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Carlos Fuentes indica que la tradición legal en América Latina se remonta al Derecho Romano y que desde antes de la caída de la capital azteca en 1521 «la burocracia hasburga ya había llenado todos los puestos administrativos de la futura colonia. Por supuesto, estos no le fueron acordados a los conquistadores, sino a los tinterillos, plumíferos y leguleyos que desde entonces, como nube de cuervos, han revoloteado sobre campos y ciudades de Latinoamérica». Véase: Fuentes, Carlos, Geografía de la novela, op. cit., p. 103.
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Cada vez que un testigo es llamado a presentar su testimonio en relación con las muertes ocurridas, el narrador procede a identificarlo con sus rasgos personales y a situar la acción en el espacio y en la fecha precisos, tal y como se nota en textos como: «Evenor Contreras Reyes, hermano de Don Carmen, de cuarenta y cinco años de edad, oficinista y jefe de contabilidad de C. Contreras & Cía. Ltda., afirma por su parte al comparecer a declarar ante el Juez, el 16 de octubre de 1933...»
(p. 65); «El joven Carmen Contreras Guardia, soltero, estudiante y de veinte años de edad, al rendir su declaración judicial el 1 de setiembre de 1933...»
(p. 66); «La doméstica Dolores Lorente, soltera y de treinta y dos años de edad, quien no dormía en la casa y se presentaba al servicio en horas de la mañana, afirma otra cosa en su declaración del 17 de octubre de 1933», entre otros, con lo cual la obra adquiere un tono jurídico.
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Dubouchet, Paul: Sémiotique juridique, Paris, Presses Universitaires de France, 1990, p. 213. El proceso de investigación, guiado por hipótesis y pruebas, sirve como base para establecer una determinada pena, la cual tiene como misión el mantenimiento de la norma jurídica. Véase: Jakobs, Günther (1991): Derecho penal, 2.ª edición, Traducción Joaquín Cuello y José Luis Serrano, Madrid, Marcial Pons, Ediciones Jurídicas, 1997, p. 14.
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Véase: Schreckenberger, Waldemar: Semiótica del discurso jurídico, Versión castellana de Ernesto Garzón Valdés, México, Universidad Autónoma de México, 1987, p. 31. El hecho de que el lenguaje jurídico sirve para marcar el comportamiento humano, le atribuye también un carácter performativo.
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Ante las dificultades que se presentan para encontrar la(s) causa(s) de la muerte de las víctimas, el Juez Fiallos da la orden de exhumación de los cadáveres para que sean examinados en la Universidad de León y así determinar si había estricnina en los cuerpos, lo que finalmente se confirmó. El autor aprovecha para mostrar cómo en la misma Universidad de León no existían criterios suficientemente claros a la hora de realizar las pruebas correspondientes, lo cual llevó a que el Bachiller Absalón Rojas, encargado de los análisis químicos, experimentara antes de estudiar los cuerpos de las víctimas con ranas, gatos y perros, para observar las reacciones que tenían ante la estricnina y las peculiaridades del proceso de muerte (Capítulo 30).
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Una observación detenida del lenguaje utilizado revela que en cada una de las partes hay un empleo de términos específicos que corresponden al proceso judicial que se ha seguido, como se observa en los títulos de las partes.
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Para Sergio Pastormerlo, la literatura policial funciona bajo el régimen de la literatura de masas, por lo que su relación con el mercado es inmediata, la escritura se orienta hacia una demanda preexistente, cuenta con un público amplio y heterogéneo, se busca la uniformidad del producto y se organiza bajo la forma de producción en serie. Véase: Pastormerlo, Sergio: «Dos concepciones del género policial. Una introducción a la narrativa policial borgeana», en Literatura policial en la Argentina, Buenos Aires, núm. 32, 1997, p. 19. Es importante agregar que frente a este tipo de literatura policial, señala este crítico, también existe otra con un público más reducido, en la que el autor es capaz de invertir muchas formas estereotipadas.
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Los autores proponen esta definición en contraposición con las interpretaciones ortodoxas que citan a Edgar Allan Poe como el que marcó los límites definitivos de la novela policial, codificados de la siguiente manera: 1) el caso es un misterio inexplicable en apariencia, 2) los indicios superficiales señalan erróneamente a un culpable, 3) se llega a la verdad a través de una observación rigurosa y metódica, 4) la solución es verdadera y a la vez imprevista, 5) las dificultades son solo aparentes; cuanto más complejo parece un caso, más simple es su resolución y 6) cuando eliminamos las imposibilidades, lo que queda -aunque increíble- es la justa solución. Véase: Lafforgue, Jorge y Rivera, Jorge: Asesinos de papel. Ensayos sobre narrativa policial, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1995, pp. 83-84 y 260.
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Esta cita se encuentra en el texto «¿Qué es el género policial?», escrito por Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, y recogido en: Lafforgue, Jorge y Rivera, Jorge: Asesinos de papel, op. cit., p. 249.
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El crimen es el elemento básico que sirve como punto de partida de la novela policiaca y constituye el problema o enigma que se debe aclarar, de ahí que este tipo de novela se proyecta indefectiblemente hacia la búsqueda del criminal. Véase: Martínez García, Federico: «Introducción», en Conan Doyle, Arthur: Las aventuras de Sherlock Holmes, Traducción M. Luisa Giménez Gracia, León, España, Ediciones Gaviota, 1991, p. 9.