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21

Madrid, BAC, 1979, pág. 360.

 

22

Plutarco, De Iside, 74. Tirso de Molina parece recordar esta creencia cuando, refiriéndose a un secreto, escribe:


Declaróla el concierto que había hecho
y encargóla el secreto; mas como era
el güesped grande, el aposento estrecho,
tuvo dolores hasta echalle fuera.
Concibió por la oreja; parió el pecho
por la boca, y fue el parto de manera
que, cuando el sol doraba el mediodía
ya toda Avero la traición sabía.


(El vergonzoso en palacio, ed. F. Ayala, Madrid, Castalia, 1971, pág. 50, vv. 135-142)                


 

23

«Virgo que por el oydo concepisti / Gaude, Virgo, Mater Christi»; en: Obras, ed. V. García de Diego, Madrid, C. C., 1913, pág. 124, vv. 5-8. Pedro Manuel de Urrea, en el «Villancico del Nacimiento de Nuestro Señor Jesu Christo», escribe:


Fue virgen parida
Su madre en tal talle;
De sólo hablalle
Quedó concebida.


(P. M. de M., Cancionero de 1513, Zaragoza, 1888, pág. 430)                


Y Herrera Maldonado, traduce así el De Partu Virginis de Sannazaro:

«Aquesto respondió el sagrado intérprete:


Antes por tus oídos no advirtiendo
Viniendo desde el cielo y sus estrellas
Se irá el divino Espíritu influyendo
En tus entrañas y entraráse en ellas».


(Ed. Emilio Clocchiatti, Madrid, Ínsula, 1963, pág. 202, vv. 316-320)                


Cuando el tema es la eucaristía, es inevitable la primacía del sentido del oído; así lo había planteado ya la oración atribuida a Santo Tomás: «Visus, gustus, tactus in te fallitur / sed auditu solo tute creditur / credo quidquid dixit Dei filius...». La idea se coge en el Tratado del Santísimo Sacramento de fray Ambrosio Montesino, cuando «alaba el sentido del oír sobre los otros cuatro sentidos es la Hostia». Vid. Miguel Pérez Priego, El teatro de D. Sánchez de Badajoz (Cáceres, 1982), pág. 125; F. González Ollé, «La farsa del Santísimo Sacramento» (Revista de Literatura, XXXV, 1969), pág. 136.

 

24


Como virgen concibió
en el su vientre escogido
a quien la había concebido
en su mente, y ordenó
que de ella fuese vestido.


(pág. 258)                



¿Lleva compás o mesura
ser la palabra simiente,
varón el omnipotente,
y la mujer virgen pura
de todo pecado absente?


(pág. 261)                



¡Amor de oídas, cómo eres suave!


(pág. 415)                


Cancionero, Madrid, Bibliófilos españoles, 1932.

 

25


Respondió entonces María
fiat clemente
fue su son tan preminente
tan subido y tan pujante
que su sonido passo
los cielos y penetro
la tierra mas penetrante
y luego en el mismo instante
que fiat hablo
en esse mesmo encarnó
quien suma palabra es
verbum carum factum est
quel verbo lo consintió.


(I, pág. 86)                



[...]
vendrá el Spíritu Santo
otra vez en tu morada
de la virtud del muy alto
tienes de ser alumbrada,
y a la palabra divina
será tu vientre encarnado.


(II, pág. 86)                


También aparece el tema de la luz en la vidriera, incluso se acude al olfato como sentido menos «material» que gusto o tacto:


Aunque mas cubra el pellico
como por la vedriera
sale el sol, echa Dios fuera
aquel bocado tan rico


(I, pág. 213)                


Y entró en ella, y salió della
el señor
como da de sí el olor
en el espino la rosa
sin corromper en sí cosa
de su substancia y valor.
CEG.
O que hermoso primor.
DIS.
Pues espera
como por la vedriera
entra el sol y sale della
y sin quebrar [sic] ni rompella.

(I, pág. 239)                


Cancionero general de la doctrina cristiana, ed. A. Rodríguez Moruno, t. I, Madrid, 1962; tomo II, Madrid, 1964.

 

26

Op. cit., t. II, pág. 61.

 

27

Recuérdese la teoría del nombre que Marcelo expone en De los nombres de Cristo, prólogo.

 

28

Tratados, CXVI, Madrid, BAE, 1959, pág. 148a; y vuelve a repetirlo en pág. 193b.

 

29

«Sciendi desiderium, Comes magnifice, addeo hominibus conaturale est, ut omnes ex impulsu nature scire desiderent, neque quisquam tam ebetis ingenii repertus est, qui ad sciendum cum potest non inclinetur [f. 3] invisa enim omnibus ignorantia, diligibilis rerum scienria est. Quod, licet per se notum probatione egere non videatur, probare tamen ille insignis philosophus voluit, qui cum dixisset "Omnis homo a natura scire desiderat" argumentum occulorum adiecit, quos inter cetera corporis menbra sume diligimus et magnopere custodimus, quia per eos ut cotigruens instrumentum sensum visus habemus, cuius medio integrius ac inmediacius rerum noticiam aprehendimus. Ego quoque auditum in secundum testem assumerem, ut duorum testimonio plena probatio resultet, cuius officio pitra cognoscimus que occulis carnis non videremus. Hos itaque duos sensus pre omnibus custodimus, eosque aliis sensibus preponimus, quia eorum officium ad sciendum propinqua et ecciam remota nimium nobis neccesarium est; licet ergo corporee voluptates aliis quibusdam sensibus vehementius sentiantur, hii tamen ut longe nobiliores habentur. Etenim ciborum delectatio et alie quedam, que tam ad individui quam speciei conservationem intendunt, non [f. 3] visus vel auditus, sed tactus aut gustus ministerio explentur; quia tamen hec omni animanti comunia sunt et ad solius corporis sustentationem et propagationem utilia, non magno precio habentur. Que vero per visum et auditum necdum corporea sed spiritualia iuxta humanam posibilitatem cognoscere nitimur -cum per audirum docentium vocem sentimus, per visum literas legimus que magistrorum obtinent vicem, splendoremque corporum celestium cernimus- hos merito sensus magni precii existimamus, illos ecciam vite preponimus. Nullus enim sine auditu et visu eligeret vivere. Quid denique? nonne fides ex auditu? non ex tactu firmatur!» (Un tratado de Alonso de Cartagena sobre la educación y los estudios literarios, ed. Jeremy N. H. Lawrance, Barcelona, Universidad Autónoma, 1979, páginas 30-31).

 

30

Luis Ramírez de Lucena, Repetición de amores, ed. J. María Cossio, Madrid, Joyas bibliográficas, 1953. págs. 11-12.