comentario del poema de Sá de Miranda Al son de los vientos que van murmurando», Estudios portugueses, Fundação Gulbenkian, París, 1974, páginas 145-162; las citas en págs. 157-160.
3
Ni Dares ni Dictis exponen el asunto. Servio, aunque apunta una relación amorosa o admirativa entre Aquiles y la reina (Aen. comm., I, 491), tampoco toca el tema del amor de oídas. No he podido ver la versión de B, de Saint Maure.
4
Ed. Agapito Rey, RFE, Anejo XV, Madrid, 1932, pág. 251.
5
Crónica Troyana, Medina del Campo, 1587, cap. XLIV, pág. 97 v.º
6
Rodríguez del Padrón, Cancionero de Estúñiga, núm. XLIII, vv. 9-20.
7
La citan J. del Encina («y Etor con Pantasilea»
, Triunfo de amor, Cancionero, 1496, fol. lxvi v.º), Torres Naharro («es dueña tan acabada / que bondad no le fallece, / y en sus cosas me paresce Semiramís la nombrada, / más que Judic esforçada, / segunda Dido africana, / Pantasilea estimada, / y amazona muy loçana»
, Comedia Jacinta, en E. Gillet ed., Propalladia and other Works of B. de T. N., Pennsylvania, 1946, vol. II, pág. 335, vv. 193-200), el Condestable de Portugal («Loa de la insigne virtud de la honestidad», Opúsculos literarios de los siglos XIV a XVI, Bibliófilos Españoles, Madrid, 1892, pág. 81), etc. Sin duda, a la difusión de la historia contribuye decisivamente Boccaccio, que dice de Pantasilea: «Esta según algunos quieren oŷda la fama de la virtud de don Héctor Troyano se enamoró mucho del, y antes de verle y con desseo de hauer nobles fijos del, para sucessión del reyno, con priessa y importunidad con gran copia de gente, vino a le ayudar contra los griegos»
(De las ilustres mujeres, Zaragoza, 1494, fol. XXXVIII r.º; cfr. fol. XXXVIII v.º).
8
Samuel Gili Gaya, «Las Sergas de Esplandián como crítica de la caballería bretona», BBMP, XXXIII (1947), págs. 103-111.
9
La cosa sucede de la manera siguiente: «Cuando el caballero Negro hubo oído lo que el maestro Elisabat le dijo, y cómo aquella tan alta y tan hermosa señora con tanta voluntad había querido saber de su hacienda, y para se servir dél le enviaba llamar, súbitamente fue herido en el corazón, no sabiendo cómo, de tan gran desmayo que la color y la habla por una pieza le hizo perder...»
(pág. 421a). El capítulo XXXIX trata «De cómo la hermosa Leonorina, oyendo las altas excelencias de Esplandián fue de las flechas de Cupido tan herida, que retrayéndose en puridat...»
(pág. 445); y, poco después, se lee: «[...] y yo, como haya oído el valor suyo sobre cuantos hoy viven, así en valentía y prez de armas como en muy sobrada hermosura y ser de tan alto lugar, como quiera que la fortuna lo acarrease, también yo di lugar a mi corazón que en sí aquellas enamoradas palabras recogiese»
(pág. 493). Libros de caballerías, ed. P. Gayangos, Madrid, BAE, 1857, XL.
10
Y continúa: «Car 'voir', pour Aristote le désir naturel de l'homme, est l'attribut prépondérant pour saint Agustin (Conf., X, 35) de la 'curiosité', c'est à dire de la concupiscence; la vue a selon lui le primat sur les autres sens dont elle peut usurper la place-: Utimur enim hoc verbo etiam in ceteris sensibus cum eos si cognoscendum intendimus [on dit vide quid sonet, oleat, sapiat, quam durum sit, alors qu'on ne peut pas dire audi quod rutilet olfac, quam niteat, etc. Ideoque generalis experientia sensuum concupiscentia sicut dictum est oculorum vocatur. D'autres troubadours ne se lassent pas de proclamer que le vrai amour (ideál) entre dans l'âme par les yeux (cfr. pour l'histoire de certe théorie, également ancienne, des affettions de l'âme, Wechssler, Kulturprobletn des Minnesangs). Jaufré Rudel est plus spirirualiste, plus agustinien»
(op. cit., pág. 53, n. 28). En cualquier caso, me parece indudable la utilización amorosa del concepto religioso de amor ex auditu por parte de los poetas, como veremos.