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Este relato está considerado «como una condensación de la fábula de Rosita sin ninguno de sus subtemas»
(Lavaud 1995: 96). El relato aparece precedido de una divertida caricatura del autor bajo el epígrafe «Nuestros colaboradores», debida a la pluma de Leal da Cámara, un asiduo colaborador de la revista. La Rosita a que alude Lavaud es la que abre el segundo volumen de novelas cortas Corte de amor, aparecido en 1903. Pero antes de su inclusión en este volumen, el personaje y su historia aparecen dos veces más en prensa: en 1902 en El Imparcial de Madrid (14 de julio) con el título «Rosita Zegrí» y con el título original, «La reina de Dalicam» en la Revista Ibérica, el 15 de julio.
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Un ilustrador cuya firma aparece con frecuencia en esta revista, pero del que me ha resultado imposible acceder a dato biográfico alguno.
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«Emilia Pardo Bazán compone una novela para una revista ilustrada», Hesperia. Anuario de filología hispánica XIII-1 (2010), 119-135.
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Juan Cabrinety y Guiteres (Barcelona 1865-¿?). Un ilustrador del que resulta difícil conocer datos biográficos, comenzando por el propio nombre, que unas veces vemos como Juan, otras José. Así mismo el segundo apellido figura como Guteras o Guiteres. Se desconoce la fecha y lugar de su fallecimiento. Desde luego su firma es muy frecuente en revistas y libros ilustrados de finales de los años 90 y siguientes del siglo XIX. Según unos apuntes biográficos, firmados por Emilio Vera y González, aparecidos en el Almanaque Sud-americano de 1898, del que es frecuentísimo colaborador, además de comenzar su carrera de ilustrador muy joven, en las casas editoriales Cortezo, Heinrich y Subirana. Entre sus éxitos figura la novela Morriña de Emilia Pardo Bazán, por cuyos dibujos recibió muchas felicitaciones, entre otras las del prestigioso Apeles Mestres: «Amigo Cabrinety: ¿Se acuerda usted de que hace dos años al ver la ilustración de su primera obra, le vaticiné que nos haría correr a todos? Pues hoy al ver la ilustración de Morriña le participo que ya se ha cumplido mi profecía y que es éste uno de los libros mejor ilustrados que he visto. Por ello, pues, le felicita cordialmente su afectísimo amigo. Apeles»
(Almanaque Sudamericano 1898: 187).
En esos mismos apuntes se añade la siguiente noticia: «Pero la fama de este artista no quedó encerrada entre las fronteras de la patria. En 1894 el editor de la importante revista de Nueva York The Cosmopolitan, le encomendó la ilustración de la edición inglesa de la novela Origen del pensamiento de Palacio Valdés, y tanto se entusiasmó con los bellísimos dibujos que hizo para ella Cabrinety que, para asegurarse la cooperación del artista para lo sucesivo, le pidió se trasladase a Nueva York y se encargase de la dirección artística de su revista. Mucho tiempo tardó en decidirse Cabrinety en aceptar las proposiciones del editor yankee, pero tantos y tales fueron los ofrecimientos de éste, que el año 1896 emprendió el viaje. Su permanencia en Nueva York fue muy breve: ni el ambiente de positivismo que allí se respira era el medio adecuado para el carácter de nuestro artista, ni la conducta del editor, que faltó a todos sus compromisos, podían hacerle agradable la vida en aquella ciudad. Regresó, pues, a España a los tres meses de haber desembarcado en América, y su primer saludo a su patria fue la ilustración del cuento de don Nilo M. Fabra, "El retrato de Bielo", publicado en la Ilustración Española y Americana, de Madrid»
(Vera y González: 1898: 188).