Enxiemplo [II]
Miguel Gomes
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Nace en algún lugar de mi frente. Allí donde el dolor es inexacto. Un dolor cada vez mayor, fluido y palpitante.
Sus raíces atenazan mis sienes.
Uno tras otro todos hacen el intento de arrancar la corteza viscosa y movediza, pero sólo logran que la sangre brote de ella.
Les pido con señas desesperadas que cierren las cortinas. Tuve el presentimiento de que en cualquier instante sus ramas se inclinarían dolorosamente hacia la luz imantada de la mañana.
Pasan los días y un follaje espeso, salido de algún lugar de mi carne, ha coronado la encina. Su tamaño aumenta. Durante la noche el estremecimiento de la madera impaciente no nos permite dormir. Alcanza el cielo raso y crece a lo largo, hasta llegar a la ventana.
Explora mis entrañas en busca de alimento.
El reloj de la sala, como si prometiese algo, suena trece veces.
La encina estrecha las paredes de la casa, penetra las grietas abandonadas a la oscuridad, tantea ciega las hojas del tejado, las levanta y las echa al viento.
El cascarón informe que alguna vez fue mi cabeza separa el tronco desmesurado de las raíces. En mis sienes (¿cuál de todas esas ramas?) se agolpa la savia enloquecida.
Enmarañado, me aferro a las cosas que conocí.
(Visión memorable)