Ibérica por la libertad
Volumen 2, Nº 11, 15 de noviembre de 1954

IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
Presidentes de Honor:
- SALVADOR DE MADARIAGA
- NORMAN THOMAS
Directora:
- VICTORIA KENT
Consejeros:
- ROBERT J. ALEXANDER
- ROGER BALDWIN
- FRANCES R. GRANT
- JOHN A. MACKAY
- VICTOR REUTHER
IBÉRICA se publica el día 15 de cada mes, en español y en inglés por Ibérica Publishing Co., Inc., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. Todo el material contenido en esta publicación es propiedad de Ibérica Publishing Co., Inc. y no puede ser reproducido en su integridad. Copyright 1954 Iberica Publishing Co., Inc.
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Duelo por don Álvaro de Albornoz1
Precisamente porque, siendo los dos republicanos, yo nunca pertenecí a los mismos partidos que Don Álvaro de Albornoz; precisamente porque pude disentir de algunas de sus posiciones doctrinales, (dicho esto sin perjuicio de reconocer la altísima espiritualidad y la honrada buena fe con que se movía en el campo filosófico-religioso); y, finalmente, porque, superando estas diversidades y potenciando su implícita llamada a una actitud de sincera estimación, me vinculó a Don Álvaro con sentimientos de respeto, de gratitud y de profundo afecto, la hidalga benevolencia que conmigo usó en los últimos años de su vida, hasta asociarme a su equipo gubernamental, estoy tan obligado como el que más a rendirle conmovido en esta hora triste y oscura de su muerte, el homenaje de veneración y de justicia que alguna vez tuve también el honor de presentarle durante su existencia dramática, y por tantos motivos ejemplar.
La profunda y dolorosa paradoja del luctuoso acontecimiento reside en el hecho de que este hombre insigne que, según los cómputos aplicables ordinariamente en la vida humana, muere en edad muy avanzada, ha muerto sin embargo joven, sorprendentemente joven, sobre todo por cuanto se refiere a su portentosa fecundidad intelectual, a su inextinguible ímpetu polémico y a la luz de su inteligencia: esa luz que nos seguirá iluminando como la de algunos astros que continúa llegando a nuestro planeta mucho después de haberse apagado en los arcanos del firmamento los luminares que la engendraban.
Cuando me estruja el corazón la noticia, todavía increíble, de esa muerte, me parecería una irreverencia, una profanación de la tumba recién abierta, ponerme a manejar frases retóricas al borde de la misma; pero no creo ofender el religioso respeto y la entrañable compunción que en esta hora nos inundan a todos los devotos de Don Álvaro si me permito afirmar que este hombre, un hombre que por sus propios méritos lo fue todo en este mundo, pudo repetir al abandonarle: «lo he perdido todo menos el honor», sin tener que añadir «menos la vida», porque, además de la Patria, el hogar, la salud, la hacienda, la relativa tranquilidad de un tiempo, acabó perdiendo la vida en la lucha extenuante que mantuvo contra la burda y grotesca tiranía instalada en nuestro País.
Tenía Don Álvaro, entre otras excelsas cualidades, una generosísima capacidad de entusiasmo, probablemente manifestación de aquel «espíritu de infancia», de aquella inmarcesible adolescencia que eran, para un hombre del temple y la valía de Bernanos, la gracia más ambicionada y como una señal de predestinación. -Su palabra encendida y vehemente, los filos inexorables de su pluma, su ímpetu polémico, circunstanciales reacciones, -después de todo, ¡tan humanas! -pudieron a veces ofuscar el juicio de algunos, o servir de infundado pretexto a la mezquina e injusta malquerencia de otros. Quienes tuvimos el privilegio de llegar a conocerle mejor debemos a su memoria el público testimonio acreditativo de que si era perfectamente posible, (¿cómo no habría de serlo, tratándose de un liberal como Don Álvaro?...) discrepar alguna vez de sus opiniones, sería en cambio, monstruosamente injusto desconocer las inextinguibles reservas de bondad, de generosidad, de selecta hidalguía, y hasta de humana ternura que atesoraba el alma de aquel gran batallador, de aquel soldado voluntario en todas las formaciones puestas al servicio de las causas que él juzgaba altas y nobles.
Conservo indeleble el recuerdo de cuando vino a Roma el año 48 para asistir a un Congreso del Partido Republicano Italiano, y todavía percibo la sincera emoción y el gesto de auténtica reverencia con que, frente al arco de Septimio Severo y a ese conjunto único en el mundo que forman las ruinas de los Foros, se volvió a mí, diciéndome: «¡Descubrámonos!»... Hacía muchos años que no venía a Roma, y al verla de nuevo le rebosaba el alma de emociones; porque tenía el sentido emocional de la historia, y en Roma sentía las dos grandes corrientes, cristiana y pagana, que secularmente la cruzan. -Tampoco olvidaré las conversaciones que alguna vez tuvimos ya entrada la noche, brujuleando por las tortuosas callejuelas romanas, tan cargadas de teología, de arte, de leyenda, de historia y de aventura; tan propicias por todo eso a ciertas expansiones del pensamiento. Fue entonces cuando comprendí mejor la férvida espiritualidad y el serio y reflexivo conocimiento con que abordaba sus lucubraciones personales en materias filosófico-religiosas, que tanto le atraían.
¡Ah, si de su vida, que acaba de extinguirse, acertáramos a retener lo que tuvo de ejemplar, y, -por fin-, todos unidos, defendiéramos lo esencial de los ideales, lo universal y eterno de los ideales que absorbieron su actividad y sus formidables energías!... Este sí que sería merecido homenaje a su memoria y a la de todos los que cayeron en la misma contienda.
JOSÉ M.ª DE SEMPRÚN GURREA
La reunión de Estoril
El pretexto de la reunión de Estoril convocada por D. Juan ha sido la presentación en sociedad de su hija María Pilar. El 15 de octubre D. Juan recibió sus amigos en la casa que posee en aquella ciudad. Al día siguiente los amigos daban un baile a la familia de Alfonso XIII en el Hotel Parque de Estoril, aproximadamente asistieron unas dos mil personas. La censura española había dado la orden de no dar publicidad alguna a esa fiesta, ni antes ni después de su celebración. Pero como los visitantes de Estoril han tenido que pedir su pasaporte para salir de España, se dieron cuenta de que la reunión podría tener importancia.
El asunto cayó en mal momento: Franco desea que el primogénito de D. Juan siga sus estudios en España, pero se dice que D. Juan no quiere enviar a España su hijo si no tiene ciertas garantías en relación con la propaganda monárquica y respecto a que se pueda comprometer a su hijo -y con él la monarquía- con el régimen actual de España.
Se venía diciendo que D. Juan pronunciaría algunas palabras delante de sus amigos. Toda la mañana de ese día se la pasó Nicolás Franco, hermano del caudillo y embajador en Lisboa, telefoneando a casa de D. Juan para obtener el texto del discurso. En la tarde Franco llamó a su hermano para conocer el famoso texto, pero tuvo que responderle que no lo tenía aún, pero que le llamaría por la noche. El día 15 D. Juan pronunció unas palabras delante de sus amigos en el jardín de la villa Giralda y anunció «que no desertaría de su puesto ni de sus deberes». No pronunció ninguna palabra desagradable para Franco. En vano llamó Nicolás Franco en la tarde para obtener el texto del discurso, de él dependía la autorización que pudiera darle Franco para asistir o no a la recepción del día siguiente. El embajador dio permiso a sus subordinados para asistir al baile, pero reservó la decisión respecto a él mismo. Al fin obtuvo el texto del discurso y llamó a Madrid.
D. Juan y su familia eran esperados a las 11.30 de la noche; la gente reunida en el jardín se preguntaba si Nicolás Franco asistiría o no. A las 11 en punto llegó como un particular cualquiera con su tarjeta de invitado. A las 11.45 llegó D. Juan y su familia. El embajador se había instalado en el balcón de una galería en el hall; la mujer del embajador fue la primera que dio la señal de los aplausos; gritó ¡viva el rey! y la cabeza de Nicolás había desaparecido detrás del borde de la galería. Sin embargo, Franco no ha respondido aún a la demanda de garantías que D. Juan le ha formulado. El duque de Almodóvar había oído del caudillo que contestaría después del 20 de octubre.
El Director de la Prensa ¿es antiguo comunista?
No sería imposible que surgiera un serio asunto en relación con el Director de la Prensa, Juan Aparicio -que es propietario del semanario El Español. A primeros del mes de octubre publicó en su periódico, en la sección habitual «Carta a los muertos», una carta al conde de Romanones llena de groseros insultos hacía su persona. Algunos días después, el ministro de Información, Arias Salgado, recibía una carta de uno de los hijos del insultado en la que decía que estaba dispuesto matar a Aparicio si no publicaba una carta de excusas en el mismo periódico. Cuarenta y ocho horas más tarde recibía una carta de Aparicio en la que se retractaba de las ofensas. Romanones no se consideró satisfecho, volvió a escribir a Arias Salgado precisando que las excusas de Aparicio debían publicarse firmadas por él mismo en El Español. Al mismo tiempo el conde de Mayalde, que es alcalde de Madrid y que es yerno de Romanones, escribía a Arias Salgado una carta idéntica. Pero no se paró ahí: fue él mismo a ver a Franco y le contó lo ocurrido, Franco no respondió nada. A mediados del mes de octubre, el ministro del Interior, Blas Pérez, contó en plena reunión ministerial el asunto entablado entre los Romanones y Juan Aparicio, añadiendo que ese «señor» era la tercera o la cuarta vez que causaba disgusto al Gobierno y que él y sus compañeros deseaba saber la decisión que se podía tomar sobre el asunto. «Es inútil hablar más de ese señor, pronto estará de vuelta en su casa» -respondió Franco.
Desde hace tiempo Franco posee un nutrido expediente sobre Juan Aparicio: en ese expediente se encuentran artículos publicados por el actual Director de la Prensa en 1933 y 1934 en pequeñas hojas comunistas de Madrid. Ante un personaje semejante ¿cual sería la reacción de los Estados Unidos?
Madrid, noviembre, 1954.
$391474 para U.S.I.S. en España
La España de Franco está ahora clasificada oficialmente por el Servicio de Información de los Estados Unidos entre las naciones pertenecientes al «Mundo Libre». El fascismo español figura en los archivos oficiales de esta Agencia junto con los sistemas democráticos de Francia, Italia y Alemania Occidental. Sobre esta base la Agencia recibe de los contribuyentes norteamericanos varios cientos de miles de dólares al año para mantener: a) su servicio de radiodifusión; b) su departamento español en el centro de transmisión de radio; c) cinco centros de información en España.
Todo el personal de estos centros de información ubicados en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao v Sevilla, es de nacionalidad española-cuatro empleados en cada centro, con excepción del de Madrid. Allí, según consta en los archivos, hay uno americano con horario completo, uno que sólo trabaja unas horas diarias, seis españoles de planta y uno con sólo unas horas al día.
Se supone que todo este personal ha recibido la aprobación del fascismo español para ocupar sus respectivos puestos y por ende la bendición de Franco. Sin duda ellos bien comprenden que, bajo el régimen español fascista -llamado así por las Naciones Unidas- es un crimen difundir sentimientos republicanos o verse envuelto en actividades subversivas tales como poner en duda uno de los principios fundamentales de Franco, expuesto en la plataforma de Falange, de que el estado es «un instrumento totalitario». Es de suponer que ellos se conducen con arreglo a esas normas.
Según el presupuesto del Servicio de Información de los Estados Unidos, mantener esta región del «Mundo Libre» -donde el espíritu de la libertad yace encadenado a una roca y constantemente torturado como Prometeo en la antigüedad- cuesta a los contribuyentes norteamericanos $391474. Cabe especular cuántas cosas podrían hacer con este dinero los espíritus verdaderamente libres que quedan aun en España.
La distribución de esta suma sería: $110932 para el mantenimiento de los cinco centros de información en España; $65440 para sostener el departamento español; $163218 para facilitar la transmisión de un programa radiado; otros programas y varios gastos generales: $51884. Esta suma cubre un programa regular de 30 minutos.
Es sorprendente que se destine $280542 para estos servicios en España mientras que se ha presupuestado $285190 para igual servicio en Vietnam, poco antes de la caída de Hanoi y $287617 para Japón.
Cuando la Comisión de Asignaciones del Senado investigaba los servicios prestados por los centros de información, Theodore C. Streibert, director de la Agencia, explicaba que «los instrumentos utilizados en estos centros de información son libros y cosas parecidas»
, y que sus actividades «van dirigidas consciente y positivamente hacia los dirigentes de las comunidades donde están ubicados estos centros»
. «Consciente y positivamente»
, es decir, a los dirigentes fascistas de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y Sevilla, debidamente reconocidos como tales.
En Madrid, una imprenta edita folletos y circulares contribuyendo de esta manera al trabajo del centro.
Los miembros de los comités parlamentarios no interrogaron sucintamente al señor Streibert sobre la naturaleza y efectividad de las radiodifusiones a España. Tampoco hubo manifestaciones de sorpresa cuando se clasificó a España como miembro de la familia del «Mundo Libre».
Sin embargo, Margaret Smith, Senador por Maine, observó que las radiodifusiones a los diferentes países deberían ser evaluadas. «¿Cuándo fue la última vez que se evaluó la efectividad de estas trasmisiones?» -preguntó. A lo que Streibert contestó:
«En este momento estamos tratando de valorizar nuestros programas de radiodifusión en Español. Existe una diferencia de opinión entre la gente de la radiodifusora aquí y el personal de la base». |
Sin duda existen también decididas opiniones entre los españoles amantes de la libertad que viven en el exilio.
Casi a diario la prensa informa como funciona la libertad de prensa en España-noticias que como es de suponer no son retransmitidas a España por el Servicio de Información de los Estados Unidos.
Es que no existen en nuestra propia América fuerzas libres suficientemente decididas y valientes que pongan fin de una vez por todas a esta malversación del dinero del pueblo americano?
Maniobras en honor de Franco
El 9 de octubre, a unas cincuenta millas de la costa de España, la Sexta Flota de la Armada Norteamericana, al mando del Vice-Almirante Thomas S. Combs, ponía los últimos toques al ensayo de cuatro días que se efectuaba para la preparación del festival que se organizaba en honor del dictador de España. Como parte del programa figuraba una exhibición de aviones de bombardeo de dos motores que se lanzaban en picado hacia un blanco remolcado por el buque insignia de la flota, Coral Sea. En la maniobra perdió la vida el Alférez Glenn E. Tucker, de East Lebanon, Maine, al precipitarse su avión sobre el mar a una velocidad de 600 millas por hora, el aparato quedó inutilizado. Otro avión efectuando la misma maniobra resultó averiado.
Al día siguiente Franco, huésped del Almirante a bordo del buque insignia, desde un sillón en la cubierta de vuelo del barco, presenciaba el festival organizado en su honor. Durante ocho horas aviones de todos los tipos efectuaron maniobras en honor de Franco, el Ministro de Marina, el del Aire y unos veinte oficiales de alta graduación. Al finalizarse el festival Franco envió «sus más amistosos saludos» al Presidente Eisenhower, manifestándole su admiración ante tan grandioso espectáculo. No hizo mención alguna al guardiamarina de Maine de 23 años de edad que perdiera la vida por contribuir al lucimiento del espectáculo.
El incidente produjo fuerte impresión en los círculos navales de Washington. A muchos de los oficiales navales de alto rango les repugna la idea de sacrificar la vida de un guardiamarina a fin de que la Armada pueda presentar un espectáculo para la educación de Franco. Pero al mismo tiempo son los más ardientes propagandistas de la idea de estrechar relaciones con Franco. Esto se trasluce en el anuncio que hiciera el Almirante Combs poco después de las maniobras, al manifestar que abrigaba la esperanza de poder tomar parte muy pronto en maniobras combinadas con la flota española.
Batallas en Suecia
De Suecia nos llega un extraño relato. Hace poco un diario de Estocolmo, el Dagens Nyheter, publicó una crítica favorable del libro Mi Misión en España por Claude Bowers. Este mismo periódico patrocinaba un acontecimiento deportivo en el que participaba un equipo de football español. El Embajador de España en nombre de su gobierno, pidió una explicación al periódico. Cuando éste rehusó darla, el equipo de football recibió una comunicación de Madrid en la que se les prohibía participar en el campeonato. A fin de que pudiera jugarse el partido, el periódico hubo de retirar su patrocinio.
Pero el intento de hacer callar la prensa sueca tuvo sus repercusiones. Poco después del incidente, un diario de Gothenberg publicó un artículo de una página por el conocido escritor Ernest Dethorey comentando el libro. Otro periódico sueco, Tidningen, publicó otra crítica de Anna Lenah Elgetrom, que trabajó durante seis meses para los niños de España. Aparecieron así en toda la prensa sueca referencias sobre el libro. Evidentemente existe una marcada diferencia entre lo que constituye libertad en Suecia y en la España de Franco.
A propósito, Mi Misión en España acaba de aparecer en Inglaterra y ha sido acogido con aclamación. Los laboristas lo ven con complacencia porque él justifica más aún la posición de su partido durante la guerra civil española.

Las cartas que nos llegan de España vienen saturadas de asombro. Afortunadamente para España, los españoles somos aun capaces de asombro. Conservamos alma ingenua de niños y sonreímos al mundo con esperanza de cosa nueva. El dolor no nos ha emponzoñado el aliento espiritual, y por eso conservamos voluntad de nueva fe. La última carta recibida es de un ex-compañero de celda en lo que llamábamos Reformatorio de Adultos, pues en eso se había convertido el Reformatorio de Alicante. Un párrafo de la carta dice así:
Miguel Hernández. Dibujo hecho por un compañero de cárcel el día de su muerte
Y todo porque Miguel Hernández supo y quiso definirse en misión de poesía. La guerra española, en su frontera espiritual, a la herida de muerte y vulneración de la luz en los días, hizo su primera víctima, realidad y símbolo, en la persona de Federico García Lorca. En el otro extremo del arco, la guerra que empezó asesinando poesía, la ultimó con otro homicidio selectivo en la figura de Antonio Machado. La traición apuntó desde el primer momento al corazón del espíritu, marcando posiciones frente a los destinos de España. Los poetas también hicieron trinchera de su verso, y a la par del pueblo lucharon por la supervivencia de la poesía.
En este frente de la poesía contra el fascismo empuñó verso y arma el poeta español Miguel Hernández. Antes había empuñado cayado y esteva. Nació en 1910, en Orihuela, provincia de Alicante. ¿Recuerdas, lector, la Oleza de Gabriel Miró en Nuestro Padre San Daniel y El Obispo Leproso? Oleza es Orihuela. Ciudad levítica, santurrona, espíritu misacatano, hierático. Hoy... ¿qué será hoy Orihuela? En ese ambiente de estampa y cogulla se deslizó la infancia del poeta. Hijo de padres campesinos pobres, cuidó ganado en su infancia y aró bancales en su mocedad. Su apasionado espiritualismo le hizo fermentar en poesía el dolor de su tierra. Allí mismo fundó una revista llamada El Gallo, clarín de poesía, creyendo a la vez que en las sacristías se atesoraba toda la ciencia del mundo.
Pero el mundo fue prenda de su voluntad, y con madurez de veinticinco años, en 1935, Miguel Hernández llega a Madrid. Sufre sed de formación e información. Trata a poetas, devora libros, presenta manuscritos. Tiene ya en su haber Perito en Lunas, venero gongorino, y el auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve, de empuje calderoniano. Escribe poesías que van integrando el mensaje de su temperamento, temperamento de hombre rotundo, definido, vibrante, con fuerza de hacha y gracia de ruiseñor. Su fibra hispánica, majeza de toro, lleva palabra de albedrío rutilante en la banderilla de su sensibilidad. Pero a fuer de español y lírico es un metafísico con saudades de muerte. Su gracia de los primeros días sabía armonizar con el ritmo de los nuevos elementos:
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Así dice en «Vuelo Vulnerado», en la estrofa «El Aeroplano». Pero siempre con nostalgia por la tierra de su ancestro y su aventura. Se irrita contra la vanidad de los rascacielos, contra el sombrío subterráneo del metro, contra el asfalto, impiedad para su planta campesina:
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Tan de pueblo y de tierra, y por eso enraizado en la sangre clásica de la España en poesía. Su «Égloga» a Garcilaso es un deseo carnal de hacerse presencia en el ayer de nuestras letras con el hoy de nuestra sensibilidad democrática, argumento de hombre a ritmo con el múltiple sentir del pueblo.
En la hora de las grandes decisiones Miguel Hernández no titubeó. Estuvo donde su mensaje al clamor de los vientos anunciaba:
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Fue en la fecha siniestra: 18 de julio de 1936. Estalla la sublevación militar. Miguel Hernández se enrola en la milicia poética del pueblo español. Lanza su libro Viento del Pueblo. ¡Cuán diferente el contenido de sus poemas al de tanto poeta! Su luz de levante se le convierte en recia dignidad castellana, sin lágrimas ni súplicas.
Poética y ciudadanamente fue un miliciano. Si en su emoción instintiva arraigaba el coraje de su origen campesino, en su refinamiento se acumularon los clásicos burilando la palabra rutilante, galana. Tuvo también su preciosismo, pero sin rebuscamiento, natural, como la tierra que le acunó su rudeza. Un preciosismo de estirpe hispana, pesimista, como en este soneto de su serie «El rayo que no cesa».
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Alentaba en él un presentimiento de liberación por la muerte. La libertad la hermanaba con el ascendimiento de las almas, y no por convicciones panteístas sino por ese realismo crudo del alma española. Así dice en «El Silbo de las Ligaduras»:
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¿Fue, acaso esta prevención de muerte en la libertad, la que le hirió el alma en las postrimerías de la guerra? Herido mortalmente cayó, no por las balas sino por el odio. Y tuvo que sufrir el postrer calvario de su pena, aquella pena «hija del alma y prima de la vena»
, que le suavizaba el áspero limón de su amor, que se le hizo cardo punzante y herida para el silbo de su fallecimiento.
Murió en la cárcel de Alicante el 23 de marzo de 1942, a los tres años de haber terminado la guerra española. Murió consumido por la tuberculosis, tirado en el suelo, hambriento él, hambrientos su mujer y su hijo. En uno de sus poemas escritos en la cárcel, el que titula «Nanas de la Cebolla», cuando la mujer le comunica por carta que sólo comen pan y cebolla, dedicado a su hijo, dice:
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Y termina así:
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Bien purgó su delito de poesía. Repudiando la asistencia eclesiástica que se le quería imponer, y por eso muriendo sin asistencia médica, acompasando su muerte con la muerte de sus compañeros de infortunio. Sin embargo... sus homicidas lo quieren reivindicar editando sus obras, pero ¿quién reivindicará su muerte? Y como muere el hombre es lo que define su vida. Y él murió en brazos del hambre y del odio de quienes ahora quieren reivindicarlo haciendo testimonio de su obra escrita, olvidando su obra viva, la que conduce a la muerte con dignidad.
Nos lo arrebataron en vida y nos lo quieren devolver en letra. Pero en él, letra y vida formaban un todo indisoluble. Y su letra, por falsificada que se nos muestre, era tan de él, que nos hace presente su vida y su muerte. Falsificada, sí. Lo que no se ha hecho en otros regímenes totalitarios se está haciendo por el falangismo.
En la Italia de Mussolini no se podía decir que Matteotti fue asesinado por el fascismo. En la Alemania de Hitler estaba vedado proclamar que el nazismo asesinaba la cultura. En la Rusia de Stalin se castigaba con la muerte afirmar que Maiakowski, Essenin, Boris Pilniak y otros fueron «suicidados» por la M.V.D. En España se sabe bien que el falangismo asesinó a Federico García Lorca y dejó a Miguel Hernández morir de hambre en la cárcel. Pero en la Italia de Mussolini no se editaban obras de Matteotti ni en la Alemania de Hitler se editaban obras de Thomas Mann, ni en la Rusia de Stalin se editaban obras de los poetas asesinados por el régimen. Peor en la España de Franco hay sedicentes poetas tan mercantilizados como para explotar económicamente a los poetas asesinados, falseando su testamento poético. Es el caso de una edición de «poesías completas» de Antonio Machado, en la que se suprime lo más personal de su poesía. Es la edición de la s poesías de Miguel Hernández, en la que igualmente se le mutila su espíritu.
Inútilmente buscamos en «Obra Escogida» de este poeta alicantino, editada por Aguilar, de Madrid, lo que más altamente lo definió como poeta abrazado a su pueblo en lucha con la barbarie. Sus poemas: «Sentados sobre los muertos»:
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Ni su poema «Llamo a la juventud», cantando «La muerte junto al fusil...». Tampoco vemos su romance «Vientos del pueblo me llevan», afirmando su voluntad de muerte hispánica:
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Ni su imprecación a «Los Cobardes», ni su «Elegía a la Muerte del comisario político Pablo de la Torriente», cubano que se enroló voluntario en nuestras milicias. Ni su «Canción del esposo soldado», ni el soneto «Al soldado internacional caído en España», ni su poema a «Las Manos», ni su poema «Ceniciento Mussolini», como tampoco su lírica, «Visión de Sevilla».
Ninguno de esos poemas vemos en esas antologías. Y esa es la dramática agonía de la poesía española. Los poetas ya no pueden cantar con toda su voz. Se amputa la voz de los poetas muertos. Sólo la mentira vuela libre por los ámbitos de la poesía española, pues quien no dice toda la verdad que sabe, dice mentira. Los recopiladores de la poesía de Miguel Hernández, acomodándose al ambiente, tienen que enlodar su alma hasta el grado de borrar de dicho poeta su voz más pura, su verso más robusto, su rima más cuajada de sangre, su aliento de más profunda muerte, todo ello a compás del dolor de España.
F. FERRÁNDIZ ALBORZ

Contestando a Madariaga. Sobre lo colonial y lo castrense3
Me complace mucho que acepte Madariaga el punto de vista de lo castrense y colonial español. Creo que estamos de acuerdo en el fondo, lo que me halaga porque Madariaga es un escritor sutil y profundo. Más que polemizar trataré de añadir algunos argumentos y puntualizar y subrayar los anteriores.
Comprendo que en Cataluña hay elementos castrenses y que en Salamanca los hay coloniales. Aunque también es verdad que los profesores que se han atrevido a representar el pensamiento «colonial» en Salamanca (el Brocense, Fray Luis de León y otros) lo han pasado siempre mal. Los filósofos de acento «colonial» ya fueran castellanos (Juan de Valdés) o valencianos (Vives,) tuvieron que vivir fuera de España.
No todo es «colonial» en Cataluña. Es verdad que los catalanes han tenido también caballeros andantes pero el caballero catalán se llamaba Tirant lo Blanc y como sabe Madariaga es la antítesis de Amadís y de su extensa parentela. Eso no quiere decir que las virtudes castellanas no aparezcan en la ribera del Llobregat y las catalanas en las tenerías de Segovia.
Las personas de las que habla Madariaga como ejemplos contradictorios de lo que yo decía representan sólo casos aislados. Y no todos los ejemplos son justos. Azaña por ejemplo (castellano) aunque parecía en su teoría política una reencarnación de Pi y Margall (catalán) tenía tendencias castrenses en su carácter y en su obra literaria. Los ejemplos individuales complicarían la cuestión demasiado. Sería el cuento de nunca acabar.
Lo castrense y lo colonial se da en cada provincia pero si comparamos en bloque la de Ávila por ejemplo con la de Sevilla las diferencias son claras. Si comparamos Pontevedra con Málaga o Alicante con León, también.
En todo caso ese contraste (sol y sombra) de lo colonial y lo castrense sólo se produce en España y se comprende si pensamos que de los veinte siglos de historia documentada que tenemos nos hemos pasado diecisiete peleando dentro de nuestras fronteras. Los períodos de paz superficial (siglos XVI, XVII y XVIII) han estado minados por una sorda ideología representada por las persecuciones de la inquisición y guerreando fuera de España, en Europa o en América.
Esos diecisiete siglos de espada y lanza hicieron de la geografía de España un mapa militar en donde las alturas tenían valor estratégico y los valles valor económico. Hay pocos valles en España que no estén dominados por un castillo al que han tenido que servir por las buenas o las malas. La montaña es castrense. El valle, colonial. La montaña sueña y pelea y exige «raciones» al valle que trabaja y produce y trata en vano de hacer leves civiles.
En Aragón donde tenemos el «bajo» y el «alto» y donde los ejemplos colonial y castrense son de una elocuencia especial la gente ha formado en sus dichos y proverbios síntesis curiosas. Ya que interesa a Madariaga el aspecto psicológico no está de más recordar que el montañés típico es inseguro de carácter, aventurero, pendenciero y quimerista. Le gusta el contrabando, la caza y la guerra. La aventura en el mar o en ultramar. El castrense montañés era el que encontraba sólo tres salidas en la vida española: iglesia, mar o casa real. El ribereño es hacendoso y de espíritu ordenado. El montañés tiene una tendencia autocrática y el de la tierra baja democrática. En general, claro.
Por una ley natural la mujer en cada caso suele inclinarse (psicológicamente) a lo contrario que el hombre. Los sexos bien diferenciados son una parte del buen orden natural. Y los campesinos del Alto Aragón dicen: Muller d'abaxo con home d'arriba, casa abajo. Quieren decir que el montañés arbitrario y déspota con la mujer del valle acostumbrada a vivir con cierta comodidad liberal arruinan la hacienda. En cambio lo contrario resulta muy bien: Muller d'arriba con home d'abaxo, casa arriba. La mujer montañesa tiranizada por el hombre a través de las generaciones, cuando marida con el hombre de abajo, laborioso y comprensivo, levantan la hacienda y se enriquecen. La montaña y el valle están muy bien diferenciados, en los psicológico. Y la montaña es castrense en España, país de castillos.
Para cualquier español no es difícil clasificar a su compatriota desconocido después de sostener con él una conversación de algunos minutos en el tren o en el café. Se sabe enseguida si su origen es castrense o colonial. En Francia no sucede nada de eso. A pesar de que Francia ha tenido un pasado feudal que casi no ha existido en España hay una homogeneidad de maneras y de reacciones en sus naturales que sorprende. No se trata pues sólo de política ni de economía sino de historia, de tradición... y de geografía.
El único plano de la vida española en donde la síntesis de lo colonial y lo castrense se ha hecho, es el de la literatura. Nuestros grandes libros representan una síntesis sabia en la que predomina lo colonial, es decir lo substancial y radical español. Por eso -por esa síntesis- nuestra literatura es grande y por no haber sabido hacerla en su campo los políticos, nuestra política es pequeña. No es extraño, pues, que la literatura de gloria y luz a España y la política desgracia y sombra.
El ejemplo mejor de esa síntesis literaria de lo colonial y lo castrense es La Celestina, que roza el prodigio. El Quijote, mucho más tarde repite el milagro aunque de un modo más consciente por decirlo así y con ese poso negativo que representan siempre la ironía y la sátira aunque sean tan humanas y comprensivas como las de Cervantes. Casi toda la novela picaresca es también una síntesis. Hay en ella sátira venenosa contra la Iglesia y contra la justicia legal pero los demás aspectos de la vida española están tratados con una tendencia al entendimiento. El hidalgo hambriento del Lazarillo de Tormes no es un matamoros arrogante sino un hombre digno y pobre que espera su oportunidad. Sonreímos leyendo esas páginas encantadoras pero sabemos que si a ese hidalgo que no tiene más que su espada lo ponen en condiciones adecuadas será un Roger de Flor (catalán) o un Paredes (extremeño) o un Gonzalo de Córdova (andaluz). El lazarillo lo presiente, por instinto. La España colonial sabe también de heroísmos y de santidades. Sin ella no se hubiera conquistado América ni llevado alrededor del globo nuestro idioma.
El tema sería interminable y supongo que en los puntos más vivos Madariaga estaría de acuerdo. Lástima que la síntesis que hemos sabido hacer en la literatura desde el Arcipreste de Hita hasta el mismo Madariaga no intentemos hacerla en la política. Por un hecho curioso en las letras hasta los autores de naturaleza más «castrense» como Calderón daban su obra definitiva en el plano populista: El alcalde de Zalamea. En cambio en la política moderna hasta los jefes de partido más «coloniales» (Largo Caballero por repetir la cita de Madariaga) a la hora de la verdad se inclinaban a lo castrense tal vez por el peso de una tradición de diecisiete siglos. Pero Pablo Iglesias compatriota de Madariaga no tenía nada de eso.
Entre los políticos españoles resentidos casi siempre con los escritores, había muchos escritores frustrados. Lo digo pensando en Cánovas del Castillo, en el mismo Maura y en otros más próximos a nuestros días. Pero si hicieran ellos en el campo de la acción política y de la organización y la administración la sabia síntesis que hicieron los escritores españoles, otro gallo nos cantara. Ni estaríamos en el exilio ni el pueblo español padecería esclavitud. Hasta los místicos castellanos y más tarde el jesuita Gracián lograron esa síntesis a su manera y por haberla logrado padecieron persecución de la España castrense o de la parte más castrense (más encastillada) de sus órdenes o de la Iglesia. Ya ve usted, Madariaga, como se equivoca en cuanto a la simplicidad de matices de mi idea de lo castrense.
El secreto es muy simple como suele pasar con las cosas de apariencia más complicada. Los escritores han sabido comprender nuestro problema, (sobre todo los escritores de entendimiento más que de intelecto). Los políticos parece que se afanan y empecinan en todo lo contrario. Mientras el escritor explaya el político deslinda, cerca y excluye. Cada político español que forma partido parece seguir la tradición castrense y construirse un castillito donde se encierra poniendo el rifle en la aspillera. Yo creo que el día que bajen todos al valle, a la ribera y sepan entender y hacerse entender de la España radical -de raíz- (la que ahora trabaja y calla) todos nuestros males estarán resueltos. Seremos felices o desgraciados pero lo seremos todos juntos y trabajando en una misma dirección. Si eso es posible, aún.
RAMÓN SENDER

De no ser por la sangre que ha corrido y que puede volver a correr, nos gustaría abordar el tema de las enclaves portuguesas en una forma humorística. La actitud de Portugal es ridícula. El «Estado Novo» pretende ignorar, con sus ínfulas de trasnochado conquistador de los mares, el gigantesco terremoto social que sacude a Asia y quiere colocarse, con la negra beatería de su régimen, por encima de la revolución india, luz de esperanza para millones de parias explotados a lo largo de siglos por el imperialismo.
Pero, por fuerte que sea la tentación, dados los elementos bufos aportados por el Gobierno de Lisboa, el actual conflicto entre Portugal y la India no puede ni debe tomarse en broma porque hay en su trasfondo muchos aspectos serios y graves. Están, por un lado, las legítimas aspiraciones de un pueblo que, a pesar de su incipiente madurez política, ha tenido la suficiente paciencia, después de conseguir su independencia de Inglaterra, para esperar inútilmente largos años a que en Lisboa se fuera gestando un criterio razonable, ajustado a la realidad, que permitiera solucionar el problema de la manera más amistosa. Hay, por el otro lado, la intransigencia imperialista de unos hombres -que no de un pueblo- empeñados, al parecer, en perpetuar allende los mares, en unos territorios que tienen su bandera por los azares de la aventura colonialista, los mismos métodos dictatoriales de explotación con que sojuzgan a su pueblo.
El pleito de las enclaves extranjeras en territorio de la India data prácticamente de 1947, cuando el Gobierno de Nueva Delhi, libre ya del coloniaje inglés, anunció su irrevocable decisión de no consentir colonias extranjeras en su territorio nacional. Así lo hizo saber a Francia y a Portugal, dueñas de dichas enclaves, las cuales acogieron de mala gana el anuncio. No hallando nada que justificara la prolongación de su presencia allá, el Gobierno francés de la época trató de agarrarse al clavo ardiente del derecho de libre determinación de los pueblos. A partir de ese momento, Nueva Delhi, con esa proverbial paciencia que tantos éxitos le ha valido en su lucha por la paz mundial, empezó a dar muestras de su actitud razonable al aceptar -a pesar de su incongruencia y del riesgo que podían representar las coacciones de las naciones coloniales- la organización de referéndums en las enclaves.
De esa manera ha podido convencer al Gobierno de París, no sin grandes forcejeos y altibajos en las negociaciones, que las poblaciones de las enclaves están abrumadoramente a favor de su incorporación a la Unión India. Hoy, gracias, una vez más, a la gran visión realista de Mendès-France, la amistad de los dos países va a quedar a salvo con la salida de los franceses de Pondichery y demás territorios que todavía ocupan. Francia se ha convencido sin duda de que la India no es ya el mismo subcontinente donde en 1640 quiso levantar, sin éxito, un gran imperio.
En cambio, el totalitario y fascistizante Estado Novo ha rechazado desde un principio las propuestas de la India con una altivez que no corresponde, desde luego, a los medios de que dispone para defender Nova Goa. Confía, sin duda, en que su afiliación al Pacto del Atlántico le valdrá los apoyos necesarios para seguir manteniendo sus pretensiones imperialistas. Y aquí, en su proyección en el campo internacional, es donde el pleito luso-indio cobra su verdadera importancia. Porque lo que Portugal pide, al invocar artículos del Pacto del Atlántico, es, ni más ni menos, que la alianza salga, con la divisa de todos para uno, en defensa del colonialismo lusitano.
Y las naciones del Pacto del Atlántico dieron el triste espectáculo de la inhibición, en lugar de definirse claramente, y de decir a Portugal que está confundiendo la finalidad de la alianza defensiva, o, lo que es peor, están haciendo dudar una vez más al mundo occidental sobre la concepción que del colonialismo tienen los que dicen haberse aliado en defensa de la democracia, de la libertad y del derecho de autodeterminación de los pueblos. Algunos, como Canadá, interpretaron el artículo cuarto del Pacto del Atlántico Norte en el sentido de que «cualquier
país miembro de la OTAN tiene derecho a someter al Consejo de la Organización todos los casos que, a su juicio, puedan constituir una amenaza contra la integridad, la independencia y la seguridad de sus territorios, dondequiera que se encuentren»
. Falta demostrar ahora que no es Portugal quien está menoscabando la integridad territorial y la soberanía de la India.
Los países de la OTAN adoptarían esa actitud en los momentos cruciales para Occidente en que sus líderes trataban de forjar un sistema defensivo -la SEATO- para el Sudeste Asiático. Y cabe preguntarse: ¿Es con esa política de solapado apoyo a la actitud ridícula, injusta y obtusa de Lisboa, con la que los dirigentes de Occidente quieren convencer a los pueblos del Sudeste Asiático -que todos prácticamente están luchando todavía por su soberanía nacional- de la necesidad de una alianza defensiva por ellos?
General Muñoz Grandes
« ¡Por favor, mi General! Déjeme sitio para la Estrella de Lenin»
Así pues, la pose ridícula no es sólo de Oliveira Salazar sino de todos los que han acogido en el seno de la Alianza Atlántica a la «república» portuguesa, que no es sólo la negación más absoluta de la democracia, sino una de las dictaduras más anacrónicas, aferrada todavía a los conceptos ya putrefactos del imperialismo colonialista. Las lacras del régimen totalitario de Lisboa -comparable sólo al que en el resto de la península ibérica sojuzga al pueblo español- asomaron en la fachada del edificio atlántico. La dictadura oprobiosa que confina a la oposición política en campos de concentración que han ganado triste fama internacional, el régimen fascisto-clerical que amaña elección tras elección para perpetuar en el poder al sátrapa, que no permite el ejercicio más elemental de la democracia política, que ha pretendido aumentar el rendimiento de su explotación colonialista ofreciendo a los Estados Unidos bases militares en las enclaves indias (y que éstos han rechazado), que traicionó a su tradicional amiga Inglaterra vendiendo tungsteno a Hitler en plena segunda guerra mundial, que presume de beata moralidad y practica en Goa la trata de blancas en gran escala, se atreve a pedir al «mundo libre» que le salve unas posesiones insalvables. Esas posesiones son parte integrante de la Unión India, una nación que no necesita militar en ningún pacto para darse un régimen democrático y seguir una trayectoria internacional cuya brillantez no resiste comparación con la tenebrosa noche en que Oliveira Salazar y los suyos tienen sumido al pueblo portugués.
RAMÓN LAMONEDA IZQUIERDO
El 22 de octubre último se firmó en París, después de los acuerdos de Londres, el protocolo que ordena y ha de servir de base a las futuras relaciones entre Inglaterra, Francia y Alemania Occidental, en unión con los Estados Unidos. No ha sido tarea fácil llegar a este punto: han precedido a este protocolo convenios, tratados y protocolos también, y múltiples reuniones de los representantes de las potencias del Oeste Europeo desde la firma del Pacto del Atlántico en Washington, el 4 de Abril de 1949. Para llegar a una situación de inteligencia y articular un programa conjunto, militar y económico, ha sido necesario vencer dificultades de gran volumen. Había que robustecer el potencial alemán descartando el peligro de una futura agresión europea, había que incorporar a Francia a una alianza a la que, en principio, era opuesta, había que llevar a Inglaterra a solidarizarse con la defensa del continente europeo en otras condiciones. Hubo, en fin, que hacer marchar unidas a dos potencias secularmente rivales, dos países racialmente distintos, de idiomas diferentes y costumbres antagónicas.
Los acuerdos de París recibirán de una parte de otra, de la Asamblea francesa y del Parlamento de Bonn, las ratificaciones necesarias, las leves manifestaciones de desacuerdo que hemos observado muestran que el protocolo ha logrado el punto medio, es decir, que recoge el pensamiento de la mayoría de los países firmantes, en particular de Francia y Alemania.
Mientras aplaudimos este acercamiento de la distancia que parecía insalvable entre Alemania y Francia para unirse en una empresa común -«la empresa europea»-, mientras contemplamos esta perspectiva esperanzada volvemos la vista a España. Han pasado casi veinte años de esa atroz guerra civil que la desangró, guerra entre los que hablan la misma lengua, entre los que celebraban juntos sus fiestas, entre los que se calientan bajo el mismo meridiano solar y observamos que después de esos veinte años España continúa su obcecada y antipatriótica política de desunión entre los Españoles. España no ha dado un paso en el camino de una fraternal reconciliación. Continúan las detenciones y encarcelamientos de individuos por pertenecer a organizaciones de trabajo otras que los sindicatos oficiales; se encarcelan y están sujetos a proceso desde hace más de veinte meses individuos que han intentado organizar una logia masónica; se persigue a los españoles protestantes y se impide a los judíos sus prácticas.
Mientras esto ocurre en el interior, España pretende entrar a formar parte del Pacto del Atlántico. Por muy ingenuos que seamos, a nosotros no se nos puede convencer de que un país que mantiene la desunión entre sus ciudadanos pueda
ser un leal auxiliar de los extranjeros. Tendríamos que ver el milagro para rectificar. Por esa misma imposibilidad que señalamos, en España se habla, no de entrar a formar parte de la unidad europea, calificando de inservibles las unidades
geográficas, sino de una «unión con el Continente Americano». Pero la lógica de las dictaduras es original, el ministro de Asuntos Exteriores de España habla de «dar facilidades a los exilados españoles no responsables de crímenes ni delitos...»
para que puedan visitar temporalmente España.
Desearíamos ver a Franco empeñado en iniciar un equilibrio en su país, la convivencia entre los que piensan como él y los que no piensan como él: desearíamos ver a su régimen opresor dar algunas señales de ceder en sus férreos procedimientos; es decir, desearíamos ver indicios de paz interior. Hablar de «los exilados» es un viejo cuento, la gente ya está de vuelta, y hasta nosotros norteamericanos, tachados de ignorar los asuntos europeos, sabemos a qué atenernos con la propaganda vieja de los «criminales exilados españoles». La farsa ya ni si quiera entretiene a los que la representan. Los exilados españoles han mostrado aquí, y en todos los países donde han sido acogidos, su noble calidad y su capacidad de trabajo: clínicas, laboratorios, escuelas, universidades de todo el hemisferio americano han incorporado a sus equipos -sino a sus puestos directivos- refugiados españoles que colaboran al engrandecimiento de esas instituciones.
La declaración conjunta de los presidentes Eisenhower y Adenauer hecha el 27 de Octubre, expresan la creencia en que esos acuerdos firmados en Londres y París serán una gran ayuda a la libertad de Alemania y a la unidad de Europa. En efecto, hay signos de que la esperanza renace para los europeos, para algunos de los europeos; para los Españoles, de dentro y de fuera de España, continúa sin tregua la espada levantada.


Visita de Muñoz Grandes
El general Muñoz Grandes, jefe de la División Azul que marchó contra los aliados en la última guerra mundial, ha sido huésped de los Estados Unidos durante los días 4 al 22 del pasado mes de octubre. Durante este periodo ha visitado la tumba del Soldado Desconocido en Arlington, ha sido condecorado con la Orden del Mérito por el general Ridgway y ha hecho una inspección militar a través del país.
Antes de marchar de los Estados Unidos hizo declaraciones a la prensa mostrándose satisfecho de su visita, pero, añadió: «Solo me llevo de esta espléndida visita la tristeza de ver que en los Estados Unidos se desconoce a España, lo
que es fruto de las calumnias y mentiras propaladas contra España»
.
Masones encarcelados
En la cárcel de Madrid se encuentran presos desde hace cerca de dos años quince españoles, por el delito de intentar reorganizar instituciones masónicas. Recordemos que ser masón es delito en España desde el año 1939 en que una «ley» lo determinó así. La vista del juicio se había fijado para mediados del mes de octubre, pero ha sido aplazada sin que se sepa la causa. Por este mismo delito se encuentran encarcelados en Barcelona otros diez españoles desde 1952.
Carbón para Asturias
Harold Stassen, jefe de las operaciones de ayuda extranjera, ha propuesto el envío a España de diez millones de toneladas de carbón. Su propuesta no ha sido acogida con entusiasmo por ninguno de los dos países, ni por los Estados Unidos ni por España. El Sr. Stassen razonaba su propuesta pretendiendo que con ella se mejoraría la situación de la falta de trabajo en las minas americanas pero la Unión de Mineros (United Mine Workers Union) ha respondido que ese razonamiento no era más que un tema de propaganda política, porque esas toneladas de carbón no significaban más que una semana de trabajo.
Del otro lado, en España la propuesta de Sr. Stassen ha sido mal recibida. Los mineros de Asturias creen que ese número de toneladas de carbón norteamericano «paralizará, en cierto modo, el ritmo de trabajo que ahora siguen». Actualmente salen de las minas asturianas catorce millones de toneladas anuales y los técnicos afirman que esa cifra cubre las necesidades españolas.
La tragedia del trigo
Según datos aparecidos en revistas agrícolas españolas, la cosecha de trigo de este año es superior en mucho a la de años anteriores, tanto es así que se la ha calificado como «la primera cosecha del siglo». Esta abundancia es materia de preocupación para los agricultores españoles. Una buena cosecha es siempre motivo de regocijo, pero las circunstancias llegan a cambiar las normas naturales: el excedente de las importaciones norteamericanas, importaciones que forman parte del plan de ayuda económica, desequilibra este año la economía española.
La magnífica cosecha que podría ser un beneficio para España corre el riesgo de ser una tragedia. En un país con poder adquisitivo la abundancia de producción se traduce en abundancia de alimento para el pueblo. En España no ocurre esto: no hay compradores porque no hay el consumo necesario. Los precios están fijados por el Estado, mientras el pueblo español no tiene capacidad adquisitiva. Esta es la tragedia de la abundancia de las cosechas en España.
Argentina y España
Las relaciones entre Madrid y España parece que están a punto de romperse a causa de que España no ha pagado la deuda de 2,250 millones de pesetas contraída con la Argentina, en 1947, por suministros de harina y otros productos. Al parecer no se llega a un acuerdo sobre la forma de pago de la citada cantidad; Perón insiste en que se le pague en buena moneda y rechaza la peseta devaluada, Franco insiste en que no puede hacer el pago sino en pesetas.
Esta situación ha dado origen a una fuerte campaña de la prensa argentina contra Franco en la que encontramos conceptos como los siguientes: «El mundo anda patas arriba, pero las cosas que hace Franco superan en audacia a las que podría llevar a cabo Al Capone cruzado con Dillinger... Franco pide a Dios que le perdone sus deudas, espera que le perdone la que debe a la Argentina por provisión de trigo cuando los trabajadores españoles se morían de hambre merced a su política
previsora»
, etc.
El día de la Fiesta de la Raza ha sido siempre motivo de actos de confraternidad hispanoamericana en la Argentina, este año se suspendió la acostumbrada recepción en la embajada franquista y la conferencia que el embajador Sr. Aznar debía pronunciar en la Universidad, ni asistió al Te Deum anunciado en la catedral, mientras la prensa de ese día arreciaba la campaña contra Franco.
Se anuncia que ha llegado a España un enviado especial de Perón portador de una carta para Franco con objeto de evitar la ruptura de relaciones entre los dos países... y que Franco pague.

