1
Fallecido.
2
ANTONIO SÁNCHEZ BARBUDO, Profesor de Literatura Española en la Universidad de Wisconsin. Fue redactor de Hora de España durante la guerra; ha publicado varios libros y ensayos, entre ellos Una Pregunta sobre España y acaba de publicar Estudios sobre Unamuno y Machado, Edición Guadarrama, Madrid.
3
En 1946, en el momento de la recomendación de la Asamblea de las NU, Franco se acerca a la Argentina, gobernada por Perón. Perón quería convertir a la Argentina en un polo de atracción para los países sudamericanos deseosos de independizarse de la tutela económica de los Estados Unidos. Para Franco, como ya hemos visto, la Hispanidad no era más que un instrumento ideológico para acercarse a los Estados Unidos; así lo dice él mismo textualmente el 5-XI-1947 a O Jornal de Río. Por eso, cuando el 6-VII-1947 dirigió Argentina un mensaje a todos los países proclamando la doctrina de la «tercera posición», el Ministerio Español de Asuntos Exteriores se adhirió el 12-VII, pero sólo siete días después hizo Franco unas declaraciones a «International News Service» ofreciendo a Estados Unidos la posición estratégica española.
4
Don José Sebastián de Erice, de quien hablamos en un principio, que presidió la delegación especial española enviada con este motivo a las Naciones Unidas, dijo a su regreso a Madrid que España había ingresado «con la camisa azul». También dijo que España había ingresado a pesar de los esfuerzos de la URSS por impedirlo, viéndose interpelado por un Secretario de Embajada que le dijo que debía enviar una nota aclaratoria a la prensa, pues ésta había informado que había sido la URSS quién presentó la última propuesta de compromiso.
5
Según el Informe del Banco Central publicado en Enero de 1959, el total de la ayuda americana era entonces de 979.9 millones de dólares, de los que habían llegado efectivamente 964.243 millones, es decir, casi la totalidad. En cuanto al reparto: de los 319.143 millones de «apoyo para la defensa», 138.5 se han invertido en alimentos y algodón, 93.3 en materias primas industriales, y sólo 119.6 en maquinaria, equipos y bienes semiterminados; los 295 millones de ventas y 117.4 millones de donativos, realizados según el supuesto de la ley federal norteamericana n.º 480, son, por definición, excedentes agrícolas. En definitiva, que la mayor parte de la ayuda, debido a la desastrosa política económica española, ha consistido en productos agrícolas, no en inversiones para crecimiento económico. La ayuda americana ha servido pues principalmente para permitir a Franco que siguiera durante años una política descabellada.
6
Los objetivos de la política marroquí de Franco aparecían bien definidos en «Reivindicaciones de España» «Las tierras del Oranesado, del África Occidental, o de Guinea, pueden servir de base eficiente a la expansión de nuestra raza. Marruecos no. El Imperio Xerifiano es en nuestro pensamiento factor exterior de distinta naturaleza, campo de acción de una gran política española: la de señalar nuevos rumbos históricos al pueblo marroquí. De aquí que podamos proclamar muy alto que nuestra Patria no reivindica Marruecos, sino que reivindica, con carácter exclusivo, una misión -una altísima misión- en el Imperio del Sultán.»