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21

También se puede mencionar al eclesiástico Francisco Mateos Gago, colaborador de la Revista Popular y de la publicación integrista Dogma y Razón (1897), que publicó varios artículos en contra de la Unión Católica y de los prelados «cómplices del liberalismo» en la revista La Vespa (1882): «¿Insistirán muchos de nuestros Prelados en manifestar sus simpatías por la Unión y sus pocos disimulados desdenes a los tradicionalistas en sus Boletines, en sus Pastorales y hasta en el púlpito?», La Vespa, 30 de noviembre de 1882..

 

22

En marzo de 1882, el obispo Urquinaona, en una circular dirigida a los católicos de su diócesis, se lamenta de la situación de cisma provocada por la prensa intransigente que alimenta y exacerba los conflictos religiosos: «[...] la presunción crece y se manifiesta más erguida, prescindiendo ya completamente de nuestro sagrado ministerio para interpretar documentos pontíficos, decidiéndose en tono magistral sobre asuntos de nuestra exclusiva competencia», Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Barcelona, 9 de marzo de 1882, pág. 156.

Se suspendió, en marzo de 1882, la revista satírica Lo Fuet. En una carta dirigida a Torras i Bages en 1883, el obispo de Barcelona alude a la situación caótica de la prensa católica en Cataluña y emplea la palabra «secta» para designar a los laicos católicos y algunos miembros del clero que comparten el radicalismo religioso de C. Nocedal: «[...] realmente secta es lo que se nos ha introducido en la Iglesia de España y con tales bríos que no basta la fuerza moral para acabar con ella» (Torras i Bages, 1934, pág. 272).

 

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En 1882 La Vespa afirmaba que el mundo era un campo de batalla en el que la prensa era una de las mejores armas: «Es de buen sentido que en toda guerra, uno de los enemigos se aprovecha de las invenciones y tretas del otro» (La Vespa, 1882b, pág. 2).

 

24

En una pastoral del mes de marzo 1882, el obispo de Barcelona, Uquinaona, denunciaba la grave crisis que afectaba la Iglesia española y que podía llevar a un cisma. Condenaba la propensión de la prensa integrista y carlista a utilizar la calumnia y el insulto contra miembros del episcopado. El arzobispo de Tarragona, Benito Vilamitjana, en un documento que se titulaba Reglas de conducta que, en los actuales momentos de perturbación religiosa, daña sus diocesanos los Prelados de la Provincia Eclesiástica Tarraconense... del mes de marzo 1882, advertía a los fieles que uno de los males que corroía la Iglesia era «el laicismo [...] que tiende a secularizar la Iglesia y a convertir al Reino de Cristo en institución humana» (La Veu, 1882d, pp. 108-109).

 

25

En un conocido artículo sobre la celebración del centenario de Calderón en agosto de 1882, Sardá y Salvany proclamaba que esta celebración de los centenarios debía ser «castizamente española, o lo que es lo mismo, católica, apostólica, romana, sin mezcla de heterodoxos elementos» (Revista Popular, 1882d, pág. 65).

 

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En los años 1881-1882, tanto la Juventud Católica como la asociación de San Miguel Arcángel, en Barcelona, promovieron la organización, conjuntamente con la prensa intransigente, de distintas peregrinaciones. Luis Cuenca y de Pessino, católico integrista, presidente de la Juventud Católica y colaborador de El Correo Catalán y de la Revista Popular, no oculta la orientación abiertamente integrista de la Juventud al declarar en 1882: «Esta Juventud Católica os llama de nuevo en la seguridad de ser oídos como siempre que ha levantado pendón por la causa íntegramente católica» (Revista Popular, 1882f, pág. 247).

 

27

La junta de Madrid estaba presidida por el obispo integrista de Daulia y por Cándido Nocedal. En ella figuraban Mateos Gago, Antonio Valbuena, Navarro Villoslada y Leandro Herrero. En cuanto a la junta de Barcelona presidida por Luis María de Llauder, se encontraban Sardá y Salvany y Luis Cuenca y de Pessino, entre otros.

 

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Esta carta de Benito Vilamitjana era una contestación a Ramón y Cándido Nocedal, que habían pedido a los prelados de varias diócesis que presidieran las juntas de la peregrinación organizadas sin el acuerdo previo de la jerarquía católica (Juan Corominas, 1891, pág. 637).

 

29

Varios testimonios de prelados catalanes recalcan el peso del integrismo en Cataluña y la aspereza de los enfrentamientos entre católicos de varias diócesis. Pueden citarse la Pastoral dirigida al clero y fieles de la provincia eclesiástica de Tarragona del 21 de junio de 1883, B.O.E. del Obispado de Barcelona y que fue firmada por el arzobispo de Vich, los obispos de Lérida, Gerona, Urgel y Tortosa, así como la carta del eclesiástico Eduardo Llanas (Llanas, 1887, pág. 115).

 

30

Es significativo a este respecto el artículo publicado en la revista integrista La Vespa en 1883, que recalcaba la orientación intransigente de la mayoría de las asociaciones católicas catalanas: «Las asociaciones católicas de vida activa, que tan numerosas son en España y tan buenos frutos producen ¿quién las inspira y anima sino el partido tradicionalista?» (La Vespa, 1883, pág. 2).