Ibérica por la libertad
Volumen 6, N.º 1, 15 de enero de 1958


IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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Milovan Djilas ha cosechado siete años de cárcel en Belgrado por haber escrito un libro, La Nueva Clase, y haberlo hecho publicar en el extranjero.
El libro ha causado una profunda impresión en todo el mundo. Ha hecho reflexionar a muchos que todavía se entercan en considerar a los comunistas como gentes de izquierda.
El libro podría tener todavía una utilidad más, insospechada, y que sin duda satisfaría a su autor, quien estuvo durante la guerra civil en España y que debe sentir todavía un profundo interés por la suerte del pueblo español.
Acaso por esto mismo la prensa de España no ha hablado apenas de La Nueva Clase, y, cuando lo ha hecho, no ha sintetizado la tesis de Djilas con fidelidad.
Porque hablar de La Nueva Clase en España ahora, es, en realidad, como mentar la soga en casa del verdugo.
Cuando, hace unos años, escribí en The New Leader, de Nueva York, que Franco y Stalin llegarían a aliarse, muchos me dijeron que la pasión antifranquista me hacía exagerar. La muerte no dio tiempo a que Stalin se pusiera de acuerdo con Franco, como antes lo hiciera con Hitler. Pero, con todo, era válido el teorema de geometría: dos líneas paralelas a una tercera son paralelas entre sí. Stalin se entendió con Hitler. Franco se entendió con Hitler. Franco y Stalin podían, pues, entenderse...
El teorema sigue siendo válido, si se sustituye el nombre de Stalin por el de Kruschev o, para evitarse sorpresas, ya que en Moscú el personal gobernante está cambiando cada dos por tres, pongamos simplemente «el Kremlin».
El libro de Djilas, del mismo modo que hace caer la venda de los ojos de quienes persisten en considerar a los comunistas como gentes de izquierda, debe hacerla caer de quienes insisten en creer que Franco es anticomunista. El análisis de Djilas nos ayudará a ver claro en esta aparente paradoja.
* * *
Djilas analiza desde dentro la sociedad comunista. Al leer su libro tuve la impresión de que estaba leyendo un estudio de la sociedad española. Puede haber diferencias de grado entre el franquismo y el bolchevismo, como hay diferencias entre Lenin y José Antonio Primo de Rivera, entre Stalin y Franco, entre el bolchevismo y el falangismo. Pero, en lo esencial, las similitudes saltan a la vista.
Sería interesante saber si los diplomáticos norteamericanos, ingleses, franceses, en Madrid, al leer el libro de Djilas han encontrado estas semejanzas. A un español, en todo caso, me parece evidente que han de saltarle a la vista. Y se me antoja interesante señalarlas, ir viendo de qué modo cada uno de los rasgos que Djilas considera como característicos de la sociedad comunista, se hallan también, con más o menos agua en el vino, en la sociedad franquista.
Este análisis comparado -si lo hicieran los diplomáticos pertinentes- podría contribuir a ahorrarle a España muchos sufrimientos, muchas impaciencias y mucho tiempo.
Veamos lo que dice Djilas.
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Cambiemos el concepto de marxismo «a la bolchevique» por el de providencia «a la española», y nos hallaremos con que Franco y los falangistas tienen esta misma pretensión. Poseen la verdad, y las realidades han de plegarse a esta verdad -igual que ocurre en la URSS-.
«La revolución comunista es la primera que se efectúa en beneficio de los revolucionarios. Son ellos, y la burocracia que se forma en torno suyo, los que cosechan los frutos». |
En España, la «revolución» que llaman nacional-sindicalista se ha efectuado también en beneficio exclusivo de los «revolucionarios». Son ellos, sólo ellos, y la burocracia que se forma en torno suyo, los que cosechan los frutos. Los generales que forman parte de consejos de administración, los gobernadores que intervienen en negocios, y toda la burocracia del Partido, de los «caballeros de España», de los sindicatos «verticales», son los únicos beneficiarios del movimiento que llevó a Franco al poder.
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El falangismo, y Franco con él, pretendían abolir las clases en España, aunque por distintos medios que el bolchevismo. Los sindicatos «verticales», compuestos de patronos y obreros, debían realizar el milagro. El resultado ha sido, como en la URSS, la creación de una clase (los «revolucionarios y la burocracia formada en torno a ellos») que es la única que goza de autoridad. Y en España, también, «todo lo demás es ilusión».
Cualquiera que haya pasado dos semanas en España, ahora, se ha dado cuenta de que esta frase va como anillo al dedo para describir la realidad social franquista. Franco ya no representa a ninguna clase, ni a los obreros -desde luego- o a los campesinos, ni a los grandes propietarios de tierras, ni a los capitalistas, ni a la clase media. No representa siquiera, ya, al clero o a los militares. Una prueba de ello es que clero, militares, capitalistas, que en un tiempo se consideraron representados por Franco, se alejan de él, como el proletariado se aleja de los comunistas, al darse cuenta de que éstos no defienden sus intereses. Surge una nueva clase, la burocracia política, que con distinto marbete, es esencialmente similar en España o en la URSS, como lo sería en cualquier país en que dispusiera de un poder total.
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«El Partido hace a la clase, pero ésta se fortalece mientras que aquél se debilita». |
¿No es esto lo que está ocurriendo justamente ahora en España? La Falange pierde posiciones, mas la nueva clase formada en torno a la Falange y a Franco, se aferra al poder, se fortalece, al irse adaptando a su papel. En Rusia, esta nueva clase, la burocracia política, es una burocracia de comités de Partido, de policía secreta y de técnicos. En España es una burocracia de consejos de administración y de organizaciones parasitarias de toda suerte: Instituto Nacional de Industria, «Opus Dei», Auxilio Social, sindicatos «verticales»...
En España la propiedad no está «legalmente» nacionalizada, pero lo está de hecho, puesto que la propiedad privada no goza de ninguna garantía, y no puede gozarla en un país en el cual no existe la independencia del poder judicial y en el cual las garantías individuales brillan por su ausencia. La nueva clase franquista dispone de toda la propiedad. A través de la presión y la coacción del Estado, que esta nueva clase domina, puede distribuir, en su provecho, el ingreso nacional, fijar los salarios y dirigir el desarrollo económico. Las formas son distintas en España y en los países comunistas, pero la realidad que estas formas apenas ocultan es fundamentalmente idéntica.
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Djilas describe la nueva clase. Esta descripción sería la misma si la hiciera un español reflejando la realidad actual de su país. Diría así, por ejemplo:
Así lo escribe Djilas.
Y puede agregarse, con él, que «cuando la nueva clase abandone el escenario de la historia -y esto ocurrirá ineluctablemente-, las lamentaciones por su desaparición serán menores que por la pérdida de cualquier otra clase del pasado».
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No acaba aquí el paralelismo. Continuemos con nuestra lectura:
Substitúyase «comunistas» por «falangistas» y recuérdese que España goza de un régimen de partido único y que sólo los partidarios de Franco pueden ocupar puestos influyentes, y no será preciso insistir acerca de la exactitud de los puntos de vista de Djilas aplicados a la España actual.
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En el sistema franquista... o comunista, «la autoridad legislativa no puede separarse de la ejecutiva... De igual modo, ha sido imposible separar en la práctica a la autoridad policíaca de la judicial... El círculo se cierra: el poder ejecutivo, el poder legislativo, los investigadores, los juzgadores y los organismos de castigo forman un solo cuerpo».
Recientemente aún, lo hemos visto en la URSS, con la eliminación de Malenkov, Molotov, Zukov, y en España con la represión contra los estudiantes. Los grados -repetimos- serán distintos. La esencia es la misma.
Y sigue siéndolo cuando Djilas dice: «El totalitarismo comunista conduce a un descontento total, en el cual se desvanecen gradualmente todas las diferencias de opinión, salvo la desesperación y el odio. La resistencia espontánea... es la forma de resistencia que los comunistas no han podido aniquilar».
Ni los falangistas tampoco.
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Aparentemente, la economía comunista y la franquista son muy distintas. Sin embargo, a la segunda puede aplicarse lo que Djilas afirma de la primera: «El monopolio exclusivo de un grupo en la planificación, tanto económica como política, destinado a aumentar su poder y a favorecer sus intereses... aplaza continuamente el mejoramiento del nivel de vida y el desarrollo armónico de la economía. La razón definitiva de este aplazamiento constante es la ausencia de libertad».
Y no es sólo esto. «La economía planificada comunista, oculta en su seno una anarquía de tipo especial... Es acaso la más malgastadora de la historia de la humanidad».
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En España todos los periódicos son oficiales, lo mismo que las radios y otros medios culturales semejantes. Los resultados de esto no son grandiosos, ni proporcionados a los medios empleados, excepto para la nueva clase, que de todos modos está convencida. El monopolio sobre el pensamiento, con el fin de defender sus intereses personales, clavará a los franquistas en una cruz de vergüenza para toda la historia. El franquismo ha de ser totalitario, exclusivo y aislado, precisamente porque el poder es su ingrediente esencial. Si pudiese tener otros fines, debería permitir que surgiesen otras fuerzas opuestas a él, y que actuasen independientemente.
Póngase «comunismo» donde dice «franquismo» y estas frases corresponderán, textualmente, a otras tantas del libro del Djilas. ¿No es, pues, evidente la similitud, ya que pueden aplicarse los mismos conceptos a los dos regímenes, con sólo cambiar unos vocablos?
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Djilas afirma también, en su libro, que el comunismo nacional no es viable y que, en todo caso, no es menos comunismo que el stalinista. La nueva clase, para mantenerse en el poder, hace algunas concesiones, pero conserva lo esencial: el monopolio del poder.
De igual modo, puede decirse que cualquier pretendido «franquismo liberal», o «franquismo suavizado», o «en evolución», o «adaptado», no dejará de ser franquismo. Puede ser que las circunstancias obliguen al régimen franquista a hacer algunas concesiones, pero nunca -porque para él esto sería suicidarse-, nunca dejará de detentar el monopolio del poder.
Y las frases con que Djilas termina su libro, son también aplicables a la España actual: «El mundo cambiará y avanzará en la dirección que ha seguido y que debe seguir: hacia mayor unidad, mayor progreso, mayor libertad. La fuerza de la realidad y la fuerza de la vida han sido siempre más poderosas que cualquier clase de fuerza bruta, y más reales que cualquier teoría.»
* * *
Entre tanto, no estaría por demás que los diplomáticos, los periodistas, los viajeros con curiosidad despierta, recordaran el libro de Djilas al visitar a España.
Esto les evitaría algún día -acaso no lejano-, la sorpresa de ver cómo entre el Kremlin y El Pardo se refuerzan los lazos.
VÍCTOR ALBA

Con la inoportunidad a la que el régimen fascista español nos tiene acostumbrados acaban de proponer en Madrid nada menos que un commonwealth de países hispánicos. La idea a primera vista parece buena, pero en política una idea es buena sólo cuando es viable por tener raíces en la realidad y ser capaz de desarrollarse sola. Una política inteligente no tiene que inventar nada sino canalizar lo ya existente.
Y esa política se basa más en las costumbres que en la ideología y en la jurisprudencia. Y espera más de la buena voluntad que de los «gestos imperiales» y de la retórica tonante. Y no tiene necesidad de usar el lerdo oportunismo del que tanto abusan los franquistas.
Un commonwealth sería posible, pero ¿cómo? ¿Es posible que un régimen español de obispos y generales sea mirado en Chile, en México, en Uruguay, en Perú, en tantos otros países democráticos como un régimen merecedor de alguna clase de respeto?
El régimen fascista español persiguió, encarceló y mató a estudiantes de la Unión Federal de Estudiantes Hispanoamericanos. Cada país de habla española tiene su ejemplo heroico. Ha tratado el fascismo español de denigrar y ha ofendido de un modo u otro a escritores y profesores argentinos, venezolanos, centroamericanos. Ha insultado repetidas veces a presidentes como Lázaro Cárdenas, Rómulo Gallegos. Trató de ignorar a poetas y escritores de talento excepcional. Y si fuéramos a añadir datos concretos no bastarían las páginas de esta revista.
Hay una atmósfera propicia al commonwealth, pero es entre colombianos, chilenos, ecuatoreños, etc. que leen a García Lorca (asesinado por los falangistas) entre esa juventud que asiste en México, Argentina, Colombia, a las clases de Sánchez Albornoz, de Alcalá Zamora, de Jiménez Asúa, de Américo Castro y de tantos otros profesores exilados. Y esa corriente favorable aceptará la idea de la comunidad de naciones hispánicas con una condición previa: la desaparición de ese tinglado franquista que a fuerza de falso patriotismo ha llevado a la nación al nivel más vil y bajo de toda nuestra historia.
Un régimen «nacionalista» que canta las glorias de Moscú con el Sputnik y trata de venderse a los Estados Unidos (ignorando que los Estados Unidos no «compra») y ofrece un commonwealth -en inglés- con una retórica de sátira portuguesa y en un estilo clerical romano ¿qué fuerza de atracción puede ejercer? ¿Dónde aparece lo español? No es más que un delirante rendimiento sin reciprocidad.
Pero al mismo tiempo que se habla del commonwealth -en inglés- se toma en Madrid el acuerdo de una censura más contra las formas de expresión. No bastaban las censuras existentes (religiosa, militar y política) contra el cine, el teatro, la prensa, los libros, la tribuna pública, etc. y había que crear la censura de aduanas y fronteras contra toda clase de material impreso.
El «material impreso» ha sido siempre la obsesión de los obispos y de los generales. Así pues, la mayor parte de los libros mejicanos, argentinos, chilenos, venezolanos, etc. no podrán entrar en España. Los mejicanos por anticlericales, los chilenos por socializantes, los argentinos por «demasiado libres» en materia de psicología moral, los uruguayos por subversivos y los demás simplemente por liberales y demócratas. He aquí, pues, que el commonwealth comienza por limitar y reducir si no anular la relación entre España y América en el plano más importante: el de la inteligencia y el intercambio de ideas.
Los países americanos en justa reciprocidad cerrarán sus fronteras a los libros españoles. México lo ha hecho ya y otros países han anunciado ese propósito. Como se ve el commonwealth comienza a funcionar.
La UNESCO tiene ahí una buena oportunidad para decir algo. Si la UNESCO desea justificar de algún modo su existencia.
El pretendido commonwealth español es como siempre un intento desesperado de los fascistas para conseguir en el plano exterior alguna clase de adhesión mixtificadora. La cosa no es fácil. Los delincuentes consiguen ocasionalmente la asistencia de la complicidad, pero cuando el crimen y la estupidez andan juntos es más difícil. Y veinte años de experiencia en esa dirección han establecido normas, patrones y evidencias más fuertes que todos los propósitos teóricos, que todos los discursos y los «movimientos imitativos» de los fascistas.
La primera condición para cualquier clase de restablecimiento de la autoridad exterior y de la justicia y la dignidad interior es la desaparición de todo aquello que recuerda, mantiene y estimula artificialmente las condiciones de una guerra civil que fue la vergüenza mayor de nuestra historia.
RAMÓN SENDER
La vida española de hoy, en general, tiene mucho de teatro. Todo está preparado, adobado y acondicionado para la representación. No interesa a este nuevo y viejísimo Estado la eficacia ni la espontaneidad, ni el significado de la realidad ni la justa interpretación del acontecer nacional. Entre sus «dogmas» políticos que lo acercan a eso que se llama tradición y sus «fórmulas» de circunstancias para ir tirando, para sostener como sea el monolito estatal, el Gobierno del Caudillo va lanzando sus leyes y poniendo su «orden» de «tente tieso y no te menees», siempre con la buena intención de obtener sus éxitos en el extranjero y agenciarse una segura «clac» para tan importante espectáculo. Todo aquí sabe a teatro, a teatro malo, claro está, a chafarrinón, a decorado de baratillo, a coro de zarzuela ochocentista. La música de esta graciosa y trágica farsa está sacada de «Las corsarias» y los actores aun se visten de rayadillo, aun cuando intenten disfrazarse con un adusto traje escurialense, con el paso de la oca de la infantería de Hitler o con las arengas disciplinarias de Mussolini. Lo que importa es el espíritu y éste sigue siendo el mismo de todos los dictadores militares de España. Es interesante comprobar como dentro de este clima tan teatral, el verdadero teatro nacional, el heredero de Lope y Calderón, de Moratín o Galdós, o el de García Lorca y Casona, se nos aparece maltrado, acosado y emplebeyecido hasta un límite inconcebible. Se puede decir que aun no ha podido fraguar un auténtico dramaturgo que exprese la situación espiritual y el cuerpo físico del héroe español de hoy. Los pocos poetas dramáticos que han llegado a los escenarios tuvieron que luchar de manera terrible y denodada contra un clima oficial verdaderamente insoportable.
Todas las formas sociales con que se manifiesta este Estado español contemporáneo son, sin duda, muy teatrales, como ya hemos dicho. Desde la guardia mora del Caudillo hasta los desfiles de antorchas en honor del fundador de la Falange. La gente dice que perdido ya todo el imperio de Marruecos ya no hay razón para que la guardia mora siga escoltando al Dictador. En efecto, ante los acontecimientos de Ifni la guardia mora ha sido suprimida por el general Franco.
Después de la desaparición de Hitler los desfiles de antorchas han ido apagándose. Pero aún quedan algunos. La escenografía está siempre bien cuidada. Se oscurecen las ciudades y al filo de la medianoche, por las calles desiertas, aparecen las antorchas conmemorativas, portadas por los pocos falangistas que aún quedan. A esta pobre gente generalmente se les trae de los campos y en la capital del desfile se les viste con su uniforme negro y azul y su boina encarnada y se les pone en marcha, no sin antes haberle preparado una gran comida de hermandad. Ya bien templados, comienza la marcha de las antorchas. Todas estas manifestaciones son muy teatrales, pero causan risa. El público español no es el pueblo alemán, ni mucho menos. Tiene un sentido crítico acusado y no deja títere con cabeza, naturalmente. Todo está confeccionado con vista al espectador extranjero, especialmente el anglosajón que fue siempre un poco ingenuo. La prensa dirigida y planificada, las aventuras de la gran industria nacional, llevada por las riendas del famoso INI, los altos hornos de Avilés recientemente inaugurados, hechos sólo para molestar a los de Bilbao, empresa de gran tradición privada, los astilleros de Sevilla, que no sirven para nada, las fábricas de antibióticos, todas estas exhibiciones de la vida española tienen la misma significación decorativa. Con motivo de la gripe asiática el Gobierno encargó a un laboratorio la preparación de una vacuna adecuada. La vacuna no se consiguió, no era tan fácil. El laboratorio afirmó que no estaba en condiciones de lanzar esta vacuna al mercado, pero el Gobierno le exigió que la pusiera a la venta. Al día siguiente todos los periódicos publicaban con grandes titulares que España era el primer país del mundo que contaba con una vacuna contra la gripe asiática, mientras los sabios franceses e ingleses seguían sus investigaciones de manera difícil y paciente. Como era de esperar la vacuna no sirvió para nada y su venta fue un fracaso.
Toda esta realidad española se presta espléndidamente para llevar a cabo un buen teatro cómico. Hemos de imaginarnos lo que hubiera llegado a hacer Valle Inclán. Pero esto no hay ni que pensarlo. De todas las formas literarias, ninguna ha sido más castigada que el teatro. A estas alturas, después de veinte años de despotismo político y moral, hemos podido vislumbrar, a ratos, alguna libertad en lo que se refiere a la poesía, la novela y las artes plásticas. Libertad muy relativa, porque siguen existiendo una serie de «tabús» irrompibles. Lo que sucede en nuestro país en este aspecto es difícil de concebir. Pero la verdad es que al teatro no ha llegado ningún resquicio de libertad. Todo lo más que se tolera es el chiste que puede decir el clown de un circo sobre la carestía de la vida. El teatro de costumbres está totalmente abolido, nos referimos al teatro satírico de tanta personalidad en toda Europa desde la Edad Media. No se soporta por la censura más que un teatro evasivo, poético, gratuito, tal como se usaba entre las dos guerras. Este teatro está muy bien representado por Edgar Neville y López Rubio, dos escritores de la época de la República, y por Víctor Ruiz Iriarte, de la generación más moderna. No debemos dudar del talento de estos comediógrafos, de su habilidad, de su gracia. Pero todas estas cualidades, al concretarse en el escenario español, se empequeñecen, se achatan, se puerilizan. Un teatro a los Linares Rivas o a lo Benavente no se comprende hoy. El caso de «La Muralla»1, de Calvo Sotelo, es muy expresivo. Esta obra constituyó un gran éxito de público y duró varios meses en cartel. Era una pieza un poco pasada de moda, con respecto al continente, pero los españoles la apreciaron como lo más atrevido que habían visto en mucho tiempo. Se trataba de un caso de conciencia católica. El protagonista se había quedado de mala manera con la riqueza de unos «rojos» perseguidos cuando entró como capitán del ejército en una ciudad extremeña en la época de la guerra civil. Sintiéndose muy enfermo, consultó el caso con un sacerdote rural y muy simple. Éste le aconsejó que restituyera la riqueza robada, si quería salvarse. La familia del protagonista y otro cura de la buena sociedad madrileña se oponen a la restitución, alegando muchas razones, y forman alrededor del héroe una muralla de convenciones que terminan con él antes de realizar su gran acto de justicia. Este tema obtuvo una gran resonancia y se le llegó a considerar casi como revolucionario. Y realmente lo era para lo que se hacía en este tiempo en nuestro teatro. En vez de avanzar por este camino, la situación se quebró. Y es que la censura no estaba dispuesta a hacer muchas concesiones de esta naturaleza.

Decíamos que la censura se ha comportado de manera implacable con el teatro. Sin la censura, estamos seguros, habría nacido una escena de alta calidad y trascendencia suma, lo mismo en el teatro dramático que en el teatro cómico. El teatro satírico hubiera conocido una época de esplendor. Toda esto se lo tenemos que cargar al debe de la cuenta del Estado español actual. La pieza de humor no ha tenido más representante que Jardiel Porcela, desaparecido hace unos años, y Mihura, uno de los directores de La codorniz. Todos los demás no han rebasado el nivel de la mediocridad ambiente. De todas estas figuras, Mihura es el más importante e intencionado. Poesía humorística de gran valor literario y escénico. Sin embargo, falto de un clima de libertad, su vena satírica no se ha desplegado como era de esperar. Sin duda, los dos más extraordinarios dramaturgos de esta hora son Buero Vallejo y Alfonso Sastre, por su talento, sus realizaciones y su gran significación. De hecho tienen dos o tres obras muy buenas. Pero lo cierto es que las mejores están guardadas, en espera del permiso de la censura. Buero Vallejo ha estrenado más que Sastre, pero «Aventura en lo gris», que aun no ha podido ser conocida por el público de Madrid, es su obra maestra. Sólo la hemos leído en una revista de «élite». De Alfonso Sastre se debe decir que lo de más altura, lo más atrevido y bello ha sido perseguido implacablemente por la censura. Sus temas y sus intenciones han sufrido el máximo de rigor. El caso de su «Escuadra hacia la muerte»2, unos cuadros escénicos de la vida de unos soldados en un frente de batalla, únicamente se han puesto en los escenarios de los teatros de cámara universitarios. Alfonso Sastre es un poeta dramático de orden existencialista. Su sentido del mundo y del hombre, su pesimismo y aun su valoración del compromiso moral, de la libertad y de lo social, han hecho caer sobre él todas las iras de la España oficial. Raras veces ha podido escapar de los teatros de ensayo. Algunas de sus obras están prohibidas y otras han sido cortadas en su raíz. Estos dos dramaturgos, los mejores con que contamos, fueron en todo momento terriblemente acosados. Hemos de pensar en los muchos poetas dramáticos que andan por ahí, como unos sin trabajo, con sus cuadernos escritos debajo del brazo, dando vueltas y vueltas al Ministerio de Información y Turismo, malográndose cada día y llenándose de desesperación. Realmente, no sabemos qué va a pasar con estos dramaturgos cuando la libertad vuelva a España.
Como se verá por todo lo expuesto el nuevo Estado español ha suprimido casi de cuajo al teatro, convirtiéndose él en un inauténtico espectáculo teatral. Él sólo se disfraza, se decora, se divierte, con su guardia mora, sus antorchas, sus poetas ditirámbicos. Como estamos en el país de los grandes despilfarros no tiene nada de particular que el dinero haya ido a parar también al teatro. Se cuenta con dos escenarios oficiales: el Teatro Español y el Teatro María Guerrero. Pero en éstos se representan únicamente las obras que gustan a esta pequeña corte madrileña, con especial mención el teatro caducado, el clásico o el barroco, el teatro de sus conveniencias. Conseguir que en Madrid se monten «La alondra», de Jean Anouilh, o «Las brujas de Salem», de Arthur Miller, con el respeto debido a los textos, es algo extraordinario. La mayoría de los autores europeos de postguerra no son aquí conocidos, como tampoco los españoles, hecho más extraño aún. Solamente se toleran en los Teatros de Cámara, primero y último resquicio por donde entra un mínimo de libertad. Pero ya sabemos lo que son los teatros de cámara, puestos al servicio de una minoría muy selecta, muy alejados del sentimiento popular y recluidos en su esbelta torre de marfil. Esta ociosidad de los dramaturgos españoles llega hasta los poetas dramáticos del «movimiento». Estos escritores, poco después de nuestra guerra, intentaron hacer algo. Pero estas pruebas fracasaron por falta de aliento público. Los «restauradores» tuvieron que buscar otro empleo. La realidad escénica nos ha demostrado que nadie en nuestro país se ha atrevido a sacar a la luz de las candilejas ningún motivo, ni viejo ni nuevo, que pudiera tener alguna relación con el espíritu político del Estado falangista, y decimos falangista por decir algo. Ni aun nos han servido los dramaturgos católicos españoles, de aliento moderno, que, bajo la influencia de Gabriel Marcel, de Montherlant o Diego Fabbri, hubieran sido capaces de ofrecer alguna obra de importancia a nuestro pueblo. Éstos, como los otros, se han quedado inéditos, oprimidos por la falta de libertad. Se debe decir que también estos católicos más responsables, asimismo esperan un cambio de régimen político para poder manifestar su espíritu creador. El Estado cesáreo de que gozamos los españoles lo ha secado todo, lo ha quemado todo, lo ha convertido todo en ceniza. Esperemos que el futuro de libertad que ansiamos reavive los rescoldos.
JUAN DE TOLEDO
Los principios que sostiene y en los que se funda la permanencia y actitud sostenida del Gobierno republicano en el exilio, han sido reiterados en el Mensaje de Año Nuevo que firma el Presidente de dicho Gobierno Sr. Gordón Ordás.
He aquí los principales párrafos del Mensaje:
París, 1 de enero de 1958
ESPAÑOLES EXILADOS,
CAMARADAS Y AMIGOS:
Un nuevo año llama a nuestras puertas, renovando nuestras esperanzas, nuestra confianza en que pronto desaparezca de España la pesadilla de la tiranía franquista.
Creemos que muy pronto se abrirá una nueva etapa en la marcha histórica de nuestro país hacia la Libertad y la Democracia, y que por fin veremos derrumbarse al régimen usurpador que padece la Península.
NUEVA GENERACIÓN IBÉRICA reitera su deseo de que todas las fuerzas antifranquistas esparcidas por el mundo aúnen sus esfuerzos en un frente común, sin distinciones partidistas de ninguna clase a fin de conseguir el aplastamiento de la dictadura, en unión y en solidaridad con las fuerzas que en el interior de España laboran por un nuevo resurgir de nuestro país. Creemos que es deber de todo grupo o partido el establecer una fuerte alianza con los demás grupos o partidos a fin de salvar a España del caos franquista. Hay que mirar adelante, echando de lado toda la diferencia de credos políticos.
Estamos seguros que los días del terror franquista están contados y vislumbramos los grandes acontecimientos que hundirán en el abismo al caíd hispano. El incremento del aparato policial y terrorista, así como el querer mantener una «pose» imperialista en el territorio de Ifni, a pesar de que no tenemos nada que ganar en ese territorio, pero sí mucho que perder (muchos españoles han muerto ya allí sin ningún objeto), es una prueba evidente de la incapacidad de Franco y camarilla para sostener una posición caduca. Por otra parte si la tirantez Oriente-Occidente se llega a suavizar, hace imposible una postura guerrera como la franquista, tan interesada en la continuación de la «guerra fría» o de una «caliente».
El envío y sostenimiento de un ejército en pie de guerra en Ifni ha venido a complicar más aún los problemas económicos, que parecen llevarnos a pasos agigantados hacia una inflación nunca conocida en España a través de su historia. A pesar de la ayuda americana, que estabilizó aparentemente al régimen, el derrumbamiento se acerca aceleradamente y el no contar en absoluto con la opinión del país al firmar acuerdos y pactos internacionales, invalidará para el futuro la legalidad de esos pactos, entre los más principales los firmados con los Estados Unidos.
Tenemos confianza en un próximo resurgir de España; estamos convencidos de que la tiranía franquista caerá muy pronto, y deseamos que todos vosotros, españoles y extranjeros, que sentís el dolor de nuestro país aunéis vuestros esfuerzos, vuestra solidaridad en un frente común a fin de conseguir que el año nuevo sea decisivo en nuestra larga lucha por una España auténticamente libre.
NUEVA GENERACIÓN IBÉRICA
Madrid, 31 de diciembre de 1957
PRELUDE TO FRANCO, Political Aspects of the Dictatorship of General Miguel Primo de Rivera, por Dillwyn F. Ratcliff. Las Américas Publishing Company, New York. 99 páginas, $3.50
Raras veces encontramos un libro que, pretendiendo estudiar una etapa de la vida española, sea claro y ceñido a los hechos. La historia de España es difícil de interpretar para un extranjero, lo es para los españoles, aunque por motivos diferentes. Pero sobre todo es en extremo peligroso el estudio de aquellos períodos que hemos vivido, de los que hemos sido actores o público. Sin perspectiva suficiente es difícil acomodar nuestra lente con precisión, tener la imagen clara del momento que queremos captar. Por eso es tan de estimar el trabajo de Mr. Dillwyn F. Ratcliff Prelude to Franco.
El libro se concreta al estudio del período de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, libro breve, claro, ajustado, que sorprende por su clarividencia al apreciar la significación de esa etapa, etapa que muchos españoles, entre ellos personalidades de experiencia política, no supieron interpretar.
El título del libro Prelude to Franco (Preludio de Franco) nos anticipa la conclusión del estudio hecho por Mr. Ratcliff: ese período -nos dice- fue el preludio de la dictadura del general Franco. Uno de los aciertos del libro es señalar el desprecio de Primo de Rivera hacia la política y los políticos, «la maldita política», mientras se enorgullecía de su régimen político, como lo expresó en unas declaraciones hechas el 18 de febrero de 1929. Otro acierto del libro es el poner de relieve que queriendo justificar Primo de Rivera el golpe de Estado -encubriendo al rey que fue quien lo dio- lanza una diatriba contra el Parlamento y... crea luego la Asamblea Nacional, parodia del Parlamento.
Asimismo Mr. Ratcliff pone el acento en el hecho de que mientras Primo de Rivera no perdía ocasión para denigrar a los antiguos partidos políticos, creaba la Unión Patriótica para hacer su política, pues aunque él decía que no era un partido sino «una conducta», él mismo le señaló deberes políticos.
En sus conclusiones el autor emite este juicio, que es la clave del fracaso de ambas dictaduras: «Como general y perteneciendo a la familia militar, la única forma de organización social para Primo de Rivera era una forma de jerarquía disciplinada, apolítica e inclinada a la acción más que a la reflexión y a la discusión».
Un norteamericano ha tenido el acierto de presentar la verdadera significación de aquella dictadura que el pueblo en su ingenuidad calificó de «dicta blanda» porque no hubo muchas víctimas y no hubo derramamiento de sangre, pero fue el precedente iniciador de la dictadura de hierro del general Franco.
V. K.
Donde las cosas empiezan a complicarse
Al terminar el mes pasado habíamos visto cómo los trompetazos «imperiales» resonaban de nuevo en los ámbitos de España, so pretexto del conflicto de Ifni: prima al Ejército, prima a la política «europea» y nuevo movimiento de diversión. Pero el régimen está en una situación semejante a la de esos enfermos crónicos en los que la gripe más insignificante puede tener complicaciones insospechadas. Algo de eso puede decirse sobre el asunto de Ifni.
Los sucesivos «éxitos» de las fuerzas franquistas en Ifni concluyeron en una «retirada estratégica» que ha encerrado a los 12.000 combatientes españoles en Sidi-Ifni, atrincherado y alambrado, apoyados por poderosos refuerzos aéreos y navales en las Canarias.
Ifni: distintos aspectos
Los acontecimientos de Ifni se pueden enfocar desde un ángulo trágico (cuantiosa pérdida de vidas humanas) o desde ese ángulo pintoresco que nunca falta en la política actual española. Recordará el lector que en nuestra pasada crónica nos referíamos a despachos de prensa oficiales puestos en circulación y retirados horas después. Ahora, he podido saber las causas de estos dislates. Sucedió que, desde el momento en que estallaron las hostilidades en Ifni los Ministerios de Defensa y Asuntos Exteriores «bloquearon» todas las informaciones referentes a dicho asunto en detrimento del Ministerio de Información. Éste pretendió seguir publicando sus comunicados. En uno de ellos se acusaba a Radio Belgrado de haber preparado el «golpe de Ifni» en una emisión del 25 de noviembre. El único inconveniente es que las hostilidades habían comenzado el día 23, pero en el Ministerio de Información no tenían ninguna precisión sobre esta fecha. Como puede verse, «la confianza reina» entre los ministerios.
En fin. Las cosas se fueron agriando. Los militares reverdecieron nostalgias de la guerra del Rif y quisieron «tirar por la calle de en medio». Los servicios de prensa y propaganda optaron por la versión de «maniobra comunista», atacando al Gobierno de Rabat sólo de modo indirecto. Franco y algunos de sus próximos consejeros se inclinaban por la negociación, pero la mayoría de los militares se opusieron decididamente. ¿Y la opinión pública? La opinión pública se alzaba de hombros. Ésta es la verdad, agradable o desagradable.
El caso es que el asunto de Ifni fue convirtiéndose, poco a poco, en el meollo de toda la política española. Vino a Madrid el señor Pinay, y más tarde el Sr. John Foster Dulles. El Caudillo y su Ministro de Asuntos Exteriores los abordaron con una preocupación central: Marruecos.
Pero todo esto merece capítulo aparte.
La querella de Ifni servía para consolidar la «entente» hispano-francesa. A todo esto, llegó a Madrid el Sr. Pinay. Por una de esas paradojas del régimen, el conocido hombre político de la derecha y de la patronal de Francia estaba invitado a las sesiones del IX Consejo económico de la Organización sindical, donde se ha dado el pintoresco caso de que los invitados «labores» de Francia, Alemania e Inglaterra fueran distinguidos patronos de dichos países. Pero el viaje del Sr. Pinay fue aprovechado para una misión «oficiosa». Sus entrevistas con el Caudillo y con el Sr. Castiella versaron, ante todo, sobre la unidad de acción de Francia y España en Marruecos. El hecho de que las tribus del Sahara español comiencen a agitarse (en verdad, ya han tenido varias refriegas serias con las fuerzas de la Legión) preocupa seriamente a Francia, pues si España cediese sobre este particular, la posición francesa en ese Sahara tan codiciado hoy se debilitaría seriamente.
El gobierno cherifiano actúa
En parte bajo esta impresión, y en parte para facilitar la negociación mediante un previo clima de amenazas, los órganos oficiosos españoles hablaron de pasar a la ofensiva durante los diez primeros días de diciembre. Para comprobar hasta dónde se podía ir, se realizó la demostración naval ante Agadir. Esta demostración alarmó verdaderamente al Gobierno cherifiano: el ministro suplente de Asuntos Exteriores llamó al embajador francés para: 1.º, suplicarle que, como decano del cuerpo diplomático en Rabat reuniese a sus colegas explicándoles los peligros que encerraba la violación por España de las aguas territoriales marroquíes; 2.º, que Francia ratificase su propósito de salvaguardar la independencia marroquí; y 3.º, anunciarle que si el caso se repetía, el Gobierno marroquí se vería obligado a tomar medidas mucho más enérgicas.
El embajador de Francia respondió que su cargo de decano era más honorífico que efectivo, declarándose impotente para reunir al cuerpo diplomático; y que Francia ya había expresado de manera tajante su respeto a la independencia de Marruecos. Acto seguido se puso al habla con su Gobierno. En París se dieron toda clase de seguridades al embajador español y el embajador de Francia hizo lo propio en Madrid. Sin embargo, aquí se sabía que no se podía ir más lejos; el embajador Areilza y el Sr. Lequerica se expresaban igualmente desde Washington.
La guardia mora
Fue entonces cuando se produjo el licenciamiento de la Guardia Mora del Caudillo. Éste no se mostraba nada propicio a semejante medida. Parece ser que los generales Barroso, Alonso Vega y otros le indicaron el peligro de ciertos disturbios si así no se hacía, especulando con un sentimiento «patriótico» que en realidad no va más allá del reducido círculo de algunos bares de la calle de Serrano. El caso es que ya no habrá más Guardia Mora, aunque para «no dar su brazo a torcer», el Caudillo hizo venir a dos docenas de los licenciados el día de la visita del Sr. Dulles.
El asunto toma carácter internacional
A partir de mediados de diciembre se llegó al acuerdo de dar un «carácter internacional» al asunto de Ifni. La versión oficial es que se trata de una maniobra soviética para tomar posiciones estratégicas contra el mundo libre. Los diplomáticos españoles han creído que ésta era la mejor manera de presentar el asunto a las potencias occidentales, escondiendo su verdadera naturaleza: la necesidad para el régimen de halagar a los militares y su incurable nostalgia de dominio colonial. Inútil añadir que los medios oficiales no han suministrado ni una sola prueba en apoyo de sus fantásticas afirmaciones. Sobre este particular, el discurso del general Barroso en la reunión de Cortes del 21 de diciembre es una pieza pintoresca. Cualquiera que lo lea sin saber nada de lo que ocurre en el mundo podría creer que la suerte de éste se decide entre Canarias, Ifni y el Sahara español.
Y llegó la reunión de la OTAN en París. La actitud de los países escandinavos y de Bélgica había quitado toda esperanza al Caudillo de un ingreso inmediato en la Organización Atlántica. Además sus preocupaciones seguían siendo africanas (¡triste sino el de este hombre anclado toda su vida en coordenadas africanas!). La necesidad de combinar su política europea con la afroasiática le había llevado a considerar la posibilidad de una coordinación con los países del Pacto de Bagdad, y, al parecer, contactos de esta naturaleza se habían tenido con el Pakistán. La idea, emitida en la reunión de París, de coordinar los diferentes sistemas defensivos (OTAN, SEATO, P. de Bagdad, OEA) le venía como anillo al dedo a nuestro sagaz Caudillo que (añadiendo el Pacto Ibérico y el Hispano-Americano) encuentra así una manera de «alternar» de igual a igual con los otros Estados occidentales.
Desvanecida la esperanza de una visita del presidente Eisenhower, los gobernantes de Madrid decidieron no dejar escapar la ocasión para que fuera sustituida por la más modesta del Secretario de Estado. Para ello despacharon a París a un hombre de tanta confianza como el propio D. Nicolás Franco, quien cumplió «los objetivos asignados por el mando».
Visita del sr. Dulles
Y llegó a Madrid el Sr. John Foster Dulles, quien, a decir de algunos maliciosos, veía con agrado este contacto con un Jefe de Estado que compartía sus puntos de vista más «tremendistas» que el de la mayoría de los hombres políticos en el Palacio de Chaillot. Pero el Caudillo de El Pardo es siempre astuto; para dar a entender que él no es «pan comido» hizo publicar aquel mismo día la nota del Sr. Bulganin al Gobierno español. Esta nota había caído muy mal en los medios oficiales españoles. Por eso mismo su publicación (una semana después de recibida y cuando todos los medios diplomáticos y periodísticos de Madrid la conocían) no deja de encerrar un cierto maquiavelismo. El Secretario de Estado norteamericano informó al Caudillo de la reunión de la OTAN, cuidándose muy bien de señalar que se trataba de su interpretación personal. Pero el Caudillo quería ser escuchado más que escuchar. Su preocupación primera era Marruecos; y allí pasó toda su teoría de los peligros que entraña para el mundo libre la sublevación de unas tribus de moritos en África Occidental; luego vino la catastrófica situación económica y financiera de España, y en verdad que no exageraba nada sobre este particular. Aquí se cuidó bien de explicar que la ayuda económica a España es indispensable no sólo para el país, sino para garantizar su potencial defensivo en el cuadro estratégico del mundo occidental. En pocas palabras: el Caudillo, siguiendo la tradición de los mejores mercaderes, se esforzó en demostrar que todo lo que él pedía era por mero altruismo y por hacerle un favor a su interlocutor. Si sus peticiones eran aceptadas, él sería «amable».
Se tiene la impresión de que nada pudo concretarse sobre el particular, aunque en los medios oficiales de Madrid se tiene confianza en obtener un crédito suplementario de Estados Unidos de unos treinta millones de dólares.
¿Y las famosas rampas? Aunque los interlocutores hayan afirmado que no se trató del asunto en el caso particular de España, creo poder afirmar que hubo insinuaciones de peso. El Caudillo alternó el mutismo con las evasivas, dando a entender que, como su instalación no era cosa inmediata, necesitaba algún tiempo para reflexionar. En verdad, desea jugar con ventaja y esperar un aumento del potencial ofensivo norteamericano. Su tesis, después de la reunión de la OTAN, coincide con esto: sólo es posible dialogar con el Este cuando se es más fuerte. Reforcemos nuestro armamento, dese a España un puesto importante en el bloque occidental y todo marchará bien.
Sin embargo, la posición diplomática de España al acabar el año, difiere en un aspecto de la que tenía al iniciarse: los países subdesarrollados (sobre todo los ya independientes) constituyen un peligro latente de infiltración comunizante so pretexto de neutralismo. Este criterio sin matices no deja de ser peligroso si creemos la opinión de algunos observadores diplomáticos bien situados. Incluso desde el punto de vista de la alianza con Estados Unidos, el Gobierno español corre el riesgo de confundir el criterio de este país y de su Gobierno (mucho más flexibles) con el de algunos de sus altos funcionarios especialmente recalcitrantes y particularmente amigos del Caudillo.
El discurso del Caudillo
Y volviendo al tan singular Caudillo, no ha querido que nos comamos las uvas de esta noche del 31 sin colocarnos su tradicional discurso. Pero esta vez no ha sido de pura fórmula, sino que ha aprovechado la ocasión para hacer triunfar su criterio de negociación con Marruecos. Su llamada directa a los españoles para «no dejarse arrastrar por reacciones muy naturales ante la agresión desleal de que hemos sido víctimas en Ifni» y para que se acuerden de que el pueblo marroquí «es un pueblo sencillo y noble a quien repugnan los actos de traición y de perfidia», está dirigida en verdad a los «ultras» militares. Estados Unidos y Francia le han hecho comprender que la solución «por las bravas» no sería viable en Marruecos. Pero Marruecos es el Ejército, y el Ejército es el único apoyo efectivo que le queda al régimen. Por eso el Caudillo ha insistido en su alocución en los vínculos existentes entre África del Norte, Europa y el Occidente entero. ¿Propósitos sinceros? La respuesta se obtiene echando una ojeada a los veinte años de política exterior que tiene en su haber el general Franco.
Reacciones de los españoles
Mientras tanto, ese punto de vista, que tal vez seduzca a diplomáticos de otros países, irrita al español medio, a quien poco interesan las construcciones europeas, occidentales, etc., mientras él siga sumido en la miseria y sin ninguna libertad de expresión. Hace cuatro días descarriló el expreso Cataluña-Madrid cerca de Reus; hay varios muertos y cerca de cincuenta heridos de importancia. ¿Las causas? El mal estado del tendido férreo y de las traviesas. Todo el mundo sabe que la mayoría de las líneas férreas tienen que ser repuestas, pues miles de kilómetros datan de antes de la guerra. Lo invertido por la RENFE en renovación de tendidos y material es ínfimo. ¿Creen ustedes que el español de la calle puede entusiasmarse con aeródromos militares cuando carece de ferrocarriles decentes?


He puesto este ejemplo, porque es el más reciente. Hay muchos más. El mencionado IX pleno del Consejo Económico Sindical (donde hubo economistas, patronos, ingenieros, burócratas, ministros; de todo... menos obreros) ha sido una confesión palmaria de que la productividad española es baja, la industria falta de capitales y de créditos, el comercio minado por la especulación y los ferrocarriles catastróficos. En este pleno se ha llegado a decir por el ministro Sr. Solís que «el dicho "el que no trabaje que no coma" es un tanto anticristiano»; por el ministro de Industria Sr. Planell que «las inversiones que necesitamos no podrán cubrirse ni con nuestros propios recursos ni con las actuales ayudas extranjeras». En las resoluciones hay «perlas» de este calibre: «para evitar una presión excesiva sobre los recursos naturales de los españoles debe fomentarse una emigración moderada...»
En fin; el lector ya sabe todo esto, pero conviene recordarle que cuando la literatura oficial adopta un espíritu de Cruzada (se ha hablado estos días en la prensa hasta de las lágrimas del rey Boabdil) y el Gobierno se ocupa de alquitarar una sutil diplomacia, los habitantes de esta tierra seguimos soportando los apagones sistemáticos de electricidad y pagando el kilo de vaca a casi ochenta pesetas. Como dicho precio está prohibido, los carniceros han inventado un truco: pide usted «ternera adulta» (algo así como niño de cuarenta años) y le sirven los filetitos de vaca al precio de la ternera.
La libertad sigue brillando... en el Fuero de los Españoles. El periodista francés Marcel Niedergang fue detenido por la policía al aterrizar en Barajas, sin dejarle moverse hasta que lo embarcaron en el primer avión, que por cierto iba para Lisboa y no para Francia. Varios estudiantes han sido detenidos acusados de reparto de propaganda clandestina. De nuevo algunos diplomáticos sospechosos de no ser demasiado adictos han sido «desterrados» o puestos en la necesidad de pedir la excedencia. El régimen cree ver enemigos en todas partes y, sobre todo, en los medios intelectuales y universitarios. ¡Puede que no le falte razón! Las cosas se complican y la calma de este fin de año bien pudiera serlo sólo en apariencia. Los jóvenes que ya recorren jubilosamente las calles gastándose las últimas pesetillas («aunque no haya p'aceite», dicen los castizos) para despedir a 1957, no expresan una inexistente alegría del presente sino una gran fe en el porvenir inmediato.
TELMO LORENZO
Madrid, 1 de enero de 1958
Tarjeta recibida de España
Casi 20 años ya que impera en España la dictadura del general Franco, anacrónica dictadura que ha sobrevivido a la nazi de Alemania y a la fascista de Italia, sus progenitoras.
Después de la Segunda Guerra Mundial no quedó en Europa vestigios del nazismo ni del fascismo, sólo España aparece olvidada en esa gran limpieza llevada a cabo en Europa. Ésa es la apariencia, olvido de los vencedores de aquella cruzada en pos de la libertad de los pueblos. Pero no es pecado de omisión el que debemos señalar cometido por los gobiernos de Europa y por el de esta gran nación norteamericana.
La no-intervención (medida de la que se arrepintió Roosevelt tardíamente, según el irrefutable testimonio del embajador Claude G. Bowers), determinó el triunfo de los militares sublevados, esa medida ha seguido rigiendo la conducta de los aliados: ni prestar ayuda al Gobierno legítimo de España cuando la necesitaba para restablecer el orden perturbado -ayuda a la que tenía derecho y a la que estaban obligados varios países por tratados internacionales- ni acabar con la única dictadura nazi-fascista que sobrevivía después de la guerra habiendo sido beligerante al lado de Alemania.
Durante unos años apareció condenado moralmente el régimen franquista, durante ellos las medidas de represión cruenta siguieron implacablemente su labor y España, aterrorizada e inerme, se fue hundiendo día a día privada de actividades creadoras, privada de brazos enérgicos que hubieran podido sacarla de la desolación y ruina en que la dejó la guerra civil.
El régimen español se defendía, ya que no se le inquietaba, y poco a poco fue calmando aquella gran inquietud que le produjo el triunfo de los aliados. España seguía hundiéndose en su aislamiento y en su miseria. Franco se afirmaba.
Llegó la amnistía moral para el régimen franquista, se abrieron discretamente las puertas de la UNESCO, se abrió un poco más tarde una estrecha puerta en las Naciones Unidas, y España entró a formar parte de esas organizaciones, admisiones en las que el general Franco soñaba para hacer su entrada en la escena internacional. Naturalmente, los órganos oficiales españoles lanzaron a bombo y platillo estos triunfos: se había hecho a España la reparación debida y tendría ya el rango internacional de gran potencia.
¿Qué ha significado la entrada de España en la UNESCO? No hemos observado el más leve progreso en su vida cultural, lejos de ello hemos visto que la censura ha reforzado sus medidas respecto a la entrada de publicaciones extranjeras (las españolas siguen pasando por las tres censuras: la eclesiástica, la militar y la del Ministerio de Informaciones) para prevenir el riesgo de una mayor circulación de obras extranjeras en España.
¿Qué ha significado la entrada de España en las Naciones Unidas? Ni prestigio internacional ni mejora interior. España continúa repudiada por Europa y el pueblo español continúa debatiéndose en la miseria con salarios más bajos no ya que los salarios europeos, sino más bajos aun que los salarios en la URSS. Eso sí, los acuerdos bilaterales y la entrada de la España franquista en las Naciones Unidas han sido los pasos decisivos para que los Estados Unidos puedan tratar de igual a igual a la España totalitaria del general Franco. Pero ¿estos acuerdos a quién obligan? Al general Franco y a su Gobierno, exclusivamente; España, la nación española, el pueblo español, no sabemos cuáles puedan ser sus reacciones frente a estos acuerdos.
Y es que es inútil empeñarse, en nombre de un realismo miope, en caminar juntos para la consecución de un objetivo: gobiernos que representan dos polos opuestos en ideologías y hasta en intereses materiales. Franco, cabeza de una dictadura totalitaria, no será nunca, porque no puede serlo, aliado leal de ninguna democracia, así lo entienden las democracias europeas. Por eso es desconsolador para los pueblos libres contemplar la ayuda estéril de los Estados Unidos a una dictadura irresponsable e insegura. Y es por eso por lo que esta visita del Secretario de Estado de los Estados Unidos al general Franco quedará como uno de los actos más antidemocráticos que haya podido realizar ningún representante oficial de los Estados Unidos durante toda su historia.
Declaraciones de Mr. John Foster Dulles,
secretario de Estado de los E.U. hechas en la emisión de radio y televisión el 23 de diciembre de 1957.
El presidente Eisenhower invitó al Secretario de Estado a informar al público americano sobre su viaje a España.
EL PRESIDENTE EISENHOWER: Ahora, en su viaje de regreso de París, el secretario Dulles hizo una breve visita a España. Conferenció con el general Franco y con otros miembros del Gobierno español. Yo sé que Vds. desean un resumen de esta visita.
EL SR. DULLES. Bueno, Sr. Presidente. Justamente estaba diciendo que hay muchos hilos en el tejido del mundo libre. NATO no los representa todos. Y tienen todos que ser cuidadosamente nutridos, juntos constituyen la fuerza que hará libre al mundo.
Y mi parada en Madrid demuestra, creo yo, esto mismo, porque España no es un miembro de la OTAN. De otro lado tenemos arreglos muy importantes con España que contribuyen grandemente a la fuerza y defensa del mundo libre y al área de la OTAN.
Entrevista Dulles-Franco y la prensa extranjera
El ABC del 20 de diciembre insertaba una crónica de su corresponsal en Washington en la que decía:
El mismo diario, en su edición del 21 del mismo mes, daba cuenta de la entrevista celebrada el día anterior entre Dulles y Franco y terminaba:
El diario YA del 21 de diciembre:
Comentando este diario la entrevista Dulles-Franco dice, bajo el subtítulo «Posibilidad de traer proyectiles a Europa», lo siguiente:
El ABC del 27 de diciembre:
Bajo el título «Se busca una fórmula de enlace entre España y la coalición Atlántica», inserta este diario una crónica de su corresponsal en Washington de la que copiamos los siguientes párrafos:
Le Figaro del 21 de diciembre inserta un comentario sobre la entrevista celebrada en Madrid del que reproducimos lo siguiente:
Le Monde
Párrafos del editorial de Le Monde del 22 de diciembre:
Combat
Con el título La vulnerabilidad de la Península Ibérica frente a las armas teleguiadas el periódico parisién Combat publica un artículo en su edición del 21 de diciembre del que damos los extractos siguientes:
Liberation
Liberation del 21 de diciembre decía al pie de una fotografía de Franco y Dulles:
La Croix
En su edición del 21 de diciembre este diario dice:
El mensaje de Bulganin a España
La nota verbal que el 13 de diciembre entregó la delegación soviética en la ONU a la delegación española dice:
Ifni
Desde hace ya tres semanas el silencio envuelve la situación de Sidi-Ifni. La prensa española observa silencio y la prensa de otros países no señala actividad importante en aquella zona. Se viene hablando del deseo de Mohamed V de llegar a una solución pacífica, por su parte España procura dar una tregua, sin duda para mostrar así que espera los signos de buena voluntad de Marruecos. Sin embargo, España sigue reforzando sus posiciones.
La prensa europea señala maliciosamente el dilema que Rabat presenta a Madrid: «Hay que escoger entre Ifni y la retirada de la peseta en Marruecos». En una entrevista publicada hace pocos días en el periódico de Rabat Al Istiglal, M. Balafrej, después de decir que era partidario de negociaciones directas con España sobre la cuestión de Ifni, y no acudir a la Corte Internacional de La Haya, añadió: «Además tenemos otros problemas que tratar con España, la retirada de la peseta especialmente. España no ha puesto buena voluntad para llevar a la práctica los acuerdos concertados laboriosamente en Madrid».
Otro tono ha sido el empleado por el presidente del Istiglal, Allal El Fassi el mismo día que salieron esas declaraciones de M. Balafrej. En un discurso pronunciado en Marruecos oriental declaró: «La lucha continuará hasta el final si España no reconoce la independencia de los territorios saharianos... Nosotros no cederemos un solo grano de arena, una sola palmera del Sahara». El jefe del Istiglal añadió: «El interés que tenemos en los territorios del Sur no debe hacer olvidar los problemas de las fronteras del Este y de la Mauritania».
Las pérdidas españolas
Las pérdidas españolas conocidas son: 5 oficiales muertos y 13 heridos, 56 soldados muertos y 115 heridos. Estos datos han sido recogidos por The Times de Londres. En total son las víctimas: 61 muertos y 128 heridos.
Retirada de la peseta en Tánger
El Gobierno marroquí ha suprimido la peseta española como moneda de cambio en Tánger.
El Gobernador de Tánger publicó un comunicado declarando que sólo el franco marroquí podía ser usado en transacciones públicas, pago de impuestos y establecimientos del Estado. El franco marroquí y la peseta española tenían curso oficial en Tánger desde 1923. Se estima que esta medida forma parte del plan general de incorporar la Zona Internacional de Tánger al Marruecos independiente. España estaba de acuerdo en la retirada de la peseta, pero no había fijado la fecha de esta operación.
Disolución de la Guardia Mora
El general Franco ha disuelto la Guardia Mora que le venía dando escolta desde el año 1938, igualmente escoltaba con gran pompa a los representantes diplomáticos al ser recibidos por Franco.
Esta Guardia se componía de 600 marroquíes y estaba formada por combatientes marroquíes que trajo el general Franco de Marruecos para combatir a su lado en la guerra civil contra los españoles leales al Gobierno republicano.
No parece que esta decisión ha sido del gusto de Franco, pero varios de sus colaboradores más próximos le han hecho ver la hostilidad popular contra ella desde que los acontecimientos de Ifni dieron comienzo. Por el momento la Guardia Civil es la que da escolta al general Franco.
Funcionarios que vuelven a España
Mil quinientos funcionarios españoles de la zona Norte de Marruecos que no han podido renovar sus contratos de trabajo por las autoridades marroquíes, o que no han aceptado el que le proponían, dejan el país acompañados de sus familias. La mayor parte de estos funcionarios tenían sus empleos en Tetuán.
Expulsión de un corresponsal francés
El Sr. Marcel Niederlang, enviado especial del periódico parisién France-Soir, después de haber efectuado un reportaje sobre los acontecimientos de Ifni, había obtenido del consulado español en Rabat un visado para España. A su llegada al aeródromo de Barajas, en Madrid, la noche del 18 de diciembre, fue detenido por la policía, la que le notificó que no estaba autorizado para entrar en España. Estuvo vigilado una parte de la noche sin permitírsele telefonear a la embajada de Francia ni a la Dirección General de Prensa del ministerio español de Asuntos Exteriores. Inmediatamente fue depositado en un avión con destino a Lisboa.
El periódico France-Soir ha elevado una protesta al ministerio francés de Asuntos Extranjeros.
149 desertores
El «Spanish Refugee Aid Committee Inc.» de 80 East 11 St., New York, ha anunciado una campaña especial solicitando fondos para cubrir los gastos para situar 149 soldados españoles que (desertaron) del ejército de Franco en Ifni hace 20 meses.
Los 149 soldados han sido internados en Casablanca. Gracias a los esfuerzos de «Solidaridad Internacional Antifascista» de Toulouse, unidos a los de la Oficina del Alto Comisario para los Refugiados de las Naciones Unidas y a los de la Cruz Roja Internacional, se han tomado medidas por las cuales estos refugiados podrán salir de Marruecos y emigrar a los países que están dispuestos a recibirlos como exilados políticos, según la Convención de Ginebra, si se reúnen los fondos suficientes para vestirles y pagar los viajes. Estos gastos requieren un total de $17,000.
Bélgica y algunos países de América Latina están dispuestos a recibir un cierto número de estos refugiados españoles. Marruecos a su vez dará residencia a algunos de ellos que son obreros expertos.
Contactos oficiales entre España y Yugoeslavia
Noticias de Belgrado, procedente de medios bien informados, dicen que van a dar comienzo inmediatamente conversaciones oficiales entre el Banco Nacional de Yugoeslavia y establecimientos financieros españoles. Estas conversaciones darán comienzo en París.
Aunque se insiste sobre el carácter estrictamente económico de estas conversaciones algunos observadores estiman que ellas pueden constituir un primer paso hacia el establecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países.
Estas entrevistas diplomáticas que han de dar comienzo en breve plazo, han sido precedidas de encuentros en Ginebra entre representantes de la Banca Nacional yugoeslava y delegados del Banco Español del Comercio Exterior. Estos acuerdos han sido decididos bajo la base de un total de 7 a 10 millones de dólares. España exportará cobre, aceite de oliva, agrios, minerales de hierro y piritas. En cambio Yugoeslavia exportará a España tabaco, madera, carnes, maquinarias y equipos eléctricos.
Éste será el segundo acuerdo que firme España con un país comunista, el primero fue el establecido con Polonia en el mes de julio del presente año.
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