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31

«La felicidad del hombre es: Yo quiero; la felicidad de la mujer es: Él quiere». F. Nietzsche. Así hablaba Zaratustra, México: Editorial Filosófica. 1956. Primera Parte, XVIII, «De las mujeres», p. 52.

 

32

F. P. A., p. 155.

 

33

F. P. A., p. 13.

 

34

Esta estrategia del poder fue ya denunciada por Frantz Fanon en Los condenados de la tierra. A propósito, afirma Sartre en el Prólogo: «...su humanismo pretende que somos universales y sus prácticas racistas nos particularizan». (México: F. C. E., 1963, p. 8.) También Isabelo Zenón en Narciso descubre su trasero (Humacao: Editorial Furidi. 1975) analiza la aplicación de este mecanismo contra su raza. Así, entre nosotros, el calificativo «negro» no es usado de forma accidental sino como característica esencial: el negro puertorriqueño, no el puertorriqueño negro. Asimismo, la raza blanca se apropia la humanidad y se identifica con la nacionalidad.

 

35

Claude Lévi-Strauss, El totemismo en la actualidad, México: F. C. E., 1971, p. 11.

 

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Los científicos han intentado verificar la inferioridad de la mujer apelando al tamaño del cerebro, a las oscuras fuerzas de los instintos o los humores, a la carencia de pene, etc.

Fanon denuncia procedimientos semejantes contra su pueblo. Los franceses, dice, afirmaban: «...el indígena norafricano, cuyas actividades superiores y corticales están poco evolucionadas, es un ser primitivo cuya vida en esencia vegetativa e instintiva está regida sobre todo por su diencéfalo». (Op. cit., p. 278).

Análogamente Lévi-Strauss constata y analiza la presencia de este prejuicio en la etnología. En el discurso etnológico se le adjudica al «primitivo» tanto la incapacidad para el conocimiento de lo abstracto como de lo concreto: «...una supuesta ineptitud de los primitivos para el conocimiento abstracto... y la situación inversa, es decir, aquélla en que los términos muy generales predominan sobre las designaciones especificas, ha sido también aprovechada para afirmar la indigencia intelectual de los salvajes...». Claude Lévi-Strauss, El pensamiento salvaje, México: F. C. E., 1972, p. 11. Esta «indigencia intelectual» les ha sido atribuida históricamente a todos los grupos oprimidos del mundo. El etnólogo francés da una explicación: «...como si ocurriese que, so capa de objetividad científica, los hombres de ciencia tratasen, inconscientemente, de hacer a los segundos, ya se trate de los enfermos mentales o de los que hemos dado en llamar «primitivos», más diferentes de lo que en verdad son». Claude Lévi-Strauss, El totemismo en la actualidad, ed. cit., p. 9.

Es evidente la semejanza del poder y del dominio -sin negar las especificidades- y la unidad de los oprimidos -sin olvidar los conflictos internos-, lo que nos plantea, además, el problema del modelo de humanidad al que aspiramos.

 

37

Cf. Michel Foucault. Historia de la sexualidad, voluntad de saber, México: Siglo XXI, 1985, p. 127.

 

38

F. P. A., p. 10.

 

39

Ibid., p. 8.

 

40

Ibid., p. 46.