Ibérica por la libertad
Volumen 10, N.º 4, 15 de abril de 1962

«Los españoles no pueden vivir en un régimen de dictadura».
IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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Y otro... Y otro... Y otro... Quiero decir, con la República desalojada violentamente de su legítimo puesto, desterrada, encarcelada, silenciada. Y esos 14 de abril han sido ya tantos, y amenazan con ser todavía más, en gran parte porque desde 1939 y, sobre todo, desde 1945 invadió los campos del republicanismo la ingenua convicción de que iban a ser muy pocos. Esta convicción, a prueba de crueles desengaños, ha venido manteniéndose y manifestándose con puntual periodicidad, año tras año, siendo testimonios de la misma algunas declaraciones públicas de máxima autoridad, que llevaban firmas irreprochables y prestigiosas, y muchas cartas que todos hemos recibido por Navidad, por Año Nuevo, con motivo de un cumpleaños o por cualquier otro motivo. En esas cartas se repetía indefectiblemente, casi con las mismas palabras, aunque fuesen variadísimas sus procedencias, un idéntico pensamiento, a saber: «que estas felicitaciones podamos dárnoslas el año próximo dentro de España». No era el desesperado deseo de un imposible, sino el confiado augurio de un acontecimiento histórico cuya falta de realización resultaba inimaginable.

Pero lo que importa es precisar el mecanismo psíquico, individual y colectivo, merced al cual esa férrea confianza, esa inquebrantable seguridad de que mañana todo se arreglará por lo mejor, colmando nuestras mejores esperanzas es, en gran parte, como al principio decíamos, la causa de que este otro 14 de abril nos sorprenda desterrados a unos, detenidos a otros, sojuzgados a todos, de una u otra manera. Ese nefasto mecanismo se reduce a esto: una vez aceptada la firme convicción de que todo se arreglará satisfactoriamente dentro de un año, a partir de la fecha en que se pronuncia el profeta de turno, y de que se arreglará así, de manera impersonal, objetiva, por un decreto del destino, por una especie de automatismo histórico, por una fatal concatenación de las cosas, que ya no pueden continuar como están, la consecuencia práctica es que no tenemos que hacer ya nada para que el cambio favorable se produzca. Como eso ha de pasar, no hay necesidad ninguna de procurar que pase... Actuando en capas más o menos profundas del subconsciente, es un perfecto «alibi», una sofística justificación de la actitud expectante, alternando, a veces, con acaloradas disputas sobre cómo nos repartiremos y venderemos la piel del oso, que ni remotamente hemos cazado.
Se crea así una psicosis de inacción y de verbalismo polémico, cometiendo el doble error de creer que las cosas se hacen y deshacen por sí solas, y que es posible vencer un mal desconociendo, su naturaleza, su gravedad, sus posibilidades de resistencia a la curación...
Por fortuna ha habido siempre, y sigue habiendo, dentro y fuera de España gentes que no se han contentado con hacer calendarios y discutirles con tan efervescente verborrea que toda la fuerza se les iba por la boca. No debemos contentarnos con admirarlas; debemos apoyarlas, secundarlas, compartir su esfuerzo. Nunca ha sido más necesario ni más oportuno que ahora.
Es archievidente que, cuanto peor están las cosas, tanto mayor debe ser el empeño de remediarlas, sobre todo cuando, por otra parte, las circunstancias podrían ser discretamente propicias, sabiendo aprovecharlas para una acción política denodada, enérgica, coherente (sin que esto pretenda suscitar románticas imágenes de aventuras tipo guerrillero que, hoy por hoy, serían un disparate mayúsculo, y acaso, para muchos, un fácil modo de seguir esquivando, hechizados en la contemplación de esas imágenes, otras actividades mucho menos espectaculares, pero infinitamente más provechosas).
Y ante todo, para que esa acción política tenga hechura y pueda tener resultado, emprenderla todos a una, abandonando las descabelladas improvisaciones banderizas del combate en orden disperso, es decir: en caótico desorden, a que nos venimos insensatamente entregando.
«¡Españoles, por España y por la República, todos a una!» Eran las últimas palabras del memorable discurso «en campo abierto», que aquel ingenio excepcional que fue don Manuel Azaña pronunció en el Campo de Comillas, riberas del madrileño Manzanares, el 20 de octubre del 35.
¡Todos a una!... Sin pérdida de tiempo... Pero ¿quiénes, todos?... Éste es el punto neurálgico del problema planteado por la necesidad de disponernos, sin posible demora, a la acción política común, única de la que podemos esperar que estos 14 de abril, con un poder intruso, que ilegítimamente suplanta a la República, no se repitan indefinidamente. Reitero, pues, la pregunta: ¿quiénes, todos?... Porque tan urgente como establecer la unanimidad, en lo esencial, de todos los demócratas, que viene a ser de todos los verdaderos republicanos, es señalar bien sus límites, ya que histórica y políticamente una unanimidad infinita, ilimitada, es un contrasentido, un imposible. Mi joven (¡feliz él!) y muy querido amigo Xavier Flores termina su tercer artículo en Ibérica (15 de marzo de este año) con una gentil y plausiblemente liberal invitación a que se le formulen objeciones. Aun sin tal invitación, invocando el privilegio de mi edad y la obligación en que me pone mi cordial amistad con Flores y mi substancial conformidad con sus posiciones políticas, yo le diría lo siguiente: Cuando afirma «Debemos ir hacia la constitución de un amplio Frente Democrático sin exclusivas»; cuando, líneas después, sostiene: «...sigo creyendo que la desunión de la izquierda, que paraliza hoy la acción del exilio, mañana podría incluso paralizar el buen funcionamiento del nuevo régimen», estoy enteramente de acuerdo. D'accordissimo, como decimos en Italia; o «esa es la fetén», como decíamos en Madrid... Pero... Pero con la rigurosa condición lógica, moral, política, o simplemente metodológica, de que sepamos quiénes son todos los que deben unirse, sin exclusivas. Desde el punto de vista demoliberal, es decir, republicano, que es el de Flores, el mío y el de tantos millones de compatriotas, pueden unirse, sin exclusivas, para la libertad y defensa del ordenamiento demo-liberal, libertarios (de la FAI) y liberales (incluso moderados); democristianos, tipo Jiménez Fernández y socialdemócratas, como la inmensa mayoría de los pertenecientes al P.S.O.E.; españolistas unitarios, sin uniformismos inhumanos y férvidos autonomistas, sin separatismo cerril... Todos ellos y, sin exclusivas, todos los que, sin perjuicio de trifulcas, altercados y accidentales disensiones (inevitables en política) acepten lealmente, no por mera táctica, no ahora, porque están en minoría, sino siempre y para siempre, incluso -y sobre todo- si obtuvieron la mayoría y el poder, el libre juego demo-liberal, el fair play; respetando, aunque se disponga de poderes y mayorías aplastantes, la plena libertad de las minorías y los derechos y libertades de la persona humana, individual y colectiva; todos ellos, concluyo, pueden y, en nuestro caso, deben unirse para el rescate y la firme defensa de un ordenamiento demo-liberal.
Pero... Pero, querido Flores, ¿y los totalitarios de izquierda, es decir, los comunistas de observancia moscovita?... Por de pronto, no le arriendo la ganancia a quien emprenda la demostración de que el comunismo moscovita es «izquierda», si este término, que, como el de derecha, no me parece ni preciso, ni fijo, ni científicamente manejable, no quiere decir precisamente la imposición del materialismo dialéctico, pateando así la libertad de la cultura, la dictadura del partido único, con lista única, con censuras previas asfixiantes, con excomuniones políticas, con un estatismo que hubiera dejado absorto a Luis XIV, un militarismo que hubiera admirado a Moltke y a Bismark, un imperialismo digno del orgulloso: tu regere imperio populos romane memento con que Virgilio deliraba, lisonjeando a Augusto, y una condena de las «libertades de perdición», tan dogmática que, comparativamente, el Syllabus casi resulta una herejía liberal... ¿Puede eso entrar en la «izquierda»? En segundo lugar, lo que decide, desde nuestro punto de vista republicano, la admisión o el rechazo del comunismo en un frente demo-liberal -y esto lo ha ilustrado certeramente el Presidente Fanfani, gestionando el apoyo de los socialistas «nennianos» para su Gobierno democristiano-republicano-socialdemócrata, mientras terminantemente se oponía a la menor inserción del comunismo en el dispositivo gubernamental-; lo que decide, repito, es la verdad doctrinal e histórica de que los comunistas cuanto más honradamente, más sinceramente, de mejor buena fe, defiendan su ideal, menos pueden asegurarnos que respetarán todas nuestras libertades si, por una peripecia política o una mayoría contingente, tuviesen influencia decisiva en el poder. En estas condiciones, pedirles una colaboración para la definitiva y perdurable instalación de un régimen demo-liberal es pedirles ingenuamente que se traicionen; o exponernos, estúpidamente, a que nos traicionen ellos. (Utilizarles como fuerza de choque y, obtenido el triunfo, darles un puntapié me parece una faena indecente..., que esos señores se encargarían de evitar.)
Esta es mi objeción mayor, que naturalmente no implica desconocer ni conculcar los valores humanos de que son portadores los comunistas, en cuanto hombres y en cuanto ciudadanos; ni significa el propósito, antiliberal, de negarles el libre ejercicio de sus derechos en el orden cultural y en el político, sin más límites que el de impedirles -como a todos- el uso de la libertad para el ejercicio del liberticidio, o sea el privilegio de combatir a la libertad por todos los medios, «incluso los legales». Pero de ese respeto a los comunistas, como hombres y como ciudadanos, a incluirles o aceptarles en el frente de una Libertad (con mayúscula), que sólo transitoriamente y por táctica pueden respetar, hay un gran trecho. Y no veo cómo podríamos recorrerle sin auto-destruirnos todos los que, sin exclusión, defendemos para hoy, y para mañana, las libertades democráticas. Por cierto, esta objeción mía puede contar con un valiosísimo coadyuvante en el pensamiento que inspira el estupendo artículo de Henrique Galvao, que en el mismo número de Ibérica precede al de Flores. Dice por ejemplo Galvao: «Si el comunismo... constituye evidentemente en la actualidad la amenaza más directa al destino humano de los pueblos, esta amenaza depende mucho menos de su esencia anti-ideológica (sic), que de sus formas liberticidas de aplicarlas, de su amoralismo materialista, de su imperialismo avasallador y de sus atentados a la dignidad de la persona humana». Y Galvao añade otra frase para demostrar que eso no se combate eficazmente con el totalitarismo fascista, nazi, o con las dictaduras ibéricas, porque «la experiencia ha demostrado hasta la saciedad que estas formas se nutren recíprocamente unas de otras». Es decir -precisamos-, no se combate el totalitarismo comunista con uno de tipo fascista; pero, como el argumento es reversible, tampoco se combate el fascismo con el apoyo comunista.
Y para terminar esta evocación del 14 de abril, que quiere ser una férvida llamada a una acción cívica, práctica, de todos (todos los demoliberales), a una, yo quisiera ofrecer estas consideraciones a la generación de Juan Goytisolo, que, de paso por Italia (Florencia, Roma) ha hecho unas declaraciones atinadísimas sobre el movimiento retrógrado del régimen español, y las ansias de Libertad de las gentes jóvenes, haciéndoles ver que los «viejos» no estamos irremediablemente fosilizados, ni vivimos de recuerdos arqueológicos, sino que al evocar el de un memorable 14 de abril, lo hacemos proyectando hacia el futuro nuestros mejores anhelos.
JOSÉ MARÍA DE SEMPRÚN GURREA
Vuelve a plantearse el problema de la colaboración con los comunistas en la acción para sacar a España de su situación anormal. Lo ha planteado en Ibérica un escritor de la generación nueva, Xavier Flores, a quien se deben estudios penetrantes y bien informados sobre la situación de España. El mero hecho de que sea él quien lo plantea contribuye a dar al tema vigor y actualidad. Como Xavier Flores parece favorable a una colaboración de todas las fuerzas contrarias al régimen, sin excluir a los comunistas, parece necesario echar otra ojeada a la cuestión.
Creo razonable interpretar este renuevo de interés en tan espinoso tema como un síntoma del desengaño causado por la visita del Secretario de Estado norteamericano a Madrid (16-XII-61). Los que habían puesto sus esperanzas en un cambio de actitud hacia el régimen por parte de la nueva administración norteamericana se llaman a engaño; y como ya viene esta frustración en cola de quince años de esperanzas fallidas y aun de dolorosas sorpresas, cunde la convicción de que no es posible esperar nada de los países atlánticos mientras no se les meta miedo. De aquí a aliarse con los comunistas el paso es fácil.
Los que no vacilan en darlo olvidan quizá que las objeciones para una alianza con el comunismo son más profundas que la mera táctica. Es verdad que una de las ventajas de no aliarse con los comunistas ha sido la de inspirar confianza a las opiniones y potencias que podrían -si quisieran- ayudarnos a sacar a España de su atolladero. Y es verdad que, si ahora adoptásemos una especie de «frente popular», le haríamos al régimen un magnífico obsequio para su propaganda que tanto gusta de acusar de comunismo a todos sus adversarios. Pero aunque estos argumentos me parecen no carecer de peso, ni uno ni otro alcanzan una categoría esencial. Son mera táctica, y como tal táctica, son supeditables a la estrategia, que es lo que importa.
Lo que importa no es tanto lo que hacemos como lo que somos. Un hombre le ha rasgado el abdomen a una mujer indefensa. ¿Se trata de un criminal, o de un cirujano? Nosotros, los que queremos un cambio de régimen, ¿qué queremos? ¿Qué somos? ¿Qué España aspiramos a crear? De la respuesta a estas preguntas depende la respuesta a nuestro tema: ¿Con o sin los comunistas?
Ahora bien, la España que nosotros aspiramos a crear no es ni marxista ni anti-marxista, ni monárquica ni anti-monárquica, ni católica ni anti-católica. A nuestro lado admitimos todos estos matices de pro y de contra. ¿Qué nos une pues? La libertad. Queremos una España en la que el gobierno no tenga el monopolio de la opinión ni sea su autor, sino más bien su criatura. Por lo tanto, no podemos ir a la lucha contra el régimen del brazo de un partido que sostiene el monopolio de la opinión, como lo hace el Partido Comunista, todavía con más rigidez que el régimen actual de España.
Es pues evidente que una acción contra el régimen hecha en alianza con los comunistas perdería toda su razón de ser. ¿Por qué contra esto con lo otro y no contra lo otro con esto? Tan repugnante sería aliarse con los comunistas contra la Falange como aliarse con la Falange contra los comunistas.
Aquí se suele aducir que hay una diferencia, y es que la Falange está en el poder y los comunistas están en la oposición; y se trae a cuento lo de la alianza del occidente con Stalin contra Hitler. Error profundo. Aquello se hizo en peligro mortal. Hubo que ir a aquella alianza, pero recuérdese que todavía imperaban ilusiones románticas sobre el comunismo (por ejemplo en el ánimo de Roosevelt) que facilitaron la labor; y que aquel contubernio ha costado un precio espantoso, nada menos que la libertad de media Europa. El ejemplo, pues, de la alianza con Stalin, lejos de abonar la causa de un acuerdo con los comunistas ahora sobre España, nos advierte en contra con el clamor de ciento cincuenta millones de europeos esclavizados.
Pero aún queda lo más grave. O se va a esa alianza con lealtad o se va deslealmente. Fuerza es rechazar la segunda alternativa. Si se va con lealtad, hay que dar a los comunistas su parte del poder una vez derribado el régimen. (¡Ya se encargarán ellos de asegurársela si los admitimos a la operación del derribo!) ¿Cuándo y dónde se ha visto a un régimen que ha admitido en su seno a los comunistas no perecer a sus manos? Sólo en Francia. Y recuérdese qué difícil fue la operación, en cuanto logró realizarse, porque los comunistas siguen en Francia desde entonces mucho más atrincheradas en el Estado francés de lo que parece.
Jamás han ocultado los comunistas su intención de aprovechar todas las situaciones y todos los medios para destruir desde el poder a los demás partidos, a comenzar por el socialista que es el que más odian y desprecian, por lo cual es tan ambigua o tan ingenua la postura de los socialistas que, como Palacios en la Argentina o Allende en Chile, se ofrecen al comunismo tendiendo el cuello a su guillotina. Ir a la lucha con los comunistas es llevar el enemigo a bordo y, como mínimo, plantearle a la nueva España un grave problema de lealtad en las filas de su futura dirección.
Aquí procede recordar lo que antes se dijo sobre las consecuencias de la alianza con Stalin para derrotar a Hitler. Estas consecuencias todavía duran. Todavía vivimos en continua zozobra porque, por haber luchado con Stalin como aliado, y por habernos fiado de él, Stalin metió a media Europa en un campo de concentración en el que todavía sigue esclava. ¿Qué consecuencias acarrearía para España una alianza con nuestros comunistas?
Terminaré con un aspecto del problema que quizá consideren algunos como por demás quijotesco, pero que me parece para nosotros españoles, de una importancia especial. Si vamos a luchar por la libertad de los nuestros, ¿es lícito hacerlo en compañía de quienes han pisoteado la libertad de Hungría ahogando en sangre su rebelión? ¿De quiénes han tenido que tragarse la humillación de verse obligados a erigir un muro erizado de ametralladoras a través de Berlín para que no siguieran escapándoseles toda la juventud, las profesiones liberales y los obreros peritos? ¿Vamos a asaltar la ciudadela de nuestra libertad pisando cadáveres de húngaros y de berlineses?
No creo posible que liberten a España quienes no sientan hondo el afán de libertad, afán desconocido a los comunistas. Y si lo sienten, no pueden ser tan egoístas que lo quieran para sí y no para los demás. Ir a conquistar la libertad de España del brazo de los que han asesinado la libertad de media Europa me parece una ingenuidad así como una aberración moral que pondría en peligro la fe misma que alimenta nuestra causa.
SALVADOR DE MADARIAGA
Una pregunta constante de muchos españoles, cuya repetición y permanencia señala un estado de inquietud e, incluso, miedo, es la pregunta sobre qué ocurrirá en España cuando el General Franco muera o desaparezca de la escena. Al parecer nadie lo sabe y todo son conjeturas acerca de lo que puede suceder. Es una situación de «laguna histórica» que caracteriza a aquellos regímenes políticos que son por esencia transitorios. Que no se sepa qué va a ser de una forma de Gobierno y su correspondiente organización estatal, cuando el Jefe del Estado muera, significa que son esencialmente inestables. Nadie cree en su contenido, nadie las desea, nadie se preocupa de su viabilidad. Sin embargo, en el ámbito político, tanto en la teoría como en la práctica, la pura transitoriedad e inestabilidad es inaceptable. La política es, entre otras cosas, voluntad de continuidad institucional con relación a un grupo humano, y si no existe esta voluntad de continuidad institucional no hay política, si no es en sentido menor e incompleto. En este caso, más que política hay legalización ocasional de la fuerza.
Parece que en España ocurre precisamente en el orden político esto y que no existe voluntad de continuidad institucional, ni un sistema eficiente que pudiera crear y canalizar esa voluntad. La situación es parecida, sólo parecida, a la de Francia antes de la gran Revolución, y el General Franco podría decir «después de mí la riada», porque el diluvio es, sin duda, demasiado.
Pero, me dirá algún lector, cuesta trabajo creer que los españoles esperen impasibles una situación que, casi con seguridad, provocará una catástrofe. Quizás algún otro lector me dijera: «no crea Vd. que las potencias occidentales, que tienen tanto interés en que no se altere el equilibrio europeo y mediterráneo, van a tolerar una situación semejante. El futuro español no concierne sólo a España; Estados Unidos, Inglaterra, Francia, etc., se preocuparán y ocuparán de evitar esa «laguna histórica» a la que Vd. alude». Pues no. El caso de España es insólito. No se sabe qué va a ocurrir, se teme un caos y, sin embargo, se espera impasible lo que nadie quiere, con plena conciencia de que el mal tiene remedio.
Ordenemos las cuestiones para conocer, en cuanto es posible, el asunto a fondo.
I.- ¿Hay instituciones jurídicas y políticas que garanticen la continuidad del régimen del General Franco? No las hay si entendemos que garantía significa también eficacia. Son ineficaces. Nadie cree en ellas, ni el propio General, pues las leyes que regulan la continuidad no han tenido otro fin que servir de instrumento a la política cotidiana de un régimen personal. El propio jefe del Estado español sabe que la llamada Ley de Sucesión es inviable. He aquí las razones:
a) -Establece un sistema monárquico-totalitario. Dejando aparte la cuestión de la forma de Gobierno y ateniéndose al propio supuesto de la ley, ¿habrá príncipe que aspire a encarnar la monarquía española y jure los principios del Movimiento como la ley exige? Si los jura es para no cumplirlos e introducir, por consiguiente, aún más desorden.
b) -Pues jurar los principios del Movimiento es aceptar el partido único, el Sindicato, en resumen, la estructura totalitaria que impide que España se incorpore al proceso actual de creación de instituciones políticas y económicas europeas. Nadie habrá, por mucho que le atraiga el trono, que acepte en estas condiciones. Es empezar fracasando.
c) -Nadie ignora, por otra parte, que el pueblo español abomina del régimen actual. ¿Quién aceptará jurar unos principios que le alejen, absolutamente, del pueblo sobre el que quiere reinar?
d) -Por último, la mencionada Ley de Sucesión permite dos posibilidades: el pretendiente al trono puede pertenecer a la estirpe que ha reinado en España durante siglos o ser sin más de sangre real. En el primer caso, ¿qué descendiente directo de reyes españoles va a tolerar que legitime su ascensión al trono una ley que se ha inventado, para sus fines inmediatos, el General Franco? Si tiene un adarme de dignidad, el posible monarca buscará otras fuentes más puras de legitimación. En el segundo supuesto, ¡imaginemos cuánto duraría un rey sin más apoyo que unas instituciones totalitarias de las que el pueblo odia!
La Ley de Sucesión es papel mojado. Hasta tal extremo lo es que los juristas al servicio del régimen no se han atrevido a comentarla. La única vía política que, hasta ahora, el régimen del General Franco ha abierto para el futuro es la monarquía, y no es una vía transitable, es un callejón sin salida. Para evitarse problemas inmediatos el General hizo aprobar la ley por referéndum. Por los medios comunes a las dictaduras obligó a votar a los españoles y les obligó a votar que sí. Ahora no puede alterar la ley, so pena de incurrir en una contradicción que no es capaz de arrostrar. Me recuerda esta seguridad, peligrosa por su propia demasía, lo que ocurrió a un guarda de noche de una casa en construcción en Madrid. Tenía un miedo morboso al frío y a los aires colados, y para preservarse de ellos se encerró en una habitación cuyas rendijas tapó cuidadosamente; cerró ventanas y puertas a piedra y lodo y encendió un braserillo para tener más calor. Al día siguiente le encontraron asfixiado. Algo así ocurre con la Ley de Sucesión del General Franco. Se ha querido asegurar tanto y tan bien que no hay sucesor a la vista, que ha hecho del Estado un régimen personal y de duración no mayor que su propia vida.
2.- ¿Las instituciones sociales y económicas permitirán la continuidad? Por si todo esto fuera poco, las instituciones de carácter social y económico del actual sistema no pueden subsistir. A veces nos olvidamos -«entre tanta polvareda se nos perdió don Beltrán»- de que España es un régimen político totalitario, con partido único, sin libertad sindical, intervencionismo económico, etc. Es un totalitarismo teóricamente tan fuerte como el de sus modelos, Hitler y Mussolini.
Pero en la práctica es un totalitarismo ramplón, que encubre y protege la corrupción administrativa, la malsana complicidad de parte del clero, la burocracia bostezante y un partido único sin vida ni empuje, que no se renueva, que vive en la miseria moral, cultivando la intriga, el chismorreo, la pobretería de la gratificación y el ocio sin dignidad. Las personas de buena voluntad, incuestionablemente las había, han quemado la camisa azul y se niegan a participar más tiempo en la farsa. Mejor sería que hubiese un totalitarismo activo y con convicciones, al menos produciría reacciones equivalentes y el país saldría de esta especie de modorra en cuya somnolencia hay más amenaza que sosiego.
No voy a insistir en razones mil veces repetidas. Las instituciones del régimen franquista son incompatibles con la vida social, política y económica de Europa y carecen de aliento y posibilidades de continuación. No hay que confiar en ellas como instrumento para evitar la catástrofe.
3.- ¿Cabe un cambio pacífico o es inevitable la violencia? Supongo que algún lector se preguntará aterrado, pero, ¿qué va a pasar? Esa es la cuestión. Si las cosas siguen así, algo sumamente grave ocurrirá. Cualquier sistema que venga después de la desaparición de Franco está en la inexcusable necesidad de demoler las instituciones franquistas. Conviene que reflexionemos acerca de lo que esto supone:
a) -Un cambio completo de la vida política y los sistemas de ejercicio y participación en el poder. Pluralidad de partidos, sufragio universal, actividad parlamentaria, libertad económica, huelgas y otras tensiones entre patronos y obreros, competencia política y mil cosas más, propias de la vida política democrática, para la que el pueblo español no tiene un entrenamiento inmediato. Durante veinticinco años se ha pretendido convencer al pueblo español de que la política era obediencia y pasividad, y casi de repente habrá que meterle en la política, real y digna, de las dificultades, la opinión y la competencia.
b) -Supone que privilegios y monopolios tienen que retroceder. La enseñanza no puede seguir siendo un monopolio de la Iglesia, la Banca no puede continuar con su actual status de privilegio, etc., y todo esto producirá reacciones que pueden ser peligrosas, más por su estímulo sobre las fuerzas contrarias que por su acción.
c) -Supone que el ejercicio de algunos derechos fundamentales, aunque se limite para asegurar su eficacia, producirá polémicas, acusaciones y extenderá quiméricos deseos de perfección y también odios.
d) -La vida internacional pesará con mucha más fuerza sobre el país. La actividad política internacional de España no se limitará a secundar a Salazar y votar contra la URSS, tenderá a aproximarse a los demás pueblos de habla hispánica y cobrará independencia y seguridad. Por otra parte tendrá que habérselas con el problema del comunismo, que se organiza a ocultas bajo la protección, consciente o no, del franquismo.
Todo esto va a ocurrir inevitablemente. Es imposible que no ocurra, salvo quizás que el General Franco sea físicamente inmortal. Pero hay razones, incluso dogmáticas, para sospechar que en la economía de la creación no está previsto ese privilegio.
Los españoles de mejor sentido y que más aman a su país quieren que todo esto ocurra, pero sin catástrofe, con el mínimum de violencia y, si es posible, sin ninguna violencia.
4.- ¿Cómo conseguirlo? Ahora tenemos la cuestión más espinosa. Advirtamos en principio que no se trata de una cuestión exclusivamente española. Es principalmente española, pero no exclusivamente española. Aparte de las consideraciones generales, tan repetidas, sobre la interacción cada vez más eficaz entre el orden nacional y el internacional, en España el problema tiene caracteres propios por la presencia de las bases americanas y los continuos errores de la política internacional americana. América parece que no se ha percatado de que estamos ante algo inevitable, y que retrasarlo o ignorarlo es aumentar las dificultades, dificultades que atañen a todos. Aunque no nos guste a los españoles comentarlo, en ocasiones no hay más remedio que referirse a la reciente animadversión del pueblo español hacia los americanos. Primero fue simpatía, después indiferencia, ahora lentamente odio. Las absurdas exposiciones en serie con que nos obsequia el departamento cultural americano, exhibiendo cuarenta fotografías que «explican» la evolución de la humanidad desde el hacha de sílex al avión a reacción, no compensan las fotografías de los jefes de la política americana abrazando al Generalísimo o las frases adulatorias. El pueblo sabe que los Estados Unidos sostienen a Franco y esto puede ser un peligro grave. Por otra parte es un círculo vicioso: cuanto más se ayude a Franco, el compromiso es mayor con Franco y el peligro futuro mayor también. Más valdría dejar las cosas claras y salir de una vez de la contradicción. Sería mejor para todos.
Quizás alguno de los lectores americanos de buena fe de esta revista se diga: «Todo eso está muy bien, pero ¿qué podemos hacer?» Me atreveré a responder al hipotético lector americano con otra pregunta: ¿Ha ensayado el Gobierno americano una política enérgica, sin exageraciones, con relación al actual régimen de España? Hace poco tiempo me decía un alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores: «Convénzase Vd., Franco tiene la sartén por el mango. Llevamos tres meses insultando a los americanos, vendrán a pedirnos disculpas y nos darán lo que pidamos». A los pocos días visitaba Mr. Rusk al Generalísimo y le adulaba; ahora, unas semanas después, los periódicos publican la relación de las peticiones del dictador español, incluyendo armas atómicas. Se le concederá cuanto pide. Pero ¿qué pasaría si los Estados Unidos cambiaran de actitud y plantearan así la cuestión?: «No aceptamos insultos. No queremos relaciones cordiales con España mientras continúe el presente inmovilismo político y económico. Es cierto que la base de Rota es esencial para sostener nuestra armada en el Mediterráneo, pero también es cierto que podemos, en muy poco tiempo, hacer otra base equivalente en otro sitio con un porvenir más seguro. Si continúan en la insolencia y el inmovilismo, mañana mismo comenzaremos a retirarnos. Y no sólo desaparecerán las bases sino muchas cosas más». ¿Qué podría hacer el General Franco? Nada. Nada serio, al menos. ¿Qué ha hecho Salazar? Nada. La política exterior americana ganaría y el efecto de esta actitud en Sudamérica y España sería extraordinariamente beneficioso. En este caso sí se podría afirmar que el Presidente Kennedy había ganado la partida en Hispano-América. El Pentágono, por su parte, conservaría las bases. ¿Hasta cuándo van a creer los dirigentes americanos que las dictaduras se las sosiega con caricias? En este sentido, es sumamente curioso que la obstinada defensa de Salazar por parte del Gobierno Español en la ONU, sea un testimonio de solidaridad culpable ante los mismos errores en un ámbito más o menos amplio. Las acusaciones que se hacen a Salazar respecto de los angoleses se pueden referir, sin cambio sensible, al régimen franquista respecto de los españoles. Los españoles tampoco tienen libertad, no gozan de los derechos fundamentales que la ONU admite, muchos de los presos de sus cárceles están en ellas por delitos arbitrariamente llamados políticos. La recomendación de la ONU respecto de Angola podía ser muy bien una recomendación respecto del propio pueblo portugués o español. El Generalísimo Franco defendiendo a Salazar se defiende a sí mismo de inculpaciones que pueden sin esfuerzo referirse al «colonialismo moral» que él y sus secuaces ejercen sobre España. Teme que alguna vez se diga la verdad como se ha dicho respecto de Angola. En este caso, sin argumentos morales que esgrimir, sin solidez política nacional, sostenido sólo por la especie de «chantaje» que son las bases, haría lo mismo que Salazar, humillarse y ceder. Pero volvamos a nuestro tema, volvamos a la cuestión de cómo evitar el caos y la violencia.
Nadie creerá, supongo, que evitar el caos y la violencia interesa exclusivamente a la oposición. Interesa a todos los españoles y, especialmente, a quienes disfrutan de bienestar. Por esta razón no es lícito que ningún español se desentienda del asunto. Todo hombre honrado debe esforzarse por que la transformación del régimen español de totalitarismo en democracia se realice sin una nueva guerra civil. No olvidemos que una guerra civil en España sería, probablemente, el disparador que produciría un conflicto mucho más extenso. Cuando hablamos de guerra civil no exhibimos un fantasma para asustar a los medrosos o preocupados por sus intereses; la guerra civil es probable si, de un modo u otro, no se previene que un general ambicioso pretenda continuar el régimen que ahora existe. En este caso, para encontrar una justificación en los primeros momentos, el general se echaría en brazos de demagogos y cultivaría la demagogia totalitaria, pretendiendo volver a los entusiasmos fascistas del comienzo de la pasada guerra civil. Cabe presumir, con fundamento, que el segundo ensayo de dictadura totalitaria llevaría a la escisión del ejército y la protesta de ciertos sectores de la clase dirigente que ahora protegen y secundan al franquismo.
Tampoco hay que desechar la posibilidad de un demagogo popular. Algo semejante al castrismo de los primeros momentos, que tiene terreno abonado en algunas regiones españolas. Quizás no surgiera de inmediato, pero puede aparecer al poco tiempo de intentar gobernar un gobierno sin autoridad ni prestigio, en difíciles circunstancias económicas y con un pasado que amenaza al presente. Cabe también, no en el vagaroso mundo de lo posible, sino en el más concreto de lo probable, una situación de inquietud popular sin control ninguno, que se proyecte como una fuerza de la naturaleza al desaparecer la presión actual.
Por el contrario, es prácticamente imposible un cambio sin perturbaciones graves, más o menos inmediatas al cambio, si las cosas siguen como están. Es por consiguiente inexcusable que se prevea y, en cuanto sea posible, se controle la situación futura, procurando que:
a) -La clase directora española, incluyendo la minoría identificada con el Estado, se percate de la necesidad de transformaciones políticas, sociales y económicas profundas, de acuerdo con los criterios democráticos que prevalecen en Europa, cuya necesidad, si no se satisface, llevará automáticamente a la revolución.
b) -La oposición española, cada vez más vigorosa y organizada, salga de la clandestinidad y la conjura, pierda el reminiscente carácter decimonónico de intriga y fraccionamiento y aparezca como el futuro real e inexcusable.
c) -Entre España en las instituciones económicas europeas cumpliendo las transformaciones estructurales necesarias para que su conducta sea auténtica y los resultados beneficiosos para el país, eludiendo la pretensión de ser un Estado totalitario dentro del Mercado Común y otras instituciones europeístas.
d) -Es imprescindible que haya un período de información minuciosa y objetiva de la situación para que el español sepa cuál es la situación real del país a que pertenece. No hay que olvidar que uno de los peligros mayores, si no el mayor, que encierra la actual situación española, es el falseamiento y obscurecimiento constante de los hechos. El delito y la gravísima falta moral de «mantener deliberadamente en la ignorancia», se practican cotidianamente por el Gobierno español. Si a esto se añade una política consciente de analfabetización de las clases humildes, es fácil percatarse de la necesidad inexcusable de entrar cuanto antes en un período de información honrada y suficiente.
Me parece que debo en este momento hacer una aclaración. En principio la preocupación fundamental de todo español debe ser, a mi juicio, que la continuidad de la convivencia pacífica no se interrumpa por el cambio de las instituciones y las alteraciones en la estructura política. Es necesario a todo trance evitar que los españoles se maten una vez más unos a otros por razones que atañen a la obstinación ideológica, o a las quimeras de parte de sus minorías directoras. A mi juicio, repito, todo camino que lleve honradamente a la instauración en España de un sistema democrático sin nuevas guerras es lícito. Es más, no aceptarlo es sospechoso de obcecación. Aferrarse a una forma de gobierno -monarquía o república- por razones históricas o sentimentales es ir contra la futura felicidad de millones de españoles que desean vivir mejor, con la necesaria libertad y honradamente administrados. Donde haya un adarme de apriorismo institucional de espaldas a las necesidades y posibilidades internas y externas que tiene el país, hay, a mi juicio, obstinación cuando no fanatismo. Y conviene no engañarnos. La estructura de los intereses que gobiernan hoy a España es fortísima. Nadie sueñe con un movimiento liberal en el ejército, una oposición abierta de la iglesia o un movimiento filantrópico en pro de la libre entrada del capital extranjero por parte de la Banca. Nadie sueñe tampoco con una presión decidida por parte de U.S.A. o de Inglaterra. Todo esto se conseguirá lentamente por la evidencia de que conviene a los intereses en juego. El miedo a una laguna política que pueda provocar un caos, las ventajas de la asociación con las instituciones económicas europeas, el convencimiento de que una dictadura personal es un artefacto explosivo que puede estallar en cualquier momento, etc., éstas son las bases para la transformación de la situación española. A todos interesa evitar el caos. No se debe tomar como base una institución porque se crea que es mejor, es necesario aceptar la conveniente y posible, de acuerdo con los hechos y siempre que se tengan las necesarias garantías. Simplemente por esta razón, por amar a España, defiendo yo la Monarquía. Ya está bien que los españoles mueran simplemente por los prejuicios de sus minorías directoras.
La mayor parte de la tarea de cambio, ya lo hemos dicho, corresponde hacerla a todos los españoles que de veras amen a su país, pero, supuesta la estructura política actual del mundo, no es una tarea que deban hacerla solos. Si la palabra Occidente significa en política algo efectivo, las potencias occidentales no pueden proteger a Franco y atacar a Castro. Son dos dictadores, se sostienen por parecidos procedimientos, atientan igualmente contra los principios democráticos y a la larga van contra los intereses básicos de occidente.
Está creciendo en España un rencor antiamericano que no es resultado de una táctica como los enfados del franquismo, sino el comienzo de un odio sañudo que Dios sabe en qué puede acabar. Hace unos meses, pocos, volviendo de un viaje de una provincia española, tuve que detenerme en un pueblecito manchego. Hablé un rato con un viejo campesino muy pobre de apariencia que tomaba el sol con su nieto, un chiquillo de unos diez años, en la plaza. Era un hombre inteligente, muy poco culto, que en su juventud había estado trabajando en Argentina. Unos marineros americanos de paso hacia una base, supongo, se habían apeado de un coche y sacaban unas fotografías. El viejo creyó, sin duda, que debía aleccionar a su nieto y señalando al grupo de marineros que trascendía inocencia dijo: «con esos hay que acabar».
Después he recordado muchas veces la frase del viejo, seca, desesperanzadora y desde muchos puntos de vista, quizás, injusta. No obstante, no hay que olvidar lo que dice un viejo refrán muy repetido, «Quien siembra vientos, recoge tempestades».
MIGUEL ORTEGA LÓPEZ
Madrid, marzo, 1962
ÁNGEL DEL RÍO
Con motivo del fallecimiento de nuestro colaborador y amigo Ángel del Río, se celebró el 28 de marzo un emocionante funeral en la capilla de la Universidad de Columbia. En dicho acto el profesor don Francisco García Lorca leyó las cuartillas que reproducimos a continuación en homenaje al finado ameno.
LOS OBISPOS Y LA INJUSTICIA SOCIAL
Una circular del obispo de Bilbao
En todas las parroquias de la diócesis de Bilbao, afectadas por conflictos obreros, se ha leído desde el púlpito una circular redactada por el Secretario Social Diocesano y aprobada por el obispo, que consta de 12 puntos en los que se señalan algunos derechos de los trabajadores y de los patronos. Reproducimos a continuación los puntos más interesantes de dicha circular:
Carta pastoral del arzobispo de Sevilla
Una carta pastoral publicada por el cardenal Bueno Monreal, arzobispo de Sevilla, está siendo muy comentada por la crítica severa que denuncia la situación social en Andalucía. De ella extraemos algunos párrafos.
Dice la carta pastoral que «los salarios insuficientes son triste realidad en nuestra diócesis, tanto en el campo como en la industria. Se dan entre nosotros, singularmente en la agricultura, demasiadas diferencias en el reparto de las riquezas; junto a unos pocos que poseen miles de hectáreas de tierra, hay millares y millares que carecen de la más mínima propiedad. Los salarios, ya muy bajos de por sí, se ven agravados por un paro estacional que se extiende por meses enteros. Demasiadas mujeres y muchos niños están sometidos en algunas tareas agrícolas a trabajos agotadores, con abandono del hogar por aquellas y de las escuelas por los niños».
«Tal estado de cosas sólo puede explicarse por la falta de una conciencia social». El cardenal denuncia la «incompatibilidad radical entre una fe proclamada a todos los vientos y una falta de obras de justicia y caridad».
Hace referencia el cardenal a la remuneración del trabajo y dice: «En nuestra diócesis son muy frecuentes, singularmente en la agricultura, los salarios insuficientes. Jornales de 40 a 45 pesetas por día de trabajo, incluida en dicho jornal la parte correspondiente al domingo, por más que a esa base añadamos algunos beneficios sociales como puntos, subsidio familiar, etc., es claro que siguen siendo insuficientes».
La pastoral señala también que la primera obligación de un patrono es retribuir debidamente a sus obreros y conocer cuál es la cuantía del salario mínimo en la región, sin escudarse en el cumplimiento de los salarios fijados por la ley. «La justicia y la caridad -dice textualmente- pueden exigir mucho más que las leyes, especialmente en materia social, porque legislación laboral no puede seguir la evolución de los acontecimientos económicos a la misma velocidad con que éstos se desarrollan. Ese salario mínimo es obligatorio gravemente en conciencia, sin más excusa admisible que la imposibilidad de darlo».
Trata también la carta del paro obrero, de los obreros eventuales y de la necesidad de hacer viviendas decorosas, y termina reconociendo que entre los empresarios industriales se va abriendo poco a poco la participación de los trabajadores en la empresa; «pero nuestros labradores, salvo raras excepciones, están a mil leguas de abrir no ya su generosidad, sino aun siquiera su mente a estas ideas».
Marasmo
Sí, marasmo. Rutina en la vida política, económica; gestos que no van seguidos de actos tópicos en los que nadie cree reiterados por la prensa, la radio, en los discursos; luchas intestinas de camarillas alimentadas de inconfesables ambiciones... En ese pantano se agitan unas cuantas decenas de millares de españoles. Luego, también la rutina, sumida en la angustia del trabajo que apenas cubre las necesidades, de la cerrazón de horizontes en que viven más de 29 millones de españoles, sacudidos de vez en cuando, eso sí, por la conducta valiente de los grupos que desarrollan este o aquel género de oposición.
Esta es España veintitrés años después, día por día, de que la quinta columna madrileña saludara brazo en alto la entrada de las tropas mandadas por Ríos Capapé que venían de la Ciudad Universitaria -donde los defensores de la capital las tuvieron casi tres años inmovilizadas-, mientras otros madrileños, tan ingenuos como fatigados por la guerra, se alegraban por lo que creían advenimiento de una era de paz, mientras la gran masa de la población cerraba sus ventanas y apretaba los dientes de pena y desesperación.
A los veintitrés años, un llamado Congreso Sindical no se atreve a plantear de cara la cuestión de la reforma agraria, numerosas organizaciones y jerarquías católicas critican la injusticia social reinante, los estudiantes se oponen en su mayoría al régimen y siguen siendo encarcelados, en muchos centros industriales los obreros van a la huelga sin temor a infringir las leyes y los gobernantes, encuadrados siempre por militares de alta graduación, apoyados por poderosos financieros, sustentándose de la mística «opusdeístas» que vino a sustituir a la falangista, no salen, ni pueden salir de su marasmo.
¿Qué ha sido este mes de marzo?
Ya hemos tenido ocasión de referirnos al Congreso Sindical. Sus «recomendaciones» han sido mínimas en el orden social, pero su celebración ha dado lugar a que se afronten dos tendencias: una, más o menos oficial, patrocinada por el propio Sr. Solís, encaminada a dar una apariencia menos sectaria y oficial a la Organización Sindical, a fin de presentarse con vestiduras «liberales» en el concierto internacional del Mercado Común; otra, intransigente y nostálgica, acaudillada por Fernández Cuesta y González Vicent, decidida a mantener la «pureza» falangista de los sindicatos verticales. Y, en medio, la tendencia «social-cristiana», bien vista por los Srs. Martín Artajo y por el obispo Herrera, decidida a todo pacto encaminado a romper el monopolio falangista y, al mismo tiempo, a quitarle al Opus Dei toda posible bandera de europeísmo. Las vacilaciones de esta tendencia «social-cristiana» permitieron por su abstención en las votaciones que los «intransigentes» de Falange consiguieran echar por tierra los proyectos de reforma de la estructura sindical.
Voces disonantes
El Congreso Sindical ha tenido tan escasa resonancia en los medios obreros -cuando no ha sido causa de decepciones- que los grupos católicos más vinculados al mundo del trabajo han creído que era el momento de arreciar en su contraofensiva para demostrar que no se solidarizan con la injusticia social convertida en norma habitual de gobierno. Y así, en poco tiempo, se han sucedido la pastoral de Mons. Bueno, arzobispo de Sevilla, unas declaraciones del mismo prelado sobre el salario mínimo, la nota del Secretario Diocesano de Vizcaya a la que ya hemos hecho alusión, concebida en términos muy violentos; las declaraciones radiadas del obispo de Canarias, Mons. Pildain que llega a decir: «Esto no puede continuar así ni un día más... Si es necesario disminuir los ingresos de las empresas, da igual», porque «tan persona humana es el último proletario como el Rey». Por último, Juventud Obrera, el órgano de la juventud Obrera Católica, que ha reaparecido, publica un editorial con el título de «Hay más hipócritas», tomando el contrapié del tristemente célebre artículo de Blas Piñar, publicado en ABC y titulado «Hipócritas». Y allí se dice:
Y así sigue. Nadie escapa a la crítica, pero se observa fácilmente que los dardos más acerados van contra los dirigentes de la Organización Sindical y contra ese tipo, entre funcionario y demagogo, que tanto abunda en la España de Franco.
Características del ambiente
Una característica del ambiente enrarecido en que se debaten los círculos políticos españoles es que cierto tipo de lacras se las imputan recíprocamente, y no sin fundamento, los grupos y grupitos que en él se mueven. Así, en este caso, los católicos de tendencia JOC y Hermandades Obreras critican a los falangistas, que a su vez los critican a ellos por considerarlos instrumentos de la jerarquía. Pero entre los falangistas, el grupo de los «puros» (los Fernández Cuesta, Girón, Pinilla, Vicent, la propia Pilar Primo de Rivera), desplazados de los puestos más importantes, critican a los neo-falangistas (los Solís, G. Torres, Herrero Tejedor, etc.) por lo mismo que ellos practicaron durante años y años, y nadie se priva de sus parrafadas demagógicas ni de sus articulitos incendiarios, sin que ello sea obstáculo para vivir como reyes, alternar con financieros e industriales y participar en Consejos de administración (casos, entre otros, de Girón, Elola, Miguel Primo de Rivera, etc.). Esta tendencia aún conserva al pro-nazi Suevos en la Dirección General de Cine y Teatro (por cierto, la censura ha conseguido aniquilar lo que había de buen cine en España), pero acaba de perder el puesto del no menos nazi Rodrigo Royo, que ha salido catapultado de la dirección de Arriba por considerarse en altos lugares que sus exabruptos no eran muy oportunos.
Pero claro, el cuadro de los grupitos no estaría completo si ignorásemos a los «social-cristianos» que miran hacia el obispado de Málaga -que tampoco son lo mismo que los «demócratas-cristianos» del Sr. Gil Robles, aunque tengan contactos con ellos. Y no olvidemos lo que no es un grupito, sino algo más serio: el Opus Dei con sus innumerables tentáculos.
Todos estos sectores, con escalofriante indiferencia por la vida auténtica de 29 millones de compatriotas suyos, se entregan a un juego político consistente en jugar sus bazas para un futuro relativamente cercano; cuando se trate de suceder a quien ustedes se figuran.
En el seno del gobierno sucede algo no menos insólito; cada ministro vive como en compartimentos estancos, con escasa visión de conjunto y con ninguna de lo que piensa, siente o padece la inmensa mayoría de sus compatriotas. En el mejor de los casos, el señor ministro se plantea problemas técnicos: por ejemplo, Ullastres, Navarro Rubio. Éstos y el Sr. Vigón piensan en «la misión espiritual» del Opus Dei, a la que tal vez no es ajeno -¡oh, contrastes de la vida!- don Camilo Alonso Vega. Pero éste y los restantes militares se limitan al sumario repertorio de ideas habitual en su medio. El Sr. Arias Salgado vive en su extraño mundo medieval al que quiere sujetar las modernas técnicas de información, y el Sr. Castiella vive también encerrado en los problemas de su departamento, vertido hacia el exterior con la peculiar idea que tiene de la diplomacia y que no tenemos por qué recordar ahora. ¿Y España? ¿Y los españoles? Nos dirán que de esto se ocupa el jefe supremo y tal vez él crea hacerlo así. Pero se comprenderá que, a fin de cuentas, el Sr. Solís (mucho más que el Sr. Sanz Orrio, muy disminuido) con sus sindicatos, su bain-trust, su dinamismo sea considerado un poco como bicho raro por sus colegas.
Insisto en situar a los más relevantes ministros -no hablo de los más apagados que casi bordean el anonimato o sirven de figura decorativa para recepciones y duelos como el Sr. Gual Villalbí- para reflejar la fragmentación de toda posible acción gubernamental.
Una consecuencia de esa fragmentación es que la política extranjera del gobierno se haga en función de una concepción particularísima elaborada en El Pardo y con los solos consejos o influencias de personajes laicos o eclesiásticos, vinculados a la extrema derecha internacional. Este mes, la firma de los Acuerdos de Evian, entre el gobierno francés y el Frente de Liberación Nacional argelino, ha sorprendido a los medios gubernamentales españoles (no a los diplomáticos de oficio, hágase la distinción). Dos días antes de firmarse el acuerdo, toda la prensa española, por inspiración oficial, daba informaciones pesimistas, y La Vanguardia publicaba en primera plana unas fotografías con este título: «Mientras se negocia la paz en Evian, el F.L.N. prepara sus tropas para la guerra».
Preocupaciones africanas
Pero el Acuerdo llegó y en tal forma como nunca lo hubieran sospechado los gobernantes españoles que hace tres años retiraron su anterior ayuda a los nacionalistas argelinos que trocaron en abierta hostilidad. La misma noche del domingo 18 hubo ya periodistas extranjeros que abordaron a personajes del Ministerio de Asuntos Extranjeros: «Estamos muy satisfechos, ¿cómo no?». Y de ahí no les sacó nadie. Las consignas que se dieron fueron de extrema prudencia, y también, por el lado de ABC, de amortiguar un poco su visible simpatía por los fascistas de Salan. Cada día que en el vecino país se detiene a un miembro importante de la Organización del Ejército Secreto, se saben más detalles sobre cómo la mayoría de sus acciones han sido preparadas desde España. Pero aquí se hace la vista gorda, se simula reforzar la vigilancia de Lagaillarde (que no cuenta ya para nada) y se sigue el juego de dos barajas.
Sin embargo, las preocupaciones que se derivan de la ya ineluctable independencia de Argelia son de otro orden. Intentaré enumerarlas:
a) La primera es que, como se sabe hace tiempo, una vez que Argelia sea independiente, y más aún si se llega a un Mogreb unido, la cuestión de Ifni, Río de Oro, Ceuta y Melilla se planteará con mucha mayor virulencia.
b) La segunda es que el FLN argelino no olvidará que el franquismo, tras las promesas de 1954, le dejó luego en la estacada.
c) La tercera es más bien un pretexto para justificar la política del gobierno español frente a los anteriores problemas: se trata de la tan cacareada «penetración soviética» en África.
d) La cuarta es la situación de más de 200.000 españoles residentes en Argelia, la mayoría de los cuales se han comprometido en la política fascista y que es probable quieren regresar al país.
Claro, lo grave es lo primero, y tanto más cuanto que el Gobierno de Rabat ha querido ir demasiado deprisa y ya inició un sondeo cerca del propio Caudillo por medio del nuevo embajador marroquí en Madrid; se dice que lo que sugería el Gobierno de Marruecos era una fórmula de compromiso sobre los territorios de Ifni y Río de Oro. El Caudillo se negó en redondo, sin tan siquiera admitir la prosecución del diálogo sobre semejante asunto. Los militares del Gobierno y los altos mandos se muestran intransigentes sobre el particular, y en esto Franco no hace sino reflejar la opinión de sus antiguos compañeros de armas. Al día siguiente de este incidente, la Dirección General de Prensa dio orientaciones para escribir en los diarios sobre el peligro de «sovietización» tanto en Marruecos, como en la futura Argelia independiente y en todo posible Mogreb unido.
El planteamiento prematuro de esta cuestión por el Gobierno de Rabat y los recientes ataques contra el gobierno español de la agencia oficiosa de prensa marroquí, tal vez retarden el planteamiento a fondo de este asunto. Pero nadie ignora que ese planteamiento llegará, ello antes de que finalice el presente año. Dentro y fuera del gobierno, parece que diferentes tendencias de las llamadas «cristianas» se muestran más flexibles sobre este asunto, comprendiendo que habrá que ceder en algo; y esa cesión sería, pese a los pesares, la de Ifni y Río de Oro, a cambio de que Marruecos reconociese la soberanía española sobre Ceuta y Melilla. Este proyecto tropieza, no obstante, con los problemas engendrados por las concesiones petrolíferas en Río de Oro. Pero, aparte de que hasta ahora no se ha encontrado ni una gota de petróleo, es casi seguro que el Gobierno marroquí se mostraría comprensivo para con esas concesiones. La cuestión dista mucho de estar resuelta y, por añadidura, militares y falangistas no quieren ni oír hablar de abandono de sus flamantes «provincias africanas».


¿Cómo se prepara el gobierno español para cuando llegue el momento en que este conflicto se agudice? Pues con exigua originalidad: gritando «que viene el comunista», como el pastor del cuento gritaba «que viene el lobo». El Caudillo, su ministro de Asuntos Extranjeros y sus generales, quieren explicar a las potencias occidentales, y muy particularmente a los Estados Unidos, que existe una poderosa penetración «rusochina» por África que va a sentar sus plazas de armas en Casablanca, Rabat y en Argel independiente; y, naturalmente, que el centinela que Occidente tiene destacado en El Pardo es la única garantía de contener dicha penetración en África. Consecuencia: la presencia española en Marruecos es una garantía sine qua non para cubrir ese flanco de la estrategia occidental. ¿Se acuerda alguien de que en 1952, cuando los nacionalistas marroquíes se manifestaron en Casablanca, Franco dijo ya que era una subversión orientada por los comunistas? ¿Que dijo entonces que se trataba de los agentes rusos introducidos en África gracias a la tolerancia del Gobierno de Francia Libre (De Gaulle) que les permitió instalar un Consulado en Argel? Pues no ha cambiado la cantinela. ¿Que es la dictadura y sus métodos quienes favorecen, por contragolpe, la expansión del comunismo y cierran los horizontes de quienes creen en una solución liberal? Todo el mundo lo sabe, pero vayan ustedes a decírselo al Sr. Castiella o al Sr. Muñoz Alonso.
Mercado Común
Como este aspecto de la política exterior deja bastante que desear, el gobierno continúa la operación «Mercado Común» como un movimiento más de diversión. Entiéndase bien, dentro del gobierno no hay opinión unánime sobre la actitud a seguir con el Mercado Común: los militares y derechistas clásicos siguen contrarios al Mercado Común, mientras que los ministros económicos y Solís son partidarios de la asociación. Los partidarios de la integración están, sobre todo, fuera del gobierno. Pero la falta de criterio unánime (poco interesante, además, pues sólo decide el Caudillo) no impide la coincidencia en que hay que hablar mucho sobre esto, suscitar polémicas y debates, pues, como la falsa querella entre falangistas y monárquicos, puede ser un método más para desviar la atención de los auténticos problemas. Aquí, cada persona que se estima, sabe que el Sr. Spaak ha dicho que la petición de España y otras análogas no podrán ser estudiadas hasta que se solucione previamente la integración de Gran Bretaña en el Mercado Común. Con que... ¡va para largo!
En los medios financieros, por el contrario, se presiona para que la vinculación con el Mercado Común sea un hecho. El marqués de Fontalba, al hablar en la junta del Banco Urquijo, ha afirmado que para su grupo industrial no ofrece dudas la adhesión al Mercado Común, y no ha ocultado que, con dichos fines, ha reforzado sus lazos con grandes empresas europeas y norteamericanas.
Desde luego, esto resulta más fácil que esa pícara reforma agraria o que obligar a los patronos a que aumenten los salarios. ¿Saben ustedes cuáles fueron los beneficios de la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles (la de Beasain, perteneciente al Grupo Urquijo) en 1959?: pues 44.710.400 ptas. ¿Y en 1960? Pues 49.628.050 ptas. A lo que hay que añadir 16 millones de conversión de reservas en acciones. Cuando el jurado de Empresa hizo estas alegaciones para solicitar el salario mínimo de 140 ptas., la empresa rechazó verbalmente la petición y se negó a responder por escrito, y el Delegado del Trabajo de Guipúzcoa envió un oficio a la empresa calificando de no reglamentaria la petición de mejoras. Mientras tanto, la Organización Sindical de la provincia «se lavaba las manos» lo que le costó un verdadero plante de todos los delegados de empresa.
Todos esos señores que hablan más o menos del Mercado Común se asustan cuando el propio Gobierno hace una proposición de ley más que tímida, ofreciendo un simulacro de representación obrera en los consejos de administración, y eso, con derecho de veto de los patronos al delegado obrero (este proyecto de ley ha merecido una severísima crítica del órgano de la juventud Obrera Católica). Estos días llegó el proyecto de ley a la Comisión de Cortes. Para que nadie se asustase, el presidente Sr. Corral Saiz explicó que «el proyecto no se encamina a implantar en España un régimen efectivo de co-gestión, sino a otorgar una participación restringida en los órganos de la gestión de aquellas empresas que adoptan la forma de sociedades, y en las que tiene representación el capital». (No se asusten, señores. Es una broma, una farsa más para presentarnos ante el mundo.) Pues nada, que se asustaron. El primero, el banquero Sr. Aguirre Gonzalo y con él, el Sr. Díaz Llanos, Bandrés y muchos más. Por fin, gracias a los «social-cristianos» Srs. Martín Artajo (Javier) y Martín Sánchez-Juliá (ambos con altos cargos en empresas del INI) salió aprobado por 24 votos contra 10 el modestísimo artículo 1.º que estipula que en las empresas que revistan la forma de sociedades existirá en el organismo administrador un representante del personal por cada seis del capital. Y además -no se olviden- la empresa puede vetar el nombre del representante del personal, por si a los obreros se les ocurre designar a algún «rojillo» (hay que prevenirlo todo).
Estos dos botones de muestra les dicen a ustedes lo que es la vida económica de España, como las intrigas de católicos y falangistas de varios matices les dice a lo que se reduce la política legal. La otra política es diferente; ésa es la que representaban tres mil estudiantes gritando «Libertad» en las calles de Barcelona el día 1.º de marzo. Y por defenderla, por gritar la verdad, han ido a la cárcel los estudiantes Sempere, Parra, Armora y Sánchez, condenados por un tribunal de excepción en Barcelona por «injurias al Jefe del Estado».
Por la voz de esos estudiantes ha hablado, una vez más, la voz de los españoles que no se resignan al marasmo.
TELMO LORENZO
Madrid, 28 de marzo de 1962
El Congreso Sindical
Para poder apreciar la significación del Congreso Sindical celebrado en Madrid durante los días 5 al 10 de marzo, es necesario sustraerse a las informaciones de la prensa española y a las noticias comentadas en alguna otra prensa del exterior y sacar las deducciones que ofrecen los hechos mismos, anteriores al Congreso y durante él.
A nuestro juicio dos signos contradictorios, exponentes de la situación interna de los Sindicatos, se han acusado en este Congreso: uno la preocupación por la entrada de España en el Mercado Común, otro la profunda división de los falangistas ante la llamada «liberalización» del movimiento sindical, aunque pregonan ambos bandos que la desean.
Es sabido que el Sr. Solís, falangista de vieja cepa, es el ministro del Movimiento y Delegado Nacional de los Sindicatos, es decir, el jefe supremo de ellos. Otra personalidad de gran autoridad dentro de los Sindicatos es el Sr. Jiménez Torres, secretario general de la organización. Éste estaba decidido a llevar al Congreso un proyecto de reforma en virtud del cual los puestos claves de los Sindicatos serían elegidos por los trabajadores y no por designación del Gobierno como se viene haciendo en la actualidad. Pero el Sr. Solís era opuesto a ese plan, y aun con la gran preocupación de la candidatura de España en la Comunidad europea, se opuso a ese proyecto de «liberalización» en la reunión preparatoria del Congreso, lo que dio lugar a la dimisión del Sr. Jiménez Torres. La táctica del Sr. Solís al pregonar que desea la «liberalización» de los sindicatos y no permitir que se llevara ese proyecto al Congreso se interpreta por unos como rivalidades personales y por otros como órdenes de la superioridad.
Sin embargo, el tema no se podía dejar de tratar, iba en el orden del día bajo el epígrafe «Perfeccionamiento de la estructura sindical». La ponencia que presentaba a discusión el tema recogía en parte el espíritu del Sr. Jiménez Torres, pero intervino el Sr. Fernández Cuesta, que no tiene ningún cargo dentro de los sindicatos, y la ponencia fue rechazada por 83 votos contra 73. Ante este resultado la Organización Sindical sigue bajo el control del «Movimiento». Recordemos que ninguno de los 600 delegados es designado democráticamente y que de ellos sólo 200 son obreros y que, además, el Congreso solamente puede votar «recomendaciones».
Estos hechos patentizan, primero, que la tendencia a modificar, siquiera sea tímidamente, la estructura actual de los sindicatos españoles ha sido repudiada; segundo, que el sector más arcaico de Falange sigue imponiéndose en la política sindical y tercero, que aunque de veras desearan los dirigentes sindicales modificar la estructura de su organización para presentarla más aceptable ante los sindicatos extranjeros, no llegarán a encontrar ninguna vía apropiada mientras el régimen español mismo no se libere.
Inquietudes africanas
El armisticio concertado entre el Gobierno francés y los representantes del Frente de Liberación Nacional de Argelia ha sido el acontecimiento internacional más importante de estos tiempos. La prensa en general ha acogido la noticia con viva satisfacción, los sindicatos de trabajadores libres de casi todos los países democráticos han expresado su profunda alegría al conocer la noticia y los gobiernos de Oriente y Occidente se preparan a reconocer al Gobierno provisional de Argelia. Rusia lo ha reconocido ya.
Mientras la atroz lucha en Argelia despertaba un clamor casi unánime por el triunfo de la buena causa, España jugaba secretamente la carta de Salan, aunque no tan secretamente que no trascendiera al conocimiento público las facilidades concedidas a los individuos de la O.A.S. internados en España; la prensa española por su lado apoyaba claramente la causa de Salan -no olvidemos que la prensa está dirigida-, ahí tenemos los elogios prodigados hace poco más de un año por el diario madrileño ABC a la O.A.S. y los contactos que ha tenido con las estafetas de esa organización, así como el semanario Blanco y Negro.
Evidentemente los dirigentes de la política española consideraban que sería más segura la conservación de las posesiones africanas si la política de Salan se implantaba en Argelia. Hoy la inquietud por esas posesiones se manifiesta en la prensa señalando temores de que desemboque Argelia en una guerra civil y de que no pueda resistir a la presión de los comunistas. Esto por lo que respecta a la prensa.
Los centros oficiales se muestran prudentes y expresan satisfacción por el acontecimiento, especialmente en el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero la inquietud sobre Marruecos se trasluce; se teme que inicie el Mogreb una evolución de la política exterior, es decir, se teme en definitiva que Marruecos, después que la Argelia independiente marche, desencadene una campaña para recuperar las actuales posesiones españolas. La contingencia prevista puede llegar a desarrollarse. Se tienen noticias de que el Gobierno español ha iniciado contactos oficiosos con elementos del F.L.N. Es explicable la preocupación de cualquier gobierno ante la posible eventualidad de la pérdida de Colonias que están aún bajo su dominio, pero esos países tendrán que entrar en el ritmo de los tiempos actuales; y este ritmo marca el fin del colonialismo.
El general Franco ha terminado su misión
Con el título indicado circula por Madrid una hoja clandestina en la que se atribuye a Franco la convicción de que es necesario enderezar la política española hacia el terreno de las solidaridades internacionales. De esa hoja reproducimos los siguientes párrafos:
Importancia de las manifestaciones estudiantiles
Recibimos de Barcelona el siguiente comunicado: Las manifestaciones callejeras del mes de febrero y principio de marzo han sido especialmente importantes. Las de febrero agruparon unos 2.000 estudiantes y las de marzo más de 3.000. La primera del mes de febrero fue disuelta en la Rambla de Cataluña por los jeeps de la policía armada; la de marzo fue un modelo de organización. Los estudiantes, dueños de la calle, fueron desde la Universidad hasta el Hotel Avenida Palace. Para disolverla se emplearon docenas de jeeps, coches de policía provistos de radio y varias compañías a pie de policía armada.
También se celebró en el jardín de la Universidad una reunión titulada por los estudiantes «II Congreso Libre de Estudiantes». Al terminar la reunión los estudiantes colocaron en la verja del jardín, mirando a la plaza de la Universidad, una inmensa pancarta en la que sólo había esta palabra: LIBERTAD. Se nos dice que, bajo presión de las autoridades, la mayoría de las agencias de prensa y corresponsales extranjeros han silenciado las manifestaciones estudiantiles.
El Congreso Sindical
Madrid, 16 marzo, Ibérica: -El Congreso Sindical celebrado aquí de los días 5 al 10 de este mes, comenzó en un ambiente cargado, creado por la dimisión del secretario general de la Organización Sindical, Sr. Jiménez Torres. La apertura fue presidida por Solís, Sanz Orrio, Herrero Tejedor y el nuevo secretario general Lamata Mejía. Solís ha presidido también la mesa de discusión del Congreso.
El informe del secretario general fue de naturaleza burocrática, pero en él no faltaron los ataques contra «los viejos sindicalismos de clases» y la identificación del «orden económico social» con los «valores de la civilización occidental»; es decir, se manejaron algunos tópicos manidos y olvidados. Dicho informe trató de dar relieve a los contratos colectivos firmados hasta este momento y señaló la cifra de 771.652 como firmado por los trabajadores, lo que significa que menos del 10% de la población asalariada disfruta hasta ahora de los contratos colectivos.
El debate de fondo surgió al presentarse la ponencia sobre «perfeccionamiento de la estructura sindical» redactada por los señores Cabanillas y Romero, en la que recogían el espíritu de Jiménez Torres proponiendo que gran número de cargos de dirección fueran nombrados por libre elección de los sindicados. La ponencia fue rechazada y fue aprobada otra en la que se establece el control del Movimiento sobre la Organización Sindical, y que solamente los militantes de Falange tienen derecho a ocupar puestos de dirección.
Los pactos con Cuba
El New York Times del 14 de marzo inserta la siguiente noticia: «Un portavoz del ministerio de Comercio de Madrid manifestó hoy -el telegrama tiene fecha del 13 del indicado mes- que un tratado entre España y Cuba, que data de hace tres años, se va a prorrogar al finalizar este año. Por el mencionado acuerdo España obtiene de Cuba una provisión de tabaco de 2.500.000 dólares y 3.000.000 en azúcar a cambio de aceite español.
Contra las maniobras del gobierno franquista
Recibimos de Noruega la siguiente comunicación:
Reacciones ante el armisticio
Madrid, 23 marzo, Ibérica: -El armisticio concertado entre el Gobierno francés y los representantes del Frente de Liberación Nacional de Argelia ha suscitado impresiones encontradas. Oficialmente se ha dicho en el ministerio de Asuntos Exteriores a todos los periodistas que el Gobierno español está muy satisfecho de este acontecimiento. Los diarios conceden mucha atención a los acuerdos de Evian, pero ABC es el más reticente, es decir, que cree que la OAS no permitirá el establecimiento de una paz verdadera. Todo el mundo conoce los lazos que unen a ABC y a Blanco y Negro con el general Salan y sus amigos fascistas franceses.
Lo que el Gobierno teme es que el rey de Marruecos, cuando lo de Argelia esté completamente arreglado, desate una campaña para recuperar Ceuta, Melilla, Ifni y Río de Oro.
Un incidente que confirma los temores
La embajada española en Rabat distribuyó hace tres días un folleto cuyo título era «Ceuta, segundo puerto de España». El Gobierno marroquí tomó la cosa muy a mal considerándola como una provocación y la Agencia oficiosa «Moghreb Árabe» ha publicado una violenta nota contra el Gobierno español de la que entresacamos el párrafo más significativo: «El Gobierno adoptará medidas para evitar la repetición de semejantes casos que hieren nuestro amor propio, pero que no podrán influir de modo alguno en el desarrollo de la Historia. Igual que Goa ha sido liberada de sus colonizadores, Marruecos recobrará, tarde o temprano, Ceuta, Melilla, Ifni y Río de Oro y todos los territorios que están aún bajo dominación extranjera».
Destitución de un rector
Bilbao, 15 marzo, OPE: -El padre Abúndez, profesor de Derecho Político de la Universidad de Deusto -dirigida como es sabido por los Jesuitas- al ser consultado por sus discípulos acerca de si el hecho militar del 18 de julio de 1936 era «una cruzada o un levantamiento», contestó categóricamente que «era un levantamiento, que no era una cruzada». Enterado el obispo de Bilbao de la respuesta dada por el profesor a sus alumnos, se dirigió al rector de la Universidad, padre Churruca, pidiéndole que hiciera rectificar el concepto al padre Abúndez.
El padre Churruca contestó al obispo que él no podía hacer lo que se le pedía. La dirección de una cátedra -dijo- la tiene el profesor y no es admisible que se imponga a un profesor la respuesta que ha de dar a sus alumnos. Además, añadió el padre Churruca, yo, personalmente, estoy de acuerdo con la respuesta que ha dado.
El obispo se dirigió a la Casa Generalicia de los jesuitas en Roma, consiguiendo de ella que pidieran al rector de la Universidad que obligaran al padre Abúndez a rectificar. El padre Churruca no se ha prestado a aquella demanda y ha presentado la dimisión de su cargo, la que le fue aceptada inmediatamente.
Estamos en presencia de una destitución del rector de Deusto, ordenada por haber mantenido el derecho del profesor de Derecho Político a educar a sus discípulos en la verdad.
Discurso de Franco
En la clausura del Congreso que tuvo lugar el día 10, el general Franco pronunció un discurso inefable; los españoles han reído a mandíbula batiente y en el extranjero ha hecho la misma impresión: «bromas del Caudillo». He aquí algunos párrafos del discurso:
Delegados sindicales presos
Madrid, 20 marzo, Ibérica: -Durante la celebración del Congreso Sindical se recibió un escrito firmado por treinta delegados sindicales que se encuentran encarcelados. De ese escrito no se ha dado cuenta en ninguna de las sesiones del Congreso, pero los remitentes hicieron llegar copias a los corresponsales extranjeros.
El escrito dice: «Estamos aquí unos quinientos detenidos políticos purgando penas que totalizan once mil años. Solicitamos de los delegados del Congreso que inscriban en el orden del día la amnistía para los encarcelados por haber deseado mejorar el nivel de vida de los trabajadores españoles y del país en general».
Europa se edifica en Estrasburgo
París, 28 marzo, Ibérica: -Bajo este título inserta el periódico Combat de ayer una crónica de su enviado especial a Estrasburgo, Jean Picard, de la que extractamos los párrafos siguientes:
Nuevo embajador de España
Madrid, 28 marzo, Ibérica: -Acaba de ser nombrado embajador de España en los Estados Unidos don Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate. Tiene 59 años y es un conocido abogado y hombre de negocios. Al advenimiento de la República ocupó el cargo de Director General de los Registros en el Ministerio de Justicia siendo ministro don Fernando de los Ríos. Su personalidad se ha destacado más tarde como representante de intereses financieros, en especial norteamericanos, como por ejemplo de la entidad Pepsi-Cola, Dupont de Nemours, Dow Chemical, Westinghouse, General Electric, etc. Sus relaciones financieras llegaron también a entidades culturales, como la editorial «Cid» y la «Taurus».
El Sr. Garrigues tiene grandes simpatías por los Estados Unidos, que proceden, en gran parte, de que su esposa, que murió en 1944, era norteamericana (Anne Walker, de Iowa). Se ha mostrado siempre fiel defensor de los Estados Unidos en numerosos artículos y conferencias. En política el Sr. Garrigues tiene una notoria predisposición por la forma monárquica de gobierno, lo que no supone que piense en derribar el régimen actual de España. Tiene tres hijas monjas en una orden religiosa irlandesa, un hijo casado con una hija del Sr. Areilza y otro con una hija de los condes de Miranda.
Se comenta que apenas nombrado embajador ha concedido varias interviús a los diarios más importantes, pero hay que tener en cuenta que el Sr. Garrigues es hombre moderno, con agudo sentido de la publicidad, y no es diplomático de carrera.
Nuevo embajador de U.S.A.
Mr. Robert F. Woodward, diplomático norteamericano de carrera, que ha desempeñado varios puestos oficiales en algunos países de lengua española, ha sido nombrado embajador de los Estados Unidos en España. Reemplaza en el cargo a Mr. Ellis Briggs, que fue embajador en Grecia, a causa de encontrarse gravemente enfermo.
El nuevo embajador nombrado para España ha sido Subsecretario de Estado para los asuntos de Hispanoamérica. Habla corrientemente español y le son familiares los asuntos económicos del hemisferio.
Sigue la oposición a España
Ginebra, 16 marzo, Ibérica: -El diario La Tribune de Genève publica el acuerdo de la «Unión de Sindicatos de Alemania del Oeste» contra la asociación de España al Mercado Común por entender que no puede ser aceptable hasta que en España estén eficazmente establecidos los fundamentos democráticos.
Esta actitud de la potente «Unión de Sindicatos Alemanes» -sigue diciendo el periódico- es la continuación de una serie de resoluciones idénticas adoptadas por diversas centrales sindicales y de los partidos políticos de los países miembros del Mercado Común. Todo ello tiende a hacer creer que la demanda de admisión de España en el Mercado Común tiene cada vez menos probabilidades de prosperar en el actual estado de cosas.
Inquietud en las Canarias
Madrid, 2 abril, Ibérica: -Noticias procedentes de Las Palmas dan cuenta de una situación de malestar en aquellas islas. El domingo 25 de marzo aparecieron en el Estadium, donde debía celebrarse un partido de football, unas octavillas en los muros con la inscripción «¡Vivan las Canarias libres!», octavillas que volaron en profusión por el Estadium, otras llevaban la caricatura del gobernador; la misma inscripción firmada por un «Movimiento de la Libertad» apareció en numerosas calles y plazas, pintada en los muros de la ciudad. El partido de football se retrasó hora y media, pero la población tomó estos incidentes sin gran sobresalto.
En Madrid, en los medios oficiarles, se ha dado mucha importancia a este asunto. Brigadas móviles de policía social salieron para Canarias y se han efectuado concentraciones de tropas en tomo a Las Palmas. Salieron también con rumbo a aquellas islas unas cuantas unidades de la Marina ligera.
Han sido detenidas varias docenas de personas, entre ellas el poeta González Bernera y el abogado Fernando Sagaseta.
Según los medios oficiales se trata de un «movimiento separatista» y de manejos de «grupos comunistas»; la realidad es que se trata de un movimiento para protestar contra los nombramientos de altos cargos y funcionarios que no son canarios, contra el alza de la vida y por la vuelta al sistema de puertos francos. Este movimiento parece de matiz izquierdista, o mejor dicho, orientado decididamente contra el régimen y los grupos que lo sostienen. De Canarias se sabe poco para predecir si el movimiento este es amplio o no, pero lo que sí se ha sabido en estos días es que el malestar abarca a capas muy diversas de la población. Por lo demás, todos los españoles saben que Canarias no ha sido jamás problema de separatismo.
Los estudiantes sentenciados
Barcelona, 14 marzo, Ibérica: -Los estudiantes Joaquín Sempere; Pedro Parra, Sánchez y Armora, fueron sentenciados por un tribunal militar a las penas de siete años para Sempere, cuatro a Pedro Parra y a dos años a los menores de edad Sánchez y Armora. El capitán general de Cataluña ha reducido a cuatro años la pena impuesta a Sempere y a uno a Sánchez y Armora, lo que no disminuye la enormidad de las sentencias pronunciadas en relación con los hechos imputados. Se acusaba a estos estudiantes del delito de «injurias al Jefe del Estado». Como se recordará, estos jóvenes fueron detenidos como consecuencia de los disturbios del mes de febrero en la Universidad de Barcelona, disturbios que tuvieron como base el pertenecer gran cantidad de estudiantes a la Federación Universitaria Democrática de Estudiantes y haber aparecido en varias Facultades letreros pintados con brea en los que se leía: «Democracia», «Muera Franco», «Libertad» y «Amnistía».
En la semana anterior han sido interrogados por la policía más de cien estudiantes, los cuales fueron dejados en libertad después de establecerles su correspondiente ficha policíaca.
Agitación universitaria
París, 27 marzo, Ibérica: -Nos llegan noticias de la huelga de estudiantes desencadenada el 25 y 26 de este mes. Doce mil estudiantes de la Universidad de Lisboa y tres mil de la de Coimbra fueron a la huelga como protesta contra las intervenciones de la policía en la Universidad y la prohibición de mítines y conferencias de los estudiantes con motivo de la celebración del Día de los Estudiantes, que debía tener lugar el 24 del mes. La policía rodeó la ciudad universitaria de Lisboa impidiendo a los estudiantes reunirse para la celebración de la fiesta y no los dejaron penetrar en el local del restaurante universitario.
Los estudiantes protestaron ante el rector de la Universidad de Lisboa, Dr. Marcelo Caetano, el que concertó una entrevista entre los estudiantes y el ministro de Educación, Dr. Manuel Lopes Almeida pero cuando los estudiantes llegaron minutos antes de la hora señalada para la entrevista, el Ministro se había marchado de su oficina. Sin embargo, miles de estudiantes esperaban en los alrededores, pero la policía ordenó que se disolvieran y hubo lucha y detenciones de estudiantes. Fueron hospitalizados varios muchachos y muchachas como consecuencia de las violencias de la policía.
El rector, Dr. Caetano, consiguió el permiso para que los estudiantes celebraran un mitin en el estadio de la Ciudad Universitaria, pero los camiones que venían cargados de estudiantes procedentes de la Universidad de Coimbra, que iban a asistir al mitin, fueron interceptados por la policía.
Circula un manifiesto de la Asociación de Estudiantes en el que se relatan los hechos ocurridos y se exhorta a los estudiantes a no asistir a la Universidad, a defender la autonomía universitaria, a protestar contra el vandalismo policíaco y a conseguir la libertad de los estudiantes presos.
Angola
Lisboa, 6 abril, Ibérica: -Noticias procedentes de Angola dan cuenta de que están llevándose a cabo, desde hace algunos días, operaciones policíacas llamadas de «limpieza» en todo el norte de Angola. Un convoy de rebeldes (angoleses independientes) que transportaba armas, en un desfile, al norte de Maquela do Zombo, situado a unos veinte kilómetros de la frontera ex-belga del Congo, fue interceptado.
Según otras noticias de fuente responsable, se ha desencadenado una guerra fratricida entre dos facciones rivales: el «Movimiento popular por la liberación de Angola» (M.P.L.A.), dirigido por Marcos Cassanda, y la «Unión de pueblos angoleses» (U.P.A.), a cuyo frente figura Holden Roberto.
Sin embargo, los rebeldes de Angola anuncian la formación de un gobierno en exilio, en territorio adyacente al Congo. La noticia fue suministrada en una conferencia de prensa sostenida por Holden Roberto, presidente del «Frente nacional para la liberación de Angola», recientemente constituido. Esta nueva organización surgió hace unas semanas cuando la «Unión del pueblo angolés» y el «Movimiento popular por la liberación de Angola» comenzaron sus luchas en el noroeste de Angola.
El New York Times del 6 de abril inserta amplias noticias respecto a la formación del gobierno en el exilio y da la lista de los miembros que lo componen.
Detención de un economista
París, 25 marzo, Ibérica: -El economista don Antonio Pope Cardoso, que trabaja en la Fundación Gulbenkian, fue detenido el 18 de este mes en Lisboa al descender del avión procedente de París. En París, invitado por el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas, había participado en las jornadas de estudio sobre los problemas del mercado frutero. Como especialista de reputación europea, el Sr. Cardoso efectuaba numerosos viajes a París. Los familiares y colegas del Sr. Cardoso ignoran los motivos de la detención; el detenido ha sido incomunicado.
Como dato adicional señalamos que esta detención ha sido precedida de otras de numerosas personalidades a las que no se les puede señalar como pertenecientes a ningún partido de la oposición. La situación en Portugal es tensa.
Tráfico clandestino de pesetas
París, 31 marzo, Ibérica: -El periódico Le Monde de ayer inserta la siguiente noticia: «Un importante tráfico clandestino de moneda, que asciende a un total muy superior a cien millones de pesetas, acaba de ser descubierto en Irún por funcionarios de la brigada especial de delitos monetarios llegados de Madrid. Este tráfico afecta esencialmente a pagos en divisas de mercancías compradas en el extranjero. Numerosos industriales y comerciantes están comprometidos en el asunto. El director de una importante Banca de Irún ha sido detenido.
