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El t. XVI, al que me refiero, se imprimió en 1892 (14 de julio-22 de diciembre), según C. Wardell Stiles en la información de las fichas de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

 

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Podría ilustrarse esto (a partir de 1760) con el libro de Charles Dedéyan, Montaigne chez ses amis anglo-saxons. Paris, (s.d., ¿1944?).

 

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Merece la pena leer también la inscripción latina que puso en su biblioteca, me diante la cual explica, y justifica, la conducta.

 

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Una de las aportaciones geniales de Montaigne fue quitar a este tipo de literatura su carácter anónimo y docente para convertirla en la conversación íntima y familiar de un sabio noble y ponderado. Hélène-Hedy Ehrlich piensa que Montaigne ''utilise une forme rhétorique classique [...] et l'employant à des buts différents, il lui donne une nouvelle signification" (Montaigne: la critique et le langage. Paris, 1972, p. 89). En el lejano año de 1656, un poeta inglés, Abraham Cowley, escribió -y el título es bien transparente- el Essay on Myself.

 

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Praz, en la Enciclopedia italiana, no vacila en incluir dentro del género las Epístolas de Cicerón, los opúsculos morales de Plutarco y, por supuesto, las cartas y los tratados de Séneca. De todos estos, y otros antecedentes, se crearían verdaderos ensayos como son las Epístolas apostólicas, la de Walter Map (s. XII), la de Valerius ad Rufinum o las que se difunden por humanistas y hombres del Renacimiento. Cfr. C.E. Whitmore, The Held of the Essay ("Publications of the Modern Language Association of America", XXXVI, 1921), H.V. Routh, Origins of the Essay in French and English Literatures ("Modern Language Review", XV, 1920)

 

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Como no voy a enumerar todos estos tratados, quiero dar la referencia de los que cito en el texto: Nicolas Corvisait des Marets, Essai sur les maladies et les lésions du coeur (1806), Conde de Gobineau, Essai sur l'inégalité des races humaines (1853).

 

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Como resumen necesario sobre este punto, vid. M. Dreano, La renommée de Montaigne en France au XVIIIe siècle (1677-1802). Angers, 1952, con una extensa enumeración de obras al final.

 

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Italia se había adelantado con una obra de este tipo: Francesco Algarotti, Saggio sopra la pittura (1762). El trabajo de Diderot estuvo inédito hasta 1795.

 

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La filosofía de la historia o de las ciencias humanas contó en Italia con un título valioso Saggi politici dei principi, progressi e decadenze delle società, de Francesco Mario Pagano (1785)

 

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En la edición de la "Bibliothèque de la Pléiade" (Paris, 1962, p. 1778) se habla de las traducciones de las Essais en Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Japón, Italia, Holanda y Hungría. Añadamos que en el s. XVII hubo dispuesta y autorizada para la imprenta una traducción española, Experiencias y varios discursos, que no se publicó y que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid; su autor fue Diego de Cisneros que cumplió su tarea entre 1624 y 1636 (vid. Juan Marichal, Montaigne en España, "Nueva Revista de Filología Hispánica", VII, 1953, p. 260). El estudio de Marichal anula todo lo anterior que se ha escrito sobre Montaigne y España, como el libro de V. Bouillier, La fortune de Montaigne en Italie et en Espagne (Paris, 1922). El n° 9 (diciembre de 1936) de la revista Nosotros se abre con un muy buen trabajo de Ricardo Saenz Hayes (La posteridad de Montaigne en España), aunque lo dedica en buena parte al influjo español sobre el tratadista francés.