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1

Se ha postulado que tales enseñanzas fuesen impartidas por algún fraile franciscano a causa de la existencia de un convento prestigioso de dicha orden en esa población. En el testamento de Juan II se disponía que la Reina madre se ocupase de la buena crianza de los hijos de ambos bajo la supervisión de fray Lope de Barrientos, el prior jerónimo Gonzalo de Illescas y el camarero Juan de Padilla. Esta tutela debió de ser más nominal que efectiva. Conviene tener presente el hecho de que doña Isabel no fue educada como futura heredera de la Corona por existir otros pretendientes con mejores derechos.

 

2

Véase Nicasio SALVADOR MIGUEL, «La instrucción infantil de Isabel, infanta de Castilla (1451-1461)» en Julio Valdeón Baruque (Ed.), Arte y cultura en la época de Isabel la Católica, Valladolid: Ámbito Ediciones-Instituto de Historia Simancas, 2003, pp. 155-77.

 

3

El cual reza así. «Mucho deseo saber cómo va a Vuestra Alteza con el latín. Dígolo, señora, porque ay algund latín tan çahareño que no se dexa tomar de los que tienen muchos negoçios, aunque yo confío tanto en el yngenio de Vuestra Alteza que, sy lo tomáys entre manos, por sobervio que sea, lo amansaréys». Cito por la edición de Burgos, Fadrique Biel de Basilea, c. 1485.

 

4

Dada la abundancia de bibliografía en tal sentido, me limito a citar la contribución más reciente: Nicasio SALVADOR MIGUEL, «El mecenazgo literario de Isabel la Católica» en Isabel la Católica. La magnificencia de un reinado. Catálogo de la Exposición celebrada en Valladolid con motivo del V Centenario, Salamanca: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales-Junta de Castilla y León, 2004, pp. 75-86.

 

5

Sobre esta cuestión remito a un trabajo mío titulado Los libros de Isabel la Católica. Arqueología de un patrimonio escrito, Salamanca: Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, 2003.

 

6

Sobre esta cuestión véase Dario FRANCHINI et alii, La scienza a corte. Collezionismo eclettico, natura e immagine a Mantova fra Rinascimento e Manierismo, Roma: Bulzoni, 1979, pp. 80-86.

 

7

Uno de los asientos es un cultre de pergamino y por ello no lo contabilizo.

 

8

Si se tiene en cuenta las unidades de idéntico tipo halladas en otros fondos isabelinos, su número se incrementa notablemente. Por ejemplo, los Breviarios ascienden a 21 y los Libros de Horas a 27.

 

9

En el lote global son citados como impresos veintiuno, y de mano, cincuenta y dos, lo cual representa un porcentaje de 28,7% y 71,3% respectivamente, de acuerdo con los ítems en los que este particular se explicita, pero las cifras son algo engañosas por cuanto que hay veintiocho libros sin especificar la técnica de producción y sospecho que en una gran parte eran manuscritos. Otro tanto cabe decir de la lengua en que estas obras estaban compuestas.

 

10

El carácter itinerante de la corte dificultaba la posibilidad de disponer de manera permanente de un recinto o aposento dedicado al cultivo de actividades lecto-escriturarias. Los continuos desplazamientos no habrían permitido a doña Isabel disfrutar de unas estancias de tales características. Durante su reinado las pertenencias de su propiedad eran objetos portables. El hecho mismo de que su ajuar estuviese en arcas evoca un género de vida en el que no prevalecía la idea de sedentarismo, al margen de que estos receptáculos constituyesen una parte del mobiliario habitual en la época.

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