21
Se imprimió: «Figúrense vmds. que una reunión de Filósofos rancios, Censores, Abates diarreas, y otros de este jaez que trabajan incesantemente por impedir que se ilustre la noción [sic], para que la infeliz España...» En la ed. de 1811 se estampó la palabra «juntillas» con inicial mayúscula.
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Es posible que este poemita sea un arreglo «alcarreño» realizado por Moratín a partir de una copla del Siglo de Oro citada por Amezúa -entre otros- en su ed. del Coloquio de los perros (Madrid, 1912), pág. 170.
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Véase su Epistolario (ed. Castalia [Madrid, 1973]), pág. 122. A este propósito, debo rectificar una equivocación algo extraña de Manuel Fernández Nieto, el cual afirma en un reciente trabajo («Entre popularismo y erudición: La poesía erótica de Moratín», RL, 42, Nº. 84 [1980], 49) que «no conocemos la verdadera ideología [de don Leandro] por haber sido mutilado su Epistolario». Si mal no me acuerdo, publiqué yo mismo hace ya unos ocho años el texto completo de todas las cartas entonces conocidas de «Inarco», señalando en sendas notas los pasajes censurados en la ed. de las Obras póstumas del autor. A mi edición, pues, remito al que quiera familiarizarse con la ideología moratiniana.
En el núm. LXIVbis (1962), p. 287, del B.Hi. anuncié con ingenuidad la futura publicación del epistolario moratiniano, que se concluyó mecanografiada en tres volúmenes en 1969 para presentarse como «tesis doctoral complementaria», según la terminología de la época; unos meses antes de la defensa quedó suprimida por decreto la «complementaria», convirtiéndose la «principal» (en mi caso: Sur la querelle du théâtre au temps de L. Fernández de Moratín) en única tesis exigida para la consecución del doctorado. A pesar de ello, quise presentar mis dos tesis al tribunal, después de lo cual me dediqué a traducir al castellano mis profusas notas a las cartas, que se publicaron por fin en 1973 (M., Castalia). El mismo año (RABM, enero-diciembre 1968-1972) aparecía un artículo de Joaquín de Entrambasaguas y Fernández Nieto consistente en reproducir todos los pasajes censurados en la ed. de las Obras póstumas de D. Leandro. ¡Vaya casualidad!... Además, Entrambasaguas reproducía las copias (generalmente fieles) de varias cartas del escritor sacadas antes de la Guerra Civil, el paradero de cuyos originales desconocía (algunas se custodian en el Institut del Teatre de Barcelona; véase el Apéndice a mi ed. del Epistolario); otras permanecían inéditas en la BNM; y por último, cuatro originales de las dieciséis cartas publicadas siguen sin localizar. Lamento no haber podido aprovechar entonces, por razones obvias, este artículo que, tal vez para animarme, se intitulaba «Aportaciones para una edición del Epistolario de Moratín»...
24
Epistolario, pág. 261.
25
El tío Mentirola me trae a la memoria -valga la palabra- que en la carta 169, del 21 de enero de 1818, escrita por Moratín a Melón (Epistolario, pág. 390), falta por culpa mía la mención de dos de sus compañeros de Pastrana; en efecto, la frase «la abrazarán el tío Canicuca y los demas tíos y tías» debe enmendarse como sigue según el original autógrafo: «la abrazarán el tío Cañaveras, el tío Panchurrín, el tío Canicuca», etc. Adviértase que los dos últimos figuran ya en la nota 21 del Auto de Fe de Logroño. Contrariamente a lo que opina Helman a propósito de la voz «aquelarre», no tiene «particular interés» su uso en la carta de Moratín a Ceán Bermúdez del 20 de marzo de 1787 (Jovellanos, pág. 168), por la sencilla razón de que, como lo demostré hace años (aunque estas cosas suelen tardar medio siglo en admitirse, váyase a saber por qué), dicha carta, con otras de la misma fecha, fue redactada en realidad, y antedatada, en los años veinte del siglo diecinueve; de manera que don Leandro tomó tal vez esta voz del Auto de Fe, pero cuando la empleó por primera vez, al menos en un escrito, fue en 1811 y no en 1787.
26
Acto I, escena II.
27
Véase mi ed., Clásicos Castalia, nº. 5.
28
Acto I, escena I (II en la trad. de Moratín, BAE, vol. 2, 479 a).
29
También aquel año se leyó la Memoria histórica sobre quál ha sido la opinión nacional de España acerca del tribunal de la Inquisición, de J. A. Llorente, ante la Real Academia de la Historia.
30
Y también ésta: «Yo bien te diría cuál era la oración, pero si no hay padres que la administren...» (nota 56).