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Véase: Ramírez, Sergio: Mentiras verdaderas, México, Alfaguara, 2001, p. 73. En el caso de Castigo divino se aprecia un trabajo especialmente cuidadoso porque el autor se preocupa por citar toda clase de detalles, entre los que se incluyen los relacionados con el vestido de Oliverio Castañeda, las marcas comerciales, el nombre de la tienda donde Oliverio supuestamente compró la estricnina, la matanza de perros callejeros y nombres de medicinas que acostumbraban tomar las víctimas, para finalmente relacionarlos con los crímenes en los que Oliverio Castañeda aparece implicado.

 

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Me referiré más a este «capítulo» cuando se analiza la parodia del discurso periodístico.

 

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La concepción de parodia de la cual parte Sklodowska es bastante amplia y trasciende la poética clásica donde se entendía la parodia únicamente como recreación burlesca y satírica de una determinada obra. Véase: Sklodowska, Elzbieta: La parodia en la nueva novela hispanoamericana, Amsterdam/Philadelphia, John Benjamins Publishing Company, 1991, p. 14.

 

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Theodor Adorno ha señalado que la unidad y organización de la obra de arte provienen de la racionalidad con que el autor relacione sus elementos con la realidad exterior, pero esta por sí misma no es suficiente para que la obra alcance su categoría estética y ficcional. Véase: Adorno, Theodor (1970): Teoría estética, Traducción Fernando Riaza, Barcelona, Ediciones Orbis, 1983, p. 78. También García Landa se refiere a la importancia de la racionalidad en la obra literaria y a su relación con el contexto, pero enfatiza que ante todo, la obra es ficción y más que reproducir la realidad, lo que hace es crear una imagen de ella: «Un texto artístico narrativo es una imagen del mundo, no en el sentido de una reproducción realista, sino en tanto en cuanto es una estructuración ideológica de la realidad, una perspectivización de la misma desde determinado aspecto, una toma de posición existencial e ideológica». Véase: García Landa, José Ángel: Acción, relato, discurso. Estructura de la ficción narrativa, op. cit., p. 467.

 

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Esta opinión de Sergio Ramírez apareció en Brecha: «Las plumas de un político», en Brecha, 15 de diciembre de 1995.

 

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Cardenal, Ernesto: «Presentando Castigo divino», loc. cit., p. 147. En Castigo divino la difícil separación entre lo verdadero y la ficción lleva a que la ambigüedad sea uno de los rasgos más destacados de la novela.

 

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Jorine Muiser señala que la reconstrucción histórica del contexto en el que se ambienta la obra resulta subjetiva, pues es modelado por el autor, y que además, la obra tiene referencias anacrónicas: «Estas referencias en muchos casos son anacrónicas: se refieren a personas que no vivían en la época de los años treinta, sino más tarde. Si nos damos cuenta de que Castigo divino abarca el periodo del 18 de julio de 1932 (CD, 17) hasta el 31 de diciembre de 1933 (CD, 454), podemos concluir que las siguientes personas nunca pudieron estar presentes en el escenario leonés: El escritor cubano Miguel Barnet nació en La Habana en 1940 y aparece en la novela como un experto en materia editorial (CD, 37); la escritora costarricense Carmen Naranjo nació en Cartago, Costa Rica, en 1931 y se ve presentada como la propietaria de una pensión en San José (CD, 118); el dramaturgo costarricense Samuel Rovinsky nació en San José en 1932 y según el texto de Castigo divino en el mismo año ya se había hecho farmacéutico de profesión (CD, 303); Pedro Joaquín Chamorro, igual que en la novela fue el Director de La Prensa (CD, 281), pero no en los años treinta, etc. Con estas referencias anacrónicas el autor bromea y sorprende al lector. Pero al mismo tiempo logra aludir a la historia moderna -más que todo literaria- de América Central». Véase: Muiser, Jorine: «Castigo divino y la nueva novela histórica», loc. cit., p. 299.

 

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En el marco de la historia tradicional, se consideraba que este tipo de personajes no alcanzaban la categoría de personajes históricos y hasta se llegaba a afirmar que eran «personajes sin historia». Véase: Burke, Peter: «Obertura: la nueva historia, su pasado y su futuro», loc. cit., p. 15.

 

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Acevedo, Ramón Luis: «Rumbos de la narrativa centroamericana actual», loc. cit. p. 46. Francisco Vázquez en su trabajo «Verdad y narración en el discurso histórico», establece una interesante relación entre el relato histórico y el relato de ficción, asociando el primero a la «paresia» o actitud de transmitir hechos con firmeza y verdad, y el segundo a la retórica, cuyo objetivo central es la persuasión, con lo cual el relato de ficción goza de mayor libertad para trascender y transgredir el discurso histórico. Véase: Vázquez García, Francisco: «Verdad y narración en el discurso histórico», en Retórica y texto, coordinadores Antonio Ruiz Castellanos, Juan Sáenz Durán y Antonia Víñez Sánchez, Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 1998, p. 143.

 

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Burke toma este término del libro La imaginación dialógica de Mijaíl Bajtín. Véase: Burke, Peter: «Obertura: la nueva historia, su pasado y su futuro», loc. cit., p. 18.