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Para formar un juicio exacto acerca de lo que era la enseñanza de la Filosofía, o lo que se llamaba Curso de Artes en los siglos decimoséptimo y decimoctavo, conviene leer al padre Feijoo. (Teatro crítico, Tomo séptimo. Discurso undécimo. «De lo que conviene quitar en las Súmulas». Discurso duodécimo. «De lo que conviene quitar y poner en la Lógica y en la Metafísica». Discurso decimotercio. «De lo que sobra y falta en la Física»).
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He aquí el título del opúsculo del erudito militar de Cuenca: El general don Ignacio de Escandón, comandante general de guerra, celebra la elección de mecenas, hecha en el ilustre doctor don José Morales y Aramburu, cura y vicario de la villa de Almagro, en el valle de Chinche: y por incidencia hace un corto panegírico, mínimo tributo de sus afectos al inmortal blasón de las glorias de España y aun de todo el mundo, al querido Adonis de la América, a su adorado maestro, el ilustrísimo señor y Rvmo. padre maestro, don Benito Jerónimo Feijoo, al gran Feijoo por antonomasia, ex-general de la religión de San Benito, del Consejo de su Majestad con otras cosas que verá el lector. Lima, 1765. (Opúsculo en 4.º sin numeración de páginas). Escandón hizo traer de España a Quito un número muy crecido de ejemplares de las obras del padre Feijoo y las vendió a precio barato, para facilitar la lectura de ellas.
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Véase lo que refiere La Condamine acerca de la nobleza criolla y principalmente respecto de la familia del señor José Dávalos. (Introducción histórica, página 65. Nobleza criolla. Elén. Diario del viaje al Ecuador para la medida del arco de Meridiano.) En francés.
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Poseemos un ejemplar del catálogo de las proposiciones enseñadas y sostenidas por el señor Rodríguez en su curso de Filosofía, y podemos decir que éste se hallaba al corriente de todas las opiniones, aceptadas generalmente por los sabios de ese tiempo en Cosmografía, en Física experimental y en Matemáticas. Theses philosophicae sive philosophia universa, eclecticorum methodo elucidata. Quito, año de 1797.
Rodríguez sostenía el sistema copernicano, y adiestraba a sus discípulos en el conocimiento de la esfera armilar y les enseñaba, además, a medir y computar la longitud y la latitud geográficas.
El PLAN DE ESTUDIOS para la Universidad trabajado por el Sr. Calama forma un volumen en 4.º menor, y consta de tres partes, impresas en Quito; las dos primeras en 1791, y la tercera en 1792, en la imprenta de Raimundo de Salazar. El obispo Calama fue también el que introdujo en Quito, entre otros libros recomendables, las Instituciones filosóficas de Jacquier, de las que trajo ejemplares en latín, y además un ejemplar de la traducción castellana; aunque el curso de Filosofía de Jacquier no llegó nunca a adoptarse como texto ni en el Seminario de San Luis ni en el Convictorio de San Fernando con todo contribuyó no poco a que los profesores de Filosofía ampliaran y mejoraran una enseñanza tan importante. Jacquier fue religioso mínimo y dictó Filosofía en Roma; en sus instituciones filosóficas trata de la Física experimental, de la Astronomía y de las Matemáticas con no poco acierto y claridad. La traducción castellana en cinco volúmenes es recomendable. Madrid, 1788.
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ACUÑA, Nuevo descubrimiento del gran río de las Amazonas. (La primera edición de esta obra se hizo en Madrid, el año de 1641; una segunda el de 1891, y es el Tomo segundo de la colección de libros raros o curiosos, que tratan de América. La traducción francesa fue hecha por Gomberville y se imprimió en París el año de 1682 en cuatro volúmenes en 12.º).
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RODRÍGUEZ, El Marañón y Amazonas. (En Madrid, año de 1684). Un vol. en folio. Según nuestro juicio, esta obra no contiene nada contrario al dogma ni a la moral ni al culto de la Iglesia católica, y, no obstante, fue puesta en el Índice romano de los libros prohibidos, sin duda, porque sería publicada sin haber llenado el requisito canónico previo para su impresión. En efecto, Clemente décimo había prohibido que se publicaran obras sobre las misiones, sin licencia de la Congregación de Propaganda Fide; esa licencia debía obtenerse por escrito, bajo pena de excomunión. La Bula es del 6 de abril de 1673 y comienza Creditae. Véase a Morelli en su orara titulada Fasti Novi Orbis. Ordenación 355. El padre Rodríguez se descuidó, sin duda, de sacar la licencia.
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MARONI, Noticias auténticas del famoso río Marañón y misión apostólica de la Compañía de Jesús de la provincia de Quito. Madrid, 1889. Un vol. en 4.º El padre Pablo Maroni era de Padua y gozaba de la fama de geómetra y geógrafo distinguido.
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Boletín de la Sociedad Geográfica. (Madrid, 1880, Tomo nono; 1883, Tomo decimotercio).
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LAUREANO, Nuevo descubrimiento del río de Marañón llamado de las Amazonas, hecho por la religión de San Francisco, año de 1651. (El original se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Códice J. Número 88). El primero que publicó esta relación por la prensa fue el padre fray Marcelino de Civezza, en Prato, el año de 1879, incluyéndola en su obra italiana, cayo título es «Ensayo de una biblioteca geográfica, histórica y etnográfica sanfranciscana»; después se reimprimió en Quito, en 1885, con todos los errores que tiene la edición italiana: por fin, el año de 1900 se hizo en Madrid una edición castellana en la biblioteca de La Irradiación.
El padre fray Laureano de la Cruz se cree que fue portugués: su apellido era Montesdeoca; tomó el hábito de San Francisco el año de 1633, en el convento de San Diego de Quito.
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El Doctor don Diego de Riofrío y Peralta nació en Loja; sus padres fueron el señor don Francisco de Riofrío y Peralta y la señora doña Francisca Abad de Quiroga; su abuelo paterno fue don Diego de Riofrío, natural de Segovia, quien vino a Loja de Corregidor, el año de 1682. El doctor Riofrío se ordenó en 1725, graduose de Bachiller el 7 de abril de 1720, de Licenciado, en 23 de junio de 1721, y de Doctor en Teología el 20 de julio de 1725. Fue colegial del Seminario de San Luis. El rasgo siguiente dará a conocer el carácter del doctor Riofrío. Estaba éste sirviendo de cura en la parroquia de Ojiva, en la montaña de Babahoyo, cuando la invasión del Vice-Almirante Ansón a las costas del Pacífico, y, con ese motivo, recibió del Ilmo. señor Paredes, entonces Obispo de Quito, una comisión muy curiosa. Llegó Ansón a Paita; y, así que en Guayaquil se tuvo noticia de esta llegada, los guayaquileños huyeron, dejando la ciudad abandonada, y se refugiaron en los montes; el Obispo, al saber esto, comisionó al doctor Riofrío el cuidado de defender las iglesias de las profanaciones de los ingleses. Riofrío pasó inmediatamente a Guayaquil, reunió en la ciudad a todos los clérigos y frailes y formó un cuerpo de tropa con ellos armándolos de cuantas armas pudo encontrar; y tantos alardes hizo y tanto se movió, que, al fin, los vecinos recobraron el valor y regresaron a la ciudad, resueltos a sacrificarse en defensa de ella. El cabo de esta tan donosa compañía era el Guardián de los franciscanos.