Con el término “acheiropoietos”, que procede del griego y significa
“no hecho por la mano del hombre”, se conocen aquellos velos, paños
o sudarios, que la tradición ha conservado y hecho venerar en
diferentes lugares con la pretensión de que reflejaban la imagen
del cuerpo o del rostro de Jesús después de muerto. La Sábana Santa
de Turín, la “Vera icona” o tela ofrecida por la Verónica a Jesús
para limpiarse el rostro ensangrentado –llamada también
Camulianium–, el Mandylion, el velo de Manoppello, la Santa Faz de
Génova, la Scala Pilati, la Santa Faz de Jaén, etc. podrían ser los
ejemplos más conocidos, además del Sudario conservado en Valladolid
en el antiguo convento de la Laura hasta que fue derribado el
edificio y trasladada la reliquia, cuya imagen se atribuye al
efecto de una copia milagrosa obtenida al colocar el lienzo que
estaba pintando un artista sobre el original. A partir de esa idea
y de esos prototipos muchas leyendas atribuyeron a un hecho
milagroso el que el rostro de Cristo quedase plasmado para su
contemplación. Por otro lado, sucesos similares, sobre la talla de
una imagen de la Virgen por algún ángel peregrino, se fueron
refugiando en relatos orales todavía hoy recordados y origen de
algunas devociones marianas fuertemente arraigadas, como la de la
Virgen de Guadalupe en Méjico, impresa en el manto entregado al
indio Juan Diego o la Virgen del Tránsito de Zamora, tallada por
dos ángeles peregrinos.