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21

Concha Méndez, p. 19.

Concha Méndez recuerda cómo de niña quería ser capitán de barco. Un señor le dijo que «las niñas no eran nada». «Por estas palabras le tomé un odio terrible a este señor. ¿Qué es eso de que las niñas no son nada? Empecé a pensar. Yo era una niña que estaba inconforme con mi medio ambiente. Pero para contrarrestar los efectos de aquel estado amargo, me bastaba acostarme tranquila o intranquilamente y sumergirme en el sueño; hasta que no sé qué extraño desconocido venía a preguntarme qué traje de héroe había de ofrecerme aquel momento. Y en mi auténtica verdad yo era, una noche, capitán de barco y, otra noche, piloto aviador».

Desde entonces, ella no solamente odió al señor que le había vaticinado no ser nada, sino que le pareció estar destinada a demostrar al mundo la falsedad de tal determinismo. Concha Méndez y Maruja Mallo serían las encargadas de sacudir la sociedad bien pensante madrileña, con el rechazo de las buenas maneras: el salir solas, el frecuentar literatos, el irse a vivir fuera de la casa paterna, o finalmente, en el caso de Concha Méndez, el buscar su independencia económica, ganándose la vida, y dejar el país, sola, para trabajar en el extranjero.

 

22

Idem, p. 45.

 

23

Información obtenida en la entrevista mantenida con la nieta de Margarita Nelken, Margarita Salas, México, diciembre 1993, y en el prólogo a su novela La aventura de Roma, Madrid: Sucesores de Rivadeneira, 1923.

 

24

I Must..., p. 49.

 

25

Idem, p. 64.

 

26

Idem, p. 115.

 

27

Idem, p. 115.

 

28

Idem, p. 111.

 

29

Aurora Morcillo Gómez «Feminismo y lucha política durante la II República y la Guerra civil» en El feminismo en España: dos siglos de historia, Madrid: Pablo Iglesias, 1988, pp. 57-83.

 

30

I Must..., p. 130.