Escena I
|
|
|
ADELA-MISIA EMILIA-Después LUISA.
|
MISIA EMILIA.-
¡Luisa! ¡Luisa! ¡Se te enfría el té! |
LUISA.-
(Desde adentro izq.) Ya, voy mamá, ¡qué fastidio! |
|
ADELA.-
Déjala, debe estar muy ocupada con los trapos
de su marido. En cuanto Carlos sale ya está ella dele
que dele cepillo a su ropa. |
| LUISA.-
¿Y qué más
remedio cuando a una le tocan esposos tan abandonados? |
| M.
EMILIA.-
¡Pues hijita para lo que te agradece! Figúrate
que dice Ernesto que eso de la limpieza es un pretexto tuyo
para revisarle a gusto los bolsillos. |
| ADELA.-
(Burlona.) ¡Pérfido! ¡Calumniador! |
| LUISA.-
¡Ya lo creo! ¡Ingrato!
Si no fuera por su mujercita que le cuida la ropa andaría
todo el santo día hecho un atorrante (Aparatosa.)
¡Pero!... ¿Qué es esto? ¡Ay! ¡Dios mío! ¡qué
temeridad!... Qué cosa bárbara. (Sale con un
saco y un cepillo en las manos.) |
| M.
EMILIA.-
¿Qué
pasa mujer? |
| LUISA.-
(Compungida.) ¡Jesús!... ¡perdido!
¡a la miseria, el saco, el saquito nuevo de mi marido!...
Vean: desde acá hasta aquí una mancha!... ¡Uf!
¡y la solapa! ¡que chorretes!... ¿Cómo habrá
podido ensuciarse así? (Cepilla un poco, observa,
huele.) ¡Uff! Qué desagradable; ¡huele, Adela! |
| ADELA.-
Retira eso. |
| LUISA.-
Huele tú, mamá. |
| M.
EMILIA.-
(Toma el saco. Huele y concienzudamente.) ¡A bodegón! |
|
ADELA.-
¡Jesús! ¡Qué mujeres indiscretas! |
|
LUISA.-
(Observando y cepillando de nuevo.) ¡Y no sale!
¿No, que no sale? (Rasca con la uña.) ¿Y esto tan pegado?
¡Dios mío! Si parece... parece... ¡oh! si es un fideo.
¡Qué asco! |
| M.
EMILIA.-
¡Qué barbaridad! |
| ADELA.-
Retira esa inmundicia. |
| LUISA.-
¡Ah, no! Primero lo ha de
ver Ernesto... ¡Y me ha de explicar cómo ha podido
mancharse así! ¿Qué habrá andado haciendo? |
|
M.
EMILIA.-
Mira, hija; lo mejor que puedes hacer es no
darte por entendida del asunto. A los hombres, sobre todo
a los hombres jóvenes y medio tarambanas como tu marido,
no conviene exigirles la explicación de ciertas cosas,
como esa del saco, muy censurables, hijita; pero no de las
más graves: una fiesta de amigos, una sobremesa prolongada
y... un saco echado a perder, ¿y qué?... al fin y
al cabo está muy lejos de ser un vicio (Ve a LUISA
que se ha sentado a llorar.) Pero ¿qué es eso, Luisa?
¡Estás llorando! (Va hacia ella.) |
| ADELA.-
(Abrazando
a su madre, compungida.) ¡Ay, mamita querida! Ya lo comprendo
todo. Soy muy desgraciada: Ernesto me engaña, es un
infame, un calavera, un vicioso, un perdido... |
| M.
EMILIA.-
Vamos, cálmate, cálmate. ¡No hay que exagerar
las cosas! Ernesto es joven y conserva algunos resabios de
su vida de soltero. |
| LUISA.-
(Reponiéndose.) ¡Ay,
mamita querida! Yo no había querido decirles nada,
pero Ernesto desde un tiempo a esta parte, no es el mismo
maridito amable, bueno, cariñoso... Se pasa casi todo
el día por ahí, falta a la hora de comer, y
vuelve siempre después de media noche. |
| M.
EMILIA.-
La política, los negocios... |
| LUISA.-
Sí, bonitos
negocios. ¿Se acuerdan del otro día que nos llevó
al boulevard y después nos mandó solas a casa,
diciendo que tenía que hablar con el doctor Pérez,
uno que iba en otro coche? Pues bien: esa noche no vino a
comer y a la mañana siguiente le encontré un
manchón así blanco, en la solapa del jacquet. |
|
ADELA.-
Sería cal o polvo. |
| LUISA.-
Polvos, hijita,
y de los más ordinarios y yo no creo que el doctor
Pérez se revoque la cara. Pero eso no es nada. ¡Vieran
las otras noches! Era casi de día cuando sentí
que abría la puerta. Yo que no había pegado
los ojos, me hice la dormida, como siempre, ¿sabes?, esperando
que me despertara con un beso, y el muy sinvergüenza...
¡nada! Empezó a desnudarse caminando de un lado para
otro del cuarto y aquí dejaba una cosa y más
allá la otra; colgó el sombrero en el cuadro
de la virgen, la corbata en el pico de gas, arrojó
la camisa sobre el lavatorio y los pantalones quién
sabe dónde, y después se acostó; figúrate,
se acostó, para sacarse los botines, y estuvo un rato
así con los pies para arriba desabrochando, hasta
que pudo descalzarse, tirando los zapatos con un ruido de
todos los diablos. Yo entonces me di vuelta y empecé
a mirarlo así, con los ojitos entornados. ¡Vieran
qué ojeroso y desencajado estaba! Él, como
si recién me viera, se sonrió y acercó
la cara despacito, despacito, y cuando ya me iba a dar el
beso me hizo una morisqueta así (Remeda.) , y volvió
a dejar caer la cabeza en la almohada. Al rato roncaba como
un bendito, respirando fuerte y con un aliento a bebidas... |
|
ADELA.-
¡Ave María, mujer, qué olfato! |
| LUISA.-
Y ahora digan, digan si tengo razón, para llorar y
rabiar y desesperarme, y para decir que mi marido es un calavera,
un perdido, un vicioso, un... |
| M.
EMILIA.-
Sí, hija;
nadie te lo niega. Pero esas cosas se toman con más
calma. |
| ADELA.-
Claro, tiene razón mamá. |
| LUISA.-
¡Con calma, con calma! Pero vengan acá, mujeres desalmadas.
Es decir, que he de quedarme como una momia, cuando sé
que mi señor marido anda haciendo perrerías
por ahí!... ¡Ah! ¡Cómo se conoce que ustedes
no han pasado por estos trances! |
| M.
EMILIA.-
¡Calla, hijita,
calla! No me obligues a hablar, que te aseguro que si a cada
calaverada del finado tu padre se me hubiera cortado un pelo,
a la fecha estaría calva. |
| LUISA.-
Pero papá
no andaría como Ernesto, manchándose la ropa
por ahí. |
| M.
EMILIA.-
Peor, hija. ¡Las veces que me
lo han traído en parihuelas! |
| ADELA.-
Mamá,
por Dios, deja tranquilo al pobrecito papá. |
| M.
EMILIA.-
Dios me libre de ofender su memoria. Si he dicho eso ha sido
para probarle a Luisa que más que un vicio lo que
le sucede a Ernesto es un efecto de eso que por ahí
llaman la ley de herencia. |
| ADELA.-
Pero mujer, ¿qué
tiene que ver Ernesto con papá? |
| M.
EMILIA.-
Muchacha,
¿y no es su yerno? |
|
|
(Suena la campanilla del teléfono.
LUISA va al aparato.)
|
| LUISA.-
¡Hola! ¡Hola! ¿Con quién
hablo?... Sí, señor... ¿Con quién hablo
yo?... ¿Cómo?... No, ha salido... ¡Insolente!... (Corta.) |
|
ADELA.-
¿Quién era, ché? |
| LUISA.-
¡Quién
iba a ser! Pancho, ese amigote de mi marido. |
| M.
EMILIA.-
¿Y qué se le ofrecía? |
| LUISA.-
Dice que manda
una carta urgente para Ernesto y creyendo que fuera yo la
sirvienta me encarga que la entregue en manos propias. ¡Ah!
y el muy sinvergüenza me tira un beso de despedida. |
|
ADELA.-
¡Ja... ja... ja! ¡Qué insolente! |
Escena II
|
|
|
Dichos-Una SIRVIENTA.
|
SIRVIENTA.-
Señora,
un cochero trae esta carta para el señor don Ernesto. |
|
LUISA.-
(Tomándola.) Está bien. |
| SIRVIENTA.-
¿No hay contestación? |
| LUISA.-
Ya lo veremos, digo,
no, no hay; vete no más. (Lee el sobre escrito y observa
la carta a trasluz, como vacilando.) ¡Ah! ¡Pronto saldremos
de dudas! |
| ADELA.-
Luisita, supongo que no te atreverás... |
|
LUISA.-
¿A abrirla? Ya lo creo que me atrevo. Ya verán.
(Toma una cucharita y trata de introducir el cabo por una
de las puntas del sobre cuidando no romperlo.) |
| M.
EMILIA.-
Mujer, eso es muy feo. |
| LUISA.-
Cosas más feas hace
Ernesto, y sin embargo ustedes lo defienden. De cualquier
modo, si se trata de cosas que no me interesan le diré
a Ernesto que su mujercita, creyendo que fuera algo urgente
se permitió... ¡pero casi ya está abierta!
Mozos diablos para cerrar cartas. A ver, a ver (Lee ávidamente
y de repente estruja el papel y comienza a pasearse.) ¡Ah
pillos! ¡Pillo! ¡Pillo! Bien lo decía yo. ¡Infame!
Y ustedes que todavía lo están defendiendo. |
|
M.
EMILIA.-
¿Pero qué pasa? |
| ADELA.-
¿Qué
dice esa carta? |
| LUISA.-
(Irónica.) ¡Nada! ¡Nada!
¿Qué ha de decir? ¡Negocios! (Sigue paseándose.)
¡Ah, pero me la pagará! ¡Engañar a una mujer
como yo, buena, cariñosa, linda! |
| ADELA.-
Vamos, preciosura,
¿se puede saber? |
| LUISA.-
(Metiéndole la carta por
los ojos.) Sí: cómo no, tomen, tomen. ¡Lean,
vean, qué monada de marido tengo! |
| ADELA.-
No seas
grosera, muchacha. (Toma la carta y lee fuerte.) «Mi querido
Ernesto: Gran bolada, las dos gallegas del Casino aceptan.
A las siete comeremos en lo de Quiqui. Le he avisado al tuerto
Pérez, al Cordobés y al Ñato. Dile a
Adolfo que se traiga a la gringuita. Gran pasegiata por el
lago y después gran cena en el cotorro. Tuyo: Pancho.» |
|
LUISA.-
¿Eh? ¿Qué les parece mi maridito? ¿Qué
piensan de mi maridito? ¡Qué dicen de mi maridito?...
¡Ah!, se callan. ¿Han visto cómo tenía razón?
Y tú, Adela, que estabas tan cocorita, ahí
lo tienes a tu novio con una gringa, la gringuita de Adolfo.
Defiendan ahora a Ernesto... ¡Ah, señor marido!; ya
vamos a ajustar las cuentas, y bien ajustadas. (Se pasea
de nuevo.) Infame, infame, dejar a su mujercita por unas
gallegas desorejadas; a su mujercita que tanto lo ha querido.
Abandonarme para irse a cenar al cotorro, al cotorro, tan
luego con amigotes y mujerzuelas. ¡Oh, pero me las pagará!
(Resuelta.) De hoy en adelante él por su lado y yo
por el mío. |
| M.
EMILIA.-
Pero muchacha, ¿qué
estás diciendo? |
| LUISA.-
Que estoy dispuesta a no
tolerar más a mi marido. Manda llamar en seguida al
doctor López, pero en seguida, ¿eh? |
| ADELA.-
¿Y qué
tiene que ver con esas cosas el doctor López? |
| LUISA.-
Mucho, porque quiero divorciarme. |
| ADELA.-
Adiosito; se alborotó
la pajarera. |
| LUISA.-
Sí, señor. Aquí
están las pruebas. Presento en seguida el escrito
y mañana mismo saldrá en los diarios. La distinguida
señora N. N. ha entablado demanda de divorcio contra
el señor N. N. ¡Oh, sí! Y pasado mañana
ya podrá seguir farreando Ernesto a su gusto, que
por mi parte no me quedaré atrás. |
| M.
EMILIA.-
¡Hija, te has enloquecido!... |
| LUISA.-
No, señora;
estoy bien cuerda. Y me volveré a casar; buscaré
un maridito decente, bueno, honesto y sumiso y con él
iré al teatro, al boulevard, a todas partes donde
Ernesto me pueda encontrar a cada rato para demostrarle que
soy feliz, para refregarle mi dicha por los hocicos. |
| ADELA.-
Pero muchacha, no digas sonceras. ¡Si la ley de divorcio
no permite casarse de nuevo! |
| LUISA.-
Mejor todavía. |
|
M.
EMILIA.-
Qué temeridad. |
| ADELA.-
Óyeme,
Luisa. No te exaltes y escúchame, que aunque no soy
casada, tengo bastante buen sentido para comprender las cosas. |
|
LUISA.-
Si pretendes disuadirme, trabajo inútil.
Me divorcio, me divorcio y ¡me divorcio! |
| ADELA.-
En primer
término: ¿quién te ha dicho que Ernesto piensa
asistir a la farra esa? |
| LUISA.-
¿Y si va? |
| ADELA.-
¿Y si
no va? Y aun en el caso de que fuera crees tú que
porque un hombre esté casado, tiene la obligación
de taparse los ojos para no ver las cosas malas que hay en
este mundo? Ernesto podría muy bien asistir a la fiesta
sin faltar a sus deberes conyugales. |
| M.
EMILIA.-
Hablas
como un libro, hija. |
| LUISA.-
¡Uf! ¡Qué sangre de
horchata que tienen ustedes! |
| ADELA.-
Piensa lo que quieras,
pero yo te digo que tú no has dejado de querer a Ernesto
y que no eres capaz de divorciarte. ¿A qué armar entonces
el escándalo? Cálmate, confía en mí
y cierra esa carta. Cuando venga Ernesto, que no ha de tardar,
se la entregas como si nada hubiera pasado. |
| LUISA.-
Pero... |
|
ADELA.-
Cálmate. Veremos lo que Carlos resuelva,
y si asiste a la farra, cosa que no creo, nos largamos esta
noche al Parque en un coche con mamá y buscaremos
el medio de observar su conducta. |
| M.
EMILIA.-
¡Conmigo no
cuenten, hijitas! No estoy yo para esos trotes. |
| LUISA.-
¡Pero, mamá! No podemos andar dos muchachas solas
por esos lados. |
| M.
EMILIA.-
¿Y tú no eres una señora? |
|
LUISA.-
Jesús, pero no llevo a la vista las huellas
del matrimonio. |
| ADELA.-
Silencio, que ahí sube Ernesto.
Cierra ese sobre. |
Escena III
|
|
|
Dichos-ERNESTO-ADOLFO.
|
ERNESTO.-
(De adentro.) Subí, Adolfo, no seas pavo;
ya sabemos que estás con ganitas. (Saliendo.) Muy
buenas tardes. Figúrate, Adelita, que Adolfo se está
haciendo rogar para entrar, ¡qué farsante!, ¿no? |
|
ADELA.-
Déjalo, tendrá sus motivos para no
vernos. |
| ADOLFO.-
(Saliendo.) Absolutamente. ¿Cómo
está usted, señora? ¿Cómo está,
Adelita? |
| ERNESTO.-
(Yendo hacia LUISA.) ¿Qué es esto,
Luisita? No te había visto. ¿Estás enferma?
Ché, Adolfo, no mires; cuando uno anda todo el día
afuera de su casa, tiene que compensar a su mujercita la
larga ausencia. (Se acerca y quiere besarla. Ella se resiste.) |
|
ADOLFO.-
¡Qué buen ejemplo de matrimonio feliz!,
¿es verdad? |
| M.
EMILIA.-
Ya lo creo. ¡La mar de dicha!... |
|
ERNESTO.-
(Tiernamente.) ¿Se siente mal, mi Luisita? ¿Qué
tiene? ¿La jaqueca otra vez? ¡Pobre mi negra! |
| ADELA.-
Desde
hoy le estoy diciendo que vaya a acostarse, pero ella por
esperarte... |
| ERNESTO.-
¡Caramba, y yo que he tardado tanto!
Pero esta política lo absorbe a uno por completo.
Felizmente pronto terminará todo y podré volver
de nuevo a la vida amable del hogar al lado de este tesoro
que tanto quiero. |
| LUISA.-
¡Farsante! |
| M.
EMILIA.-
Y usted,
Adolfo, ¿también anda metido en esas cosas? |
| ADOLFO.-
Acompaño a Carlos. Precisamente venimos de dirigir
los arreglos del teatro para la reunión del diez. |
|
ADELA.-
A propósito de teatro, hace una porción
de noches que no nos llevas, Ernesto. |
| ERNESTO.-
Es cierto.
¿Qué dan esta noche en el Politeama? |
| ADELA.-
No lo
sé, pero aquí podemos ver en «La Época».
(Leyendo.) Divorcios. Comedia de Dumas. ¿Vamos? |
| ERNESTO.-
Pero Luisa seguirá con su jaqueca. |
| LUISA.-
(Rápidamente.)
No, no, no; supongo... creo que se me pasará pronto. |
|
ERNESTO.-
Entonces no hay inconveniente. Lo invitamos también
a Adolfo, ¿verdad? |
| M.
EMILIA.-
(Aparte.) ¡Nos salvamos!
¿Y qué les parece si lo invitáramos también
a comer? |
| ADELA.-
(Aparte a LUISA.) Dale la carta. |
| ADOLFO.-
Aceptado con el mayor gusto. |
| LUISA.-
Ah, Ernesto, discúlpame;
con esta jaqueca ni sé lo que hago. Han traído
esta carta para ti hace un rato. |
| ERNESTO.-
(Lee y gravemente
se la pasa a ADOLFO.) Entérate. ¡Lo que nos esperábamos!
¡Qué mala suerte, muchachas! |
| ADELA.-
¿Qué
ocurre? |
| LUISA.-
Malas noticias. |
| M.
EMILIA.-
La embarramos
de nuevo. |
| ERNESTO.-
Malas, malas, no. Disgustantes, ¿verdad,
Adolfo? |
| LUISA.-
(Aparte.) ¡Cínicos! |
| ADOLFO.-
¡Pero
qué desdicha! |
| ERNESTO.-
Y lo peor es que no tenemos
más remedio que ir, ¿verdad, Adolfo? |
| ADOLFO.-
No
tenernos más remedio. |
| LUISA.-
(Aparte.) ¡Pilletes,
granujas! |
| ADELA.-
¿Pero de qué se trata? |
| ERNESTO.-
Se deshacen nuestros proyectos, hija. Avisan del Comité
que a las siete se les dará una comida a los delegados.
Y nuestra presencia ahí es necesaria, ¿verdad, Adolfo? |
|
ADELA.-
De modo que nos quedamos sin teatro. ¡Qué
lástima! ¿Pero no se sientan ustedes? Voy a servirles
el té. |
| ERNESTO.-
No, no, gracias, tengo que cambiar
algunas ideas con Adolfo y nos vamos al escritorio.
(Toma
del brazo a ADOLFO y se van. Aparatosamente.)
Proclamaremos
los tres candidatos a Senadores y... |
| LUISA.-
Hasta luego,
futuros... cenadores. |
Escena I
|
|
|
EL GRINGO CHIFLE-LA INGLESA-CURIOSO PRIMERO y SEGUNDO, EL 47, EL 32 y EL 169. Estrujándose
se abalanzan sobre CHIFLE.
|
EL 47.-
Coche, señor. |
|
EL 32.-
Aquí estoy yo, el 32, don Chifle. |
| EL 169.-
Salgan de ahí, que es marchante mío... |
| CHIFLE.-
Cagamba, cagamba, ¡ja, ja, ja!, ¡qué ba-ba-baguidad!
¡Déjeme en paz hombre! Esos cochegos, abusan (A los
curiosos.) ¿Cómo les va? ¿Cómo les va? ¡Han
visto! Aquí no hay autoguidades. ¡Si yo fuego bolita!...
¡Ja, ja, ja! El nuevo Gobernador... |
| CURIOSO 1.º.-
¡Zas!,
qué lata, hermanito. |
| CHIFLE.-
El nuevo Gobernador
no sabe lo que piegde con tener esta policía inútil...
Es preciso caerle y caerle en el diario.
(Sale LA INGLESA.)
Con pemiso. (Va hacia ella.) |
| INGLESA.-
Hallo, old chap! |
|
CHIFLE.-
Come on, get á mouve on you chippie! |
|
|
(Vanse.)
|
|
CURIOSO 1.º.-
¡Adiós, tigre! !Qué bolada! |
|
CURIOSO 2.º.-
Qué yunta para un coche. |
| CURIOSO 1.º.-
¡Observa el pedigree, ché gringo! Buen provecho. |
|
EL 169.-
Aquí estoy yo, don Chifle. |
| CHIFLE.-
Ja.
ja... ja... ¡Cochero al Hotel del Sud! |
Escena II
|
|
|
Una dama
canta con voz destemplada. Chillidos, aplausos, silbidos,
mucha gente abandona el teatro riendo y hablando fuerte.
Se van unos por la derecha y otros por la izquierda. Algunos
detiénense y presencian la escena. LOLA, CONSUELO,
ERNESTO, EL TUERTO PÉREZ, PANCHO, todos cantando la
marcha de «Aída», simulando las trompetas con los
bastones. Carcajada general.
|
CURIOSO 1.º.-
Adiós,
muchachos. ¿Cómo les va? ¿Qué andan haciendo? |
|
ERNESTO.-
(Aparatoso.) Adiós, adiós. Hola,
muchachos, ¿qué les parecen estas gallegas? |
| CURIOSO
2.º.-
¡Macanudas, hermano! Gran bolada, ¿no? ¿Y Adolfo? |
| ERNESTO.-
Por ahí anda. Se ha quedado viudo. No ha podido traer
a la gringuita y para vengarse se ha catado una papalina!... |
|
CURIOSO 1.º.-
¡Ché! ¿Por casa cómo andamos? |
|
EL AGENTE.-
(Acercándose al grupo formado por LOLA,
CONSUELO, etc.) Tengan la bondad de ir despejando. |
| LOLA.-
Ya vamos, hombre. ¡Jesús, qué energía! |
|
ERNESTO.-
(Volviéndose.) ¿Qué es eso? ¿Qué
pasa? |
| CONSUELO.-
¡Ná! Que er señó Gobernador
de la Provincia ha dado un decreto sobre el tránsito
público! (Carcajadas.) |
| EL AGENTE.-
(Irritado.) ¡Que
despejen he dicho! ¡Y si no quieren entender a las buenas...! |
|
ERNESTO.-
Vea, agente... ¡No sea pavo! Si no tiene modales,
yo se los voy a enseñar... ¿entiende? |
| EL AGENTE.-
(Amenazador.) ¿A mí? |
| CONSUELO.-
¡Jesús! Ten
cuidado, Ernesto, no vaya a hacer contigo un 28 de setiembre. |
|
PANCHO.-
(Interponiéndose.) Vaya, hombre. ¡Sosiégate!...
¡Si no es para tanto! |
| PÉREZ.-
Vámonos de una
vez, muchachos! |
| LOLA y CONSUELO.-
¡Vamos, vamos! Ven, Ernesto.
(Lo tironean.) |
| ERNESTO.-
Es que hay que darles una lección
a estos insolentes. |
|
|
(Se alejan por la derecha.)
|
| EL AGENTE.-
(Alejándose hacia la izquierda.) ¡Dan un trabajo estos
cajetillas! |
| EL 32.-
(De adentro.) ¡Aquí está
el coche, el 32, mozos! |
| PANCHO.-
(Volviéndose.)
Ché, pero se nos queda Adolfo. Espérenme. ¡Adolfo!
(Sube.) |
Escena IV
|
|
|
Dichos-VIEJO-LA RUSA-Se detienen un momento éstos accionando
vivamente. LA RUSA avanza pronunciando enojada palabras incomprensibles
con muchas «fff» finales.
|
ADOLFO.-
(Cantando.) La tempesta
e vicina!... |
| VIEJO.-
(Siguiéndola y ofreciéndole
el estuche.) ¿Por qué es tan malita? Le aseguro que
vale más de 500 pesos. ¡Quinientoff!... ¡Acéptelos!... |
|
ERNESTO.-
(Silbando.) Bicho feo. (Risas.) |
| VIEJO.-
(Insistiendo,
afligido.) Para mañana cuando salgamos en el vaporcito
le prometo un medallón con esmeraldas... esmeraldoft!
!No sea así!... ¡Sofiucha! Acepte éste... |
|
|
(Gesto
negativo de LA RUSA.)
|
| VARIAS VOCES.-
¡Pa... pe...lón!
¡Pa... pe... lón! |
| ADOLFO.-
(Interponiéndose.)
¡Pero ché viejo, no seas agarrado! Envolvele en un
100 el estuche y verás cómo acepta. Al fin
y al cabo con la Draga te lo sacás por día.
(EL VIEJO se aleja un poco y se pone a elegir un billete
de un fajo que saca del bolsillo. LA RUSA intenta irse. ADOLFO
la detiene.)
Oiga, Señoritaff... ¿Usted entiende castilla,
castellanoff? Pues, no le lleve el apunte a ese viejo porque
es así! (Seña de LA RUSA de que no comprende.)
¡Que es nuestra señora del triunfo!... Que más
aceite da un ladrillo, un ladrillof. (Aparte.) ¡Qué
bien sé el ruso!... ¡Y que es capaz de darle un calote,
un calotiff!... Y que nosotros no tenemos ni medio, sabe.
(Aparte.) Creerá que tenemos un dineral. Y que podría
venirse conmigo, ¡conmigoff!... |
| VIEJO.-
Vamos a ver si se
amansa. (Acercándose a LA RUSA.) S'il vous plaît,
madame. |
| LA RUSA.-
(Regocijada toma el estuche y le pellizca
la cara.) ¡Oh... oh... viequito!... |
| ERNESTO.-
(Solemne.)
La paz reina en Varsovia. |
| VIEJO.-
¡Finalmente! |
|
|
(Le da el
abrazo a LA RUSA y se alejan.)
|
| ERNESTO.-
(Haciéndole
cosquillas.) ¡Ligador! ¡Calaverón! |
| ADOLFO.-
(Ídem.)
¡Pillastre! ¡Suertudo! |
| VIEJO.-
Salgan, salgan, muchachos
locos. Adiós, adiós. (Deteniéndose.)
¡Caramba!... He olvidado mi bastón. Con permiso un
momentito; voy a buscarlo. |
|
|
(Entra al teatro.)
|
| ERNESTO.-
¡Aprovechá la bolada, Adolfo! |
| ADOLFO.-
Y, ¿cómo
le va?
(Va hacia LA RUSA y acciona activamente como para
hacerse entender, todos lo rodean.)
Digo... ¡que se va a
divertir más!... que vamos en cocheff.
(LOLA y CONSUELO
le hacen señas de que acepte.)
Al lagoff, a remar...
y a (Seña de beber.) Champagne del mejor, champañeff
|
|
|
(LA RUSA le ofrece el brazo.)
|
| VARIAS VOCES.-
¡Bravo! ¡Bravo!
¡Bien, bien! ¡Hipp, hipp, hurra! |
| ERNESTO.-
Bueno, muchachos,
¡andiamo! |
| ADOLFO.-
(Haciendo punta con LA RUSA del brazo.)
¡Andiamo! ¡Andiamo a casa! |
|
|
(Se van por la derecha.)
|
| UNA
VOZ DE ADENTRO.-
Aquí está el 32.
(Música.
Se apagan las luces del Casino, los curiosos se alejan riendo
y hablando fuerte, llegan de la derecha estas voces.)
Subí
tú, Lola... Yo aquí... Yo en el pescante...
¡que se desfonda esto! ¡Cochero, al lago! |
Escena IV
|
|
|
Dichos-ADOLFO-PÉREZ-PANCHO (Éstos bajan
corriendo).
|
ADOLFO.-
¿Quién ganó? ¿Quién
ganó? |
| LOLA.-
¿Quién si no Ernesto? |
| PANCHO.-
¡Te felicito hermano! Con razón en Inglaterra les
dan whisky a los caballos. |
| PÉREZ.-
Si parecías
Singrosi. ¡Que virajes hermanito! |
| CONSUELO.-
Di mejor, que
visajes. ¡Mírenlo como ha quedado!... |
| ERNESTO.-
Es
que me siento medio marcado. |
| ADOLFO.-
Claro, las alturas
marean. (Tomándole la botella.) ¡Y el coñac!
(Bebe un trago y le ofrece a ERNESTO, que bebe y le vuelve
la botella.)
Eso te compondrá. A la salud del Zar
de Rusia y de las damas presentes. (Bebe.) Toma tú,
Consuelo!... |
| CONSUELO.-
¡Y de las ausentes! (Bebe también.) |
|
ADOLFO.-
Non tocate a la Regina, que si nos vieran algunas
ausentes... Que te parece, Ernesto, si te viera tu mujer,
por ejemplo... La pobre Luisa (Burlón.) la pobre Luisa
que a estas horas estará desvelada esperando la vuelta
del bueno de su maridito!... Ja! ja! ja! |
| LOLA.-
¿Y tu novia? |
|
ADOLFO.-
¡Ah!... En cuanto a Adela, la pochocha mía,
estará roncando como un ángel y soñando
con la felicidad que le espera! (Risas.) ¡Y si supieran!...
(A ERNESTO.) Si nos vieran, hermanito... ¡La verdad es que
somos unos bárbaros! Vamos a ver Ernesto; tu tienes
una mujer que es un ángel... una excepción
entre las mujeres casadas, que nunca ha tenido la buena idea
de darte celos. ¿Por qué la engañas? |
| PANCHO.-
¡Por eso mismo tal vez!... |
| ADOLFO.-
¡Cállate tú!
Que responda Ernesto... Dinos. ¿Por qué engañas
así a tu mujercita?...
(ERNESTO hace un gesto de desagrado.)
¡Jesús, no pongas esa cara de marcha fúnebre!...
¡Estás muy viejo para hacer papelones!... |
| CONSUELO.-
Déjalo. (Irónica, abrazando a ERNESTO por el
cuello.) Dí Ernesto. ¡Si estás arrepentido
te llevaremos a tu casita... Ja! ja! ja! |
| ADOLFO.-
¡Qué
vergüenza! ¡Que no se diga! |
| ERNESTO.-
(Reaccionando.)
¡Qué borrachos insoportables!... ¡Lindo momento para
filosofías!... |
| PÉREZ.-
¡Que hable! ¡Que dé
su opinión! |
| ERNESTO.-
Pues bien. Dame un trago, Adolfo.
¿Ha habido algún hombre en el mundo que no engañara
a su mujer? |
| ADOLFO.-
¡Sí señor!... ¡Uno! ¡Adán!...
Que no le engañó por que no tenía con
quién! Pero ese no es el caso. ¿Por qué engañas
tú a Luisa? |
| ERNESTO.-
Porque es una santa, porque
no me da celos, porque me tolera sin protestar todas mis
calaveradas... Por eso la engaño. |
| ADOLFO.-
De modo
que si fuera una arpía le guardarías fidelidad. |
|
ERNESTO.-
No, entonces la engañaría por
insoportable, por fastidiosa, por mala... ¡El mundo es así!... |
|
CONSUELO.-
Palo por que bogas y por que no bogas palo. De
modo que... |
| ADOLFO.-
De modo que el matrimonio es un pretexto
para burlar a las mujeres. ¡Pobres mujeres!... |
| CONSUELO.-
Y para burlar a las queridas. |
| ERNESTO.-
¿Cómo? |
| CONSUELO.-
Claro. ¡Con el pretexto de que son casados nos engañan
ustedes con sus mujeres. ¡Pérfidos!... |
| ADOLFO.-
Bien!
Bien! Ese argumento vale un trago. Che Ernesto!... Por el
amor libre!... (Bebe.) |
| ERNESTO.-
(Tomando la botella.) Por
los hombres libres. |
| CONSUELO.-
(Id.) ¡Por las mujeres libres!...
Y basta de brindis. ¡Al lago! ¡A remar! |
| ADOLFO.-
¡Eso es!
¡A remar! (Cantando.) ¡A beber! a beber y a remar! ... Eh!
botero! |
|
|
(Vanse izquierda.)
|
Escena VIII
|
|
|
Dichos-EL GUARDA.
|
EL GUARDA.-
¡Eh, señores!
¿De dónde han sacado eso? |
| ERNESTO.-
(Escondiendo.)
¿Qué?... |
| EL GUARDA.-
Esos patos. |
| ERNESTO.-
¡Qué
tal, qué tal! No lo había conocido amigo. (Le
pone la mano sobre el hombro, de modo que el pato le caiga
sobre la espalda.) ¿Qué es lo que decía? |
| EL
GUARDA.-
Que de mí no se va a burlar, ¿entiende? |
|
ADOLFO.-
(Que se ha metido el pato en la espalda, debajo
del saco.) ¡Eh, eh! No se enoje, joven. ¿De qué se
trata? |
| EL GUARDA.-
Y usted también. ¿De dónde
saco eso? |
| ADOLFO.-
¿Quién? ¿Yo?... ¿Yo?... ¡Si yo
no tengo nada! ¡Nada!... Vea. |
|
|
(Da una vuelta y EL GUARDA
le toma el pato por las patas que asoman. Carcajadas.)
|
| EL
GUARDA.-
Bueno, mozos, van a tener la bondad de acompañarme. |
|
LOLA.-
¡Nos lucimos! |
| ADOLFO.-
¿Acompañarlo? ¿Tiene
miedo de ir solo? ¡No haga caso!... A usted no le han de
hacer gritar, ¡viva Freyre! |
| EL GUARDA.-
¿Que no vienen?...
Ya verán.
(Saca el pito y toca, ERNESTO le arroja
el pato por la cara interrumpiendo el toque.)
¡Ah! ¡Cajetilla
trompeta!... ¡Yo te voy a enseñar!... |
|
|
(Tumulto; todos
se abalanzan a interponerse.)
|
| ERNESTO.-
¡Lárguenlo!
¡Larguen esa fiera! ¡Déjenme a ese compadrón!
|
|
|
(Saca el revólver: las mujeres dan un chillido y se
apartan.)
|
Escena IX
|
|
|
Dichos-ADELA-LUISA.
|
LUISA.-
(Que baja corriendo.) ¡Ernesto, Ernesto! ¡Ernesto mío!
¿Qué vas a hacer?... (Estupefacción.) |
| ERNESTO.-
(Dejando caer el revólver, asombrado.) ¡Tú,
tú... tú aquí!... ¿Estoy soñando?...
¡Mi Luisa acá!... |
| LUISA.-
¡Oh, Ernesto!... (Solloza
convulsivamente y cae desvanecida en brazos de ERNESTO.) |
|
ERNESTO.-
(La conduce hacia un banco.) ¡Señor! ¡Señor!
¿Qué es lo que me pasa? (Tiernamente.) ¡Luisa! ¡Luisa!
¡Si no ha sido nada!... ¡Una broma de amigos!... ¡Hable,
mi Luisa!... ¡Mejórese, mi negrita!... ¡Mi Luisa querida!...
¡Ay, Dios mío!... ¡Se me va a morir mi mujercita!...
¡Socorro! ¡Agua!... ¡Un médico!... ¡Pronto!... ¡Adolfo!... |
|
ADOLFO.-
(Tratando de ocultarse.) Adolfo no está
aquí. ¡No ha venido!... |
| ERNESTO.-
Pero, ¿qué
es lo que he hecho, Señor?. (Volviendo hacia LUISA.)
¡Luisita! ¡Luisita, mi negra querida!... Compóngase.
¡Soy yo!... ¡Ernesto!... ¿No me conoce?... ¡Su maridito que
tanto la quiere!... ¡Oh!... ¡Qué infame he sido!...
¿Y ustedes que hacen que no van a buscar a un médico?
(Rabioso.) ¡Muévanse pronto!... ¡Borrachones!... |
|
ADOLFO.-
¡La olla le dice a la sartén: no te acerques
que me tiznas!... |
| ADELA.-
(Afligida.) ¡Vamos, Luisa!...
¡Ya ha pasado todo! (A ERNESTO.) ¿Ha visto los resultados
de su conducta? |
| LUISA.-
(Volviendo en sí y abrazando
a ERNESTO.) ¡Ah! Por culpa tuya ¡Infame!... |
| ERNESTO.-
¡Sí!
¡Tienes razón! ¡Soy un perdido! ¡Un mal esposo! ¡Un
miserable! |
| ADOLFO.-
¡Qué farsante! ¿Han visto? |
| LOLA.-
(Acercándose a ADELA.) ¿Se ha mejorado la señora? |
|
ADELA.-
¡Retírese usted... señora!... |
| LOLA.-
¡Jesús! ¡Qué delicada!... Vamos, muchachos,
que ya basta de melodramas. |
| ERNESTO.-
¡Tú, Adelita!
Dime: ¿qué ha pasado?... ¿Cómo ha podido saber?...
¡Dilo!... |
| ADELA.-
No es momento de explicaciones. Atiende
a Luisa y abreviemos el escándalo. |
| CONSUELO.-
¡Adiós,
Ernesto! Ya sabes que mañana nos comemos el pato... |
|
ERNESTO.-
¡Eh, señora! ¡No sea indecente!... |
| LUISA.-
Ven, Ernesto. |
| ADELA.-
Creo que no tienes derecho a increpar
a nadie. Vámonos. Da el brazo a Luisa y apóyate
en el mío si es que todavía te flaquean las
fuerzas. |