Ibérica por la libertad
Volumen 5, Nº 11, 15 de noviembre de 1957


IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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Yo no puedo concebir un régimen verdaderamente libre sin libertad de conciencia. Así como el Universo es infinito así ha de ser de infinita la libertad. Libertad de todos para todo, porque la libertad de un individuo sólo debe terminar cuando comienza la libertad de otro. La libertad de la Iglesia es, pues, a mi juicio, perfectamente compatible con la libertad de la República, y viceversa. Lo único que hace falta es limitar bien los campos de acción. «Dar al César lo que es del César...» Que nadie intente pisar nunca un terreno que no sea el suyo. La Iglesia puede llenar todavía un gran cometido en España, y más cuando vuelva a implantarse la República. La idea de la religión católica es tan humilde y, sin embargo, tan sublime, tan enorme, tan repleta de sugerencias emotivas, que ella sola, bien difundida y mejor aplicada, puede ganar más adeptos entre la clase trabajadora, entre los que sufren, que entre los opulentos.
«Si Dios no existiera -dijo con acierto uno de los revolucionarios franceses más destacados a fines del siglo XVIII- habría que inventarlo». ¿Por qué? Pues sencillamente -y ahora, como es lógico, habla el hombre profundamente católico- porque es necesario creer en algo que esté por encima de nosotros, de nuestras miserias humanas; tener fe en sus designios; reconocer un Ser superior a todos, benévolo, justo, misericordioso, magnánimo. La Iglesia, como representante de ese Dios, es necesaria, y más necesaria aun en las Repúblicas que en las Monarquías. Por eso yo no admito, no he podido admitir nunca, incompatibilidad alguna entre una Institución espiritual y una realidad popular y política.
La Iglesia no podrá nunca desaparecer en España por muchos que sean los errores de sus representantes legítimos. Por eso yo cuando veía con verdadera pena en Julio de 1936 los edificios religiosos envueltos en llamas, no pensé nunca que aquello fuera su apoteosis final. Aquello no podía ser otra cosa que la explosión pasajera del odio de unas turbas incontroladas por el gobierno republicano, única y exclusivamente contra los sacerdotes españoles que habían conspirado abiertamente para derribar el régimen que el pueblo eligió libremente, en uso de su soberano e indiscutible derecho, con un ejemplar pacifismo, sin meterse con nadie, el 14 de abril de 1931... Pero yo sabía que la Iglesia habría de volver, que tenía que volver y, claro está, ha vuelto. ¿Y cómo ha vuelto? ¿Escarmentada, arrepentida de sus pasados errores? Nada de eso.
Lo siento. Lo siento, porque me gustaría que la Iglesia hubiera vuelto a levantar sus templos en España para encerrarse en ellos, para predicar en sus púlpitos el amor al prójimo, para inculcar en los corazones de vencedores y vencidos el olvido y el perdón de las ofensas, para vivir alejada de la política, al margen de todos los partidos, sin incurrir en nuevas responsabilidades, sin atacar a los hombres liberales, sin ofender a nadie. No lo ha hecho así todavía, pero yo creo que algún día acaso no muy lejano acabará por comprender su verdadera conveniencia y rectificará su conducta actual. Como católico y como español deseo que lo haga cuanto antes y entonces, solo entonces, empezará a lograr para sus sacerdotes no solo el respeto popular, sino también, en un posible nuevo cambio de régimen, la tranquilidad espiritual y material a la que, indudablemente, tiene un perfecto derecho.
Y dicho esto, a modo de preámbulo, voy a entrar de lleno en lo que hoy constituye el tema de mi artículo. Quiero decir que voy a ocuparme de las relaciones que hubo entre la Segunda República Española y la Iglesia. Ante todo conviene dejar sentado, contestando así a las acusaciones que a la República se le han hecho -me refiero ahora, naturalmente, tan sólo a la República anterior a nuestra guerra civil- con respecto a su trato con la Iglesia, que dichas acusaciones son falsas o, por lo menos, tendenciosas. La mayoría de las afirmaciones y argumentos que emplean y han empleado los elementos reaccionarios para demostrar la enemiga del régimen republicano hacia la religión católica carecen de fundamento y voy a ver si consigo demostrarlo. Me interesa ahora de esas afirmaciones, ligeras y gratuitas, recoger solamente tres que son, tal vez, las más importantes. A la República se le acusa, primero, de haber expulsado a las órdenes religiosas; segundo, de haber prohibido la educación católica y tercero, de ofender constantemente los sentimientos religiosos del país. Repito que no es cierto.
La República española no expulsó a ninguna orden religiosa. Se limitó no a expulsar, sino a disolver -que no es lo mismo-, a la Compañía de Jesús y esto lo hizo en cumplimiento del famoso artículo 26 de la Constitución (más adelante hablaremos de ese artículo) que dice así: «Quedan disueltas aquellas órdenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos».
Con esta medida, ¿qué pasó? Pues no pasó en absoluto nada verdaderamente práctico. Los Jesuitas no salieron de España: se refugiaron en infinidad de colegios particulares, en diferentes domicilios, fundaron, «camuflados» con otros nombres, diversos centros docentes y continuaron combatiendo abiertamente como antes, pero con mayor y más justificado encono a la República. En cuanto a la nacionalización de sus bienes la medida fue ingenua, ya que una nube de fieles intermediarios resguardaba desde los tiempos de Carlos III -que ése si que expulsó a los jesuitas a pesar de ser un rey católico- los muy valiosos bienes muebles de la Compañía de Jesús.
Tampoco la República prohibió la educación católica. Lo que hizo es no tomarla a su cargo, pero estableciendo el derecho a que los católicos la enseñaran conforme al artículo 48 de la Constitución que dice así: «Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos». Y en casi todos los colegios particulares de España se continuó enseñando la doctrina católica y yo pude educar a mis hijos católicamente, en plena República, en Madrid, sin que nadie me lo impidiera, y uno de ellos cursó sus estudios elementales en la magnífica residencia de los Padres Marianistas y el otro, una hija, en las Damas de Saint Maur. Ambas instituciones, respetadas por todos, tenían unos edificios verdaderamente suntuosos.
En lo relativo, por último, a ofensas al sentimiento religioso del país es posible que haya algo, nada más que algo, de cierto; no quiero entrar a discutirlo, pero si hubo agravio, fue, sin duda, en justa correspondencia. Es que a la Iglesia, mejor dicho a la mayoría de los sacerdotes de la Iglesia española -que es cosa distinta-, ¿no les remuerde la conciencia de haber ofendido con sus constantes ataques orales y escritos los sentimientos republicanos del pueblo, igualmente dignos de respeto?
Y vamos ahora con el famoso artículo 26, famoso y desdichado artículo 26 de nuestra Constitución republicana, del que antes os he anunciado que me proponía hablaros. Pero antes dejadme que, con mi pesadez machacona, insista en mi rotunda afirmación de que la República no puede, ni debe ser nunca -no me cansaré de repetirlo porque creo así cumplir con mis obligaciones de católico y de republicano- enemiga de la Iglesia. No lo será y, además, que es lo más importante y lo más conveniente de destacar, no lo ha sido tampoco mientras que la República, sujeta a unas garantías constitucionales -es decir, desde 1931 hasta julio de 1936- vivió en plena normalidad jurídica. A pesar de lo que en contra de esta rotunda afirmación mía puedan decir los elementos reaccionarios y franquistas de España, y a pesar también del famoso artículo 26 de nuestra Constitución, mi afirmación sigue teniendo una fuerza indudable de veracidad.
El artículo 26, que provocó la primera crisis de la Segunda República Española el 14 de octubre de 1931 -crisis en la que abandonaron sus puestos en el Gobierno los Srs. Alcalá-Zamora y Maura y en la que yo dejé de ser Subsecretario de la Presidencia-, fue un lamentable error político. No resolvió nada y levantó una polvareda de fanatismo religioso contra el nuevo régimen tan considerable que estuvo a punto de cegarlo. Hubiera sido mucho más sencillo, a mi juicio, atenerse simplemente al Concordato pactado entre la Monarquía y la Santa Sede que limitaba a tres el número de las órdenes religiosas que podían establecerse en España: dos señaladas propiamente en el citado convenio y otra sin especificar, defecto garrafal del Concordato, a cuyo amparo se fundaron en España multitud de congregaciones que aspiraban a ese tercer puesto.
Fuera de ese equivocado artículo 26 no hay nada, en absoluto nada, en toda nuestra Constitución que pueda interpretarse como ataque a las prerrogativas y derechos esenciales de la Iglesia. Y, en demostración de mi aserto voy a transcribir y a comentar, de paso, algunos artículos de dicha Constitución que prueban claramente cuál ha sido la posición de la República en ese aspecto.
Vamos por orden. ARTÍCULO 1º.- «España es una República de trabajadores de todas clases que se organiza en régimen de libertad y de justicia». Es decir, que la República se proponía ser siempre un sistema democrático y liberal; y como no caben democracia y liberalismo en un régimen que no garantizase todos los derechos de las minorías, éstas tenían asegurados los suyos y, por tanto, la Iglesia, suponiendo que hubiese sido minoría -que no lo era-, podía contar con la seguridad absoluta de vivir en paz en un régimen de libertad y de justicia.
ARTÍCULO 27.- «La libertad de conciencia y el derecho de practicar y profesar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral pública». O sea, que los católicos podíamos libremente ser católicos y practicar nuestras creencias y asistir a nuestras ceremonias religiosas con la seguridad plena de que nadie, dentro de la ley, podía impedirlo.
ARTÍCULO 34.- «Toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión, sin sujetarse a la previa censura. En ningún caso podrá recogerse la edición de libros y periódicos sino en virtud de mandamiento de juez competente. No podrá decretarse la suspensión de ningún periódico, sino por sentencia firme». Se entiende bien claramente por este artículo que los católicos más reaccionarios e intransigentes tenían un perfecto derecho (derecho que utilizaron ampliamente) a hacer la propaganda de sus doctrinas y que podían publicar artículos, editar folletos y libros, dar conferencias sin sujetarse a revisiones previas de lo que iban a decir.
ARTÍCULO 39.- «Los españoles podrán asociarse libremente para los distintos fines de la vida humana, conforme a las leyes del Estado». Como de este derecho no se exceptuaba a nadie, implícitamente se nos reconocía también a los católicos una indiscutible libertad jurídica para crear asociaciones de tipo religioso, cultural y benéfico y para organizarnos libremente como mejor nos pareciese.
ARTÍCULO 48.- Es el último que me interesa destacar. «Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a la inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos». De este artículo ya me he ocupado antes, pero lo considero tan interesante y tan fundamental para fijar bien la posición de la Segunda República Española con respecto a la enseñanza católica que no he querido prescindir de él en esta rapidísima revisión constitucional que acabo de hacer y que, para no extenderme excesivamente, doy por terminada.
«... Con la Iglesia hemos topado, Sancho», exclamó compungido Don Quijote de la Mancha, y con la Iglesia, equivocadamente, sin que esa fuera su intención, fueron a topar los republicanos españoles. El hecho no debe volver a ocurrir por propio interés de todos. Los republicanos españoles -ahora me refiero a los republicanos no creyentes- cometieron en 1931 un grave error que ya han pagado bastante caro. Ese error fue el de no comprender que la Iglesia pedía un puesto en aquel avance social, y ese puesto, por miedo o por desconfianza, se le negó entonces, ignorando que la Iglesia, si se la desprecia, si se hace caso omiso de ella, si se desconoce su fuerza, es mal enemigo. Cinco años después, en 1936, se vio que esto que acabo de decir no es exagerado. Con el alzamiento militar de Franco se dejó sentir, al mismo tiempo que la impaciente apetencia de mando de las derechas que acababan de ser vencidas en las urnas, un imperioso anhelo de dominio y de desquite por parte de la Iglesia... Han pasado los años y ese mismo anhelo sigue latente todavía. Conviene que lo tengan presente los hombres liberales que algún día sean llamados a gobernar en España.
RAFAEL SÁNCHEZ-GUERRA
Las ideas, el arte y la literatura han vivido muchas veces aislados en España. La configuración geográfica de la Península se presta a ello. Nunca un aislamiento es favorable al desarrollo del espíritu creador de la cultura. Pero ha habido veces en nuestra historia que ha dado algún espléndido fruto. Sólo en esos momentos en que el genio español, adentrándose en sí mismo y sometido a la alta tensión de una tarea original, motivado por unas circunstancias religiosas o políticas determinadas, ha encontrado las extrañas fuentes de su personalidad. Cuando se terminó la guerra civil y la voluntad de poder falangista se adueñó totalmente del Estado, se pensó que en el mundo de las ideas y de las formas se encontraría con facilidad un estilo -un estilo castrense, sacerdotal o escurialense- que estuviese a la altura de aquellos represivos y reprimidos instantes. Dentro de la calma chicha tan peculiar de toda dictadura, bajo y sobre esa era de paz impuesta que se abría como una granada sangrienta, cubiertos por ese silencio insoportable de la victoria y de las arengas del Caudillo -ya conocen todos su voz de tiple vieja que ha tenido que ser suprimida de los noticiarios cinematográficos de España por la risa que produce-, toda la gente esperaba que un nuevo siglo de oro amaneciera en el horizonte nacional.
No fue así, porque no se prestaba a ello ni la política de camarilla ni el arrepentimiento de los españoles mejores. En poesía apareció un retorno a Garcilaso y en pintura un espíritu trasnochado de cuadro histórico y de plástica realista dirigida. Garcilaso animó los mejores versos de los nuevos líricos españoles. Se buscaba en Garcilaso un poeta plácido, enamorado y áureo, como la resurrección de lo inocuo y de lo inofensivo. Para inmortalizar a los héroes de la «cruzada» se mancharon unos cuadros con bellos colores de fantasía, una espiritualidad convencional y adelgazada a lo Greco y el contenido heroico de la Alemania hitleriaria. Se cerraron los libros de Unamuno y Ortega, y el seráfico D'Ors hizo de las suyas como pontífice máximo del pensamiento filosófico. Aún no había llegado el momento del renacimiento acomodaticio de Menéndez Pelayo y de Balmes, puestos en cuarentena por su cierto liberalismo ochocentista.
El resultado de toda esta política literaria fue malo. Se puede afirmar que todos estos años, que coinciden con los de la segunda guerra mundial, son de una miseria intelectual absoluta. Al mismo tiempo hemos de decir que al margen de la España oficial iba generándose un estado de conciencia disconforme que llevaba ya en sí algunos aspectos importantes del arte crítico futuro. El escritor español se sentía incomunicado del mundo europeo, cercado por mar, con la frontera de Portugal abierta pero inservible para toda aproximación ideológica, y con la frontera de Francia cerrada a piedra y lodo. Pero la verdad es que, a pesar de todo, por esta frontera de Francia, y de contrabando, habrían de entrar las inquietudes filosóficas, artísticas y morales que aquejaban a los europeos de entonces, que daban una norma y un estilo a una nueva cultura y a una nueva desasosegada existencia. Los mejores españoles, no sólo los vencidos sino especialmente los vencedores más responsables, miraban aquella frontera como los labradores miran al cielo en busca de una nube de agua salvadora. Y es que todos nos sentíamos verdaderamente asfixiados. Como tantas veces en España apareció el nombre de «afrancesado». Lo afrancesado era el jansenismo, palabra temida que caía sobre aquellos católicos peninsulares que volvían la espalda al cura secular español de trabuco e inquisición, el existencialismo que corrompía las costumbres y sembraba toda clase de desviaciones peligrosas en el espíritu, el «picassismo», arte luciferino de las democracias, que perturbaba las formas tradicionales de nuestra pintura. Se puede decir que a lo largo de todo este tiempo se creó una tensión muy violenta entre ese español que se afrancesaba y el Estado falangista que lo obligaba a vivir dentro de su norma cuartelera. Esto no era nuevo en España, esto del afrancesamiento. La llegada de las órdenes medievales francesas a la Península Ibérica, con su nuevo sentido de la cultura cristiana europea frente a la Iglesia indígena, la casa de Borbón con su clasicismo intelectual y político, y en la Guerra de la Independencia la contaminación con las ideas de la revolución y de la libertad burguesa. La piedra de toque siempre fue Francia. No Inglaterra ni los Estados Unidos, ni aun Rusia, tan alejada. El caballo de batalla, que había de ser machacado como fuese, estaba representado por esas ideas francesas que entre los viajeros de Port Bou y Hendaya llegaban y salían de España, en los libros escondidos en las maletas, en los periódicos católicos hechos en París, en los vestidos de la Rue de la Paix, en los perfumes de Coty, en el verbo de los poetas de la Resistencia, etc., etc.

Después vinieron otras cosas, la novela norteamericana traducida en Buenos Aires, los relatos de Graham Greene o de Mauriac, el cine yanki o inglés y, más tarde, el italiano, alguna pintura europea y las ideas de algunos pensadores cristianos franceses de Gabriel Marcel a Maritain. Maritain, por ejemplo, ha sido perseguido en nuestro país en la misma forma que Marx o Lenin, mejor dicho, con más virulencia e impiedad. El fenómeno más curioso de este tiempo lo da la novela española de guerra. Mientras en todas las naciones del mundo surge con gran fuerza y espíritu ofensivo la novela de guerra, donde los jóvenes escritores relatan sus hazañas y expresan el dolor y la miseria vivida, de tal modo que puede decirse que todo gran novelista de esta generación postbélica escribió su novela de guerra, en España se debe afirmar que no existe ni un solo libro en que este tema de nuestra lucha civil apareciera. Cuando ésta terminó, efectivamente, dos o tres escritores falangistas se pusieron a la obra. Conviene citar unos cuantos nombres de novelas, muy pocos, en que la guerra civil de España pasa a primer plano, narrándose, V. gr: el heroico comportamiento de la «fiel infantería» de Franco. Claro está, sin hablar de la italiana y de la artillería alemana. Pero estos relatos fueron tan malos, tan faltos de valores artísticos y de genio creador, que pronto cayeron en el olvido más absoluto, y sus autores se dedicaron al periodismo o a la enseñanza.
No cabe duda que la novela es un género literario terriblemente crítico, pero en el Estado del Caudillo toda crítica está borrada de la vida nacional. Con una mentalidad poemática y deportiva es muy difícil hacer novelas. Sin libertad política, se ha repetido muchas veces, la novela perece. Que es lo qué sucedió en la Alemania de Hitler y en la Italia de Mussolini o en la Rusia de Stalin. No hay posibilidad de citar un solo título ilustre de novela en todos estos países. La democracia política en Italia ha creado un florecimiento extraordinario de esta forma literaria. En la misma Alemania han surgido dos o tres novelistas de auténtica personalidad. Lo interesante es saber que las pocas novelas que se escribieron en España de este tipo no han llegado a las historias literarias, ni los españoles con su libertad reprimida y encarcelada se prestaron al juego. Los libros de caballería que anhelaban leer el Caudillo y el gran consejo de Falange se quedaron en el tintero. Ellos se contentaron con escuchar a los poetas oficiales, cada uno de los cuales compuso un soneto, bien al talento militar de Franco, bien a la epopeya del Alcázar, bien a la memoria del desgraciado José Antonio.
Los españoles no escribieron novelas de guerra porque no se las dejaron escribir. Es muy difícil que un español escriba al dictado. Tenemos que lamentar que una guerra civil como la nuestra no haya producido unas cuantas obras de arte. Solo nos queda lo que han escrito los exilados. Pero hemos de pensar lo que ha quedado en España, bien compuesto y mejor escondido, o bien depositado en las mentes, en la espera de más felices momentos. La verdad es que se ha malogrado una ocasión excepcional de nuestras letras. Si algún día cualquiera de estos españoles que tienen su novela de guerra intentara escribirla, ya el ambiente propicio habrá desaparecido y es muy posible que las nuevas generaciones no la lleguen a entender. Hay que pensar que los escritores disidentes que no han compuesto una obra de esta naturaleza y que viven arrinconados en el anonimato de una oficina o de un taller han ido perdiendo fuerza original y creadora, fundiéndose poco a poco con nuevos hombres dotados de una nueva mentalidad y con un inédito sentido de la disconformidad. Este proceso resulta ininteligible para los españoles de fuera.
No debemos olvidar que la Historia de España se está haciendo aquí dentro, no en el extranjero, entre los exilados, por muy sobresalientes que hayan sido los hechos y las conductas de tantos españoles ilustres desparramados por el vasto mundo. Los españoles que están fuera viven con las ideas y las creencias de antes, con el alma de la guerra civil, con aquel quehacer inusitado que no les dejaba pensar. Los españoles de dentro, los más viejos, aún poseen aquel contenido de ideas y creencias, pero hay que reconocer que después de 1939 es cuando comenzó la verdadera época de represión y de barbarie, de miseria y de infamia, de escándalo y abyección. Esto lo han conocido los republicanos y los monárquicos, los maduros y los jóvenes, los falangistas y los afrancesados. Dedicados a la guerra, los españoles no supieron hacer otra cosa, por el imperio de las circunstancias. Mas ya dentro de la paz, metidos hasta el cuello en el terrible tiempo de una inquisidora depuración, todos hemos conocido las afrentas máximas a la personalidad humana. Hemos de pensar lo que han sufrido todos estos hombres para llegar hasta donde nos encontramos. La literatura que ha podido surgir de este estado de cosas, está por hacer. Especialmente la novela y el teatro. La que se ha hecho, alguna muy importante, sólo roza algunos aspectos de esta situación durísima.

En este país aislado del mundo, las ideas siguen entrando de contrabando por la frontera francesa. También desde Gibraltar con los cigarrillos ingleses y desde Tánger con las plumas estilográficas, sin olvidar muy especialmente las que llegan en los buques de las líneas de Sur y Centro América entre el café y el azúcar. Para abastecer este mercado negro recibimos muchas cosas. El mercado negro, en España, es siempre más barato que el mercado oficial. Por ejemplo, si de penicilina se trata es mucho más barata la que llega de fuera clandestinamente que la que se produce dentro. La naturaleza de este mercado negro es muy distinta del de las otras naciones. Lo mismo ha sucedido en el orbe de las ideas y de las formas artísticas. Costó mucho trabajo a los españoles meter de contrabando los estilos de pintura que se llevan hoy en el mundo. Sólo al terminar la segunda guerra mundial se pudo hacer algo. Los verdaderos pintores sabían cuán falso era ponerse a pintar en este tiempo como Velázquez o Moreno Carbonero, por muy notables pintores que éstos fueran. El esfuerzo que han tenido que realizar nuestros compatriotas para llegar a este mínimo de libertad ha sido enorme, heroico. Se sigue tildando de afrancesados a todos los nuevos artistas que han sabido conciliar las formas más subversivas de nuestra plástica, del Greco a Solana, con las maneras contemporáneas de la Escuela de París. Los pintores católicos pintan un poco como el Greco o como los primitivos románticos, pero sin olvidar la inspiración de Rouault o Dufy, más en consonancia con las inquietudes actuales. Lo mismo ha sucedido con la poesía, con el teatro, con la filosofía, amplio campo donde el existencialismo y el personalismo a lo Gabriel Marcel han hecho de las suyas. Francia, en este aspecto, sigue siendo la proveedora número uno de nuestras ideas. La frontera del Pirineo y los puertos del Mediterráneo y del Atlántico son las puertas entreabiertas por donde aquellas se meten.
La historia de esta época oscura y tenebrosa, desde el punto de vista cultural y literario, cuando se haga, hablará de Francia de manera semejante a como se ha hablado otras veces. Esto no es nuevo, lo de toda la vida. Unos Historiadores calificarán aquella frontera como la Puerta del Infierno, otros, como la Puerta del Paraíso.
JUAN DE TOLEDO
Franco mismo lo ha dicho.
En un discurso, al inaugurar la central eléctrica de Escombreras, cerca de Cartagena: los rusos han tenido los primeros el cohete intercontinental y el satélite artificial porque en Rusia «hay unidad y disciplina».
Esas realizaciones técnicas, afirma el Caudillo, «No habrían podido lograrse en la Rusia vieja; forzosamente tenían que ocurrir en la Rusia nueva».
Además, estas realizaciones técnicas no podían ocurrir «en países divididos o en países sin orden».
«La unidad política y la continuidad de la autoridad y de la disciplina» fueron los factores del progreso técnico soviético, según el Generalísimo.
Este saca algunas consecuencias de su examen de la realidad soviética: «Es necesario orientar a la juventud» afirma. E insiste: Rusia «nos demostró lo que puede lograrse cuando se dirige la cultura».
Por lo tanto, a los ojos del Caudillo de España, el satélite artificial soviético es un producto del totalitarismo.
* * *
Franco lo ha dicho. Ha confirmado, con sus propias palabras, y sin duda después de meditarlas bien, lo que nosotros habíamos afirmado, entre encogimientos de hombros escépticos: que Franco podría muy bien entenderse, un día, con el Kremlin.
Ahora, él mismo da las razones, destaca las similitudes entre su régimen y el soviético, al señalar, por ejemplo, que en España, sin la continuidad de autoridad y de disciplina que alaba en Rusia, no habrían sido posibles obras como la central eléctrica inaugurada en el momento de hacer estas afirmaciones que deberían ser sensacionales y que han pasado casi inadvertidas.
La falacia del argumento se percibe a simple vista. Todos los descubrimientos de la ciencia británica, de la técnica norteamericana (entre ellos la desintegración del átomo), de la investigación francesa, no deberían haber sido posibles, puesto que estos países, según la medida de Franco, no gozan de continuidad, de autoridad y de disciplina.

Las deducciones de la afirmación son también evidentes: si los Estados Unidos quieren alcanzar a la URSS en el terreno de los progresos técnicos, deben dejar de ser un país «dividido y sin orden». Más todavía, lo que el mundo occidental reprocha al régimen soviético, es justamente lo que Franco le alaba: la cultura dirigida, la continuidad de autoridad (que nosotros llamamos dictadura) la disciplina (que nosotros denominamos falta de libertades fundamentales o tiranía).
Hay, pues, según confesión de Franco mismo, una similitud que salta a la vista entre el régimen de Madrid y el de Moscú. Existirán, cierto, diferencias de grado -debidas, acaso, a la ayuda económica norteamericana, a la falta de tradición totalitaria en España, a la diferencia temperamental entre un Stalin y un Franco-, pero en lo fundamental son regímenes idénticos. Stalin pudo entenderse con Hitler porque el nazismo y el stalinismo tenían en común su carácter totalitario. No hay motivo alguno para que entre el Palacio del Pardo y el Kremlin no se establezca algún día un acuerdo semejante, puesto que entre los regímenes y los hombres existe también el mismo denominador común: el totalitarismo.
* * *
Indicios no faltan. Las primeras conversaciones entre Moscú y Berlín fueron de carácter comercial. Luego vino el sacrificio de España por Moscú, para dar a Berlín pruebas de buena voluntad. Después, el pacto nazi-soviético.
Franco se benefició, pues, el primero, de la alianza de dos totalitarismos. En 1949, ya se denunció en la ONU que Franco había adquirido motores de aviación en Polonia. Más tarde, se revelaron negociaciones comerciales y ventas de wolfram español a Rusia, realizadas a través de conversaciones sostenidas en países árabes. Ahora, los indicios son mucho más numerosos. Sólo pueden ignorarlos quienes no quieran verlos. Por ejemplo...
Se ha negociado un acuerdo comercial entre España y Alemania Oriental, por un total de 25 millones de dólares. Un acuerdo parecido está en negociación con Checoeslovaquia. En julio, Madrid firmó con Varsovia un acuerdo de intercambio por valor de 9 millones de dólares. En todos estos casos, España importará maquinaria y exportará los productos alimenticios que tan necesarios son a los españoles, cuyas cosechas siguen siendo deficitarias.
Jorge Brosa, Director General de Comercio Exterior del Ministerio de Comercio habló por Radio Praga, a principios de octubre, y declaró que «el restablecimiento de relaciones comerciales (entre España y Checoeslovaquia) sería beneficioso para ambos países».
Madrid ya no insiste en recobrar los 420 millones de dólares en oro español que «guarda» Moscú desde 1936. Más aun, es evidente que Madrid no aspira realmente a importar gran cantidad de maquinaria de los países satélites de Rusia, puesto que sabe muy bien que esos satélites, y la URSS misma, en sus relaciones comerciales se apresuran a importar todos los productos que figuran en los acuerdos, y se retrasan en exportar la contrapartida de los mismos. Esto se ha visto muy claro en los intercambios entre la URSS y Checoeslovaquia y ciertos países latinoamericanos, como la Argentina de Perón, el Perú, y el Brasil.
Pero Franco quiere, sin duda, lo mismo que desearon Perón u Odria, el dictador del Perú, y que pagaron con sus exportaciones: apoyo político de los comunistas locales.
* * *
Este intercambio de productos comerciales por influencia política sería ahora de gran utilidad para Franco. No sólo por aquello que indujo, según el chiste, al príncipe de Mónaco a pedir al Quai d'Orsay unos cuantos comunistas prestados, «Para recibir ayuda del Plan Marshall», sino con fines más serios e importantes.
Fijémonos en ciertos hechos, del dominio público unos, más o menos disimulados otros, y relacionémoslos. Mientras todavía hay en la URSS refugiados españoles que no logran salir del país, Moscú envía a Franco todos los niños españoles refugiados en Rusia durante la guerra civil, muchos de los cuales, sin duda, han sido adoctrinados y adiestrados políticamente. Envía también a los prisioneros de la División Azul, mientras que retiene a los de Alemania y el Japón,, países con cuyo régimen el de Moscú tiene menos diferencias aparentes que con el de Madrid. (Insistamos en lo de aparentes...)
La policía de Franco no ha sometido a vigilancia ni a interrogatorio a estos españoles devueltos por Rusia, con el fin de descubrir los agentes comunistas que Moscú deslizó indudablemente entre ellos. El régimen franquista, que intenta justificarse con su anticomunismo, descuida, pues, una precaución elemental.
Por otra parte, en México, entre los refugiados españoles, es bien sabido que de Madrid llegan inmediatamente visas para todos los comunistas que desean regresar a España, mientras que para los simples familiares de los refugiados no comunistas estos visas llegan con mucho retraso o, simplemente, no llegan nunca. Franco, pues, con todo y su anticomunismo, no parece temer la infiltración de comunistas en España...
¿Por qué esta confianza? No será, desde luego, por creer que su policía sea superior a la de otros países que adoptan precauciones mucho más severas. No considera tampoco que su régimen esté libre de la amenaza de los embates comunistas, puesto que siempre que estalla una huelga espontánea o una protesta estudiantil, las achaca a los comunistas.
¿Qué hay, pues, detrás de la curiosa tolerancia con los comunistas del intolerante régimen franquista?
La respuesta parece ser esta: Franco quiere hacer lo mismo que los dictadores de Venezuela o Perú o lo que Perón: utilizar a los comunistas para encuadrar al movimiento obrero y a los intelectuales.
Ha visto que con la Falange y los sindicatos verticales no logra someter a los trabajadores, que las huelgas no desaparecen, que la clase obrera no presta apoyo ninguno al régimen. Más todavía, sabe que con sus constantes maniobras se expone a que demagogos falangistas logren arrastrar a grupos de obreros desesperados o desorientados. ¿Qué mejor, para asegurar su dominio sobre los pseudosindicatos que poner al frente de ellos a comunistas bien adiestrados, -con experiencia, cuyos nombres no sean populares, pero cuya eficacia esté probada?
Franco sabe que tampoco ha logrado someter a los estudiantes e intelectuales. ¿Qué mejor táctica -mejor para Franco-, que infiltrar entre ellos a comunistas, que posiblemente consigan aprovechar la decepción de estos grupos inconformistas para encuadrarlos, manejarlos a su guisa y, en todo caso, lanzarlos a aceptar las provocaciones que a Franco le convengan y que, así, le permitirán atribuir toda protesta a los comunistas?
* * *
Con esto, Franco mata dos pájaros de un solo tiro: dispone de un instrumento de «chantage» frente a los Estados Unidos, al afirmar que en España aumenta el peligro comunista y que sólo él, Franco, puede contenerlo. Este mismo «chantage» es válido frente a los grupos que se van separando del Caudillo y que quisieran su substitución.
Por otro lado, Franco refuerza su dominio sobre los elementos tradicionalmente más activos y peligrosos del pueblo español: los trabajadores y los estudiantes e intelectuales.
Claro está que el juego es peligroso, porque los comunistas se pueden desmandar. Pero Franco no se ha mostrado nunca falto de previsión. Si acepta a los comunistas, si los utiliza, es porque tiene alguna seguridad de que no lo traicionarán. En la coyuntura actual del mundo y con la mentalidad comunista, esta seguridad no puede ser más que una: Franco está entendiéndose con Moscú. Primero, en un plano comercial. Más tarde, puede ser facilitando al Kremlin información militar. Luego, llegando a un acuerdo diplomático, si así conviene a Moscú, o bien haciendo creer a Washington que España sigue fiel al acuerdo con los Estados Unidos y debilitando así uno de los flancos de la defensa del Occidente en Europa -o de lo que algunos militares consideran como tal.

¿Qué todo esto parece increíble, inverosímil, fantástico? No para quien conozca tanto a Franco como a la gente del Kremlin. Tan fantástico habría parecido el pacto nazi-soviético quince días antes de firmarse como, ahora, la probabilidad de un acuerdo entre Franco y Kruchev.
Y, sin embargo, Franco mismo, en su discurso de Cartagena, acaba de dar razones por las cuales un acuerdo entre el Kremlin y el Pardo es, no sólo posible, sino probable. No sólo probable, sino lógico.
VÍCTOR ALBA
DESDE UNA CIUDAD EUROPEA1
12 de septiembre, 1957
«He leído con verdadera emoción su carta... La agradezco muchísimo su felicitación, sobre todo por cuanto constituye un testimonio de sincero afecto que a través de mí, va a esta nueva generación que se debate contra todo aquello que pretendió imponerle el régimen actual.- Por lo que a mí respecta, salí de España en 1948... y desde entonces no he vuelto ni pienso volver hasta que aquello cambie. Pero he de decirle que salí desanimado, descorazonado por la apatía de las gentes, principalmente de mis compañeros de generación que entonces o no se preocupaban de política, o se hallaban sencillamente, -aunque de modo pasivo-, en favor del régimen.
Ha sido para mí también una sorpresa grande ver, varios años después, que uno tras otro, se venían a Francia, maldiciendo el engaño del franquismo, y en busca de verdad y de honradez. El hecho de que las hayan encontrado en esos exilados, presuntos «enemigos de Dios y de la Patria», y que hayan comprobado que en realidad la reserva de caballerosidad se encontraba en los viejos políticos de la República y no en los energúmenos del Alzamiento, constituye para el exilio un desagravio tan hermoso como inesperado.- Este empalme de las últimas generaciones con los hombres del año 31 muestra el terrible fracaso del franquismo. Y si aun se tratase de los hijos de los republicanos, podrían hablar de una reproducción de la mala hierba, pero se trata precisamente de sus propios hijos -los Sánchez-Mazas, Girbau, Pradera, Bustelo, Calvo Sotelo, etc.- que lo tenían todo, honores, fortuna, adulación, para ser los sucesores del régimen. Lo contrario se ha producido: muchos se hallan hoy tan frente a él que incluso han elegido perderlo todo para incorporarse al campo de la libertad que es el único donde se puede vivir con dignidad.
Han tenido ustedes que esperar cerca de 20 años, y aunque ha llegado tarde, este triunfo moral no se lo podrá nadie quitar. Los españoles están hartos de dictadura y de corrupción... Algo de bueno tienen las dictaduras, y lo tienen por negación: a fuerza de encarnar la opresión y la corrupción, acaban por producir generaciones puritanas y severas como la de estos amigos que a cada momento pasan la frontera. Y es cierto que el exceso llama siempre su contrario, pues una corrupción moderada tiene más probabilidades de sobrevivirse que este exceso desenfrenado que acabará mordiéndose la cola...
Si en algo ha de contar nuestra influencia el día de mañana, será para reconstruir, con la indispensable colaboración de ustedes, una España sana, honrada, sencilla donde desde el más alto hasta el más humilde tengan que rendir cuentas de su gestión. En nuestras andanzas por el extranjero hemos visto que esto era posible en otros países.- ¿Por qué no lo ha de ser en el nuestro? En última instancia nuestro pueblo tiene tantas virtudes como los demás y sabe vivir con menos cuando hace falta.- Aunque sea mucho pedirles, después de tantas fatigas y sufrimientos, aún tendrán ustedes que hacer una labor útil, tanto en la dirección de los negocios públicos, como en el asesoramiento de estas juventudes que tienen mucha buena voluntad».
(Firmado)

(Llamamiento a la conciencia democrática del pueblo de los Estados Unidos).
Vivo en Bowne Street (Flushing, L.I.), cerca de donde está Bowne House, la casa de donde arrancó lo que ya suelen llamar la Primera Declaración de Independencia de los Estados Unidos. En esta casa, hace justamente tres siglos (1657), se afirmó lo que es básico para el progreso moderno: la convivencia religiosa, el respeto a todas las religiones, el derecho de todas las religiones; de todo lo cual mana la segura afirmación de la marcha democrática mundial. Y paso muchos días junto a la piedra que recuerda el árbol bajo cuyas ramas predicó el gran George Fox, hace algo menos de trescientos años (Junio de 1672).
Cuando semanas atrás visité Bowne House, una dama explicaba ciertas características y aireaba ciertos recuerdos. Hacía mucho hincapié en las persecuciones sufridas por John Bowne, y nos miraba como diciendo, y tenía razón: alégrense ustedes de que gracias a todas estas luchas, tan lejanas, ustedes disfruten de libertad de conciencia, de libertad política; y sean ustedes, pues, verdaderos seres humanos.
Y entonces fue cuando yo, con mi maltrecho inglés, le dije aquello de: todavía seguimos, señora, como hace trescientos años; todavía disfrutamos de prisión, de muerte y de exilio no solamente por querer interpretar a Dios a nuestra manera, sino por querer ser personas en nuestra propia patria. Todo lo que usted dice sufrió y es cierto el buen Bowne, lo estamos padeciendo, y con creces, muchos, muchos, y a más de trescientos años de distancia.
-Eso ocurrirá hoy -dijo a su modo la buena lady- en países demasiado remotos, en países al margen de nuestra civilización.
Y yo le añadí:
-No, lady: eso pasa en un país que es aliado de la gran democracia de los Estados Unidos. Eso pasa en España.
La buena lady se quedó bastante patidifusa, sobre todo cuando le expliqué ciertas cosas, y cuando, por lo tanto, se encontró ante un añoso exilado, con estas dos características, entre otras: haber escrito un libro en defensa de la misión de los Estados Unidos, y otros de reajuste de la democracia y de carácter religioso moderno. La buena lady no salía de su asombro. Y yo sé muy bien que cuando volvió a hablar de los episodios del excelente John Bowne, y sus consecuencias, ya no lo hizo con aquella sana firmeza de otros momentos.
* * *
Subtitulo este trabajo con una larga frase porque no puedo dirigirme, simplemente, como huésped que soy, al pueblo de los Estados Unidos, y no obstante tener familia estadounidense; pero sí tengo el derecho y el deber, y como yo tantos otros, de hacerlo a la conciencia democrática del pueblo de los Estados Unidos, porque a los hijos de esta nación, como a los hijos de otras, nos une la misma patria: el gran destino de la democracia universal. En ese sentido todos somos compatriotas.
Tan compatriotas, que en ese mi dicho libro sobre los Estados Unidos, comienzo con esta afirmación: la causa de los Estados Unidos es la causa de todos los demócratas del mundo. Y añado que la causa de los Estados Unidos es dar cima a su propio gran destino, el cual consiste en ser artífice, en primera línea, del gran destino de la democracia universal; o sea, el gran destino de una humanidad liberada, definitivamente fuera de la barbarie. Todavía digo más, entre las muchas cosas que digo: que los Estados Unidos o encabezan la lucha contra la podredumbre o encabezan la podredumbre.
Ya hace más de tres siglos comenzó en este gran país, que es la patria espiritual de todos los demócratas, esa lucha contra la podredumbre; y de ella es una de las más antiguas reliquias esta deleitosa casa de Bowne, en cuya inmediata vecindad se escriben estas líneas. Más o menos a partir de esa primera declaración de Independencia, remachada y afirmada por la otra gran Declaración, ¡qué grandes realizaciones se han sucedido después en la gran patria de Washington, de Jefferson, de Lincoln, de Wilson y de Roosevelt II!
Pero ¿cómo puede compaginarse todo esto con la ayuda moral y material a un régimen español que es el secuestrador totalitario de millones y millones de españoles, y que niega, en nombre de un pasado nacional que falsifica, los más elementales derechos humanos? En términos morales más que en términos políticos no cabe admitir que para luchar contra un totalitarismo tengamos que aliarnos a otro. Podemos admitir que, por exigencias de la política, nos aliemos a un totalitarismo por un momento dado para combatir al gran enemigo; y ya esto implica una grande y peligrosa concesión a eso que llamamos exigentes realidades. Pero ese desequilibrio tiene que buscar en seguida su contrapeso, a fin de que la autoridad moral para luchar contra el gran enemigo no padezca. Y no solamente para que no padezca esa autoridad moral en esa lucha, sino para que nuestra propia conciencia no esté entorpecida por una mala acción que merma todo entusiasmo y toda fe.
Somos muchos los españoles democráticos que no ya desde hace años, desde hace décadas, queremos una gran alianza con los Estados Unidos. Los Estados Unidos y España pueden y deben tratarse como dos grandes potencias que son: los Estados Unidos como una gran potencia viril y democrática; España como una gran potencia histórica que puede aportar mucha fuerza a la dirección moral del mundo. Nuestra historia nos une: España fundó la primera ciudad de los Estados Unidos, fue ella quien abrió los primeros grandes caminos en la Gran República; España le dio su primer idioma, que en cierto modo sigue siendo, aunque minoritario, idioma oficial; España ayudó en la hora difícil de la Independencia. En el rojo de las franjas de la bandera de los Estados Unidos hay un reflejo de la sangre española. Pero ¿qué tiene que ver esta España, que es la España de la gran creación universal, con la España franquista, la España a la que yo me refería al hablar con la buena lady?
Sí, somos muchos los españoles democráticos que ansiamos una gran alianza entre nuestras dos grandes naciones, en defensa, sobre todo, de los grandes postulados humanos. Pero queremos una alianza que pueda mostrarse ante todas las conciencias libres del mundo, una alianza que sirva de estímulo en la gran lucha por todo lo grande, una alianza que sirva de ejemplo y aumente la resistencia moral para toda clase de esfuerzos. Y si queremos todo esto, tenemos que ver con sumo dolor que por encima de millones y millones de españoles sometidos a tutoría infame, aprisionados, desterrados y en vísperas de ejecución, la gran Democracia de la liberación humana dé su mano noble, limpia y creadora, a una mano de Caín.
Existe, sí, un gran destino de los Estados Unidos, un gran destino que responde a las ansias nobles, creadoras y afirmativas del pueblo de esta gran nación. Pero hay que defender este gran destino, evitar que pueda naufragar por errores, o por intereses estrechos, o por débil interpretación histórica, o por cualquier otra falla. Sin embargo, estamos seguros de que este gran destino no fallará, porque en los Estados Unidos comenzó hace más de trescientos años, no ya la Primera Declaración de Independencia, sino lo que vale mucho más, con valer mucho eso otro y ser su consecuencia: la semilla de una nueva humanidad.
La conciencia democrática del pueblo de los Estados Unidos tiene mucho que hacer y mucho debe de hacer en pro de la trasformación de una amistad que mancha para convertirla en una amistad que honre. Ello no es difícil. Para lograrlo importa que al lado del sufrimiento del pueblo español -todas las ideas, todas las clases sociales, dentro y fuera de España- se junte, hombro con hombro, la conciencia democrática del pueblo de los Estados Unidos.
Pero es que, además, ni por conveniencia cabe una alianza con un aliado desleal, que ya viene jugueteando con los rusos a fin de apoyarse en ellos si ve que ello le conviene para seguirse manteniendo en el poder. Porque, además, el régimen que padece España no es cristiano, puesto que va contra los fundamentos de la religión cristiana, y no es patriótico puesto que deshace lo mejor de la patria; y es enemigo de la democracia porque cualquier evolución democrática lo echaría por tierra. El régimen español actual es el natural enemigo de los Estados Unidos por cuanto odia cuanto éstos representan. Que esté dispuesto a inclinarse hacia el mejor postor, en un momento dado, será su derivación natural. Comprado con dólares, el régimen franquista resulta un negocio caro, inseguro y malo; y, por supuesto, un descrédito.
El gran destino de los Estados Unidos permanecerá encallado mientras admita en su socio español todas las depredaciones de este socio, mientras intente ahincar la defensa de la democracia universal en esa ciénaga del totalitarismo franquista. Y mientras ese destino permanezca así encallado, la democracia mundial estará herida, porque su moral aparece eclipsada. Y con esa moral así eclipsada se le está haciendo precisamente el juego al gran enemigo a quien se quiere tener a raya. No cabe convivir en esa ciénaga, porque esa ciénaga totalitaria es precisamente el gran peligro para el mundo todo. Todos los seres humanos que sepan pensar por sí mismos ansían respirar un aire límpido, lejos de toda ciénaga.
Treinta millones de españoles están caídos en ella, treinta millones hijos de una patria que tuvo en su tiempo libertad religiosa, variedad religiosa, creación democrática. Ahora el crimen franquista la ha convertido en una ciénaga, pretendiendo consolidarla con la ayuda económica de la nación que tiene que ser, salvo que se niegue a sí misma, la enemiga nata de toda clase de ciénagas.
La conciencia democrática del pueblo de los Estados Unidos es la esperanza de todos los pueblos libres. El gran destino de los Estados Unidos debe caminar sin estorbos y contra la podredumbre. O eso, o la destrucción. Porque, no lo olvidemos: la ciénaga todo se lo traga.
Conciencia democrática del pueblo de los Estados Unidos: quiero terminar ahora recordando las palabras con que un escritor estadounidense, Allan Chase, glosando otras de Lincoln durante la guerra civil de los Estados, termina un libro sobre España:
«Mientras en aquella nación exista el totalitarismo, los muertos de los Estados Unidos en la segunda guerra mundial habrán muerto en vano».
ALICIO GARCITORAL
No hay mal que por bien no venga
Este viejo refrán tiene un hondo sentido teológico que el Caudillo y sus acólitos no podían ignorar. Y no será porque esta vez los designios providenciales sean muy favorables para España, ya que las inundaciones de Valencia parecen cuan maldición bíblica teñida de matices dantescos. No es misión mía la de informar sobre esta catástrofe en el sentido de la sección «Sucesos», pero sí en sus implicaciones políticas.
Mientras el dolor y la muerte se enseñoreaban durante interminables días de Valencia y sus alrededores, se pensaba ya en las esferas oficiales en obtener un provecho político de esta desgracia nacional. Cuando ya fueron encontrados los centenares de muertos (cerca de un millar), mientras los valencianos seguían chapoteando en el barro con botas de pocero (los que las tenían) y más de tres mil familias estaban al raso, sin hogar ni enseres, comiendo la sopa de caridad, el Caudillo, cual nuevo Cid, realizó su marcha sobre Valencia. Impecable, sin una salpicadura de barro, habló desde los balcones de Capitanía General. No se le ocurrió decir nada más confortante que recordar cómo Santander y Cádiz sufrieron otras calamidades y «que los pueblos que nacieron después de la guerra son hoy más bellos y fuertes», para terminar con aquello de «todo se arreglará y devolveremos otra vez la alegría a vuestros hogares». Excusado es decir que su éxito no fue muy grande. Si el Cid reconquistó la ciudad después de muerto, el Caudillo no ha podido hacerlo en vida. Sobre todo, porque la operación política ha sido demasiado visible. El diario Levante, órgano del Movimiento no tuvo mejor argumento en su editorial que el de «los designios divinos». Y otro plumífero estipendiado se largó con el siguiente «slogan»: «Del barro de Valencia saldrá la unidad de España». Todo esto salpimentado con desmesurados elogios al Ejército presentado como heroico salvador.
Todas las impresiones recibidas en Madrid confirman el desagrado creciente de la población valenciana, y esto no por la desgracia en sí, sino por el comportamiento oficial.
Sabido es que para el español de ahora «el gobierno tiene la culpa de todo», aunque a veces -raras- esto no sea verdad. Así que la primera reacción de los valencianos ha sido esa; unos acogieron y propalaron la noticia -seguramente falsa- de que la verdadera causa de la catástrofe era «que un pantano había reventado». Otros, más sensatos, se quejaban de que estos fenómenos no estuvieran previstos mientras se gastan miles de millones en altos hornos del Estado. Por añadidura, la censura se dedicó a minimizar hasta la exageración el número de víctimas. Por último, las autoridades militares y civiles actuaron con demasiada severidad contra algunos pilluelos que buscaban objetos perdidos entre la masa informe de escombros y barro. Hubo un día en que se corrió la voz por Madrid de que se había declarado el estado de sitio en Valencia, «para reprimir el pillaje». La noticia tampoco era cierta, pero refleja el estado de espíritu de la opinión.
Por fortuna, parece que las inundaciones no han dañado mucho a los naranjales, pero sí a la producción hortícola y, sobre todo, han agravado pavorosamente el problema de la vivienda.
La hora de optar
Dejando a un lado esta cuestión, vivimos unas semanas de aparente calma. Pero esa tranquilidad encubre la preocupación de unos y otros ante la proximidad de lo que podría llamarse la hora de las opciones.
En los medios gubernamentales se buscan activamente varias soluciones. Una de ellas, la estrictamente política. Acentuado el proceso de liquidación de Falange como partido único (la conmemoración de su XXIV aniversario ha sido una «reunión de familia» sin importancia) se necesita un armazón político que se busca en dos direcciones: la ya conocida del «Opus Dei» y otra de una renovación sindicalista que, en momento de apuro, pudiera ser una solución de recambio. Todo integrado dentro de lo que ahora se considera como «Movimiento».
Esto conduce al problema de buscar un mínimo de programación política, aún sin solucionar, pese al esfuerzo de los Calvo Serer, Marrero, Rodríguez Casado y otros «teócratas» de categoría.
En fin, lo que se busca con más ahínco es una solución económica para contener el proceso de deterioración en este orden de cosas.
En este asunto económico vale la pena de detenerse: la peseta sigue bajando y la circulación fiduciaria llegó en el balance del mes pasado a 62.467 millones de pesetas con aumento de 1.500 millones en un solo mes. Esto no impide que se sigan concediendo cada vez más créditos a los organismos oficiales y paraestatales, mientras se restringe drásticamente el crédito privado. Esta restricción es causa de sumas zozobras en las empresas de tipo medio y capitales unipersonales, hasta el punto de que la insistente baja de las cotizaciones en Bolsa, obedece en gran parte a la necesidad de convertir títulos en dinero líquido experimentada por esos capitales de tipo medio. Un técnico económico de cierto organismo oficial me aseguraba que de seguir este ritmo, a primeros de año veríamos una avalancha de quiebras y suspensiones de pagos. Algunas grandes empresas no están tampoco contentas y se hablaba hace días de las presiones que parece ser ejerce la poderosa constructora «Agromán» para impedir esta contracción de créditos.
Planes desorbitados
El lector extranjero, que ha leído la puesta en marcha del gran combinado de Avilés y de la Refinería de Escombreras, podrá creer que exageramos. Pero esas realizaciones asemejan a las de un padre de familia que sin ocuparse de comprar zapatos a sus chicos adquiriese un automóvil o una mesa de despacho so pretexto de que son rentables para su trabajo. En otras palabras: los planes de expansión económica del Estado son desproporcionados tanto a la escasa capitalización del país como al bajo poder adquisitivo de la población y a la urgencia de necesidades de otro tipo. Un ejemplo comprueba esto que no es criterio original mío sino reflejo de la opinión de importantes círculos financieros. Se pretende que la producción de Avilés va a servir para la exportación; mientras tanto no se puede fabricar apenas maquinaria agrícola porque no se fabrican (y cuando se fabrican no se sirven al industrial) los perfiles, cuadrados, angulares, etc., que dicha fabricación de maquinaria necesita. Si la producción de Avilés se orientase en un sentido verdaderamente nacional tendría que consagrarse a esto porque la falta de maquinaria agrícola (que piden tantos propietarios) es un problema esencial para el campo español. Y esto sin hablar de la carencia de hojalata para conservas, de chapa fina, etc.
Otro ejemplo: la empresa eléctrica «Iberduero» ha ampliado su capital. Pues bien, en vez de subir, las acciones han bajado en una semana de 322 a 265.
Mientras tanto, en los medios gubernamentales no se sabe qué partido tomar sobre el cacareado problema del mercado común europeo, ya que hay una fuerte presión de ciertas bancas para que la participación española se limite a una «Zona de libre comercio» y esto siempre que España reciba un trato especial por el estado de su industrialización, criterio que, como ya se sabe, es compartido por los industriales catalanes.
El único hecho positivo de estos días es la concesión de un crédito del «Export-Import» de Washington, por valor de $10,800,000, dedicado a la compra de 22 locomotoras Diesel para la RENFE y de aparatos de señales. Como se comprenderá es una gota de agua en el océano, y nadie cree aquí que los créditos extranjeros puedan resolver nada sin un previo reajuste de la economía y... de la moral oficial.
Si la hora de las opciones se aproxima para el gobierno también se acerca, por inevitables razones de correspondencia, para los sectores de la oposición. Entre estos el monárquico parece endurecerse.
Rectificación: La entrevista no se celebró
Y a propósito de monárquicos como rectificar no sólo es de «sabios» sino también de toda persona honesta, debo rectificar una información de mi anterior artículo dada por aseveraciones formales de amigos monárquicos-liberales a los pocos días de una supuesta entrevista entre Don Juan y el Caudillo. Dicha entrevista no tuvo lugar. Era cierto que en el horario del Caudillo se silenciaron 24 horas y que salió en el «Azor» y que el «Saltillo» estuvo aparejado para zarpar, pero este último no dejó nunca el puerto. ¿Por qué? Hoy estamos en posesión de la información suficiente para asegurarlo sin temor a errores: cuando Calvo Serer y Ruiseñada gestionaron la entrevista se pidió por parte del séquito (o consejeros) de Don Juan la suficiente precisión sobre las cuestiones a debatir, lo que diríamos «orden del día» en la jerga política. Del lado del Caudillo no se quiso dar esa precisión y se insistía en generalidades o en la educación de D. Juan Carlos. Los portavoces de Don Juan respondieron que sobre esto último todo estaba tratado, pero lo que había a debatir eran problemas políticos. Los mandatarios del Caudillo dijeron, por indicación de su jefe, que «no había problemas políticos» y que todo estaba resuelto ya dentro del Movimiento y de la Ley de Sucesión. Después de esto la entrevista fue considerada inútil o nociva por parte de Don Juan. Un artículo de Sr. Carrero Blanco aparecido en Arriba del 1.º de Octubre era la glosa oficial a esa línea de que todo está resuelto 5 que «no hay situación constituyente».
Por el momento parece que los puentes han quedado rotos. Sin embargo, la falta de respuesta a la carta abierta de Miguel Sánchez-Mazas (en nombre de la Agrupación Socialista Universitaria) a Don Juan, ha causado decepción en ciertos medios liberales que cada día creen menos viable una acción de restauración democrática cuyo eje fuera el pretendiente al Trono.

Documento expresivo
Prueba de esta nueva matización es la publicación de un documento3 de gran violencia para el régimen firmado por el «Frente Democrático Universitario», cuyos inspiradores principales se hallan en la citada Agrupación y en los amigos políticos de Dionisio Ridruejo (ya todos en libertad).
El citado documento parece que ha sido muy bien acogido en los medios universitarios, al menos como base para ulteriores aglutinaciones de fuerzas y criterios. En estos mismos medios sigue creciendo el malestar contra la censura de libros y revistas. Como ya es sabido se habla de una próxima «discusión» de ley de prensa por las Cortes y en los medios católicos se hace decir que el Sr. Martín Artajo propondría ciertos «recortes» a la censura. Pero en los medios de izquierda (que son mayoritarios entre los intelectuales) se consideran esas promesas como insuficientes, sobre todo viniendo del que durante tantos años ha sido celoso guardián del Ministerio de Asuntos Exteriores. Análogos recelos se tienen cerca de personalidades como el Sr. Gil Robles, cuya actitud es calificada de «huidiza». He oído opiniones en este sentido incluso a personas procesadas cuya defensa está a cargo del antiguo jefe de la CEDA.
Diversas actitudes
Por el contrario, son numerosos los académicos que no ocultan su descontento. Personas que han podido hablar en la intimidad con D. Ramón Menéndez Pidal me han dicho que el ilustre filólogo no oculta su enemistad a la dictadura y que añade... «¿a mí qué me van a hacer? Ya soy muy viejo y no temo nada». También se conocen las entrevistas de Cela con D. Américo Castro, cuyo elogio -sin nombrarlo- ha sido hecho por el autor de La Colmena en su revista Papeles de Son Armadans.
Y no se crea que esta actitud de «vela de armas» es exclusiva de los medios intelectuales. Para nadie es un secreto que en las recientes elecciones de enlaces sindicales y jurados de empresa han sido elegidos numerosos obreros nada del agrado de las autoridades del «Movimiento».
El estado latente de indignación popular «agravado por las recientes alzas de precios que han situado los salarios reales a nivel más bajo que hace un año) se manifiesta en múltiples ocasiones e incluso a veces confundiendo las causas con los efectos. Con esto me refiero a algo que puede ser doloroso para el lector americano, pero que espero comprenderá: los incidentes sangrientos de Torrejón de Ardoz y la agresión masiva en una calle de Madrid contra otro militar norteamericano que resultó indemne gracias a la intervención de una pareja de guardias. Como ya he dicho otras veces, hechos de esta naturaleza no significan en modo alguno una enemistad de ningún español a Norteamérica, sino un fenómeno de simplificación, la mentalidad popular, que está a cien leguas de los problemas de política internacional.
Terremotos en el escalafón
Y ya que hablamos de política internacional, ciertos cambios operados en el Ministerio de Asuntos Exteriores merecen un comentario. No porque sean significativos por ellos mismos, sino como indicio de la tendencia del régimen a asegurarse hombres de confianza, fenómeno que no ocurría hace años cuando los «sospechosos» eran ínfima minoría. Me refiero, en primer lugar, al nombramiento del Sr. Sedó para la dirección de Política Exterior y de D. Faustino Armijo para la de Relaciones Económicas. Esta última ha seguido a la «yugulación» de la Subsecretaría de Economía Exterior (con Cuatro Direcciones Generales) que estaba a caballo entre los ministerios de Comercio y de Asuntos Exteriores y contaba con un Cuerpo Exterior de técnicos que hacían las veces de agregados comerciales y otros servicios. Esta medida, a la vez que ahorrativa, ha sido una victoria de los diplomáticos de carrera para eliminar a los «advenedizos comerciales». Se dice que en ella ha influido el Sr. Cortina, persona muy experta y afecta al régimen, de quien también se habla para ocupar en breve una importante Subsecretaría. También fueron «centrifugados» algunos diplomáticos que por sus ideas liberales parecían inquietantes, entre ellos D. Víctor Pradera «parachutado» en Bangkok y D. Enrique Llovet en Teherán.
Y ya en vena de comadreos digamos también que se susurra una posible crisis parcial por el lado del Ministerio del Trabajo. Esto pudiera ser un vulgar «bulo», pero lo que sí es cierto es que el Sr. Ruiz Solís no quisiera que le hicieran sombra antiguos camaradas jerarcas de la Falange de antaño.
Todos estos terremotos de escalafón no dejan de producir malestar en medios sociales o profesionales hasta ahora bastante indiferentes. El hachazo dado a la Subsecretaría de Economía Exterior ha tenido hasta repercusiones en la prensa, cosa inaudita para la «doctrina de la información» tan brillantemente construida por el Sr. Arias Salgado. De donde se infiere que «no hay mal que por bien no venga». Y aunque sea por esta sola vez habrá que estar de acuerdo con el Caudillo.
TELMO LORENZO
Madrid, 1 de noviembre de 1957.
Párrafos más salientes del manifiesto que la «Unión Democrática de Estudiantes» ha circulado entre sus compañeros. Va dirigido a los universitarios de España.
Compañeros: Un nuevo curso se abre ante nosotros. Un curso que ha de estar, sin duda, lleno de tensión y de inquietud española, porque desde hace algún tiempo la Universidad ha vuelto a ser el foco de discusión y de lucha, el nervio sensible de los problemas de la nación que fue en un tiempo.
Este curso es, en efecto, el tercero de nuestra lucha contra la dictadura que oprime a la nación. En el primero, con nuestra acción en Madrid a partir de la petición del 1 de febrero de 1956, firmada por miles de estudiantes, cobramos conciencia de nuestra responsabilidad en la batalla que España libra contra las oligarquías gobernantes. En el curso pasado, el levantamiento general de nuestros valerosos compañeros catalanes, que se constituyeron en Asamblea Libre de Estudiantes, y la repercusión que su gesto tuvo en otras Universidades españolas, hicieron comprender al Régimen que la llamada agitación universitaria no era un movimiento caprichoso, sino una acción coordinada y con sentido nacional, el primer acto de la liberación del país. Y así lo reconoció el gobernador de Barcelona al declarar: «Hemos perdido la Universidad para siempre».
El manifiesto arremete contra el Opus Dei por sus despreciables informes y ataca al ministro de Educación Nacional, Jesús Rubio, calificándolo de «continuador de la represión universitaria iniciada por el siniestro Blas Himmler».
El manifiesto propone a los estudiantes de toda España los siguientes objetivos:
1.-El avance definitivo de la democratización de las organizaciones universitarias y el logro de un Congreso Libre de Estudiantes que configure la organización corporativa estudiantil sobre esas bases democráticas.
2.-El afianzamiento y la unidad de acción de los grupos universitarios de oposición -cristianos-sociales, demócratas cristianos, liberales, sindicalistas, y socialistas- para plantear la lucha contra el Régimen, difundir la conciencia de esa lucha entre los estudiantes y ganar para ella a los sectores hasta ahora vacilantes, que aún tenían una esperanza, ya definitivamente defraudada, de que el Régimen fuera capaz de una rectificación. Esta unidad de acción en el campo universitario habrá de ser el primer paso para la unión de todos los grupos y partidos democráticos del país para un futuro Frente Nacional Democrático.
3.-La unión y solidaridad con el pueblo, en la lucha contra la dictadura, manifestada, como ya se ha mostrado en el año último, en demostraciones pacíficas y ordenadas de fuerza, puesto que el frente común de universitarios y trabajadores -obreros, empleados y clase media- es el instrumento adecuado para la victoria sobre los poderes actuales.
El manifiesto termina diciendo:
La Unión Democrática de Estudiantes vuelve a la acción, informando a todos los universitarios, a las autoridades académicas, al Gobierno y a los organismos democráticos de todo el mundo que estos son los principios de lucha en que coinciden sus miembros:
1.-Por una organización nacional de estudiantes independiente y democrática.
2.-Por la Unión en la lucha contra la dictadura de todos los grupos universitarios con voluntad democrática. 3.-Por la solidaridad entrañable con el pueblo español y sus aspiraciones de justicia y redistribución
4.-Por la oposición a todas las orientaciones antidemocráticas, que no respeten la decisión de las mayorías ni la libertad de las minorías.
5.-Por el derrocamiento del Régimen, la liquidación y superación del espíritu de guerra civil y la pacificación y convivencia nacional, dentro de las formas políticas que los españoles adopten libremente.
6.-Por la realización de un programa nacional de reformas económico-sociales que haga verdaderamente solidarios a los españoles en esfuerzos y en beneficios.
7.-Por la independencia internacional de España y la determinación de sus compromisos en el mundo mediante la libre resolución de su pueblo.
Con la decisión de ser fiel a estos principios, la Unión Democrática de Estudiantes llama a todos los universitarios a la acción. Os llamamos conscientes de que esta acción es difícil, pues el Régimen extrema en su época final su rigor represivo y las aulas están vigiladas por confidentes, delatores y agentes policiacos. Os llamamos a una tarea llena de peligros y de durezas, pero que creemos la única capaz de satisfacer vuestra conciencia y vuestro sentimiento de la dignidad de los españoles y del progreso normal de España. Ponemos como ejemplo a los trabajadores y obreros del campo y de la ciudad, perseguidos y encarcelados mucho más duramente que nosotros. Aprendamos su lección de valentía y generosidad, fe y hombría. Aprendamos también de todos nuestros compañeros encarcelados, detenidos, sancionados, perseguidos. Tengamos siempre presente el ejemplo de valor cívico -que esperamos ver imitado por los intelectuales hoy indecisos- de quienes como Ridruejo o los redactores del semanario de la juventud católica Signo, han sabido oponer su verdad a la tiranía.
Madrid, octubre de 1957.
Tiempo hace que seguimos al general Franco en sus discursos a través de su reino. A aquella su primera y prolongada época de silencio y quietud siguió otra de parcos discursos y viajes espaciados, ahora hemos entrado en la que podríamos llamar de movimiento acelerado y discursos de circunstancias.
Así nos lleva de sorpresa en sorpresa. Mientras que en la inauguración de la refinería de la «Escombrera», en Cartagena, el día 9 de octubre, canta las maravillas de la Rusia de hoy, sus logros científicos y la unidad y disciplina que reina en aquel país, nos desconcierta en su último discurso de Barcelona pronunciado el 23 del mismo mes ante los jefes de Falange de la región catalana.
En ese discurso el general Franco ha atacado al comunismo, ha criticado sus errores y aberraciones, señalando que ese régimen pasará porque se sostiene sólo por el terror y la fuerza. Esto solo no sería desconcertante, conociendo como conocemos el juego de zigzag en que consiste su política de «ir tirando», si a esas diatribas no hubiese seguido la afirmación de que el paso del comunismo por casi medio mundo es «el proceso a que forzosamente tiene que conducir la lucha de clases que el liberalismo aceptó». Más adelante encontramos, en el mismo discurso, esta frase: «Los regímenes del mundo futuro serán más parecidos a los que nosotros concebimos»; ese «nosotros» es el régimen franquista.
Pongamos unos minutos de reflexión en estos discursos, en estas frases esenciales de esos dos discursos, por no citar más que esos dos, a ver si nuestro asombro cede. A primera vista puede parecer que el segundo de los discursos citados quiere borrar, como ya se ha insinuado, la mala impresión que ha causado el pronunciado en la «Escombrera», pero no hay tal. Los elogios a la Rusia comunista que ha hecho el general Franco son elogios a su propio sistema, a la unidad, a la disciplina que él invoca diariamente como los más altos logros del franquismo; era la diatriba contra los regímenes democráticos, era la profecía del futuro hecha frente a los escasos falangistas que siguen siendo fieles al franquismo. Hay quien ve en estos y otros discursos un maquiavelismo para andar por casa, pero, en el fondo son estrategias inocentes.
El general Franco es un militar acreditado por conocer la táctica de la guerra colonial española en Marruecos. Puede esclavizar a su pueblo con el terror y la fuerza, pero no tiene el don de la palabra, hablada o escrita; por eso es posible que haya ido un poco lejos en sus elogios a Rusia y haya querido, como se dice vulgarmente «recoger velas» atacando en ese segundo discurso al «régimen de terror y de fuerza de Rusia», pero lo que ha pretendido hacer es el elogio de los logros de sus propias realizaciones que han sido posibles gracias al sistema franquista. Ese es el fondo de todos sus discursos. ¿Cómo no reconocer que en el discurso de la «Escombrera» ha dicho, ha querido decir: Rusia ha podido lanzar el primer satélite artificial gracias al orden y disciplina que reina en el país como consecuencia de su régimen; nosotros, la España franquista ha podido inaugurar esta refinería de la «Escombrera» gracias al orden y disciplina que vengo imponiendo a los españoles desde hace 20 años. El paralelo no es muy ajustado que digamos, pero la megalomanía franquista es atrevida.
Podríamos nosotros, americanos que hacemos posible con nuestros créditos al general Franco poner en marcha esas y otras industrias en España, porque somos una democracia y un pueblo libre, podíamos sentirnos ofendidos por esas palabras de elogios al sistema comunista y de desprecio a las democracias, pero conocemos los procedimientos de esa dictadura. Lo sensible es que sigamos ayudando al dictador.
La catástrofe de Valencia
La prensa de todos los países se ha hecho eco de la catástrofe valenciana, pero sus dimensiones sobrepasan lo imaginable. Sobre la bella y rica región levantina ha caído el luto para mucho tiempo, aunque el general Franco crea, como lo ha expresado en el discurso pronunciado en el balcón de la Capitanía General de Valencia, 10 días después de la catástrofe, que «todo se arreglará y llevaremos otra vez la alegría a los hogares».
El desbordamiento del río Turia se ha llevado vidas y riquezas. Hasta ahora, según la cifra dada por el gobernador civil de aquella capital, el número de muertos asciende a 70, cifra a la que hay que agregar las de aquellas víctimas que salgan en los desescombros que se están realizando. No se tiene idea del número de desaparecidos, solo de la aldea de Nazaret han desaparecido 600 habitantes.
Las aguas han arrastrado la cosecha de arroz, han arrancado naranjos y limoneros, dejando la hermosa huerta en ruinas y los hogares en la miseria. Como las aguas inundaron la ciudad alcanzando en algunas calles céntricas la altura de 2 metros, la riada se ha llevado millones de pesetas en billetes y miles de letras de cambio y los registros de pagos y cobros. En el ayuntamiento han desaparecido la contabilidad de impuestos de estos tres últimos meses.
Se calcula que quedan sin hogar más de 5.000 personas.
Descontando los obligados auxilios de urgencia prestados a Valencia, debemos señalar entre los primeros y más eficaces los prestados por los helicópteros americanos. El Lake Champlain, uno de los mayores portaaviones de la VI Flota de los Estados Unidos, llegó a Valencia para prestar ayuda. A bordo del portaaviones llegaron 18 helicópteros para prestar auxilio, un equipo completo de médicos, medicamentos y vendajes. Los helicópteros han distribuido más de 2.500 envases de raciones «C», que es la ración de urgencia de campaña de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. 4.000 mantas han sido repartidas entre los damnificados enviadas por el mismo gobierno norteamericano.
IBÉRICA se asocia al dolor de la hermosa región.
Las bases en España
El New York Times del 2 del presente mes de noviembre, inserta un acabado análisis del programa de las bases en España, estudio realizado por el experto en asuntos militares Mr. Hanson W. Baldwin y enviado al New York Times desde Madrid, el 29 de octubre. Copiamos a continuación los siguientes párrafos de ese estudio:
«El conjunto de las bases en España consiste en tres principales bases estratégicas de bombarderos, en Morón, Torrejón y Zaragoza, con una base de abastecimiento en San Pablo; la base naval y aérea más importante en Europa está instalada en La Rota; en El Ferrol y Cartagena depósitos de combustible naval y abastecimiento de armas; combustible naval en Mahón, en las Islas Baleares; siete estaciones de radar incluyendo una en las mismas islas, y un posible campo de aterrizaje en Reus».
«Todas estas bases están bajo pabellón Español, con un oficial español que tiene el mando de la base, y un oficial americano que tiene el mando de las actividades americanas.
Aunque el presupuesto oficial del costo fija la cantidad de $370,000,000, es probable que los planes futuros aumenten este total hasta más de $400,000,000. Además, los Estados Unidos han suministrado a las fuerzas armadas españolas alrededor de $350,000,000 en material de guerra y ha reforzado la economía española con $721,000,000 en ayuda económica.
«Las dos grandes cuestiones a las que nadie aquí puede contestar son: «¿Tendrán estas bases gigantes importancia estratégica en la época de los proyectiles teleguiados? Y en vista del elevado costo, ¿por qué en 1953 el convenio con los Estados Unidos, en lo relativo a esas bases, fijó un plazo tan corto: un plazo de 10 años con posibilidad de prolongarlo dos veces por otros cinco años?»
Congreso de astronáutica en Barcelona
Dos días antes de la apertura del Congreso de Astronáutica, que dio comienzo el 7 de octubre, Rusia había lanzado al espacio el satélite «Spoutnik». Doscientos treinta y cinco especialistas habían llegado procedentes de treinta y cinco países, entre ellos cinco rusos a la cabeza de los cuales figuraba el padre del satélite, Sr. Leonidas Ivanovitch Sedov.
Durante 24 horas la prensa española guardó silencio de la presencia del Sr. Sedov. Fue el general Franco en el discurso que pronunció en Cartagena el 9 de octubre el que hizo alusión a él elogiando los esfuerzos y logros alcanzados por la joven Rusia y subrayando que esas adquisiciones de la ciencia no hubieran podido realizarse en la vieja Rusia.
La comunicación sobre el satélite lanzado fue presentada a la asamblea por el científico ruso Sr. V. A. Egorov, miembro de la Academia de Ciencias de la U.R.S.S.
Aunque la prensa española no ha prodigado las noticias sobre el Congreso de Barcelona, los madrileños dicen: «Ya tenemos esperanzas de salir de esta situación, el viajecito a la luna... sin vuelta».
Préstamos a España
El primer préstamo concedido a España por el «Export-Import Bank» de Washington, con destino al mejoramiento de los ferrocarriles españoles suma la cantidad de $10,800,000. Es un préstamo a largo plazo que debe ser utilizado en la compra de material de equipo ferroviario en los Estados Unidos.
Situación estudiantil
El gobierno ha decretado por orden ministerial la reorganización del Sindicato oficial de Estudiantes (S.E.U.) en virtud de la cual todas las autoridades del mismo han sido destituidas, entre ellas el jefe nacional del Sindicato, y se han nombrado trece jefes distribuidos en distintas secciones.
Se recordará que como consecuencia de los disturbios estudiantiles de Madrid y Barcelona en el curso anterior, la organización oficial del Sindicato quedó destruida; ahora el gobierno vuelve a reorganizarla.
Frente a esta flamante organización surge otra, la Organización Democrática de Estudiantes la que ha lanzado el manifiesto que insertamos más adelante. La batalla por la libertad y la democracia en la Universidad está entablada.
Los regímenes del futuro
Del discurso pronunciado por el general Franco en Barcelona el 23 de octubre, ante los jefes falangistas, copiamos los siguientes párrafos:
«No se repetirá nunca bastante que el mundo camina, sin querer apercibirse, hacia formas nuevas. Que el reloj de la Historia no se puede parar en la hora que crean más conveniente para sí las naciones y los grupos políticos. Que las guerras vienen acelerando indudablemente ese proceso de renovación. Que el paso del comunismo por casi medio mundo, no constituye un simple azar, sino el proceso natural a que forzosamente tenía que conducir la lucha de clases que el liberalismo acepto.
Es evidente que con el tiempo el comunismo pasará, que sus errores y aberraciones no pueden mantener eternamente esclavizado a un pueblo, pues solo por el terrorismo y la fuerza se mantienen. Y, por último, que lo que al comunismo suceda no será nunca lo que le precedió, sino el sistema que sepa conjugar los anhelos de justicia y bienestar social que mueven a la sociedad moderna y lo que en el orden espiritual y nacional ha labrado la personalidad histórica de los distintos pueblos...
Por todo ello nos atrevemos a profetizar que los regímenes de este mundo futuro serán más parecidos a los que nosotros concebimos, en que con eficacia se conjugan lo nacional con lo social bajo el imperio de lo espiritual».
Elecciones municipales
Las elecciones municipales que debían celebrarse en Madrid y Barcelona el 24 de este mes de noviembre, han sido aplazadas por orden gubernamental. Esas elecciones debían celebrarse con arreglo a la ley de 1955 que establece condiciones y plazos en que esas elecciones han de celebrarse en ambas ciudades.
Se da como razón de este aplazamiento que ellas no pueden celebrarse antes que las llamadas Cortes no hayan aprobado las Cartas de Madrid y Barcelona. A este respecto dice el corresponsal de La Tribune des Nations en Madrid en su comunicado del 18 de octubre: «Que el Gobierno no está seguro de la opinión en las grandes capitales acaba de ser confirmado por su decisión de aplazar la renovación de los consejeros municipales de Madrid y Barcelona. Es sabido que un tercio de estos consejeros son elegidos entre los jefes de familia de cada ciudad. Las últimas elecciones celebradas en Madrid fue una buena ocasión para que la oposición a Franco hiciera un recuento de sus fuerzas en torno a una candidatura monárquica, eso inquietó al Gobierno. Si unas elecciones parecidas se celebraran en Madrid y en Barcelona con un mínimo de sinceridad, las cosas podrían tomar un giro desagradable».
Manifestación falangista
El 29 de octubre se celebró en el teatro de La Comedia de Madrid un acto en conmemoración del 24 aniversario de la fundación de Falange por su inspirador José Antonio Primo de Rivera, el 29 de octubre de 1933.
Asistieron más de 200 falangistas en representación de las delegaciones provinciales. Se leyó el discurso pronunciado en aquella ocasión por el fundador y la sesión fue agitada. Los que estaban fuera andaban por las calles gritando: «No queremos reyes estúpidos que no saben cómo gobernar». Profirieron a gritos otras frases contra «los privilegiados», aludiendo a los delegados que estaban reunidos en el teatro.
Entonaron cantos alusivos a la pérdida de fuerza y poder de Falange y una de sus frases era: «Ahora que vamos despacio» y otros alusivos al deseo de una España moderna. (B.U.P.)
Los salarios no serán aumentados
El ministro del Trabajo Sr. Fermín Sanz Orrio, en un discurso pronunciado en Barcelona en la clausura de la Asamblea de delegados del Trabajo, refiriéndose a la última elevación de salarios, dijo que «había sido un experimento inútil, y que como consecuencia de esa subida se inició un desbarajuste y una carrera de precios hacia arriba».
Por su parte el subsecretario de Trabajo Sr. Jesús Ramón Gorria, hizo en Barcelona unas declaraciones en las que manifestó que a nada conducía las carreras entre precios y salarios, que todos se debían convencer de que su vida no se resolvería con el aumento de ingresos solicitados constantemente para hacer frente a una subida excesiva de precios y que el aumento de precios no resuelve a los que lo ejecutan sus problemas económicos. Las declaraciones terminaron con esta frase: «Ni alza de precios ni de salarios. Se debe aumentar la productividad.»
Déficit del comercio exterior
Durante los cuatro primeros meses del corriente año; los cambios del comercio exterior español dieron una cifra total de 1.347 millones de pesetas oro. De esta cantidad, 918 millones de pesetas oro representan las importaciones y 429 millones de pesetas oro las exportaciones. El déficit llega a 481.1 millones de pesetas oro contra un déficit de 259.5 sufrido en igual periodo en el año 1956.
Territorios del sur a Marruecos
Desde hace algún tiempo se viene hablando en la prensa marroquí de las conversaciones entabladas entre Madrid y Rabat relacionadas con la cesión por parte de España de los territorios situados en la proximidad de la Costa de Oro de Marruecos.
La prensa española ha guardado y sigue guardando el silencio más absoluto sobre estas negociaciones, pero los hechos son estos:
El 17 de octubre un despacho de Rabat anunciaba que el ministro de Asuntos Extranjeros, Sr. Balafrej, había informado al consejo de ministros sobre el contenido de una nota en la cual el embajador de Madrid en Marruecos, Sr. Oued, le informaba que el gobierno español está decidido a proceder al traspaso de poderes al gobierno marroquí en lo que respecta a los territorios del Sur que estaban hasta ese día bajo el protectorado español.
La prensa francesa
La prensa francesa recogía ese mismo día 17 comunicados de Rabat conteniendo declaraciones de Balafrej y El Fassi comentando la decisión española y subrayando que se podía considerar ese traspaso de poderes del territorio del Sur como un primer paso en el camino de un total arreglo de todas las cuestiones relativas al Sur.
El cotidiano parisién Combat, en su edición del 21 de octubre, recogía unas declaraciones del presidente de la Asamblea Nacional marroquí en las que declara que ha llegado el momento de negociar con España y con Francia para que vuelva Marruecos a los límites «que las potencias reconocían, ellas mismas, antes de 1912.»
El mismo periódico recoge un editorial de El Alam en el que se dice, entre otras cosas: «España ha dado un paso para cumplir sus compromisos respecto a Marruecos, conforme a la declaración de independencia del 7 de abril de 1956». El editorial termina deseando que esa comprensión llegue hasta restituir al gobierno marroquí los territorios de Ifni y del Río de Oro.
El mismo periódico El Alam, al describir el territorio de Cabo Jubi, que es el territorio cedido por el gobierno español, dice: «Se trata de una superficie igual a la de Túnez que se extiende desde el río Draa hasta Seguia-El-Hamra, límite del Río de Oro».
El 22 de octubre se dio la noticia desde Rabat de que el acuerdo de la cesión era cosa hecha y que el príncipe Moulay Hassan iría al nuevo territorio después de haberse celebrado en Rabat la ceremonia del traspaso.
España reclama Gibraltar
Ante la Comisión de Tutela de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Sr. José Fernández Villaverde, subsecretario del ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid, ha reafirmado que su país reivindicaba la soberanía sobre Gibraltar. El Sr. Andrew Cohen, delegado británico, ha sostenido seguidamente que Gibraltar es británico de derecho.
El Sr. Villaverde ha protestado contra el hecho de que la Gran Bretaña suministrará informes sobre Gibraltar al discutirse informaciones relacionadas con los territorios no autónomos. Agregó el Sr. Villaverde que Gibraltar es la única parte del territorio europeo sometida a una administración colonial cuya soberanía pertenece a España. El gobierno de Madrid, terminó diciendo, perseverará en su deseo de llegar a una solución satisfactoria del problema.
La extradición de Degrelle
El Sr. Victor Larock, ministro de Asuntos Extranjeros del gobierno belga, convocó especialmente al embajador español, conde de Casa Miranda, para recordarle la demanda de extradición presentada en 1956 por el gobierno belga sobre León Degrelle, condenado a muerte por traición, excomandante de la división S. S. Vallonie y fundador del Movimiento rexista.
Esta nueva gestión belga es la continuación de las noticias que ha venido publicando la prensa belga en la que han aparecido fotografías de Degrelle tomadas, según se dice, en su residencia de Constantina, cerca de Sevilla.
Recordemos que en enero de 1955 el gobierno español había respondido a un requerimiento análogo que el Sr. Degrelle, en efecto, había estado en España, pero que se había marchado del país.
Según los informes Degrelle tiene como identidad en España el nombre de Juan Pérez, propietario, publicista y hombre de negocios.
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Ibérica, published Monthly, except July-August (1 issue), at New York 1, N. Y. for October 1, 1957.
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Louise Crane, Publisher.
Sworn to and subscribed before me this 10th day of September, 1957. Harry W. Sandler, Notary Public for the State of New York, Qualified in Nassau County, No. 30-3447000. Cert. filed with Nassau & N. Y. County Clerk's and Register's Office, Commission expires March 30, 1959.