41
Cuando pregunta por ella descubre cuán hondamente le es hostil, hasta el extremo que el Extranjero (= Ulises) le sale al paso «¿Es de Ulises de quien quieres saber, o de Helena?» (p. 17) y el astuto interlocutor tendrá que fingir, sin que le crean su esgrima verbal: «Claro es que la fidelidad es superior a la belleza, ¿quién lo duda?
Helena no es más que una hembra mala y peligrosa» (p. 18). (N. del A.)
42
«Si perdemos a nuestros esposos en plena juventud y nos vemos forzadas a quedar al frente de los hogares, tan sólo porque un tonto le robó a otro tonto una cualquiera, ¿a quién hay que inculpar de todas las miserias? [...] ¡Qué, a Ulises! ¡A Helena! ¡A esa mujerzuela, a esa perdida! Hace veinte años que se le ocurrió sonreír a otro que no era su esposo... ¡Allá fueron los jefes de Grecia entera! Nosotras no éramos nada para ellos» (p. 29-30). (N. del A.)
43
Véanse los cantos II y IV. La Odisea como fuente del teatro griego es bien conocida por Buero (Comentario, p. 77). (N. del A.)
44
Hacia el final del acto primero, hablan Penélope y Euriclea. La mujer abandonada justifica a Clitemnestra, parricida de Agamenón:
| (p. 30). | ||
Mucho después (acto tercero), en la prueba del arco, Telémaco comprende todo: «Madre... ¿Verdad que, a pesar de todo, deseas que nadie venza y que mi padre vuelva? ¿Verdad que lo deseas? Di que sí, madre; di que sí... Madre...» (p. 60). (N. del A.)
45
El motivo de la belleza de Penélope es actuante. Recuérdese el coro de comienzos del drama:
|
| (p. 11). | ||
(N. del A.)
46
En el acto segundo, Anfino no quiere practicar con el arco, prefiere morir, pero durar sin tacha en el recuerdo de Penélope (p. 53-54). (N. del A.)
47
Buero ha señalado con agudeza las causas que pudieron motivar la absurda conducta de Ulises; coincido con él en alguna de las interpretaciones que doy en el texto (vid. Comentarios, p. 82-83). En las Traquinias, Heracles juega un papel semejante: la vuelta del héroe significa una ruina mayor de la que se padecía. (N. del A.)
48
Vid. Gerhard Rohlfs, Lengua y cultura (adiciones y notas de M. Alvar). Madrid, 1966, p. 78-87. (N. del A.)
49
Cfr. Abraham, Psicoanalisi del mito (trad. N. Merola). Roma, 1971, p. 48-51. (N. del A.)
50
Cfr. Amenhotep IV (Echnaton), apud Psicoanalisi del mito, ya cit., p. 145. Páginas antes -en la 112- había dicho de él que era un soñador, un pensador idealista, un moralista y un esteta. Condiciones todas que se dan en Anfino. (N. del A.)