21
Para Jorge Lozano, los documentos escritos permiten la sobrevivencia de los enunciados históricos y evitan el olvido de los acontecimientos. Ibid., p. 88.
22
Mario Vargas Llosa considera que este es un rasgo fundamental de la narrativa de García Márquez (anterior a 1971) y que contribuye a la verosimilitud textual. Véase: Vargas Llosa, Mario: García Márquez: historia de un deicidio, Caracas, Monte Ávila Editores, 1971, p. 539. También Lozano, Jorge: El discurso histórico, op. cit., p. 80, alude a la importancia que en el discurso histórico adquiere el hecho de mostrar los acontecimientos, más que interpretarlos.
23
Según Roland Barthes, el uso de la tercera persona y del pretérito indefinido, como ocurre en Castigo divino, da un tono de verdad a la obra. Véase: Barthes, Roland (1953): El grado cero de la escritura, 7.ª edición, México, Siglo Veintiuno Editores, 1985, p. 36.
24
Las prospecciones producen expectativa con respecto a lo que se narra y se dan como parte de la intriga que caracteriza el discurso policial. Por otro lado, para un estudio de los juegos temporales en Castigo divino, véase: Urbina, Nicasio: La estructura de la novela nicaragüense, Managua, Ananá ediciones centroamericanas, 1995, pp. 112-116.
25
El narrador hace explícito su afán de dar un orden lineal a los acontecimientos y de explicar los detalles de las situaciones que se van presentando. Así, cuando se está refiriendo a la muerte de Matilde Contreras, afirma: «En este punto es necesario volver unas cuantas hojas del calendario de los acontecimientos»
(p. 203) y una vez que ha efectuado un recuento de los mismos, expresa: «Satisfechas las anteriores explicaciones, regresemos al lado del maestro y discípulo»
(p. 204), con lo cual el lector se va formando una idea muy clara de cada una de las situaciones vividas por los personajes.
26
Acevedo, Ramón Luis: «Rumbos de la narrativa centroamericana actual», en Káñina, vol. XVI, núm. 2, 1992, p. 44. En Crónica de una muerte anunciada (1981) el narrador va presentando los hechos con una precisión tal que el lector puede conocer con exactitud las horas en que ocurre cada una de las acciones, y además, las descripciones de las escenas son minuciosas y detalladas, como la del crimen de Santiago Nasar. Véase: García Márquez, Gabriel: Crónica de una muerte anunciada, Bogotá, Editorial Oveja Negra, 1981, pp. 152-153.
27
Carlos Fuentes, Jorine Muiser y Ramón Luis Acevedo le atribuyen una dimensión histórica muy acentuada a la novela. Fuentes la califica como «crónica de la América Central», refiriéndose a una connotación amplia de la novela (Véase: Fuentes, Carlos: Geografía de la novela, op. cit., p. 111). Acevedo destaca que es una novela escrita desde la Revolución Sandinista, por uno de sus principales ideólogos, de ahí su dimensión histórica y política (Véase: Acevedo, Ramón Luis: «Rumbos de la narrativa centroamericana actual», loc. cit., p. 40). A lo dicho por este crítico, quien ha aclarado que no es una novela sobre la Revolución, debe agregársele la connotación que adquiere la dedicatoria de la obra, y por supuesto, su proyección temporal: «A los combatientes, en todos los frentes de guerra, que han hecho posible este libro»
(p. 11). Esta dedicatoria constituye un recuerdo y un agradecimiento a quienes han ayudado al autor de distintos modos, una forma de no olvidarlos. No se precisan referencias históricas concretas, porque la palabra guerra en el contexto nicaragüense tiene una dimensión temporal muy amplia y puede connotar incluso la Revolución Sandinista y la Guerra de los Contra, ocurridas en la década de los setenta y ochenta respectivamente. Por su parte, Muiser ubica la obra dentro de la nueva novela histórica, según los parámetros que el crítico Seymour Menton ha empleado para definir este tipo de género (Muiser, Jorine: «Castigo divino y la nueva novela histórica», loc. cit., p. 302).
28
Es importante señalar aquí que el discurso jurídico es parte de la formación del escritor. El haber estudiado leyes le ha permitido trabajar con mayor propiedad los diversos planos enunciativos que un discurso como este requiere. Recuérdese además, que en 1964 se graduó como abogado en la Universidad de León, Nicaragua.
29
Olga María Bruera y Astrid Gómez señalan que toda sociedad está regida por sistemas de normas y que el Derecho, al igual que la moral y la religión, cumple la función de garantizar un determinado orden social. Véase: Bruera, Olga María y Gómez, Astrid (1982): Análisis del lenguaje jurídico, 2.ª reimpresión, Buenos Aires, Editorial Belgrano, 1993, p. 11.
30
El lenguaje jurídico debe referir significados exactos y precisos, de ahí que no admite la ambigüedad y la vaguedad que sí puede presentarse en otras disciplinas y que afectan el carácter científico que lo caracteriza. Ibid., pp. 65-75.