Ibérica por la libertad
Volumen 6, Nº 3, 15 de marzo de 1958


IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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El Pretendiente Don Juan lleva, al parecer, las de ganar. Las de ganar a corto plazo; pero, precisamente por eso, las de perder -las de perderlo todo- a plazo más largo. En esta aparente contradicción entre el «ganar» y el «perder» -según los plazos históricos- puede girar el gran drama de España durante los próximos años. Un drama que empezó hace ya veintidós y que, según van las cosas, no se vislumbra cuándo ni cómo se cerrará. Lo que se vislumbra bastante claramente es el acto que se está tramando entre el Pardo y Estoril, pasando por el Vaticano y quizá por algunas capitales occidentales. Como ese acto tiene un positivo interés para el porvenir de todos los españoles, conviene que definamos una actitud ante él con serena objetividad.
Determinados sectores del interior, haciendo de intermediarios entre las derechas tradicionales y las izquierdas, principalmente exiladas, propusieron hace unos meses un pacto de cara a la solución del problema español. Para esas derechas, lo mismo que para los intermediarios, aun no siendo éstos monárquicos, la solución sólo la podía constituir la restauración monárquica en la persona de Juan de Borbón. Las izquierdas propusieron un acuerdo sin signo institucional previo y a resultas de lo que decidiera el pueblo español libremente consultado en su día. Me permití apuntar entonces que no creía en una solución monárquica, entre otras razones porque no existía un candidato a la restauración lo suficientemente popular y solvente para inspirarles confianza a todos o a la mayoría de los españoles y capaz de constituir una garantía democrática de cara al porvenir. Apuntaba, claro está, al Pretendiente Don Juan. Los informes que recibo de Madrid, de fuente autorizada, me confirman que tenía razón.
Franco se hizo votar por sus Cortes, con la gracia de Dios, la facultad de elegir el monarca que le conviniera en el momento, lo más lejano posible, que le conviniera. Ha hecho de entonces acá múltiples tentativas para que Don Juan abdicara sus derechos al trono -los que le reconociera el destronado Don Alfonso mediante testamento- en favor de su hijo Juan Carlos. Perseguía Franco objetivos harto claros y concretos: la legitimación y a la vez la prolongación de su Regencia, la educación principesca de su prisionero e instrumento Juan Carlos, la concentración de las diversas corrientes monárquicas con el consiguiente sometimiento del Ejército, de la Iglesia y de los estamentos y las fuerzas que en 1936 se levantaron contra la República y por la Monarquía. Un plan digno de su pequeño y habilidosillo cerebro y digno asimismo de las jerarquías sin jerarquía moral ni intelectual que le rodean. Pero Don Juan se ha mantenido firme en un punto, en uno solo: en el del acto de abdicación. Ha querido ganar tiempo -sin exponerse a la pérdida de otras ganancias- dejando a su hijo en España y haciendo otras concesiones de forma, pero sin la concesión suprema y de fondo: la abdicación. Y ahora parece acariciar el triunfo. ¿El suyo sólo? ¿O el de sus cálculos y los cálculos de Franco a la vez, en uno de esos sombríos recodos de que tan rica es muestra Historia?
Hace unos meses, en el discurso que como vocero de Franco leyó Carrero Blanco ante las Cortes, definió lo que tendría que ser la monarquía tradicional, que puso bajo la invocación de los Reyes Católicos. Según Luis Araquistáin, Don Juan que con Juan Carlos se encontraba a la sazón en un bar ginebrino, soltó una carcajada al enterarse por la radio del tal discurso. Sabido es que los Borbones han reído siempre con harta facilidad y han olvidado no menos fácilmente sus risas y sus palabras. Con el tácito consentimiento de Franco, una cuarentena de carlistas visitaron en enero a Don Juan y le rogaron que aceptara «los principios de la legitimidad española, fundados en la religión católica, apostólica y romana». Don Juan se apresuró a aceptar el «ruego» de los delegados de la comunidad tradicionalista les leyó y entregó una declaración en consecuencia, echa pública tres días más tarde en el semanario Reino. Se dirige esta declaración a «todas las tendencias monárquicas» y afirma en ella el deseo «de ser el re de todos los españoles», pero el hecho es que aceptando el tradicionalismo como base de la restauración rechaza implícitamente la monarquía liberal, fundada en el sistema de los partidos políticos y en el sufragio universal. ¿Dónde queda la monarquía constitucional, a la inglesa o a la escandinava, de que nos hablaban los emisarios de buena fe llegados del interior? La carcajada de Ginebra ha quedado olvidada en Estoril, lugar de añoranza de ex monarcas y de aspirantes a monarcas. Los que deben reír por lo bajo son Franco, Carrero Blanco, Ruiseñada y... el obispo de Málaga Ángel Herrera Oria.
No he traído a colación este último nombre porque sí. El ex director de El Debate y ex inspirador de la CEDA, monárquico consecuente, parecía retirado de la política y, recluido en su obispado, habíase conquistado alguna simpatía popular con sus públicas protestas contra la escandalosa riqueza de los advenedizos y la no menos escandalosa miseria de las clases trabajadoras. Con a dispensa del Papa para ausentarse de su diócesis, e incluso su bendición pública, el famoso obispo se ha instalado en Madrid y se ha reincorporado a la política activa. Según mi informante, «se propone instrumentar una nueva Confederación de Derechas Católicas con giro sindicalista». Como trámite previo ha colocado al frente de la Editorial Católica, que controla los diarios Ya (Madrid), Hoy (Badajoz), El Ideal Gallego (La Coruña), El Ideal de Granada y numerosos semanarios y revistas, esparcidos por toda España, a los hermanos Martín Artajo, Alberto y Javier. El actual director de Ya, Aquilino Morcillo, va a ser sustituido por uno de los hombres de confianza de Don Ángel Herrera.

El tradicionalismo y el catolicismo son dos de los puntales de lo que se ha dado en llamar «La España eterna». Los que preparan el nuevo tinglado vuelven por los caminos architrillados y quieren remozarlos con la «nueva Confederación de Derechas Católicas con giros sindicalista». Todo el aparato falangista -y principalmente el sindical-, en su mayoría abierta o virtualmente rebelde y republicano a su manera, debe pasar bajo el control de elementos «técnicos»; inspirados y dirigidos por esa Confederación de Derechas Católicas que prepara el sagaz y enérgico obispo de Málaga.
Se quiere que todos estos preparativos se realicen en el transcurso de 1958. Fracasado el actual equipo gubernamental, sobre todo desde el punto de vista económico-financiero, parece que habrá en breve importantes cambios ministeriales. Están en peligro las carteras que detentan actualmente Sanz Orrio (Trabajo), Iturmendi (Justicia) y Ullastres (Comercio). Este último pertenece, como se sabe, al Opus Dei, organización semisecreta que se ha hecho muy impopular. Hay interés en su eliminación gubernamental, y según rumores, la crisis que prepara Franco será resuelta preponderantemente en favor de los militares consecuentemente monárquicos.
¿No responde todo esto a una lógica interna y a la vez internacional? Parece evidente. La lógica interna se ve determinada por dos factores principales: el económico-financiero y el militar. La situación del país se hace cada día más difícil y exacerba el descontento de industriales, banqueros y comerciantes; no ocultan estos sus impulsos antigubernamentales y manifiestan al mismo tiempo una gran inquietud: la de perder los fabulosos beneficios alcanzados desde el final de la guerra civil. Y piden un cambio: un cambio incruento que representa una garantía de continuidad política y de salvaguardia para sus riquezas y que abra nuevos cauces desde el punto de vista internacional. Se asiste a un paro agrícola pavoroso: desde que empezó la mecanización del agro, aumentan las muchedumbres de trabajadores que van de una región a otra, a pie muchas veces y hambrientas, en busca de ocupación y de sustento. La miseria es indescriptible, principalmente en Andalucía y en Extremadura; la propaganda comunista prende fácilmente entre esas muchedumbres hambrientas y desesperadas. La única respuesta es un aumento de la presión política y militar sobre las poblaciones agrícolas y en previsión de sangrientos alzamientos.
Desde el punto de vista militar, se ha ahondado la crisis por lo de Ifni y los arreglos contrarios a la peseta. Al ocurrir las primeras escaramuzas en Ifni, Franco se mostró favorable al abandono; el general Barroso, de acuerdo con otros generales, se opuso a esa capitulación. Pero hay un hecho cierto: no obstante la desenfrenada propaganda oficial, que canta victoria tras victoria, todo el mundo sabe que los diez o doce mil soldados españoles, calzando alpargatas y vistiendo monos, mal alimentados y con un armamento anticuado, pueden apenas enfrentarse con los dos mil combatientes enemigos. La corrupción en el Ejército ha llegado a ser tal, que las sumas de que disponen las Intendencias para compras se volatilizan misteriosamente. Entre las masas populares -las clases medias y la pequeña burguesía- se observa una sorda cólera. ¿Puede prolongarse esta situación un año más? ¿No sé producirá antes un chispazo que acabe con la atonía general y provoque el incendio? Lo ocurrido en Venezuela ha hecho temblar a mucha gente...
¿La lógica desde el punto de vista internacional? No sólo los países institucionalmente monárquicos, sino los más apegados a las formas republicanas, creen que en España no puede ser viable otro régimen que el monárquico, al menos durante los próximos años. Parecen querer los segundos para España lo que no aceptarían nunca para sus países. Los monárquicos españoles no ignoran este sentimiento. Con la bendición y el apoyo del Vaticano, esperan conquistar a su causa a todo el elemento conservador y socialcristiano europeo. Abrigan hoy otra esperanza: la de llegar a una mancomunidad militar y de intereses con Francia para la pacificación del África del Norte -contando, en primer lugar, con el acuerdo de Marruecos- y para el desarrollo y la explotación del Sahara: Ya los más sesudos órganos periodísticos franceses vienen afirmando esa «necesaria comunidad» entre Francia y España. ¿A quién le sorprenderá que cuenten también con el apoyo norteamericano? El petróleo, el afianzamiento de las bases estratégicas son puntos que interesan a los Estados Unidos. Se especula en España con una supuesta promesa de mil millones de dólares. En todo caso los medios financieros e industriales españoles, lo mismo que los gubernamentales, especulan ya con esa ayuda. Y los primeros en especular con ella son los monárquicos. Casi me he limitado hasta ahora a situar el problema sobre la base de los informes recibidos. Que la trama que se prepara es esa, no lo dudo un solo instante; puede ocurrir, sin embargo, que Franco modifique aun sus planes durante los próximos meses. A él no cabe hacerle advertencia alguna; a Don Juan, aun cuando no sirva para nada, sí. Se le han ofrecido y se le ofrecen aun a éste dos caminos. Uno, consistente en un pacto o acuerdo entre las derechas y las izquierdas -entre todos los sectores antitotalitarios-, con un programa claro y concreto, previendo unos plazos prudenciales y comprometiéndose a aceptar lo que la voluntad popular, libre y democráticamente consultada, decida en su día. Desde dentro y desde fuera de España, se le ha ofrecido ese camino o esa solución. Sectores hay que, sin ser monárquicos, le han ofrecido la posibilidad de colocarse a la cabeza de una gran coalición antitotalitaria y liberadora. Don Juan ha dado la callada por respuesta o ha salido del paso con algunas promesas veladas y en el aire. Por lo visto ha decidido seguir el otro camino: el que le ofrecen Franco, Carrero Blanco, Ruiseñada, Herrera Oria, la comunidad carlista, el falangismo domesticado de José Solís... Es decir, el que lleva a una restauración tradicionalista, católica y burocrático-sindicalista. Una simple transmisión de poderes y, en suma, la continuación del franquismo con una corona. ¿Ha pesado Don Juan sus responsabilidades? ¿Está dispuesto a cargar con la responsabilidad del desencadenamiento de la guerra civil, de la sangrienta represión, de la división y la ruina de España, del régimen totalitario como origen y base de su monarquía? ¿Tan poco seguros están, él y quienes le aconsejan y le mueven, del voto mayoritario del pueblo español? Conviene advertírselo claramente: semejante restauración no contribuirá a cerrar el drama español, sino que lo dejará abierto y entero; por mucho que pretenda ser «el rey de todos los españoles», no lo será. No será España sino la anti-España, no será la Nación sino la anti-Nación. Quizá le reciban, si llega a instalarse así en el Palacio de Oriente, con himnos, fanfarradas, banderitas y ovaciones, que el país está tan harto de lo actual que es capaz de saludar cualquier cambio aun cuando sólo sea de fachada.
¿Y después? Mano dura, leyes totalitarias, policía y guardia civil, militarismo y clero, caciquismo rural, monopolios económico-financieros, negocios sucios y España continuando al margen de los países civilizados y democráticos. Todos los que murieron en pasadas luchas están contra eso. Y lo están y lo estarán cada día más todas las fuerzas vivas, sanas y progresivas del país. Todas las que desean una España reconciliada, reconstruida y digna del siglo XX.
JULIÁN GORKIN
El balance que podemos hacer de las actividades literarias y artísticas del pasado año en España es muy desconsolador. Ni la novela ni el teatro ni el cine ni la poesía ni la pintura han ofrecido al hombre de nuestro país nada que tenga interés y emoción verdaderos. Con respecto al tiempo inmediatamente pasado debemos decir que el tono y la inquietud de nuestra cultura encarcelada han bajado de pronto, habiendo entrado en una situación donde la confusión y el desánimo son sus notas predominantes. No hablemos de nuestros escenarios, pues todos saben que en ellos, después de terminada nuestra guerra civil, nada extraordinario se ha producido, excepto dos o tres obras que nacieron contra viento y marea. Pero en los últimos años la censura había tenido una mano más abierta para acoger la poesía y la novela. Se toleraron muchas cosas. No tiene nada de extraño si tenemos en cuenta el valor aislacionista de la poesía y la limitación natural del lector de novelas. Claro está, este liberalismo no llegó a consentir la publicación de La colmena, de Camilo José Cela, en España, ni que la lírica a lo Blas de Otero tuviera una gran difusión. La corriente «tremendista» en la narración se fue apagando poco a poco, presionada por los críticos académicos y oficiosos y también por la aparición de nuevas teorías sobre el arte de novelar. Se intentó ahogar aquella forma literaria, desde su nacimiento, alegando muchas razones, detrás de las cuales siempre podíamos ver una intención política o moralizadora. El «tremendismo», que va desde Nada hasta La familia de Pascual Duarte y llega hasta juego de manos, ha sido la única aportación seria que han hecho los escritores españoles a la renovación de nuestra novela. Este fenómeno era mitad francés, un impacto del existencialismo europeo sobre nuestras fronteras cerradas, y mitad español, revelación de un alma atormentada por diversas circunstancias históricas nacionales. Desaparecido aquél, la verdad es que nos hemos quedado sin nada. Salvo esos relatos de orden más o menos tradicional que lo mismo se escriben en España que en cualquier otro país.
La literatura y el arte del pasado año están marcados por un gran desánimo y una extraordinaria confusión. No sabemos si esto será debido a que ya se avizora la proximidad de un cambio político o si, por el contrario, la desgana ha ido naciendo en los escritores por la pérdida de toda esperanza restauradora de la libertad. De todos modos, se puede decir que nada importante nos trajo el año 1957. Este expresivo vacío pudiera ser también alentador. En el mundo de la cultura no es posible alargar un vacío absoluto durante mucho tiempo. Un vacío, a veces, es el repliegue hacia el fondo de cualquier recipiente de unas fuerzas en potencia que enmascaran un deseo terrible de vivir. Allá, abajo escondidas, se amontonan para preparar un nuevo asalto. No sabemos si éste se verificará con nuevas más caras o a cara descubierta. Ya hemos dicho que en naciones como España la máscara es instrumento necesario de convivencia y vida. La literatura ha de valerse de ella para existir y perdurar. Expresar lo que cada uno piensa, ejercer una crítica lícita, manifestar una idea o una creencia que se aparten del convencionalismo imperante, el del Estado falangista, aun cuando se trate de arte o literatura, no es tan fácil. Desatada la hipocresía en todas sus especies, el escritor tiene que descubrir instrumentos o formas con los que ha de afirmar indirecta o cautamente su personal manera de entender o sentir el mundo en torno. Incluso, cuando se puede ofrecer una realidad de modo espontáneo y sincero, por ejemplo, si se trata de un tema católico riguroso escrito por un sacerdote de reconocido talento y disciplina, todavía se tiene que andar con mucha cautela para que la censura no se asuste. Es decir, que aun manejando estos temas hemos de echar mano de la máscara.

Es lo que ha sucedido con la novela del Padre J. L. Martín Descalzo, La frontera de Dios, publicada en 1957, y que mereció el Premio Nadal de Barcelona. Hay que reconocer que este joven cura, ordenado en Roma en 1953, presenta un asunto y unos personajes bastante atrevidos, una crítica tremendamente severa y hasta una moral cristiana que se aparta mucho de lo que es capaz de realizar el clero español de hoy, tan bien asentado en el clima de injusticia y de fariseísmo del régimen de Franco. La narración de esta obra transcurre en Torre, un pueblecito al parecer castellano, donde el sentimiento religioso se ha perdido, y donde el milagro, cualquier milagro, es difícil que se produzca. Por esto precisamente se produce en Torre un milagro. No sabemos si nuestro escritor nos da a entender que este pueblecito de Castilla, en el que no llueve hace años y la miseria cunde por todas partes, representa a toda España. Creemos que sí. Lo cierto es que un milagro aparece, al que siguen otros milagros, y que el héroe de la novela, Renato, un guardavías, la persona más insignificante del lugar, termina por ser asesinada por una banda de forajidos rurales puestos al servicio del mandamás de Torre, el cacique máximo y director político de la localidad. Los capítulos dedicados por Martín Descalzo a la explotación financiera de este milagro son muy buenos, con la llegada de «turistas» de toda España, la escenografía correspondiente y el consentimiento popular. Con exactitud, después del asesinato del protagonista, llueve. La sangre de Renato, el cordero del sacrificio en este caso, ha servido para que en los campos sedientos vuelva a nacer el trigo y la cebada, se restaure la felicidad de los campesinos y se enderece la moral religiosa perdida. Como se verá por todo esto, el tema es muy valiente y su raíz cristiana, incuestionable. La crítica más oficiosa le ha discutido a nuestro autor hasta la verdad «natural» del milagro. Pero nada de lo apuntado interesa tanto como la realización de la novela. Esta no aparece lograda en su totalidad, si apartamos su valor meramente documental, quizá por que Martín Descalzo no se ha atrevido a llevar sus intenciones críticas hasta un punto extremo de saturación, ni su mensaje de caridad hasta donde lo han llevado Bernanos o Graham Greene, que vivieron inmersos en un clima de libertad democrática. Martín Descalzo, que de hecho reconoce en su libro una cierta descristianización de España, precisamente hoy al término de veinte años de gobiernos dictatoriales que se dicen católicos, no ha querido enfrentarse con la censura. Creemos que gran parte de sus sentimientos e intenciones tuvieron que ser enmascarados, lo que ha quitado fuerza creadora al contenido emocional de su novela.
Hablábamos antes de la situación de la novela española contemporánea que parece haber entrado en una encrucijada de incertidumbre y confusión. De los mayores, Cela, el mejor, ha dejado de lado, a primera vista, su trabajo en la continuación de La colmena su gran fresco impresionista de la sociedad madrileña de postguerra. Hemos de decir que todos los hombres de nuestro país están pendientes de este libro, no sólo por la calidad artística de nuestro escritor, sino por que están seguros que en él desplegará su gran espíritu de aventura y crítica. Durante el año pasado no ha publicado ningún volumen Gironella el autor de Los cipreses creen en Dios. Tenemos entendido que éste no ha proseguido su labor después de su enfermedad. Y que piensa editar su próxima obra en la Argentina. Sus razones tendrá. Estamos seguros de que su «buena voluntad» de los comienzos habrá sido corregida y mejor encauzada ante la fuerza de la realidad en torno. Sus intenciones, medio políticas medio abstractas es muy posible que se hayan acercado con más exactitud y liberal entendimiento a la verdad de la España moderna. No dudamos ni un solo momento de que el libro que continúe Los cipreses creen en Dios ya no poseerá ni la mentalidad ni el sentimiento de éste, ni sus peligrosas intenciones de «objetividad». Queremos recordar que Zunzunegui, el otro novelista académico, no ha publicado tampoco nada en 1957. Además, la verdad sea dicha, creemos que su silencio es lo mejor que puede suceder. Primero y último, porque es un mal novelista. Este Balzac frustrado, bastante consentido, sigue de mal en peor. Pensó en ser un cronista serio y veraz de la sociedad contemporánea española y se ha quedado parado como un tonto al comienzo del camino. Algo parecido le ha sucedido a Carmen Laforet.
Estos acontecimientos literarios de nuestra nación son, sin duda, de poca importancia. Ya hemos hablado del teatro. De la poesía poco hemos de decir, donde nada extraordinario se ha producido. Debemos afirmar que El descampado, de José Felipe Vivanco, es un libro importante, pero, al fin y al cabo, en él sólo se prosigue su labor anterior. Poeta católico, de buena inspiración francesa y de buena ejecutoria española, nuestro poeta un poco al margen de la realidad española inmediata, ha elevado una voz cálida, emotiva y entrañable que recuerda mucho la de nuestro gran Antonio Machado, dentro de otra línea melódica y dentro de otra forma temporal. En el campo del cine, las realizaciones fueron muy malas. Cohibidos y atemorizados Berlanga y Bardem -muchas de sus obras fueron prohibidas- los demás, los consagrados oficialmente, no han hecho sino mediocridades. Ante esta situación que presenta el arte y la literatura de España no sabemos que pensar. Ya hemos dicho que éstas se caracterizan por una real desgana, una honda confusión y una incertidumbre latente. No cabe duda de que las perspectivas distintas que ofrecen la estética y la moral europeas influyen mucho en nuestro país, especialmente las de Francia, donde en el campo del teatro y de la novela se vislumbran cambios excepcionales de dirección. Del existencialismo y de las formas violentas de expresión se marcha hacia continentes más objetivos y pragmáticos, menos comprometidos y tendenciosos. Nos explicamos muy bien este fenómeno en muchas naciones de Occidente. En España, no, ya que las circunstancias políticas siguen siendo las mismas. Aquellas influencias a que nos referíamos pueden ser muy importantes para explicar la confusión actual. Pero no pensamos que sean las decisivas.
La posición espiritual y política del escritor español de hoy, aun cuando no intervenga en política y de hecho pocos son los que intervienen, es la que ha determinado este estado de cosas. Aquí no nos es posible separar la literatura y la política, naturalmente, aun cuando queramos. Hecho tan fácil de llevar a cabo en los Estados Unidos de América o en Francia. La grave crisis que vive España repercute en las artes. La actitud de enmascaramiento que necesitaba antes el novelista o el dramaturgo lleva camino de perderse frente a la inseguridad del régimen franquista. Después de la guerra y a lo largo de todos estos años, este escritor español tuvo que inventarse formas de expresión, incluso para ser sincero o veraz, en la medida de lo posible. Con el agotamiento inequívoco del actual Estado, ante el posible cambio de política, el artista ya no siente la imperiosa necesidad de disfrazarse. Está colocado en ese dramático momento en que quiere perder la máscara y presentar el rostro. Vivir a cara descubierta. No se piense que es tan fácil verificar, este acto. Para los que soportamos una dictadura como la de Franco este acontecimiento presenta caracteres casi insuperables. En España vivir cerca de la verdad, de la verdad de fuera o de la verdad de dentro, adquiere proporciones insospechadas. Es el caso también de la Prensa del Caudillo que jamás conoció ni un mínimo resquicio de libertad y que sigue funcionando como en 1939. Decirles a estos periodistas que escriban como se hace en otros países es sumirles en la mayor de las confusiones. No podrían ni sabrían entrar en esta nueva situación. Esta crisis actual nos dice hasta que punto la vergüenza ha empezado a desplegar sus graves dispositivos espirituales. Como los pájaros en la hora incierta de la muda, el novelista y el dramaturgo españoles se sienten de cierta manera arrinconados en su jaula y han perdido el canto de los tiempos heroicos. Los vemos como entristecidos y cavilosos ante la proyección de un nuevo estilo de vida.
JUAN DE TOLEDO

El telegrama enviado al Presidente Eisenhower el 7 de febrero por el grupo representado por Ibérica, «cayó como una verdadera bomba en los medios oficiales de Madrid»1. El gobierno de Franco convocó en la noche del 12 de febrero una conferencia especial de prensa para desmentir las acusaciones formuladas por nosotras. Esta impresión nos fue comunicada por nuestro corresponsal en Madrid.
En apoyo de cuanto decimos, por si lo necesitara, y por si pudiera considerarse por algunos exagerada nuestra declaración, copiamos a continuación el telegrama publicado por el New York Times en sus ediciones del 13 de febrero, que traducimos:
Mantenemos nuestras acusaciones
El 14 recogieron los periódicos nuestro segundo comunicado en el que manteníamos nuestras acusaciones. Decía así:
Algunas pruebas de nuestras afirmaciones
Por el momento señalamos estos datos de estudiantes que han sido atormentados:
José Villa Landa: quemadura de las manos.
Carlos Villa Landa: varias costillas rotas a causa de las palizas sufridas. Se encuentra hospitalizado.
Jorge Deike Robles: Manos quemadas por aplicaciones eléctricas. Se encuentra en un estado de postración psicológica y moral terrible. La madre de este muchacho, que cuenta 20 años de edad, fue secretaria del escritor español Eugenio D'Ors.
La protesta en el Congressional record
El Senador Wayne Morse ha hecho insertar la comunicación del Consejo de Ibérica, dirigida al Presidente Eisenhower, en el Congressional record (El Diario de Sesiones del Congreso Americano) del 24 de febrero. El representante Charles O. Porter por su parte hizo insertar nuestra segunda comunicación, a la prensa, reafirmando nuestras acusaciones, en el mismo diario oficial del 18 de febrero.
La Confederación Internacional de Organizaciones de Sindicatos Libres (C.I.O.S.L.) ha recibido un informe de uno de sus representantes en España que por su extensión no podemos publicar íntegro, pero dada la importancia del mismo copiamos a continuación algunos de sus párrafos:
1. De un capitán
Transcribimos a continuación el texto de la carta que D. José Manuel Castañón ha dirigido al General Barroso, Ministro del Ejército, dimitiendo de su cargo de Capitán y renunciando a los derechos y beneficios que, en tal concepto y como mutilado de guerra, le corresponden.
París, 6 de febrero de 1958
Excmo. Sr. Ministro del Ejército
Madrid
Señor General Barroso y Sánchez-Guerra:
Si mi condición fuera la de un simple ciudadano, no tendría efecto esta carta; pero dada mi condición militar, me creo en el deber de informarle de las circunstancias que me impulsan a considerarme exilado político, en base a los siguientes hechos:
Soy capitán de infantería, caballero mutilado de guerra por la patria, mientras otros españoles por circunstancias geográficas o ideológicas, dignas de todo mi respeto, continúan siendo cojos, pobres mancos o trágicos ciegos...
Inicié mis servicios con las fuerzas nacionales en octubre de mil novecientos treinta y seis, a los 16 años de edad. Quedé inútil de mi mano derecha en el cerco de Oviedo. Continué en el frente, inútil y todo, como Alférez provisional de infantería. Finalizada la guerra civil, pase a prestar servicios a Marruecos, y al organizarse la División Azul, me enrolé voluntario y combatí en Rusia al frente de una sección de Infantería.
A mi regreso a España en 1942, ingresé en el Cuerpo de Mutilados de Guerra por la Patria, del que soy Capitán, y reanudé mis estudios universitarios truncados por la guerra. La Universidad me ha abierto a la realidad nacional avergonzándome de ella. La no liquidación de la guerra civil a una solución armoniosa fue quemando mi alma, pese a querer adaptarme al engendro del partido único, siquiera, para justificar el absurdo que se me ha brindado sin posible escapatoria. Con 26 años de edad se me nombró Vicesecretario de Ordenación Social en la Delegación de Sindicatos de Asturias, cargo en el que estuve un par de años y que me ha servido para estar más en contacto con los mineros asturianos, socialistas, en su mayoría; y, sin embargo, represaliados por el régimen como si fueran comunistas, peor aún que comunistas.
Lentamente fue forjándose en mí el deseo de escribir, en la adversidad de la propia patria, consciente que el grito de angustia había que darlo en ella; y así, he editado dos obras: Moletú-Volevá (la novela de la locura dolarista) y Bezana roja, justificando con el prólogo de esta obra, al margen de la censura que mi norma es juzgar la conducta humana del español en guerra, sin consideración a vencedores o vencidos, y anunciando la publicación de Bezana azul en feliz coyuntura, ausente de pasiones bastardas.
He viajado por América. He sufrido la denuncia del Embajador de España en Venezuela por mis intervenciones culturales en aquel país, cuyas Universidades me han abierto las puertas de un ciclo de conferencias, tratando de totalizar el sufrimiento del pueblo español, a través de su poesía. Con anterioridad he conocido la cárcel civil, sin alegar fuero militar, para sentir más de cerca el dolor de mi pueblo. Y, todo, General, sin ser un resentido. Me interesa aclararlo porque es la cantinela con que se trata de señalar a los vencedores de ayer que muestran su repulsa por el régimen actual español. Si por resentimiento fuera, me afirmaría en el estado de cosas por el cual luché siendo un adolescente, embriagado de himnos y canciones, creyendo en la santidad de la causa. Pero, ni por resentimiento confortable puedo engañarme, General.
Me creo en la obligación de tomar la postura del exilio porque el régimen español, engendro de la guerra civil, moralmente es criminal; políticamente, inepto; socialmente, monstruoso.
Criminal, porque dadas las disposiciones oficiales que impiden a los españoles residentes en la patria tener cuentas corrientes en el extranjero, nuestros políticos han cubierto la retaguardia en el extranjero con millones. Inepto, porque las Cortes Españolas son un coro de gansos y sus nombramientos fraudulentos. Y lo que es más grave para persistir en la ineptitud de las leyes fundamentales, las prisiones preventivas por supuestos delitos a la seguridad del Estado, retienen en la cárcel cientos de españoles, en procedimientos especiales, sin posibilidad de activar los respectivos juicios. Monstruoso, porque pese a la legislación social que llena Boletines y más Boletines Oficiales, el jornal diario de un peón no da para comprar una docena de huevos. Un trabajador americano en las bases militares que Norteamérica construye en España, por la nobleza de su corazón, me reconocía la monstruosidad en esta frase: «Nosotros no tenemos la culpa de que la economía española sea un desastre para su pueblo, y que yo, por ejemplo, devengue en un día de trabajo los ingresos mensuales de un obrero».
Vd., General, que tiene entre sus apellidos el de Sánchez-Guerra, de gran solera liberal -liberal, fruto de generosidad, comprensión-, en el fondo de su alma, comprenderá mi postura. Si no la comprende, puede decir que el Capitán Castañón es un resentido, un desertor ante el peligro (desertor a quien ha luchado inútil en la guerra, montando su pistola con la mano izquierda, que es la mano del corazón, con la que escribo); pueden decir lo que quieran para resentirse Vds., y no yo, General.
En el exilio comeré un pan incierto; pero seré feliz en mi condición de novelista y un día, que sueño no lejano, besaré el suelo de la patria, abrazaré de nuevo a tantos españoles, al servicio del régimen o no (¡la vida obliga a mucho y hay que disculpar posturas y comprenderlas!), que sí creo, General, aplaudirán mi postura, que sale de las sombras, de los comentarios de café, de la pestilente orientación de la prensa dirigida, para airearse en el mundo: sufrir y soñar España, como ella, tan ultrajada, se merece.
Y conste, General, que cuesta lágrimas abandonar la patria, como habrá costado a tantos españoles de buena voluntad exiladas por el mundo, a quienes no dejaré de recomendar que piensen como españoles de 1958, que no lleven a cuestas el 36, porque el pasado no debe hacernos sus jugadas de tragedia, que tal parece desear la actitud del régimen actual español, persistiendo en su absurdo. Lágrimas cuesta abandonar la tierra en la que uno deja sus raíces y una familia ignorante a esta resolución que adopto, que no tiene culpa de que el drama de mi pueblo, pese en mi tanto como el cariño de los hijos, de la mujer, de los hermanos, de los padres...
El pan de mis hijos ya no cuenta con los ingresos de capitán mutilado que devengaba su padre. No importa. Es un pan que me ha dolido siempre. No lo quiero. Lo rechazo, porque millares de mutilados, tan españoles como yo, por ser del bando vencido, no cobran nada. Si está en sus manos, General, yo sería feliz de que esa paga mía, ganada con mi sangre, llevara el pan a un mutilado vencido, de tantos como existen. Que esta es otra razón que clama al cielo para que el Estado Español siga llamándose católico y pretenda seguir persistiendo bajo el incienso de la iglesia.
Mi postura, General, tendrá más detalles para Vd. en el próximo libro que espero editar, bajo el título Las horas negras (confesiones del vivir absurdo), que le haré llegar en su día.
Soñando en un futuro orden, que anule tanta ignominia, se despide de Vd., en España y por España, retaguardia triste de Europa, envuelta en alegría trágica, si no se remedia a tiempo, General.
José Manuel Castañón.
2. De un agricultor2
(Desde un lugar de Francia) enero de 1958
Muy señora mía y estimada compatriota:
Recibí a su tiempo la suya de fecha 17 de octubre del año pasado y con ella la revista correspondiente al mes de septiembre. Agradecido a su atención y a la facultad que me concede de pagar o no mi suscripción. Verdad que no es todo orégano para un refugiado, peón de mano, y con esposa y cinco hijos que se escalafonan entre catorce años y cinco meses de edad; mas espero que a su punto, o con retraso, podré ir cumpliendo en mis pagos. ¡Ojalá no pueda pagarle ninguna suscripción más, a causa del acontecimiento que todos esperamos! Porque entonces sí que me será imposible de todo punto.
¿Han pensado ustedes, mirando al futuro ese tan deseado, en casos como el mío? Sigo con interés las opiniones que se exponen en Ibérica. A veces con el interés que suscita el recelo. Todo torna al «puente» entre los intelectuales. Logrando establecer el «puente» está todo resuelto. Ponerse de acuerdo sobre el signo institucional será cuestión de poco, a pesar de lo absurdo de ciertas manifestaciones de los de allá. Y comenzará la «nueva era»... Fíjese cómo comenzará para mí... y soy sólo una lágrima del río...
Al estallar la sublevación facciosa me cogió en la zona de Franco, con diez y seis años de edad. Me pasé a la zona de la República y fui voluntario en las milicias, hasta que habiendo sofocado lo de los comunistas en Madrid (Marzo del 39) salí escapado hasta el puerto de Alicante. Allí me cogieron los de la División Littorio. En 1943, con doce años y un día de prisión mayor, salí en «libertad provisional». Me casé, hubimos una niña de nuestro matrimonio. El 6 de abril del año 46 me detuvo la policía y fui encarcelado bajo la inculpación de los delitos de «pertenecer a una organización clandestina» y «tenencia ilícita de armas». Trabajaba yo, en el momento de mi detención, como «masobe» en una masía de la provincia de Lérida. Salí en libertad -prisión atenuada- dos años después. Dos veces que pasó Franco por Lérida, dos veces que vino la policía a buscarme. Y llamado por el juzgado Militar para «unas diligencias», agarré la mochila, y a monte traviesa me presenté en Francia. Mi esposa dejó y malvendió los colchones y los cuatro féferes, y con nuestra pequeña logró pasar a Andorra y aquí. Todos los departamentos franceses lindantes a la frontera española eran «prohibidos» para los que pasábamos clandestinamente, y nos trajeron a este departamento, en el centro de Francia. Durante un año dormíamos en un pajar, y yo trabajaba de leñador. Y comíamos patatas con sebo de vaca que yo, al comprar, decía al carnicero que era para el perro; esto por todo manjar. Logré encontrar una casita y trabajo en una fábrica de aceros, y comenzamos a comprar muebles de lance y a tener los hijos... que tenemos. No somos, ni mi esposa ni yo, de los que nos adaptamos fácilmente a las costumbres que nos rodean. En Cataluña éramos lo que somos y aquí seguimos siendo lo que somos: Aragoneses que LA GUERRA nos arrancó de nuestra tierra. Y no podemos vivir más que muriéndonos fuera de nuestro Aragón. Mi esposa sabe de las «caravanas de evacuados» a través de las estepas aragonesas, y recuerda su segunda evacuación, sola, con nuestra chiquitina, cuando arremetió desde Lérida a Andorra en pos de mí. Ahora, estos días, presintiendo la posibilidad de una liberación, de la caída de Franco, pensamos en la «nueva evacuación». «Y cómo... ¿con estos zagales? Si estuviésemos solos, tú y yo y la chica»... Vamos viviendo, pero nada más. Y cuando la posibilidad se abra de que entremos en España sin tener que humillarnos de haber sido soldados de la libertad, se nos presenta otra vez la angustia de una nueva «evacuación». Tendremos que ir hacia España, hacia Aragón, hacia el Pueblo Nuestro, a pie, con los cinco hijos a cuestas. Pero... iremos. Iremos, porque no podemos vivir aquí, porque no tenemos por qué vivir aquí, porque... somos de allí.
Y tiemblo ante el temor de que un día mis hijos puedan reprochármelo.
Todas mis aventuras en pos del «liberalismo» han comenzado de mala manera y han terminado de peor. ¿Y ésta? ¿Le extrañará que una vez allí miré a todos ustedes
«...como mira al domador la fiera»? (G. y Galán).
Mas me queda una terca y ambigua esperanza. Emprenderemos el viaje.
Particularmente, reciba el efecto de este su incondicional y s. s. (he estado preso 7 años).
Javier Elbaile.
No es posible encontrar suscriptores para Ibérica. En esta fábrica donde trabajo hay como unos cuarenta refugiados. Todos son refractarios a lo que «viene de los USA». Leo Cuadernos. Soy el único entre los cuarenta. ¿Serán «ellos» o yo quien tiene razón? Yo esperó, aún espero.
Los malos tragos de febrero
El mes de febrero tiene «mala prensa» en El Pardo. Ya va siendo tradicional que en este breve mes el gobierno tenga que pasar malos tragos. Este año el gobierno tomó sus precauciones. Y «madrugando» a la oposición procedió a las detenciones del mes de enero. Verdad es que todo no ha sido calma y tranquilidad. El día 9 de febrero, con pretexto del «Día del estudiante caído», cientos de estudiantes más o menos falangistas la emprendieron a gritos contra la Monarquía y dieron algunos otros algo más subversivos, haciendo intervenir a los «grises». La cosa se agravó días después cuando la Agrupación Socialista Universitaria y el Grupo estudiantil de Acción Social y Democrática (tendencia Ridruejo) convocaron una manifestación, que debería partir de la Facultad de Medicina, para protestar contra la detención de los 44 estudiantes y universitarios. La Dirección de Seguridad movilizó un ejército policiaco y tomó disposiciones de verdadera batalla campal; el caso es que, si bien numerosos estudiantes fueron aproximándose al lugar previsto, la lluvia torrencial que cayó aquel día sobre Madrid acabó con los entusiasmos de unos y otros, y la manifestación no tuvo lugar. El teniente general Camilo Alonso Vega se apuntaba un nuevo tanto. Sin embargo, su espíritu no había podido recobrar la calma. El famoso «complot comunista» de Pradera, Muguerza y compañía se estaba convirtiendo en su pesadilla y cabe asegurar que en el caserón de la Puerta del Sol se arrepentían de la malhadada operación y del exceso de celo empleado para obtener «confesiones espontáneas».
La protesta de Ibérica
Resulta que la protesta dirigida al presidente Eisenhower por los Srs. Victor Reuther, Norman Thomas y otras personalidades liberales de Norteamérica, cayó como una verdadera bomba en los medios oficiales de Madrid. Desde los días de febrero del 56, cuando la detención de Bardem, no se había creado semejante nerviosismo en el Palacio de Santa Cruz, por no citar más que un departamento ministerial. Se llamó a los periodistas norteamericanos para jurar y perjurar que ningún detenido había sido objeto de malos tratos y repetir el disco de «la mano de Moscú», añadiendo aquel otro estribillo de «campaña contra España», porque estos señores confunden siempre España con su gobiernito. En fin, parece que la cosa fue de tal bulto y el miedo tan grande, que el propio embajador norteamericano fue convocado para darle análogas explicaciones (hubiera sido más práctico enseñarle delante de un médico a los hermanos Villa Landa, por ejemplo, por el «aquel» de las torturas, pero creemos que el embajador se dio por satisfecho de unas explicaciones que él mismo no había pedido).
Sin embargo, hay algo en todo esto que vale la pena de destacar. Por primera vez, desde hace bastante tiempo, la parte de opinión española que sigue al día los acontecimientos políticos, ha tenido un sentimiento de simpatía hacia Norteamérica y hacia ciudadanos norteamericanos. Como siempre ocurre, la censura es impotente para impedir que se divulguen estas noticias. La protesta de los liberales norteamericanos, el saber que todo no es aviones a reacción ni complacencia para con el tirano, ha producido una impresión excelente. Sobre todo, cuando se supo que la protesta traía tan preocupados a ciertos gobernantes que ya se veían privados de «su» ayuda. Bueno es que nuestros amigos norteamericanos conozcan este fenómeno y sepan que los españoles, pese a ciertos estados pasionales, saben distinguir.
Los insatisfechos
Pero si los liberales españoles ven con simpatía el gesto de sus amigos de Estados Unidos, parece ser que entre hombres de negocios las cosas son más complicadas. Aquí estuvieron los representantes de una sociedad norteamericana de inversiones respaldada por el Chase Bank y otros cuatro bancos que tras muchos dimes y diretes no lograron ponerse de acuerdo con los empresarios españoles en lo referente a créditos de industrialización. Los industriales españoles se quejaban de la condición de invertir los dólares del crédito en maquinaria y bienes de EE. UU. exclusivamente, así, como del tipo de interés (9 por 100) que dada la longitud de los créditos eleva considerablemente los costos.
Más satisfechos están los personajes de la «Unión Española de Explosivos» (presidente Garnica) y de «Metalúrgicas Madrileñas» que han recibido un pedido «off-sobre» de municiones por valor de unos 20 millones de dólares. Esto consolará seguramente a D. Nicolás Franco del abandono de su querida embajada en Lisboa. Eso y la construcción de otra factoría «Renault» en Alcobendas. Porque Don Nicolás pertenece a ambos Consejos de Administración y a otros más también.
El gobierno refuerza sus pilares
En fin, con todo esto nos estamos «saliendo del tema» como dicen algunos dómines. Puesto que se trataba del fatídico Febrero, de sus dificultades y del modo de vencerlas, esto es, de doblar el cabo de Febrero aunque el Océano en que se penetre no sea precisamente el Pacífico.
El gobierno, no sé si para celebrar el año de su constitución, ha reforzado algunos de sus pilares, entre ellos la Subsecretaría de Asuntos Exteriores. El caso es que D. Miguel Primo de Rivera, cuyas pillerías donjuanescas no son ninguna novedad en Londres ni en Madrid, subió el tono de sus aventuras; difícil es saber si el escándalo fue buscado, provocado o fortuito. Lo único cierto es que tras una conferencia directa con El Pardo, Primo de Rivera dejó de ser embajador. La ocasión era buena para un reajuste diplomático; el Marqués de Santa Cruz, de buenas maneras y estirpe liberal, no encajaba muy bien en la Subsecretaría del Ministerio con la rigidez de Castiella, verdadero «martillo de herejes». Venía ni que pintado para ir a Londres; en la sombra preparaba desde hace tiempo su candidatura a la Subsecretaría D. Pedro Cortina, que si bien era Cónsul general en París, estaba constantemente en Madrid y otras capitales en su calidad de «experto». Cortina es uno de esos «técnicos», fuertes en tratados internacionales; procedentes de las clases medias y que encuentran en su fidelidad a la dictadura los honores y ventajas que en otro régimen serían más disputados.
Salió para Lisboa de Embajador el Sr. Ibáñez Martín, que tan eficazmente defendió los intereses eclesiásticos en el Ministerio de Educación y en el Consejo de Estado, Consejo de Investigaciones Científicas, etc. Para sustituirlo en la Presidencia del Consejo de Estado llega «un hombre nuevo», el Conde de Vallellano, que comenzó su vida política junto a D. Antonio Maura, luego fue alcalde de Madrid con la Dictadura, más tarde ministro de Franco y siempre un conservador de vieja cepa sin la menor inquietud.
Claro es que estos y otros remiendos no son de naturaleza tal que solucionen los problemas que se acumulan de tal modo que, si el cabo de Febrero ha sido salvado, el de los meses venideros pueden complicarse. Los problemas más importantes de las últimas semanas han sido, por orden de importancia: agravación de la situación en África y política exterior, oposición democristiana y cuestiones económicas.
Lo de África se complica
Lo de África que al principio pareció casi convenir al régimen, ha tomado un aspecto muy serio. El gobierno español contaba con mantener una situación equívoca entre la negociación y las hostilidades, y con que la presión de Francia haría entrar en razón al gobierno de Rabat. Todos estos cálculos resultaron fallidos. El primer problema ha sido de orden interno: los militares querían «pegar de firme», no admitiendo que sus hombres fueran en la guerrilla permanente, y se quejaban con amargura de no emplear el material norteamericano. El gobierno ha tenido que ceder; en la región de Río de Oro se han iniciado operaciones de envergadura -con la colaboración de fuerzas francesas- y, según se afirma en Madrid, ha comenzado la utilización de algún armamento americano y de municiones en mayor cantidad. Claro que esto no arregla nada, por el momento, y la guerrilla amenaza con transformarse en guerra. Si esto último sucediese es difícil prever si la opinión soportaría las pérdidas de sangre y si el Tesoro soportaría las pérdidas de dinero.
Pero sobre todo los diplomáticos de Madrid no se esperaban el endurecimiento del gobierno de Rabat. La visita del Sultán al Sur del país y las declaraciones del Sr. Balafrej, ministro de Asuntos Extranjeros no dejan lugar a dudas: Marruecos no aceptará ninguna componenda mientras España no evacue la parte sur que correspondía al antiguo protectorado y que todavía ocupa. Por otra parte, Marruecos quiere discutir las fronteras del Sahara cuya delimitación unilateral no está dispuesto a admitir. Para ilustrar este criterio, el gobierno de Rabat expulsó sin ningún miramiento al Cónsul (ad honorem) de España en Agadir, Sr. Alcover; en los medios oficiosos marroquíes nos aseguran que este distinguido comerciante comunicaba clandestinamente por radio con las tropas españolas de Río de Oro.
La política que sigue España con respecto a África del Norte no es ajena a esta agravación. Aunque con mucho tacto, los medios oficiales españoles han sido los únicos en Europa en aprobar el bombardeo de Sakiet (no sé si habrá influido en esto la evocación hecha de Guernica por la prensa de otros países); la embajada de Túnez en Madrid ha tenido que librar una verdadera «batalla de prensa» para lograr que se publicasen sus notas intentando contrapesar la oleada de propaganda dirigida desde la Dirección general de Prensa. Pero hay más: ahora la prensa franquista comienza a polemizar con la embajada de Túnez y a tratar a este país de cómplice de la rebelión argelina, olvidando con demasiada rapidez la época en que Nador era el cuartel general de los rebeldes marroquíes. Esta posibilidad de amnesia de la diplomacia española es uno de sus rasgos más extraordinarios.
El hundimiento de la diplomacia franquista
Hace un año se insultaba sistemáticamente a Francia; hoy es el primer aliado, se han establecido contactos entre militares españoles y franceses, entre autoridades de los dos países en África del Norte y se llega hasta criticar acerbamente a las personalidades norteamericanas que se han permitido lamentar que el bombardeo de Sakiet haya sido hecho con aviones de procedencia norteamericana. Estas críticas, que yo mismo he oído en boca de altos funcionarios, han llegado a verterse en algunas editoriales de prensa.
En este grotesco tingladillo de la diplomacia española hay algo, sin embargo, sobre lo que vale la pena de reflexionar: el hundimiento de lo que pudo tener de original la diplomacia franquista, esto es, la política con el mundo árabe y la llamada «Hispanidad» (con América Latina). Esta última está agonizante después del regreso a la democracia de países como Perú, Colombia, Venezuela y Argentina. Por cierto que el acuerdo comercial con la Argentina, celebrado en Madrid a bombo y platillo, no es más que el reconocimiento de la enorme deuda contraída por el Estado (1900 millones de pesetas) que tendrá que pagarla en dólares y, por consiguiente, mucho más cara que si la hubiese pagado a su debido tiempo. España ha renunciado a sus «originalidades» diplomáticas, frustradas por su empecinamiento en aliarse con los gobiernos más retrógrados; hoy no es más que un apéndice de grandes potencias, como lo era a primeros de siglo, cuando se imploraba de Inglaterra y de Francia unos palmos de terreno en el Norte de África. En resumen: tiene la política exterior que se merece un gobierno vuelto hacia el pasado.
Dejo colegir al lector los peligros que encierra el hecho de apoyar la política norteafricana de España sobre la francesa. No sería extraño que los militares españoles, hoy satisfechos, se arrepientan un día de haber dado ciertos pasos.
La oposición demócrata-cristiana
La oposición, demócrata-cristiana parece que va en serio y contando con ayudas de peso. No voy a repetir el discurso de Martín Artajo pronunciado a primeros de mes, en la Cámara de Comercio Norteamericana, con el título de «España y Norteamérica: una amistad puesta a prueba», pues supongo que su contenido es conocido del lector norteamericano. Voy simplemente a reproducir los comentarios hechos en los medios políticos de Madrid. En general, se estima que el Sr. Martín Artajo habló en nombre del sector mayoritario de Acción Católica y que eso quiso decir al subrayar que no hablaba como ex-ministro sino recogiendo lo que piensa el hombre de la calle. Al pedir una revisión de los Acuerdos hispano-americanos en el sentido de un aumento sustancial -sobre todo económico, para bienes de equipamiento-, expondría el criterio de la Democracia Cristiana de fidelidad a la política occidental, pero con la condición de una recompensa en el orden económico que permita elevar el nivel de vida de la población, al mismo tiempo que la economía.
Las cosas no paran ahí; Monseñor Herrera, obispo de Málaga, se hace cargo de la Presidencia de la junta de Gobierno de la Editorial Católica (secundado por los hermanos Martín Artajo) previo acuerdo de Roma que consiente en descargarle de tareas de su obispado. El Nuncio hace una visita aparatosa para «congratularse de la presencia del señor obispo de Málaga al frente de la junta de Gobierno», añadiendo: «los deseos de la Santa Sede respecto de la "Editorial", han sido fielmente interpretados». Todo esto bien orquestado por L'Osservatore Romano. En Madrid se cree que este consorcio de prensa piensa dar la batalla tanto a los «oficialistas» ABC y La Vanguardia, como a los «opusdeístas» del tipo de Informaciones. En resumen: todo el mundo cree que estamos en vísperas de una ofensiva de gran estilo de la llamada Democracia Cristiana. Sin embargo, el enigma (esencial) por dilucidar es el siguiente: ¿aceptaría este sector político hacerse cargo del Estado permaneciendo el Caudillo en la jefatura o prepara abiertamente la solución de recambio al régimen? No conocemos la respuesta, pero hay dos hechos ciertos: uno, que el Caudillo no acepta la relativa liberalización que propugna este grupo católico; otro, que si bien un sector (tradicional) de la Jerarquía Eclesiástica se siente vinculado a Franco, otro sector más inteligente y más inspirado por Roma comprende que la hora de renovarse se acerca. Se me dirá, tal vez, que todo esto son cabildeos de redacción o de sacristía, al margen de la opinión pública. Verdad es; hoy en día no podemos saber si esas Hermandades Obreras de Acción Católica apoyarían la combinación más arriba enunciada o irían más lejos. Hay razones para creer esto último.
Más problemas
En fin, hemos dicho que los problemas económicos no eran minúsculos; nos falta espacio para detallarlos, pero ahí va una referencia. Si la renta nacional ha aumentado casi en 8 por 100, el aumento es debido a la industria; la agricultura no se mueve o retrocede, mientras la población aumenta. Este año nos encontramos concretamente con un bajón de la producción remolachera que no sé como se salvará. En contra de lo que dicen los portavoces oficiales el consumo no aumenta, lo que aumenta es la población, mientras que la producción de alimentos continúa estacionaria o en retroceso.
Esto es muy serio cuando faltan divisas. Con este último pretexto se están negando sistemáticamente los permisos de nuevas industrias, diciendo también que hay que reducir las inversiones poco útiles y contraer los créditos. En realidad, esto se traduce en reforzar los cuasi-monopolios de amigos y amigotes con la subida de precios que acarrea la falta de competencia en el mercado.
En fin, la entrada en el circuito monetario de España de la masa de pesetas que circulaba en Marruecos ha creado un nuevo problema. Se habla de una nueva devaluación del tipo de 52 pesetas por dólar; pero esto no pasa de ser un rumor.
Acaba Febrero y el gobierno hace balance de un año de actuación. ¿Tiene razones para estar satisfecho?
TELMO LORENZO
Madrid, 1 de marzo de 1958.
El 10 de febrero, demasiado tarde para ser incluido en el número de Ibérica correspondiente al día 15 del mismo mes, el Senador demócrata por Oregón, Wayne Morse, pronunció ante el Senado un importante discurso acerca de la ayuda al exterior.
En dicho discurso, el senador Morse alegó que el Senado había desatendido los acuerdos y las recomendaciones del Comité Especial para el Estudio del Programa de Ayuda al Exterior, creado por el Senado en julio de 1956, y que, en ciertos casos, el Programa de Ayuda al Exterior, en la forma en que se aplica actualmente, no conviene a los intereses nacionales.
«En términos generales -recordó el Senador- el propósito de la ayuda militar consiste en fortalecer a las naciones no comunistas contra la agresión soviética», pero en ciertos países, por el contrario, «se utiliza para suprimir la libertad». Por este, motivo, solicitó un nuevo planteamiento del problema de ayuda militar a países tales como España, Yugoeslavia y la Araba Saudita, donde se utiliza con el fin de perpetuar en el poder a gobiernos opresivos y dictatoriales, y en otros casos se usa con propósitos agresivos, como en la campaña de Francia en Argelia, o «en ese terrible ejemplo del mal uso de la ayuda americana» que es el bombardeo de la población civil de la villa tunecina de Sakiet.
Reproducimos aquí partes del discurso del senador Morse que se relacionan directa o implícitamente con la ayuda militar a la España de Franco:
Arabia Saudita
El discurso pronunciado por D. Alberto Martín Artajo en el banquete organizado por la Cámara de Comercio Americana en Madrid, merece un comentario. Lo merece tanto por el tema tratado, dada la categoría del conferenciante, como por la autoridad que auspiciaba el acto, el embajador de los Estados Unidos en Madrid, Mr. John Davis Lodge. El Sr. Martín Artajo dijo explícitamente a los americanos que la ayuda prestada hasta ahora era insuficiente y que, por supuesto, estaba muy lejos de dar satisfacción al pueblo español.
Dos razones fundamentales ha invocado el conferenciante para apoyar esa demanda: en lo militar la aparición de la bomba de hidrógeno y los proyectiles teleguiados; otra, en el sector económico, la industria española que pide una contribución mayor del extranjero. Examinó asimismo los diversos capítulos en que se descompone la contribución americana, diciendo que la ayuda militar fue corta desde sus orígenes, pero hoy es del todo insuficiente. En cuanto a la ayuda económica se sintió el Sr. Martín Artajo satisfecho de ella en dos capítulos: la asistencia benéfica por medio de la «Caritas» y la ayuda al consumo nacional, (suponemos que el Sr. Martín Artajo ignora el comercio ilícito que se hace en España con los productos alimenticios enviados por «Caritas»).
No opinó el conferenciante de la misma manera sobre el tercer capítulo de la ayuda estrictamente económica: la ayuda en capitales. Sobre esta ayuda, dijo, «se piensa en la calle, y con razón, que no ha conseguido dotar a la economía española de los medios esenciales para lograr una producción proporcionada a sus necesidades».
Que se pida un aumento de la ayuda americana a España por una personalidad del equipo del general Franco no tiene nada de nuevo ni de sorprendente, el general Franco necesita de la ayuda americana, sin la cual el régimen dictatorial que impera en España hubiese terminado por consunción, hace muchos años. Lo que nos desconcierta es la flexibilidad mostrada por el Sr. Martín Artajo, ex-ministro de Asuntos Exteriores del general Franco durante seis años, firmante del Pacto con los Estados Unidos en el año 1953.
El fue el que siguió regentando el mismo ministerio durante cuatro años después de la firma del Pacto; el fue el que avaló con su firma la conformidad de la España oficial con las condiciones expuesta en dicho Pacto; él era la voz más autorizada para elevarse en petición de la revisión del mismo, una vez comprobada su ineficacia durante esos años, tenía autoridad para ello.
Pero no, el Sr. Martín Artajo ha esperado a ser «un particular» para expresar su disconformidad con el Pacto que él mismo firmó y tuvo en sus manos el poder rectificar. En verdad que no creímos al ex-ministro capaz de tanta flexibilidad. Pero el misterio está aclarado: ayer procedió como ministro del general Franco, hoy se expresa como hombre particular. Pero no confundamos los términos; el Sr. Martín Artajo no ha hablado en nombre propio, dijo que «expresaba los sentimientos del hombre de la calle». Llegando a este punto no podemos salir de nuestro asombro.
Para hablar en nombre del «hombre de la calle» hay que conocer las condiciones de su vida y exponer esas condiciones delante del auditorio norteamericano. Pero no, el Sr. Martín Artajo no habló de ninguna de las dificultades con que tropieza actualmente en España ese hombre, que es el obrero de la ciudad, el campesino, el empleado, el minero, el artesano, el humilde burócrata. Esos y no otros son «el hombre de la calle».
Si el ex-ministro de Franco hubiese presentado ante el embajador de los Estados Unidos algo como esto: que la situación de un obrero especializado que gana de 60 a 70 ptas. al día, es miserable, porque para mal vivir necesita ganar la cantidad mínima de 2500 ptas. mensual, señalamos un hogar sin hijos -esto según datos oficiales-; que los agricultores trabajan la tierra con los mismos aperos de labranza que hace cien años, que carecen de maquinarias modernas y de fertilizantes para incrementar la producción agrícola, que tienen un jornal de 12 a 15 ptas. (25 centavos americanos) y que por no poder vivir en sus tierras marchan a las ciudades para obtener un trabajo más remunerador; que para poder vivir los trabajadores de la ciudad necesitan trabajar de 12 a 14 horas diarias, etc.; si hubiese expuesto algunos datos sobre estos problemas, entonces podría haberse apoyado el Sr. Martín Artajo en la opinión de «el hombre de la calle», de otra manera, no.
El Sr. Martín Artajo hubiera estado más en su sitio, y por tanto hubiese tenido más autoridad, si hubiese hablado en nombre del grupo de la democracia cristiana, al que pertenece.
Los lores contra la entrada de España en la O.T.A.N.
Toda la prensa inglesa, entre otros periódicos The Times, Catholic Herald, Glasgow Herald, etc. han publicado extensa información de la sesión celebrada el día 12 de febrero en la que se presentó, suscrita por Lord Windlesham, una moción conducente a invitar a España a unirse al Pacto del Atlántico Norte. La propuesta decía:
Varios Lores se pronunciaron en favor: de la moción, otros en contra como el Vizconde de Stansgate, de la minoría laborista, que dijo: «Me opongo a que se adopte la moción presentada porque su aprobación equivaldría a que la Alta Cámara invitase a formar parte de una organización creada para la defensa del mundo libre, a quien es actualmente el máximo representante del fascismo en Europa».
Otro miembro del partido laborista, Lord Chorley, afirmó:
El Vizconde Alexander of Hillsborough, jefe de los laboristas, censuró la moción presentada que «me parecía de lo más inoportuna en momento tan trascendental como son los actuales para las negociaciones diplomáticas internacionales. Espero que el gobierno inglés no aceptará la moción y mantendrá su verdadero puesto de conciliador entre los diversos miembros de la O.T.A.N.».
En nombre del gobierno habló el subsecretario de Estado, Conde Gasford. Hizo ver «que la admisión de un nuevo miembro en la O.T.A.N. exigía un voto unánime de aprobación por parte de los que actualmente componen el Organismo y que era obvio que la sugerencia presentada en la forma indicada suscitaría un veto casi instantáneo. Caería una mancha sobre la O.T.A.N. y se causaría a este Organismo un mal innecesario.
La moción fue retirada.
Martín Artajo pide más ayuda americana
La Cámara de Comercio Americana en España ha organizado un banquete bajo la presidencia del embajador americano, en un hotel de Madrid. El Sr. Martín Artajo, antiguo ministro de Asuntos Exteriores de España, ha pronunciado un discurso en dicho banquete en el que ha declarado que la ayuda americana está muy lejos de aportar satisfacción al pueblo español.
Según el Sr. Martín Artajo, el descontento de los españoles proviene de la insuficiencia de la contribución americana al desarrollo de la economía española y del hecho de que la aparición de la bomba de hidrógeno y de los proyectiles teleguiados aumenta la vulnerabilidad de España. Se declaró partidario de una revisión de los acuerdos militares hispano-americanos, que juzga insuficientes, estimando que la ayuda americana «no ha servido para crear industrias importantes y se ha limitado a suministrar créditos para la importación de ciertas instalaciones de las que el rendimiento es poco considerable para el conjunto de la economía del país».
Declaró que no hablaba en nombre de ningún organismo oficial sino expresaba la opinión del hombre de la calle.
El padre Laburu expulsado de México
En nuestro número del mes de septiembre, de 1957 publicábamos unas declaraciones del R. P. Laburu hechas a un redactor del periódico mexicano Excelsior. Cómo consecuencia de esas declaraciones el padre Laburu ha sido expulsado de México.
La revista Tiempo de México inserta en el mes de febrero un artículo tratando el caso, del que resumimos los siguientes párrafos:
Marruecos y España
En unas declaraciones hechas por el rey de Marruecos Mohamed V, en un discurso pronunciado en Ma Hamid, ha declarado solemnemente que proseguirá su acción hasta que se reintegren a Marruecos todos los territorios del Sahara. En estas reivindicaciones está comprendida la zona del sur del ex protectorado español llamada Marruecos Meridional español. Este problema está unido al de Ifni.
Mohamed ha emprendido un viaje «particular» al sur de Marruecos, pasa unos días en Zagora, oasis situado al sur de la provincia de Uarzazate.
Colaboración franco-española
Todos los miembros del gobierno marroquí han tenido una reunión con Mohamed V en Zagora, donde se encuentra en la actualidad el rey. A su regreso a Rabat el 24 de febrero, Balafrej, ministro de Asuntos Exteriores, al descender del avión precisó que el gobierno marroquí adoptará próximamente una posición oficial respecto a las cuestiones tratadas en la reunión celebrada con Mohamed V. Indicó también que el gabinete continúa preocupándose de la «colaboración militar franco-española que tiene lugar tanto al Norte como al Sur del río Draa».
Se recuerda que en unas declaraciones hechas por el indicado ministro el 19 del mismo mes, a su regreso de Agadir, donde había ido con una misión especial, afirmó que la situación en el sur de Marruecos era «aguda» por la colaboración concertada de las fuerzas francesas y españolas.
Una Propuesta de unión Norte-Africana
Jefes de distintos partidos políticos marroquíes han propuesto la unificación de Argelia, Túnez y Marruecos como medida para llegar a una solución en los problemas actuales de Argelia y el Sahara.
Siguiendo esta sugestión el Comité Ejecutivo del partido Istiqlal (partido de la Independencia), ha formulado un programa para adoptar medidas diplomáticas que puedan conducir a la unificación de estos países del Norte. El Comité insiste en que ese es el único medio de llegar a una solución en los problemas de Argelia.
Agente consular español expulsado
El agente consular español en Agadir, Manuel Vergara, ha sido expulsado de Marruecos y conducido a la frontera por agentes de la fuerza pública marroquí. La radio al dar la noticia señalaba que la presencia del agente consular español en Agadir «era incompatible con el mantenimiento del orden en esta región».
El señor Vergara -dicen las noticias- era en realidad sólo un comerciante que regentaba importantes industrias de pescado y hacía varios viajes a la semana a la región de Ifni. Con anterioridad a esta expulsión el periódico nacionalista había denunciado ciertas intrigas de los cónsules de España y de Francia. Contra el cónsul francés no se ha tomado aun medidas de expulsión, aunque se anuncia que se tomarán.
Entregados 140 desertores
Los diarios franceses La Depéche du Midi y La Depéche de Tolouse, publicaron en su número del 11 de febrero las notas siguientes de la Federación de juventudes Socialistas Españolas en el exilio:
Servicio aéreo suspendido
El gobierno de Rabat ha suspendido el 8 de este mes el servicio aéreo comercial de todas las líneas españolas que venían circulando entre España y Marruecos, hasta que se establezca un acuerdo con la aviación civil española.
Las razones alegadas para esta suspensión han sido la mala fe de España que mantenía ciertos privilegios adquiridos cuando el norte de Marruecos pertenecía al protectorado español y no accede a firmar un acuerdo favoreciendo al puerto de Nador, que hoy es aeropuerto marroquí.
La retirada de la peseta
La prensa española reconoce que el nivel de vida en la antigua zona de Protectorado español era inferior a la de la zona de Protectorado francés. Una crónica publicada en Arriba de su corresponsal en Tánger dice:
Salarios más bajos para trabajadores agrícolas
El Boletín informativo del CIOSL, (Confederación Internacional de Sindicales Libres) inserta en su último número del mes de diciembre la siguiente información:
Irá a España el coronel Naser
El coronel Naser ha aceptado la invitación hecha por el general Franco de visitar España en visita oficial. El embajador de Egipto en Madrid ha declarado que el presidente Naser había aceptado la invitación hecha por el general Franco y que irá a España en plazo breve. Añadió el embajador que la invitación había sido formulada el año pasado y que ha sido renovada recientemente.
Cordiales mensajes
El general Franco ha recibido un cordial mensaje del presidente Naser contestando a la felicitación que le ha sido dirigida por el general Franco con motivo de la formación de la República Unida de Arabia.
Homenaje a la memoria de Jesús de Galíndez
En la noche de 12 de este mes se ha celebrado un grandioso acto en el Community Church Auditorium de New York, para conmemorar el segundo aniversario del secuestro del Dr. Jesús de Galíndez, representante del gobierno autónomo vasco en New York y profesor de Columbia University.
Tomaron parte en dicho acto 18 personalidades representativas de entidades españolas, americanas e hispanoamericanas. El representante vasco leyó un mensaje del presidente del gobierno autónomo vasco en el exilio en el que, en nombre de la comunidad vasca reafirma la honorable e intachable conducta de su representante Jesús de Galíndez rindiéndole un fervoroso homenaje a su memoria.
Llegaron muchos mensajes de adhesión, entre ellos uno de D. Eduardo Santos, del Representante Charles A. Porter y del Gobernador de Puerto Rico Muñoz Marín.
El público puesto en pie aprobó entre calurosos aplausos unas conclusiones de las que extraemos los puntos principales:
Que se sigan las investigaciones del secuestro del Dr. Jesús de Galíndez sin dilaciones y se identifiquen y procesen a los culpables de este crimen;
Que se identifiquen y procesen a los agentes no registrados, como ordenan las leyes americanas, que trabajan para Trujillo;
Que se suspenda la ayuda militar que se le viene prestando al dictador; comprobado que ella sirve sólo para robustecer su poder.