Ibérica por la libertad
Volumen 3, Nº 4, 15 de abril de 1955

IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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Se impone un examen nuevo y de raíz del tema, al parecer sencillo, de la intervención.
Las naciones hispano-americanas le tienen ojeriza al principio y lo vimos condenar en la Conferencia de Caracas cuando Mr. Dulles, para hacer votar su moción condenando el comunismo, tuvo que avenirse a otra moción condenando la intervención extranjera en la política interior de los Estados.
El continente americano está compuesto de modo muy desigual; y tiene la suerte (buena y mala a la vez) de contar entre sus componentes a la nación más poderosa que jamás conoció la historia humana. Ahora bien, si aún las naciones fuertes y arraigadas de Europa sienten a veces el poder de los Estados Unidos de un modo abrumador, ¿cómo extrañarse de que las naciones de Hispano América intenten defenderse detrás de una trinchera de textos y principios frente al Coloso del Norte?
Así pues, el principio de no-intervención parece bien asentado sobre una experiencia sólida, y por lo tanto, justificado. Pero, ¿no resulta ya anticuado e impropio de nuestra edad? Echemos sobre el debate dos ejemplos brutales que lo pongan en claro: ¿no hubiera sido una bendición que alguien hubiera intervenido para echar del poder a Hitler en 1933 o a Lenin en 1925? La respuesta a esta pregunta es tan evidente que no ha menester pruebas. Se impone, pues, un examen nuevo del tema.
La primera idea que se ofrece a la observación es que la libertad de cada pueblo para ir tejiendo sus destinos a su manera es a la vez indiscutible y limitada. Indiscutible porque cada pueblo tiene que sacar de su seno el impulso y las esencias vitales de su porvenir, sin que los demás puedan hacer más que aconsejarlo o inspirarlo, y de ningún modo obligarlo a tomar tal o cual camino. Pero esta libertad tiene su límite, porque en el mundo de hoy las naciones viven muy juntas, y entre ellas se han desarrollado lazos y ligaturas muy fuertes, de modo que lo que pasa en una cualquiera puede causar, y con frecuencia causa, consecuencias de bulto en las demás. Ahí están los casos de Lenin y de Hitler para confirmarlo, puesto que no hay una sola nación europea que no esté purgando todavía las tristes consecuencias de la política de aquellos dos desdichados.
Este breve análisis prueba que, si bien hay que dejar a cada nación en libertad de hacerse a su modo su propia vida, es no menos necesario poner a esta libertad un límite que la nación no deba ni pueda rebasar aunque no sea más que en interés de las demás naciones y de su comunidad. Pero al llegar aquí surgen tres problemas formidables: ¿Dónde trazar este límite? ¿Quién lo habrá de trazar? ¿Quién lo habrá de imponer?
En cuanto al primero de estos tres problemas, no hay dogma fijo; pero sí pueden apuntarse ciertos índices y tendencias que permitan perfilar reglas empíricas. Un Estado fundado sobre la violencia, mal puede ofrecer garantías para los Estados vecinos. Esto se desprende de que los gobernantes cuyo régimen interior se apoya en la violencia no van a cambiar de opinión ni de temperamento con sólo cruzar la calle desde el Ministerio de Gobernación al de Asuntos Exteriores. Sobran pruebas de que los dictadores son todos tan belicosos en política exterior, como dados a la violencia en política interior. De modo que nuestra primera regla para limitar la libertad de cada pueblo a gobernarse como quiere será esta: «Nada de violencia como base del régimen»; regla negativa que, tornada en positiva, da esta otra: «Gobierno basado en el libre consentimiento de los gobernados.»
Un Estado gobernado en silencio no puede merecer la confianza de sus vecinos, pues el que calla oculta, y el que oculta no tiene gran confianza en que sus actos merezcan la aprobación general. De modo que la segunda regla será: «Libertad de expresión por todos los medios y sobre todo libertad de prensa.»
Finalmente, un Estado que se funda sobre la omnipotencia de la policía no puede ser de fiar para sus vecinos, puesto que bajo una policía omnipotente no es posible ni el gobierno a base del consentimiento de los gobernantes ni la libertad de la prensa. Por lo tanto, la tercera regla será: «Garantías de que se respetará la libertad individual de todo ciudadano.»
El derecho a intervenir cuando un Estado viola una u otra de estas tres reglas me parece irrebatible. ¿Pero el derecho de quién? Aquí empieza lo difícil. Aquí surgen los otros dos problemas de los tres que antes enumeraba. El límite a la libertad se establece sin mayor obstáculo como lo acabo de hacer. Todo Estado podrá ir evolucionando como quiere, pero si establece un gobierno contra la voluntad del pueblo, si suprime la libertad de expresión, si no garantiza la libertad individual, la intervención se impone. Esto está claro. Lo que queda por aclarar es ¿quién interviene? Porque aquí está precisamente el origen de la oposición a toda intervención, que no es otro que la desconfianza de los motivos que animan a los países intervencionistas. ¿De dónde viene esta desconfianza? De una experiencia que nos dice que por lo general el Estado que interviene lo hace en interés propio más que en el interés general. No cabría encontrar argumento de más peso en pro de un organismo internacional que se encargara de todas estas intervenciones. Pero siempre que se plantea este tema surge enseguida la demanda de plena soberanía para el organismo internacional; siendo así que lo que el organismo internacional necesita ante todo no es soberanía, sino autoridad. Y esta autoridad sólo se la puede conferir la fe universal en su objetividad y en su desinterés. Las Naciones Unidas carecían de autoridad moral para acusar a la España franquista ni de esto ni de lo otro, teniendo en su seno en activa colaboración a la Unión Soviética y Polonia; hoy todavía sigue careciendo de autoridad para intervenir en caso de violación de las tres reglas que he apuntado como límite de la libertad de un país para regir sus destinos internos.
Esta autoridad es tanto más necesaria porque si bien las reglas son claras y concretas, su aplicación habrá de ser muy flexible, ya que los pueblos difieren mucho unos de otros. El organismo supra-nacional habrá de aplicar las tres reglas con una adaptabilidad perfecta al tiempo y al lugar; pero esta misma circunstancia exige que su autoridad moral sea indiscutible. Mientras no se haya logrado crear un organismo tal habrá que resignarse a aceptar la no-intervención como un mal menor. Pero el principio de la intervención definido como he procurado hacerlo me parece un factor indispensable en la evolución liberal humana.
SALVADOR DE MADARIAGA

España en 1955: Barcelona1
A mi llegada a Barcelona me he formulado tres preguntas. La primera pregunta que uno se hace en estos días de constantes cambios, cuando se vuelve a un sitio después de transcurrido un número de años es: ¿Cuál es el cambio más importante desde mi última visita? En el caso de Barcelona, la contestación es fácil: ha llegado América.
La Sexta Flota entra y sale de Barcelona. Muchas tiendas están adornadas con las dos banderas, la española y la americana, y atraen a los marinos con letreros como «Welcome U. S. Navy» o, más sencilla y correctamente, «Welcome». Un cabaret de las Ramblas se anuncia como «Typical U. S. Sailors’ Night Club. All kinds of drinks at cheapest prices». «Típicos» souvenirs españoles se venden como pan caliente y muchas muchachas de Barcelona han adquirido algunas nociones elementales de inglés.
Pero aun cuando la Sexta Flota permanece fuera de Barcelona, la presencia americana no puede ignorarse. Los puestos de periódicos en las Ramblas exponen los cómicos para los muchachos y los escaparates de las sastrerías están llenos de pantalones azules (blue jeans). Radio Nacional, que grita en mi pensión a todas horas, comienza su programa diario de historia con un «¡Happy Birthday to You!» y su boletín de noticias con un «This is the Army, Mister Jones». Probablemente emite más jazz que ninguna otra estación europea y que muchas estaciones americanas. Ninguna revista humorística es completa si no lanza un chiste sobre una mujer que llora escuchando la emisión de las once. A eso hay que añadir la inundación de cintas de Hollywood y de traducciones de libros americanos...
Todo esto es una vieja historia para el oeste de Europa, pero es completamente nuevo ahora en España, viviendo en al año 19 de Franco, y en el 2 de América. Pero, como se puede pensar, este cambio no es en general bien recibido. Cuando los ciudadanos de Barcelona se cuentan unos a otros los últimos chistes, que «Barcelona huele a colonia americana», no quieren decir que huele a agua de Colonia, sino que huele a colonia americana. Un viejo señor que charlaba conmigo sentado en un banco de piedra de la Plaza del Rey, llegó al fondo de la cuestión con un sentido de la realidad típicamente español y un sentido típicamente catalán diciendo: «América es ahora el principal apoyo de Franco. En el momento en que se queme en Barcelona la primera iglesia los marinos americanos desembarcarán aquí».
A pesar de todo, la presencia americana en Barcelona es algo separado de los verdaderos problemas de la ciudad y casi no los toca. Ni es fácil llegar a estos problemas porque los barceloneses tienen la tendencia, fácil de comprender, a ser reservados cuando tratan con los extranjeros, y aun lo son entre ellos mismos. El régimen actual es considerado por ellos como una imposición, pero evidentemente lo consideran no como la única, sino como la más reciente. Otras imposiciones anteriores le han enseñado a cerrar la boca. Un psicólogo catalán, Pere E. Baulo, escribiendo en la Revue de Psychologie des Peuples sobre la psicología colectiva de su pueblo, exclamaba con entusiasmo: «¡Oh feliz disimulo que es quizá la llave de nuestra supervivencia como pueblo!» Uno puede discutir su adjetivo pero estar de acuerdo con su punto de vista.
Unamuno llamó a Barcelona «la ciudad fachadosa», es decir, la ciudad de las fachadas. Se refería en primer lugar a los adornos arquitecturales con que los ciudadanos barceloneses gustan de embellecer sus casas, pero la frase tiene un sentido más profundo. Barcelona y sus ciudadanos ponen una fachada entre ellos y el extranjero, ya sea visitante de otros países o elementos oficiales de otras regiones de España. Así, si uno es naturalmente curioso, surge la segunda pregunta: ¿Qué hay detrás de esta fachada?
Yo apenas puedo decir que tengo la contestación completa. Pero, ayudado por algunos periódicos indiscretos y algunos discretos amigos, he llegado a desenterrar algunas contestaciones parciales.
La primera impresión al leer los periódicos españoles es que el país no tiene problemas. Todo marcha bien y todo el mundo es feliz bajo el régimen benévolo de quien ustedes saben. Contrariamente a otros países éste no tiene debates...
Esta primera impresión pronto se evapora. Una lectura superficial de los periódicos revela pronto que, aunque España es ahora oficialmente un Reino, los españoles tienen por lo menos dos puntos de vista sobre esa cuestión. Oficialmente, la cuestión está resuelta. En Barcelona misma los monárquicos ocupan fuertes posiciones empezando por la del Capitán General de la Cuarta Región Militar, cargo que ha sido el origen de varios cambios en el Régimen español: por ejemplo, la dictadura de Primo de Rivera. En la actualidad el general Juan Bautista Sánchez es respetado como un hombre íntegro. Si pasara algo a Franco, mucho dependería de él. Los dos periódicos mejores de la ciudad son monárquicos: La Vanguardia, cuyo director Luis de Galinsoga nunca deja de recordar cualquier referencia favorable que haya hecho Franco a la monarquía desde su discurso funerario por la Reina María Cristina, y el Diario de Barcelona que sigue sosteniendo su mismo punto de vista de 1792, año de su fundación.
La oposición a la monarquía, como podemos suponer, no es tan clara. Pero en Barcelona se puede manifestar y se manifiesta a través de la prensa falangista. El periódico falangista es, por lo menos, indiferente respecto a la monarquía, prefiere no tocar la cuestión si puede. Ocasionalmente lanza algunos disparos contra la monarquía, como por ejemplo cuando publica en la misma página algunos chistes ridiculizando los monarcas europeos y algunos otros describiendo al presidente francés Coty como un tipo de San Jorge enfrentándose con el dragón comunista Duclos u otro citando con admiración una agudeza nada menos que de Adlai Stevenson. El otro día ha tenido el valor de decir editorialmente: «El republicano y el monárquico simples, a la moda del siglo XIX y de los primeros lustros del novecientos, no tienen ningún calado en la sensibilidad moral y política de nuestros días... Lo que no puede consentirse es que su nostalgia aspire a prevalecer sobre la opinión expresa y mayoritaria del país».
Un lenguaje más fuerte aun encontramos en el número del 1 de marzo de la revista falangista El Bruch. Inserta en sitio preeminente lo siguiente: «En el posible antimonarquismo de anchos sectores de la juventud no late un afán de rebeldía ni hay un germen de agitación antiespañola». Esta cita viene de una revista de los estudiantes madrileños llamada Alcalá y que El Bruch reproduce. Pero el periódico puede hablar por él mismo también. En la página de libros Octavio Carreras rechaza «la monarquía constitucional» en su crítica del libro Alfonso XIII por Ángel Zúñiga, con sus clásicos oropeles de la prosa falangista: «La inmensa mayoría de los españoles -legado de la Cruzada- sabemos hoy definir y los tonos grises e indecisos no le van ya a nadie, aunque sean todavía motivo de llorona añoranza para quienes, ciegos ante el argumento dramático de nuestra historia, se entusiasman no obstante con la púrpura de unos decorados que -a la hora de la verdad- se vinieron abajo sin siquiera la nota grave de estruendo solemne que debe dar la caída de un dios, de un coloso, de un sistema».
Ya es bastante respeto a los periódicos. De mis amigos he tenido la impresión de que cualquiera que sea la situación en otras comarcas de España, Barcelona no está muy agitada por la cuestión de la monarquía, no está ni en pro ni en contra.
No ocurre lo mismo respeto a la cuestión catalana. En esta cuestión no hay discusión. Mejor dicho, están más o menos unidos contra la política del gobierno hacia Cataluña, aunque no sin disidencias.
No hay duda que el catalanismo ha renacido. Se publican más y más libros en catalán. Aun las prohibiciones de la censura sobre libros científicos y traducciones no son totalmente efectivas. A Sagarra y Riba se les ha permitido publicar nuevas traducciones de Dante y Homero, en ediciones de lujo, naturalmente. Una Geografía de Cataluña de Blasi, prohibido con ese título, ha sido publicada con el de Las Tierras de Cataluña. Novelas, biografías y poesías en catalán llenan las librerías. Coblas y sardanas están anunciadas por todas partes.
Los estudiantes de la Universidad de Barcelona toman en esto la iniciativa. Uno de ellos ha añadido una «L» de más en la inscripción de la estatua de Luis Vives que se encuentra en el patio del colegio, para señalar que su nombre era catalán. Entre la generación de los mayores, el catalanismo está alimentado por muchos clericales -y el hábito clerical sirve como un buen disfraz en la España de hoy. Pero el entusiasmo catalanista se puede encontrar también en sitios inesperados. El Bruch se ha vanagloriado de que gracias a los falangistas el anuncio de una sardana, especialmente patriótica, fue suspendido. Y Destino, rápido siempre en la apreciación del lado que sopla el viento, ha publicado una serie de artículos por José Plá denunciando la discriminación económica contra Cataluña que han ejercido varios organismos gubernamentales.
A pesar de todo, los partidarios del régimen fácilmente aplican el término de «separatista» a todas esas manifestaciones. Aun lo aplican al actual gobernador civil, Acedo Colunga, un señor duro que ha ganado sus espuelas en Asturias en 1934 y que fue enviado aquí para restaurar el orden después de la huelga. La razón es: que ha recibido una delegación de las fuerzas vivas de Cataluña y ha transmitido sus reclamaciones, la mayor parte de orden económico, a Madrid.
Es signo de los tiempos que la frase «rojo separatista» ha sido reemplazada por «católico separatista». Destacados «católicos separatistas», incluidos algunos sacerdotes, fueron detenidos antes del Congreso Eucarístico y puestos en libertad después de la celebración del Congreso, para que los visitantes extranjeros no tuviesen la oportunidad de hablar con ellos. Otro grupo fue detenido con el extraño pretexto de «organizar el funeral de Pous i Pages». Pous i Pages era un distinguido ciudadano de Barcelona que ha tenido el valor cívico de protestar públicamente contra los excesos de la Guerra Civil. Había vuelto de su exilio en Francia para morir en su patria. Era tan universalmente respetado que La Vanguardia a su muerte hizo su elogio en un editorial. Sus funerales fueron una cívica manifestación -por eso sus «organizadores» fueron detenidos y la policía anotó los nombres de los que habían tomado parte en ellos.
Otra organización «separatista», según El Bruch, es el grupo llamado «Minyons de Muntanya» al que se la acusa de ser una «organización semi-militar», dirigida por un misterioso «Mossen». En realidad el grupo sustrae clientela al monopolio falangista ejercido en las organizaciones de jóvenes y por eso es objeto del odio falangista. Los miembros mismos y sus cabañas de montaña son objeto de frecuentes asaltos por parte de los falangistas.
Mi impresión es que el separatismo en su forma romántica a la Macia está muerto hoy en Cataluña. Naturalmente que puede volver si cambian las circunstancias o como consecuencia de continuadas irritaciones o exasperaciones. Pero los catalanes de hoy son conscientes de que forman parte de España -la Guerra Civil y las consecuencias posteriores han puesto la cuestión en claro- tanto es así que el esfuerzo catalanista va dirigido a encontrar un «modus vivendi» entre Cataluña y Castilla.
Un ejemplo de esta tendencia es el profesor J. Vicens Vives, cuya Noticia de Cataluña está en primera línea de venta. Es un análisis histórico del «problema catalán» y saca la conclusión de que Cataluña necesita a Castilla por su disciplina social que muchas veces suele faltar a los catalanes; mientras que Cataluña, a su vez, debe servir como un conducto para la europeización del resto de España. El autor declara que su inspiración viene de la «generación catalana de 1901», cuya principal mentalidad fue Prat de la Riba y cuyo principal actor ha sido Cambó.
Otra razón para el descenso del separatismo y la nueva subida del catalanismo es que las raíces del «problema catalán» parecen hoy económicas más que políticas.
Esta situación es típica de Barcelona. Afortunadamente he podido obtener dos comprobaciones de ello. Una viene de un experto en economía que decía aproximadamente esto: Antes de la guerra, Barcelona era casi totalmente clase media. Su población era aproximadamente 80% clase media, 2% muy rica y 18% proletaria. Hoy los muy ricos son un 3 %, el proletariado 40% -si no 50%- y la clase media va disminuyendo poco a poco. La otra comprobación que no es menos documentada viene de un paseante de la Plaza del Rey: «De la población de un millón y medio de habitantes, solo 200.000 tienen los medios para ir a los espectáculos públicos. El trabajador medio tenía sus ahorros antes de la guerra ahora tiene deudas. Los extremos ganan en perjuicio del centro».
Pero eso no es todo. Hay otra división que separa dos extremos dentro de las otras divisiones de clases y que constituye un aspecto muy importante del problema catalán. Esta división la constituye los que favorecen la política del régimen de incorporar Cataluña más ampliamente a España y los que se oponen a ella.
Esta división no es nada nuevo. Es el mismo conflicto que existía entre Fernando el Católico y los Consejos de Barcelona, que asolaron Cataluña en 1640 y 1704. El gobierno insiste en que Cataluña, la parte más prospera de España, haga sacrificios en beneficio de todo el país. Los catalanes insisten en el «hecho diferencial» (mejor instinto para negocios y trabajo más eficiente) y piden un trato preferente o al menos poder conservar lo que han obtenido. El gobierno usa la fuerza y consigue, según la frase de Unamuno, «vencer pero no convencer». En Barcelona se hacen hoy amargos chistes sobre el lema: «España una, grande, libre», y se dice que se debe sustituir por el de «igualdad por la miseria».
Pero en eso no existe la unanimidad en Barcelona. Entre los hombres de negocios, enriquecidos por su real habilidad y por el estraperlo, muchos practican lo que el gobierno llama «abstencionismo». Se niegan a invertir su capital en competencia con las empresas del estado, aun si el resto de España sufre. Pero Planells, que con Suances dirige la política económica del gobierno, es un catalán. También lo es Carceller, banquero, gran industrial y uno de los magos financieros de Franco.
De otro lado, el trabajador de Barcelona está frente a la ola constante de emigrantes de las comarcas pobres de Murcia y Andalucía, a los que se les denomina en conjunto «murcianos». La ola de emigrantes ha adquirido tales proporciones que según una apreciación semi-oficial, un 60% de la población de Barcelona hoy es de origen no Catalán. Los catalanistas aprecian esta invasión con un sentimiento mezclado. De un lado, los «murcianos» tienden a bajar el ya miserable nivel de salarios y a reducir el nivel de vida que ya es peligrosamente bajo. (Un catalán nacionalista aun me ha asegurado con toda seriedad que los «murcianos» son enviados por el gobierno «para ahogarnos».) De otro lado los hijos de los emigrantes o sus nietos tienden a ser más catalanes que los catalanes mismos y la punta de lanza de la agitación catalanista.
Pero los barceloneses tienen buen corazón y pocos de ellos miran a los «murcianos» con malos ojos. Ven entrar a los recién llegados en la mayor miseria y comienzan por ayudarlos con la típica eficacia catalana. Ese buen corazón de Barcelona se puede apreciar mejor allí donde hace más falta: en Somorrostro, por ejemplo.
Somorrostro es una ciudad compuesta de chozas que se ha desarrollado desde la guerra en la playa, entre el puerto y el río Besos. Está habitada por andaluces (los murcianos propiamente ocupan dos otras ciudades de chozas, Sans y Casa Antúnez, entre Montjuich y el mar.) La «ciudad de chozas» puede dar una impresión poco exacta porque las barracas de Somorrostro están construidas sólidamente con piedras y techos de láminas de hierro. Pero no todos los habitantes de Somorrostro tienen la suerte de tener una barraca. Algunos, en su mayoría gitanos, se amontonan en tiendas como una que yo he visto, compuesta por un hombre, una mujer y sus cinco niños que tenían solo un perro para calentarse. La barraca corrientemente tiene una cama, una sola cama donde la familia duerme. No hay gas ni electricidad. Me han enseñado un retrete del tipo cabinet turc como el único retrete en todo Somorrostro!
El gobierno ha ignorado completamente la existencia de Somorrostro. Todos los gobernadores civiles que se han sucedido no han hecho más que de decir que debe desaparecer de la bella fachada de Barcelona. El actual gobernador ha tenido la brillante idea de resolver el problema de Somorrostro suprimiendo el suministro de agua. Afortunadamente le han persuadido de cambiar de idea. Mientras tanto la población de Somorrostro ha aumentado de 18.000 habitantes que tenía en 1951, a 40.000 habitantes que tiene en la actualidad.
Y aquí es donde el buen pueblo de Barcelona ha venido. Algunos frailes han sido los que han mostrado el camino edificando una iglesia que es al mismo tiempo una escuela y un dispensario. Algunos médicos de fama visitan las barracas y prestan gratis sus servicios. Trabajadores sociales voluntarios, de todas las clases sociales, realizan las funciones de gobierno. Distribuyen alimentos, vestidos y medicamentos, buscan trabajo y prestan cualquier clase de ayuda necesaria. (De pasada, Somorrostro da una contestación a la pregunta que se suele formular de ¿a donde va la ayuda americana? o mejor dicho donde no va. Me han dicho que la leche en polvo que forma parte de la ayuda oficial americana, está distribuida en Barcelona no menos que por 15 agencias oficiales. Nada ha llegado a Somorrostro. Las 15 agencias probablemente saben donde ha ido la leche. No hay tanto misterio sobre los regalos alimenticios de Navidad enviados a Barcelona por organizaciones católicas de los Estados Unidos para ser distribuidos entre los pobres. Estaban distribuidos entre la Vieja Guardia de Falange. Uno se me quejaba de que se cansaba de las ciruelas-pasas americanas. ¡Pobre falangista!
Pero quizá el hecho más extraño de Somorrostro sea el que se me ocurrió pensar unos días después de mi visita, y es este: que siendo Somorrostro, en potencia, un nido de crímenes que se podían realizar en Barcelona, no había allá ni un solo policía. En cambio en Barcelona misma la policía va por las calles como las hormigas. La Vanguardia, con una ironía inconsciente, decía con ocasión de la fiesta del Ángel de la Guarda, patrón de la Policía: «Nuestra policía tiene una incomparable eficacia».
¿Qué hay detrás de la llamada cortina de eficacia de la policía? No es fácil de descubrirlo. Un amigo señalando alguna gente que bajaban de un camión me decía: «Yo te apuesto que dos de ellos son anarquistas, dos socialistas, y uno republicano de izquierda. Otro amigo me aseguraba que los sindicatos están llenos de empleados civiles que son como los «beefsteaks» de la Alemania Nazi: marrón por fuera, y rojo por dentro. Pero esas son sólo suposiciones.
En resumen he salido de Barcelona con la impresión de que en muchos aspectos ha vuelto la ciudad al año 1500 cuando se encontraba postrada después de la derrota en el conflicto con Fernando el Católico, cuyo instrumento preferido era -extraña coincidencia- un gran inquisidor llamado Franco. Y yo he salido de Barcelona haciéndome esta pregunta que Antonio Machado hacía una vez a Castilla:
«¿Duerme, sueña o solamente espera?» |
Si la huelga de 1951 -que me han presentado como una «manifestación de que, después de 12 años de Franco, guardamos nuestra propia voluntad» -es una indicación: Barcelona espera.
Una dictadura de la burocracia
Inevitablemente, los problemas políticos y sociales de nuestro tiempo se plantean e intentan resolver en función de sus relaciones con el comunismo. Mejor dicho estaría por sus relaciones con el sovietismo. Porque, en sus raíces, su formación y sus características, el comunismo soviético es resultado de la conjunción de dos factores: uno, la doctrina marxista, más o menos adulterada por Lenin y sus secuaces; otro, el nacionalismo eslavo, con sus tendencias seculares, sus peculiares reivindicaciones y sus procedimientos imperialistas. Si, en los primeros días, el factor marxista fue preponderante y sirvió a maravilla para equivocar al mundo entero respecto al verdadero carácter de la revolución bolchevique, el transcurso del tiempo trastocó por completo los términos. Desde que el aplastamiento de la vieja guardia bolchevique convirtió a Stalin en el nuevo zar de Rusia, el factor nacionalista se fue imponiendo progresivamente, hasta adquirir fuerte primacía y dejar reducido el factor marxista a una mera apariencia.
Resultado de esa evolución del sovietismo ha sido la creación del actual Estado ruso, que había llegado a su plenitud al ocurrir hace dos años el deceso de Stalin. El actual Estado ruso es la negación total de las previsiones de Marx respecto a la nueva sociedad que habría de surgir cuando el proletariado se adueñase de los medios de producción y de la máquina gubernativa. Seguramente los doctrinarios y los conductores de la revolución bolchevique entendieron que procedían a nombre y a beneficio del proletariado. La realidad ha resultado por completo distinta.
Se suprimieron, en efecto, todas las clases sociales de Rusia, con excepción de la campesina y la obrera; se desalojó del poder a los representantes de las clases aniquiladas; se desposeyó de la tierra a los señores y de las empresas industriales, mercantiles y bancarias a sus usufructuarios particulares; pero de ahí no pasó la realización verdaderamente marxista de la revolución. Entre la revolución bolchevique y la doctrina marxista, no hubo coincidencia sino en la parte destructiva, en el aspecto negativo. En el orden constructivo, en el aspecto positivo, ocurrió algo muy diferente.
La subversión operada en Rusia extirpó totalmente las demás clases y no dejó subsistente sino la proletaria. Mas al no existir ninguna clase social distinta del proletariado y mantenerse, no obstante, la dictadura, ésta no podía ser dictadura del proletariado. Porque una dictadura se ejerce siempre contra alguien. Consiste en el gobierno por medio de la fuerza para impedir el disfrute de sus derechos a determinados individuos o a determinada clase. Por ello, la dictadura del proletariado solamente puede ser tal en tanto subsistan individuos o grupos sociales ajenos a la clase proletaria. Entonces, la dictadura del proletariado se practicará contra esos individuos y grupos, a fin de impedirles toda reacción conducente a la recuperación de sus medios económicos y a la reconquista del poder político. Pero en cuanto esos grupos ajenos al proletariado desaparecen del conjunto social, como es el caso de Rusia, la dictadura ya no puede seguir siendo del proletariado.
Podrá aducirse que si, efectivamente, toda dictadura ha de ejercerse contra alguna clase, también es requisito indispensable que sea ejercida por otra clase, a su beneficio. Es decir, que si existe tan sólo una clase social, como es la suprema aspiración del marxismo, no podrá haber dictadura de clase, porque entonces el factor activo y el pasivo tendrían que ser el mismo, lo que constituye un imposible.
Pero en Rusia, a la par que se practicaba el aniquilamiento de la clase poseedora, se iba formando una nueva clase, distinta del proletariado. Como es inevitable en la mecánica social, el disfrute del provecho económico engendra una clase privilegiada. En Rusia, los hombres del gobierno y la administración, secundados por quienes los sostienen con la fuerza, se adjudicaron todas las ventajas en la distribución de la riqueza producida por los trabajadores. Como manejan el mecanismo de la distribución, en virtud de la completa estatización de todas las actividades económicas, se han atribuido la parte del león y han dejado las migajas para la clase proletaria. Y por el hecho de su ventajosa situación económica, los mandones y sus servidores han pasado a constituir allí la nueva clase privilegiada, a la que corresponde el nombre de clase burocrática.
Con la formación de la nueva clase y su entronización en el poder, se han cumplido las condiciones para que subsista la dictadura. Existen, de esa manera, una clase privilegiada, compuesta por diez millones de políticos comunistas, gobernantes, técnicos, funcionarios, militares y policías, y otra clase oprimida y explotada, constituida por 160 millones de obreros, campesinos y empleados modestos. La dictadura es ejercida por los primeros contra los segundos, de donde resulta que no se trata de una dictadura del proletariado, como falsamente se afirma, sino de una dictadura de la burocracia contra el proletariado.
La realidad rusa es que allí el proletariado está más vejado, oprimido y explotado que en ningún otro país. Sin embargo, todavía se mantiene la ficción de que Rusia es la patria del proletariado, de que su régimen es revolucionario y progresista, de que allí se está construyendo una nueva sociedad más justa y humana. A pesar de las concluyentes y abrumadoras pruebas en contrario, son millones y millones los hombres de todas las razas y condiciones que se obstinan en conservar una fe ciega en un experimento que constituye el más monstruoso de los engaños y la más colosal de las estafas que jamás haya sufrido la humanidad. Pero esa absurda fe, que cree en lo contrario de lo que todos vemos, está siendo hábilmente manejada para el mejor servicio del nacionalismo soviético, a costa de daños infinitos para los demás pueblos, de los cuales es el español quien probablemente ha sufrido más.
Rusia en España
El rabioso nacionalismo ingénito en el sovietismo, constreñido a la defensiva durante el largo periodo que va desde la instauración del régimen en 1917 hasta el estallido de la segunda guerra mundial en 1939, pasó a la ofensiva en cuanto, eliminados ya por el aniquilamiento completo los enemigos internos, se crearon las condiciones propicias para la acción exterior a causa de la irresoluble rivalidad entre las potencias fascistas y las democráticas.
Roto el fuego por el fascismo italiano con la agresión a Etiopía en 1935 y ampliado inmediatamente por el nazismo alemán con el rearme y la entrada de fuerzas militares en Renania, el problema europeo quedó netamente planteado entre dos bloques antagónicos. Se produjo así un desplazamiento en el orden de las preocupaciones y los objetivos, desplazamiento que alteró totalmente el panorama continental.
Para las viejas potencias dominadoras, Inglaterra y Francia, dejó de ser un peligro inmediato y apremiante el hecho de que arraigara en Europa el sovietismo, con todas las amenazas que implicaba, y pasó a constituir su preocupación principal y agobiante la acción expansiva de las potencias fascistas. Para éstas, a su vez, el obstáculo no procedía del Este, sino que se erigía en el Oeste.
Para la URSS, la nueva situación fue salvadora. Alejó de sus fronteras todo peligro de asfixia por parte del mundo llamado capitalista y le abrió horizontes sin límites para la realización de objetivos que ni los representantes más conspicuos del nacionalismo eslavo habrían podido soñar. Al margen de la rivalidad entre las potencias democráticas y las del Eje, la URSS podría asumir el papel de árbitro, con las ventajas y posibilidades que entraña.
Resultó, de ese modo, que el fascismo contribuyó eficacísimamente a la consolidación y el auge del comunismo. Sin la amenaza inmediata y más grave de las potencias fascistas contra las democráticas, Rusia no habría encontrado nunca las oportunidades que, debido a tal amenaza, le han permitido encaramarse hasta la altura en que se halla.
No debe deducirse de ahí, sin embargo, que fuese un error de las potencias democráticas su enfrentamiento, aunque tardío y desganado, con las fascistas. Es un falso dilema el que conmina a optar entre el fascismo y el comunismo. Uno y otro son dos aspectos del mismo mal y no hay por qué elegir entre ellos, sino que debe combatirse contra el más peligroso o contra los dos si ambos amenazan por igual.
La nueva situación europea facilitó a la URSS su salida al exterior, salida que iba a causar estragos y a deshacer países, en provecho del nacionalismo eslavo. Y la primera y más importante víctima fue España.
En 1936, se produjo una rebelión militar asistida por el clero y la plutocracia. Venía siendo gestada desde la proclamación misma de la República. Ya en el verano de 1932, surgió el primer chispazo, con la sublevación del general Sanjurjo. En 1934, quedaron concertadas las condiciones de la ayuda que habría de prestar Mussolini. Y en los primeros meses de 1936, fue pactado el concurso de Hitler.
Cuando estalló la rebelión, el 18 de julio de 1936, la República Española no había entablado relaciones normales con la URSS. Estaba ligada, en cambio, por convenios sumamente amistosos con Francia, dado que la política internacional de la República se inclinaba hacia las potencias democráticas. De ahí que, cuando el gobierno se encontró desasistido de las fuerzas encargadas de mantener el orden y se vio en la urgente e imperiosa necesidad de reconstruir su aparato militar, recurriese en primer término a Francia, en demanda del armamento que ese país vecino y amigo estaba obligado a suministrar en virtud de una cláusula comercial estipulada a instancia del propio gobierno francés. Justo es reconocer que éste se disponía a cumplir su obligación contractual. Si, en definitiva, no lo hizo, fue porque intervino el gobierno británico, entonces presidido por Mr. Baldwin, y amenazó a Francia con abandonarla en el caso de que la ayuda a España provocara una situación peligrosa con Hitler y Mussolini.
Cohibido y coartado el gobierno francés, no obstante estar presidido por el socialista Blum, no cumplió sus obligaciones y no hizo honor a la firma estampada en un tratado comercial. Todavía intentó el gobierno republicano español la adquisición de armas en los Estados Unidos, en uso de un derecho internacional que asiste a todo gobierno legítimo y reconocido. Pero, por razones de política interior, el presidente Roosevelt, aunque más adelante se arrepintiera y reconociese su error, impidió también al gobierno republicano el ejercicio de un derecho que no se podía suspender sin grave atentado contra la ley internacional.
Estaba claro, por lo tanto, que las potencias democráticas negaban a la República española toda clase de asistencias, hasta las más legítimas y obligadas, en tanto que simulaban ignorar la escandalosa y cínica ayuda de Hitler y Mussolini a los sublevados.
En tan trágica coyuntura para España, el gobierno ruso se encontró con que la cobardía, la hipocresía y el espíritu suicida de las potencias democráticas le habían preparado las más espléndidas posibilidades de acción provechosísima. En las primeras semanas, el Kremlin guardó una actitud cautelosa y reticente. No hizo la menor manifestación de simpatía hacia la República Española ni permitió que nadie la hiciese en sus dominios. Por aquellas semanas visitaba Rusia el ilustre André Gide y quedó harto sorprendido de la extraña actitud adoptada por el gobierno soviético. Quien redacta estas líneas se encontraba también en Moscú y nunca olvidará la fría indiferencia con que, en julio y agosto de 1936, fue contemplado el problema español por la URSS.
Terminó Rusia por percatarse, sin embargo, de que había surgido una oportunidad maravillosamente propicia para su política exterior y no tardó en lanzarse a la acción. Consistió ésta en utilizar el problema español para el mejor servicio de sus intereses en la complicadísima maraña de la situación internacional de aquellos días.
Convenía a la URSS que los dos bloques antagónicos extremaran y prolongaran su rivalidad, ya que así relegarían sine die el caso de Rusia y dejarían de contemplarla con gesto desconfiado y ceño amenazador. El problema español podría servir eficacísimamente para suscitar recelos, crear preocupaciones y hasta para provocar incidentes engendradores de un clima bélico. Cuanto más se prolongara el conflicto español, mayores provechos obtendría el Kremlin para su política primordial de alejar todo peligro de sus fronteras.
La conducta de la URSS en el caso español se ciñó estrictamente a ese propósito, sin perjuicio de extraer otras positivas ventajas. Al efecto, su política durante toda la guerra española de traición e invasión consistió en impedir que la República fuese vencida con rapidez y también que ésta dominara en pocos meses a la rebelión. Para ello, fue suministrando armamento al gobierno republicano en dosis bien calculadas para que pudiese prolongar la resistencia sin posibilidad de victoria. Al propio tiempo, cobraba los suministros, al contado y en oro, a precios onerosísimos; se hacía cargo de las cuantiosas reservas de oro español con el designio de no restituirlas jamás; adiestraba a sus técnicos y militares en la península; ensayaba su material; liquidaba a los disidentes del desmedrado comunismo español; se esforzaba por infiltrarse en las organizaciones obreras, en los partidos políticos y en los centros vitales de la nación.
Pero el comunismo encontró en España resistencias mucho más fuertes que en otros países y no pudo vencerlas. No consiguió, en efecto, apoderarse de la Unión General de Trabajadores, como lo ha logrado con sus similares de Francia e Italia. No pudo captar al poderoso partido socialista español, como ha sido el caso del socialismo italiano dirigido por Nenni, sino que los hombres más representativos del socialismo hispánico, Largo Caballero, Prieto y Besteiro, así como la casi totalidad de la masa afiliada, resistieron con firmeza y dignidad al intento de convertirlos en instrumentos y cómplices de Moscú. Y tampoco pudo embaucar ni atraerse al conjunto del pueblo español, individualista y rebelde por naturaleza, enemigo a muerte de toda clase de dictaduras, alérgico integral al comunismo.
La trágica farsa de la ayuda rusa terminó en cuanto los primeros contactos del Kremlin con Hitler, a comienzos de 1939, abrieron la perspectiva de un contubernio nazi-comunista que habría de cristalizar meses después, en agosto de aquel año. Para consumar tan monstruosa alianza, que la aseguraba contra el peligro de una agresión nazi durante algún tiempo, Rusia no vaciló en sacrificar definitivamente a España. Suspendió todos los suministros y entregó la península a sus nuevos amigos nazifascistas.
He ahí la historia de las traicioneras agresiones, de las hipócritas deslealtades, de las inauditas infamias que, en grado mayor o menor, han perpetrado todos, con la única excepción de México. Esta trágica experiencia queda gravada para siempre en el pueblo español.
CARLOS P. CARRANZA
Aunque no se han solucionado aun las dificultades surgidas con motivo de la adquisición de los terrenos para la construcción e instalación de las bases aéreas y navales y la extensión de la cañería que acarreará gasolina de Cádiz a Zaragoza, vía Madrid, círculos oficiales en Washington y especialmente en el Departamento de Estado, han venido observando la propaganda ofensiva lanzada por el gobierno de Franco, propaganda que acusa a los Estados Unidos de estar obrando de mala fe y constituye a la vez una especie de advertencia a nuestro país para que obre «de acuerdo con las indicaciones del gobierno español, pues de lo contrario...»
Naturalmente que el motivo principal de descontento es cuestión de dinero. Franco y su organización, bien saben que en el presente periodo de sesiones del Congreso norteamericano y de acuerdo con el pacto de seguridad mutua, se harán las asignaciones de dinero destinadas a ayuda económica a España y otros países. El régimen español está muy descontento con la «insignificante suma» de $85 millones asignada el año pasado para ayuda económica, aunque ésta fue un aumento de la que originalmente se le había fijado de $30 millones. Los Estados Unidos se enfrentan ahora con la amenaza oficialmente dirigida de que si no obran de acuerdo con las peticiones de Franco -y ellas son insaciables- éste pensará dos veces antes de cumplir por su parte el convenio.
La ofensiva de la propaganda franquista tiene claramente un doble propósito. Primeramente difundir en España el rumor de que los Estados Unidos no están obrando de buena fe con los españoles en el cumplimiento del convenio de las bases. El descontento así provocado serviría de palanca para obligar al Congreso americano a aumentar la suma asignada para «ayuda económica». En segundo lugar, servirla como una advertencia directa al gobierno de los Estados Unidos para cumplir con las exigencias de Franco, pues «de lo contrario»...
El régimen franquista sabe perfectamente que aunque estos manejos no van dirigidos directamente al gobierno de los Estados Unidos, los observadores diplomáticos norteamericanos residentes en España, tomarán nota de estos rumores e informarán a su gobierno. En vista de lo delicado de la situación, los funcionarios del Departamento de Estado y del Pentágono no han hecho comentarios sobre el asunto. Tienen especial cuidado en no despertar el interés del público norteamericano, como sucedió en el caso del propuesto convenio matrimonial cuando Dean Pike lanzó una protesta pública en la Catedral de San Juan en Nueva York.
Esencia de la amenaza
El 20 del pasado mes de febrero publicó La Vanguardia de Barcelona un editorial dando rienda suelta a esa propaganda. El editorial llevaba por título «Hay que cumplir», es decir, cumplir las promesas. La Vanguardia es, naturalmente, uno de los periódicos más leídos en España. El artículo fue publicado a raíz de un discurso pronunciado en Barcelona el 12 de febrero pasado por el Ministro de Comercio de Franco, José Antonio Giménez Arnau, durante el homenaje rendido al Embajador de España en Estados Unidos Don Félix de Lequerica, con motivo de su retiro.
Comenzaba el editorial diciendo que a los norteamericanos les gusta hablar francamente y, prosigue, que es ésta la mejor manera de obrar entre amigos. «Pues la sinceridad -agrega- nos lleva a decir en el día de hoy que en España hay un movimiento de expectación y hasta de recelo con respecto a la efectividad de los pactos económicos firmados entre nuestra nación y los Estados Unidos en Septiembre de 1953».
Es de notar que se hace hincapié en el convenio de ayuda económica, más que en los convenios sobre las bases y sobre ayuda militar directa.
El siguiente pasaje contiene la esencia del largo editorial:
«Nuestra misión de hoy es decir clara y concretamente sin concesiones a forma eufémica alguna que España aspira, no con impaciencia ni menos con ansiedad, sino con imperturbable templanza aprendida del jefe del Estado que la rige, a que los Estados Unidos entren decididamente por el camino de la ejecución de los pactos. Por lo mismo que no hemos pedido nunca nada, y mucho menos hemos pordioseado, ni de los Estados Unidos ni de nadie, España se siente firme en la confianza de que así como se rompió un día espontáneamente en estricta justicia el hielo de las glaciales relaciones extranjeras con nuestra patria, así ahora se realizarán punto por punto estipulaciones de Septiembre del 53».
Y repite: «Es necesario que se cumplan los convenios», y a continuación las acostumbradas recriminaciones y amenazas veladas: «Aquí no se han pedido y no se aceptarían limosnas, regalos, ni manes, porque tenemos la cerviz demasiado erguida para inclinarla sobre la sopa boba con que otros países están alimentando de paso que a su hambre su frescura».
Restricciones a la Ayuda Exterior.
Audiencias sostenidas ante dos Comisiones de Asignaciones del Congreso, indican claramente una política que tiende a rebajar en todas partes las sumas destinadas a ayuda externa, en lugar de aumentarlas y, naturalmente, esto no es muy del agrado de España que continúa solicitando más y más dinero. Allen J. Ellender, tenaz Senador por Louisiana quién visitó España el pasado verano, e importante figura en la Comisión de Asignaciones del Senado, expuso esta política en el curso de una de estas audiencias el 1. de abril, al contestar a algunos testigos que favorecían la adopción de un programa de asistencia técnica a varios países:
«Los E. U. jamás se encontraron más prósperos que actualmente, sin embargo, el gobierno no puede pagar sus deudas. Todo el dinero que va en ayuda al extranjero es dinero prestado. No obstante, cuando estuve en Europa me enteré que algunos de estos países utilizan el dinero que los Estados Unidos les presta para pagar a su vez sus deudas. Ya es tiempo que pongamos fin a situaciones de esta naturaleza».
Otro tenaz e influyente miembro de la Comisión, senador A. Willis de Virginia, hizo eco de estos sentimientos. Citó un pasaje bíblico: «el amor al dinero es la base de todos los males», y agregó: «no creo que el dinero que se saca del bolsillo de los contribuyentes sea de provecho espiritual para esos mismos contribuyentes». Y la suma total que se consideraba en el programa no eran sino $8 millones para más de una docena de países. Es de imaginar los comentarios de esta misma Comisión cuando Franco se presente pidiendo una suma diez veces mayor y con la advertencia de que se la entreguen, «o de lo contrario». Pero lo insólito es que acusa a los Estados Unidos de tratar a España como a un mendigo cuando se le asignaran $85 millones para ayuda económica el año 1954, además de los varios millones destinados a ayuda militar y al programa de las bases.
Crece a pasos agigantados en el Congreso y especialmente en el Senado, el movimiento de oposición a programas que consideren inversiones de grandes sumas de dinero en el extranjero. Un grupo importante de Senadores se ha mostrado abiertamente en contra del programa de ayuda externa -el que también entiende de las asignaciones de dinero para España.
Franco coloca a los Estados Unidos en un aprieto.
Entre los inconvenientes que esperan a los Estados Unidos en sus relaciones con la España fascista figura una de las condiciones impuestas por el gobierno francés al ratificar los tratados de París. Esta condición hizo necesario que el gobierno norteamericano apoyara al gobierno francés en sus esfuerzos para apaciguar a los rebeldes en Marruecos. Estos movimientos subversivos son provocados intencionalmente y alentados por los agentes de Franco, quienes día y noche, por medio de su prensa y radio incitan a los árabes contra el régimen francés. Los Estados Unidos se enfrentan así con el siguiente dilema: si no proporciona ayuda directa a Francia, ésta lo acusará de obrar de mala fe y poner en peligro el programa de rearme europeo en general; pero si los Estados Unidos toman una posición en favor de Francia y, forzosamente, contra las maquinaciones de Franco, éste a su vez, tendrá un pretexto para acusar a los Estados Unidos de obrar de mala fe, agrandando así la querella que él mismo iniciara- todo lo cual acarrearía consecuencias difíciles de prever.
La posible visita de Franco.
Se habla cada día más sobre una posible visita de Franco a Washington como huésped del Presidente Eisenhower. Es secreto divulgado que Franco está resuelto a efectuar esta visita y ella está siendo considerada por el Departamento de Estado. Sin embargo, entre las personas prudentes del círculo que rodea al Presidente se especula sobre si esta visita produciría tal vez más daño que provecho. Es más que seguro que provocará protestas de parte del público y enfocará la atención pública sobre las relaciones de los Estados Unidos y la España fascista, precisamente lo que desean evitar los dirigentes de la política externa norteamericana, especialmente los señores del Pentágono. Es bien sabido que Franco está utilizando a Trujillo de Santo Domingo para conseguir su aceptación en Washington y obtener su admisión como miembro permanente de las Naciones Unidas.
Washington, Abril 1955
BART ALLAN
Franco no ha invitado aún al Vice-Presidente Nixon
La llegada del Señor John Lodge a Madrid como embajador de los Estados Unidos ha estado envuelta en un ambiente de cordialidad aparente y malestar real. Su gesto desembarcando en Algeciras en lugar de Gibraltar, hizo decir a ciertas personalidades del régimen que los Estados Unidos iban a hacer presión sobre Inglaterra para la devolución de Gibraltar a España.
Pero esta ilusión no la compartían los hombres llaves de la situación que hacían sus cálculos basados en los hechos siguientes: primero, Franco no puede esperar y no espera una consolidación de su régimen y de la economía española sin un refuerzo de la ayuda americana. Según un testigo de la ceremonia de presentación de las cartas credenciales «el Caudillo aparecía con aire humilde ante el embajador; multiplicaba las reverencias y las sonrisas complacientes y daba una idea no muy cabal de la dignidad española». Lodge parecía encontrarse en su casa y le divertía el espectáculo. En el transcurso de la conversación -muy larga, puesto que duró una hora- que siguió a la ceremonia entre los dos hombres «mano a mano», Franco repitió su demanda de dólares alegando que no se podía dejar a España detrás de los países occidentales y que ella era la única aliada sobre la que los E.U. podían contar. Según una fuente autorizada, Lodge ha dejado entender claramente que España no podía contar con créditos oficiales superiores a los actuales concedidos, y que se podría tratar de conseguir acentuar la política de créditos privados.
Segundo: algunos días antes de la llegada del Sr. Lodge el envío de armas al ejército español se encontró bruscamente paralizado. Como los españoles mostraron extrañeza la Misión Militar americana respondió «que el retraso era debido a dificultades técnicas». Los miembros de la Misión Militar no ocultan, en privado, que se trata de medidas de represalias al retraso impuesto por Franco en la construcción de las bases. Y añaden que las bases representan hoy un interés menor que en 1953 y que el voto favorable de Francia sobre los acuerdos de París, si acentúa la calma internacional, hará pasar pronto a Franco a tercer plano. Estiman que para la protección de las futuras bases -suponiendo que España llegue a construirlas- sólo se necesitarían para protegerlas unidades militares muy ligeras, a partir del momento en que Francia y Alemania forman un bloque militar sólido y que en estas condiciones no sería indispensable equipar completamente al ejército español. Están sorprendidos de que en un país de un presupuesto tan modesto como España (32 mil millones de pesetas), 26% esté destinado al ejército. La consecuencia de esta situación es que Madrid ha decidido retrasar su invitación a Nixon.
Tercero: en Madrid y en Washington se siguen negociaciones para salir de esta situación. Aunque oficialmente España continúa pidiendo nuevos créditos, los hombres del régimen saben ahora que no pueden contar con ellos. Los funcionarios americanos les han hecho ver que la economía española no ha sido capaz de absorber la ayuda americana al ritmo previsto: de los 85 millones de dólares que habían sido acordados el año anterior, en la fecha de 31 de enero los españoles no habían presentado proyectos aceptables más que por la suma de 55.6 millones de dólares, y los productos importados ascendían a 24.4 millones solamente.
Ese es el principal argumento puramente técnico que la Misión Americana y la FOA oponen a las reiteradas demandas de aumentos de créditos.
Esto dicho debemos añadir que es posible que esté reservada al sector privado una ayuda mayor; no sólo porque el Sr. Lodge la haya anunciado, sino porque muchas bancas importantes españolas han constituido un grupo de garantía para los capitales americanos que acepten hacer sus inversiones en la Península.
Las vacaciones de Juan Aparicio
Durante seis semanas no se ha visto al director de la Prensa, Juan Aparicio, en ningún acto oficial en Madrid. Cuando se preguntaba donde estaba respondían que descansando; cuando uno se dirigía a su domicilio una antigua sirvienta entreabría la puerta y respondía que estaba de viaje. La verdad es que Juan Aparicio, a principios de enero, ha comenzado a padecer trastornos mentales que se han manifestado en distintas ocasiones: una durante un almuerzo oficial, en el que insultó al ministro de Información. Poco tiempo después publicó una carta en El Español en la sección «Cartas a los vivos», en la que mostraba signos evidentes de que su espíritu no estaba claro. En otra ocasión, en su propio domicilio, esgrimiendo una gilet sostenía que era Napoleón. Ha pasado una temporada en la clínica del Dr. López Ibor. A su salida de esta clínica psiquiátrica el Sr. Aparicio no ha marchado al campo, sino a su despacho de Director de la Prensa.
El Nuncio de Su Santidad, antes de la vuelta del Sr. Aparicio a su despacho, ha hecho presente al general Franco sus deseos de que se redacte lo antes posible un estatuto de prensa que garantice la libertad de opinión.
Madrid, abril 1955.
Aunque no ha sido cursada aún la invitación al Sr. Nixon, Vice-Presidente de los Estados Unidos, para visitar España, es probable que esa visita se realice. Para el general Franco ese gesto de los E.U. es necesario. Las relaciones hispano-norteamericanas atraviesan un momento difícil; Franco pide insistentemente la ampliación de créditos y dirige sus esfuerzos a ese fin; surgen dificultades en la expropiación de las tierras, en la búsqueda de alojamiento apropiado para los expropiados, en el retraso del suministro de materiales que España sola ha de proporcionar etc. Estas dificultades no las interpretamos, claro está, como una rectificación por parte del general Franco sobre la necesidad de esas construcciones; por el contrario, esas dificultades y otras se crean para obligar a los Estados Unidos a ampliar sus créditos a España.
Por otra parte, ante la marcha de las negociaciones en Europa, los Estados Unidos no se muestran inclinados a conceder esa ampliación de créditos. La tenaza con la que Franco ha querido amenazar a Francia -con los ojos puestos en los Estados Unidos- en las declaraciones hechas en la entrevista celebrada con la senadora Margaret Chase Smith, parece que no inquieta ni a Francia ni a los Estados Unidos; si se llega a una negociación entre Francia y Alemania, es decir, si se forma un bloque militar entre esos dos países, España carecerá de importancia para la estrategia militar.
La visita del Sr. Nixon a España en estas circunstancias puede significar una mejora de la situación actual. Si el Vice-Presidente de los Estados Unidos va a España no irá con las manos vacías, de otro modo no se realizará el viaje. Aun con lo que esa visita pudiera significar en la política franquista, nosotros la aplaudiríamos si el Sr. Nixon va a España a algo más que a ser un prisionero de banquetes y fiestas oficiales; es decir, si va a ponerse también en contacto con el pueblo español. Como lo esperamos así del representante de esta gran democracia creemos de nuestro deber -aunque irá documentado sobre ciertos aspectos de la vida española- aportar alguna información complementaria en la creencia de que puede serle de utilidad.
Esta información se refiere a las condiciones de trabajo de la clase laboriosa: el trabajador agrícola tiene una jornada diaria de 12 horas y percibe un jornal de 8 ptas. diarias (20 centavos americanos); el obrero de la edificación tiene como jornal 10 ptas. (23 centavos); los empleados de tiendas y almacenes perciben 400 ptas. mensuales ($10); un empleado de correos, 500 ptas. ($12.50); un jefe de tren no llega a ganar más de 900 ptas. mensual ($22.50).
Como estos datos por sí mismos no pueden dar una idea de lo que ellos prueban, dado que la vida en España es barata para el extranjero, debemos añadir que el precio del alquiler de una sola habitación es de 150 a 200 ptas. mensuales; que un kilo de pan cuesta 6 ptas.; que un litro de aceite cuesta 13 ptas., una camisa de trabajo, 90 ptas., un traje completo, de 1000 a 1500 ptas. El precio de la entrada de un cine o teatro es de 10 a 12 ptas., la más barata. Todas estas cifras que señalamos son cifras oficiales.
Naturalmente no está en el poder del Sr. Nixon remediar la situación, ni siquiera tratarla. Pero es conveniente que la conozca para una mejor comprensión de los asuntos españoles y para el caso de que algún obrero, después de estrechar su mano, le pregunte: «¿Díganos Sr. Nixon, cuál es el jornal de un albañil en los Estados Unidos?»
Por su parte el general Franco tendrá que demostrar su buena voluntad hacia los Estados Unidos y algo debe ofrecer a su vez, y nos preguntamos nosotros: ¿No sería una indiscutible prueba de deferencia hacia nuestro país conceder la libertad a la prensa española durante la visita del Sr. Nixon? De ese modo el Vice-Presidente de los E.U. podría apreciar mejor lo que su visita significaba para la España actual. Entendemos que esta medida redundaría en beneficio de las relaciones de los dos países.
Una alocución en el 14 de abril
El Presidente de la República Española en el exilio, Don D. Martínez Barrio, residente en París, ha pronunciado una alocución, con motivo de la conmemoración del 14 de abril de 1931, de la que extraemos los siguientes párrafos:
Tráfico de armas en Marruecos
Un despacho de Rabat da cuenta que como consecuencia de haber sido detenidos dos individuos transportando un cargamento de armas entre la frontera de las zonas de Marrueco español y Casablanca, la policía ha procedido a la detención de nueve marroquíes que formaban parte de células terroristas muy activas.
Desde hacía unas semanas el servicio de seguridad francés sospechaba la existencia de un tráfico de armas entre la zona española y Marrueco francés y organizó una vigilancia muy activa en la región de la frontera. La policía tuvo así la convicción que un depósito de armas, cuyas características conocía, se encaminaba hacia Casablanca y tendió una trampa a los traficantes. Así fueron detenidos los dos traficantes, el que conducía el cargamento, Kebir Ben Salah y su cómplice Abdesselem Ben Mohamed.
Los interrogatorios han permitido a la policía obtener precisiones importantes sobre el destinatario de ese tráfico en Casablanca y detener otras nueve personas más. Los primeros datos de la investigación han indicado que la policía se encuentra delante de un asunto importante de terrorismo.
Condecoración a Coca Cola
El general Franco ha conferido la Orden de Isabel la Católica al Sr. James A. Farley, presidente de la Compañía, Coca-Cola.
La concesión, entre otras, ha sido hecha con motivo de la celebración del aniversario de la victoria de Franco en la guerra civil española el año 1939.
Una declaración de la C.I.S.L.
El secretario general de la Confederación Internacional de Sindicatos Libres, Sr. Oldenbroeck, ha hecho pública la siguiente declaración:
El Cine y la censura
Variety, revista del mundo de los negocios de cine, radio y televisión, en su edición del 6 de abril, dice: La censura de las cintas en España ha llegado a ser un verdadero problema para los exportadores de los E.U. La asociación Motion Picture Export llevará el asunto como punto de discusión para los próximos acuerdos que se hayan de adoptar con España sobre los films.
El film That Lady, producción de la compañía 20th Century Fox, cuya protagonista es Olivia de Havilland, y Pushover, la nueva producción de Columbia, figuran entre los films americanos prohibidos en España.
Otras cintas son permitidas por la censura, pero prohíbe observaciones o frases «irrespetuosas» contra Hitler o contra los nazis. Por ejemplo, dice Variety, he aquí frases que han sido censuradas:
«Ese es otro tipo que Hitler no quería». «Fueron los nazis los que le arrancaran los ojos. Estos eran hombres de Himmler; ahora trabajan para Rusia». |
Información de Portugal
El Ministro de Defensa
Salazar, que parece hombre suave, es el hombre fuerte de Portugal. Santos Costa, Ministro de Defensa, quiere ser fuerte, pero no lo es. Siempre se interpone alguien para impedir que llegue a ser un jefe. La mayor parte de los generales lo desprecian, pero toleran que esté ocupando el puesto que ocupa porque en realidad tiene poco poder sobre los militares. Salazar lo conserva en el puesto porque sabe que puede manejarlo a su gusto. El presidente nominal de la República, General Craveiro Lopes, acepta a Santos Costa porque es el militar más débil que ha encontrado para ese alto puesto y no puede poner trabas a ninguna iniciativa suya.
Eso no quiere decir que Santos Costa esté desprovisto de violencia. Generalmente es él el que propone tratamientos severos a los disidentes de la política del régimen.
El Pretendiente deportado
La gran esperanza de Santos Costa es la restauración de la monarquía, en la que ve que él podría ser el efectivo poder detrás del trono. Él es el principal agente que trabaja por la monarquía en las altas esferas del régimen de Salazar, y juega un papel importante en la confección de los planes de educación para el hijo del pretendiente al trono de Portugal; este plan parece que ha sido la base para el programa que el general Franco ha usado después para la educación del príncipe Juan Carlos.
Pero recientemente su entusiasmo por la causa de la monarquía ha sido contraproducente. Dio una gran cena oficial en honor del pretendiente al trono de Portugal en el Forte de S. Juliao da Barra, que generalmente está reservado a los altos dignatarios. Los monárquicos creyeron que el gran día estaba próximo y empezarán a confeccionar sus planes de acción. Pero las repercusiones de esta cena han sido tan severas que el régimen ha estimado necesario deportar al pretendiente, D. Duarte Nuno, a las Islas Canarias. Su ausencia de Portugal probablemente no será larga pero esta medida ha servido al régimen para mostrar su reprobación a los intentos de establecer por ahora la monarquía.
Es razonable suponer que esta restauración de la monarquía portuguesa está proyectada para que pueda realizarse, poco más o menos, cuando Franco considere llegado el momento de restaurar la monarquía en España; este parece que es el acuerdo que existe entre Salazar y Franco. Ni los proyectos de los monárquicos, ni el presidente o Santos Costa, cambiarán estos planes.
Propaganda Antifranquista
Sigue fuerte en España la campaña antimonárquica por parte de los elementos de Falange y antifranquistas. Circula un folleto en forma de carta abierta dirigida al general Franco, en el que se ataca a Franco por sus propósitos de restaurar la monarquía, expresando claramente: «El divorcio entre V. E. y la generación actual está a punto de traducirse en un hecho consumado». En otro párrafo se dice: «Gran parte de la juventud española que conoce por experiencia los métodos de vuestra policía, constituirán un problema formidable en caso de actuar clandestinamente». El folleto o carta lleva esta firma: «Uno que fue jefe de las organizaciones juveniles de Falange».
Por otro lado continua la difusión de hojas clandestinas en las que se lee: «No queremos un rey que suba al trono por herencia familiar. Repudiamos toda aristocracia que no se base en el trabajo».
Nueva revista
(OPE) Un grupo de estudiantes de Estocolmo ha lanzado una revista de orientación democrática titulada EFE. En su primer número publica un irónico artículo firmado por Carl-Magnus Wendt, titulado: «España, escudero de la democracia», en el que se lee: «La afirmación de que el movimiento de resistencia contra Franco es comunista es un error que ha sido difundido con fines de propaganda distintos y por motivos diferentes, tanto por Madrid como por Moscú.
»Enganchar a Franco en calidad de ayuda contra los rusos es como sacar el diablo con Belcebú. Es sentar un peligroso precedente que Estados, que pretenden por lo menos ser llamados democráticos, traten de aliarse con un régimen tan insolvente como el régimen del cual nos queremos proteger. Es como si nos pareciera bien que los pueblos oprimidos estén como están, con tal que nosotros nos salvemos».
Más hojas clandestinas
Ha sido ordenada una investigación judicial a fin de averiguar las circunstancias que han permitido poner en circulación hojas clandestinas condenando la decisión del Vaticano privando al Cardenal Segura de sus poderes ejecutivos en su archidiócesis.
La investigación será dirigida por el magistrado Sr. Iturriaga. La policía procederá a interrogar muchos habitantes de Sevilla a fin de aclarar el asunto. Las hojas en cuestión atacaban al Nuncio del Papa en España, Mons. Antoniutti y calificaban de injusta la decisión del Vaticano.
Es sabido que el Cabildo de la Catedral de Sevilla ha aprobado una moción condenando lo que llama una campaña desatada contra el Papa, el Vaticano y Mons. Bueno Monreal. Esta moción ha sido dirigida al Nuncio Apostólico en Madrid.

