191
Nettemant, La Literature sous la Restauration, tome premier. (N. del A.)
192
Études de la Nature. (N. del A.)
193
Advertencia.- Este Discurso, aunque fue pronunciado en Quito, no se dio a luz en esta ciudad, sino en Bogotá, el año de1873, en La América, diario que redactaba entonces en la capital de Colombia el tan conocido escritor don José María Quijano Otero. La América, parte literaria, año primero, números: octavo y noveno, abril y mayo de 1873, Bogotá. (N. del A.)
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El Ilmo. Sr. obispo Toral, que solía presidir siempre personalmente en los actos literarios del Seminario. (N. del A.)
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Cuando escribimos este Discurso todavía creíamos en la sinceridad de Macpherson y por lo mismo en la existencia personal de Ossian. (N. del A.)
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Muy poco es lo que acerca de la índole genuina de la poesía épica cristiana hemos encontrado en los libros o tratados de estética; nos contentamos, pues, con citar aquí tan sólo la obra del padre Souben, titulada Estética del dogma cristiano, publicada en francés, el año de 1898. (N. del A.)
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De la Cristiada del padre Hojeda conocemos tres ediciones completas, que son la primitiva de Sevilla, hecha el año de 1611; la de Barcelona, con un ligero prólogo de Milá y Fontanals, dada a luz en 1867, y la que se publicó en el tomo primero de los poetas épicos, en la colección de autores españoles de Ribadeneyra.
Quintana desenterró este poema y llamó sobre su mérito la atención de los hombres de letras en el bien escrito discurso con que encabezó su colección de fragmentos de poemas españoles, que publicó con el título de Musa épica castellana. Los trozos que escogió e imprimió Quintana, los hizo reimprimir don Eugenio de Ochoa en su Tesoro de los poemas españoles. Con todo, la Cristiada es poco leída y menos estudiada aún por los mismos que se precian de muy conocedores de la literatura castellana, pues los escritores de historias de la literatura española casi no han hecho más que repetir el juicio que acerca de la obra de Hojeda emitió Quintana.
El padre Echard, en el Tomo segundo de su obra latina titulada Biblioteca de escritores de la Orden de Predicadores, habla del padre Hojeda, tomando sus datos y noticias de la crónica que de los dominicanos del Perú publicó el padre Meléndez con el título de Verdaderos tesoros de Indias. Advertimos que hemos escrito con hache el apellido del padre Hojeda porque lo leemos escrito así en la primera genuina edición de la Cristiada. (N. del A.)
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Entre los asuntos que en su admirable Suma teológica ha tratado Santo Tomás de Aquino, uno de los que están más magistralmente expuestos es el relativo a los Ángeles; ese tratado no puede estudiarse sin admiración. Lo que el santo doctor enseña acerca de la naturaleza de los Ángeles, de las jerarquías angélicas, del estado de prueba, del modo como penan los demonios, del lenguaje o manera como los Ángeles hablan unos con otros, merece ponderarse detenidamente, para poder juzgar con acierto respecto del mérito verdadero del poema de Milton, considerado desde el punto de vista de la teología católica.
Quien deseare profundizar más este asunto, de veras sublime, estudie despacio, con paciencia (si tiene fuerzas intelectuales para ello), los tratados de dos célebres teólogos sobre los Ángeles; esos teólogos son el padre Francisco Suárez y el padre Dionisio Petavio. Los dos teólogos no se desvían de las explicaciones de Santo Tomás: en el padre Suárez se admira la penetración de su ingenio dotado de una gran fuerza de abstracción metafísica; el padre Petavio se recomienda por lo rico de su erudición teológica.
La Suma de Santo Tomás está traducida al castellano, y, por lo mismo, el estudio de ella se ha hecho fácil para todos. (N. del A.)
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Los poemas latinos de San Avito, Obispo de Viena en el Delfinado, se publicaron por la primera vez el año de 1643, en París; los reprodujo después Migne, en el volumen quincuagésimo nono de su Patrología latina.
Guizot fue el primero que llamó la atención de los literatos y de los eruditos sobre los poemas latinos de San Avito, en la Lección décima octava de su Historia de la civilización en Francia; más tarde se dieron a luz en Alemania, en Bélgica y en la misma Francia monografías críticas y literarias sobre San Avito. Puede leerse lo que dice Ebert en su Historia general de la literatura de la Edad Media en Occidente, nos referimos a la traducción francesa (Tomo primero, en el capítulo quinto del libro tercero). (N. del A.)
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Ésta es ocasión oportuna para hablar de la traducción que del Paraíso perdido ha publicado en Bogotá (en 1896-1897) el señor don Enrique Álvarez Bonilla. Muy conocida es la traducción de Escoiquiz y del mérito de ella no hay para qué tratar aquí; basta decir que es un trasunto pálido y lánguido del encendido y vigoroso poema de Milton; el metro escogido por Escoiquiz le puso en la necesidad de debilitar el lenguaje del original.
El señor Álvarez Bonilla ha preferido al verso suelto y a la silva la clásica octava real castellana, consagrada como combinación métrica adecuada para los poemas épicos por todos cuantos poetas castellanos han compuesto epopeyas, desde Ercilla hasta Reinoso. Las octavas reales del señor Bonilla son bien trabajadas, los versos armoniosos y la rima fácil, natural y nada vulgar; atendidas, pues, las arduas dificultades que ha vencido para trasladar los versos de Milton a las octavas castellanas, su traducción del Paraíso perdido es obra que honra a la literatura colombiana.
Traducir a Milton era empresa nada fácil; traducirlo en octavas reales era hacer que la dificultad subiera de punto. El señor Bonilla ha acometido esa empresa, y ha quedado airoso al llevarla a cabo diestramente.
La traducción del señor Álvarez Bonilla se dio a luz en Bogotá y consta de dos tomos: el primero contiene los seis primeros libros o cantos del poema; el segundo, los otros seis. Recomendamos la lectura de esta obra, con la seguridad de que al que lo leyere no le pesará el haberla leído. (N. del A.)