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Esta característica corresponde a una definición amplia de IED, es decir, cualquier inversión cuyo fin sea la obtención del control real de la capacidad productiva extranjera. En este sentido, puede que no sea ni siquiera necesario un flujo internacional de capitales. Es posible utilizar recursos locales, tales como préstamos de bancos nacionales o reinversión de beneficios. El concepto de balanza de pagos es más riguroso, pues además del objetivo de control real, requiere que la inversión sea financiada mediante transferencias de la sociedad matriz a la filial en el extranjero. (N. del A.)
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Esto ya es parcialmente cierto para las exportaciones. Existe toda una literatura sobre el efecto de los tipos de cambio en la IED. Entre los factores más importantes a tener en cuenta se encuentran la moneda en la que se expresan los gastos y los ingresos de la filial, la utilización de los tipos de cambio reales y el horizonte temporal. Para un estudio del tema, véase Capel (1990). (N. del A.)
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Desde ese punto de vista, Ethier (1986) ha investigado los beneficios informativos derivados de la internalización. En ausencia de integración, las empresas emprenderán transacciones internacionales a distancia, y elaborarán contratos para reducir o eliminar comportamientos oportunistas. Dado el coste de hacer cumplir estos contratos, se argumenta que las empresas puedan encontrar deseable integrarse y formar una empresa multinacional. Pero Donnenfeld (1990) mantiene que poner en funcionamiento una empresa multinacional también es costoso debido a dos factores internos fundamentales: el riesgo moral y la selección adversa. (N. del A.)
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En su recensión del libro de Williamson sobre «Las instituciones económicas del capitalismo», Baumol (1986) subraya acertadamente que el análisis de los costes de transacción requiere tres condiciones necesarias: especificidad de los activos, límites a la información y a la capacidad de cálculo y deseo de obtener beneficios a costa de los demás. Por lo
tanto, «el mundo de Williamson, caracterizado por importantes costes irrecuperables, es vulnerable a los conocidos problemas de las imperfecciones del mercado tales como la monopolización y el comportamiento estratégico
» (pág. 20).
(N. del A.)
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Un importante ejemplo de una estrategia creíble en la que la empresa multinacional y el gobierno interactúan es el caso en que existen contratos en los que el gobierno local condiciona la IED a unos niveles de producción mínimos durante un período de tiempo determinado. (N. del A.)
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El beneficio neto de los costes irrecuperables específicos de la inversión directa puede ser más elevado que el obtenido en CNA. El Gráfico 1 es sólo un elemento de un juego en varias etapas que se ha de construir. Este tipo de análisis ha sido realizado por Smith (1987). (N. del A.)
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En esta misma línea, Yannopoulos (1990) demuestra que la distinción entre «creación de inversiones» y «diversión de inversiones» no recoge toda la complejidad de estas relaciones. En su lugar sugiere cuatro tipos de respuestas de la inversión: inversión defensiva de sustitución de importaciones, inversión ofensiva de sustitución de importaciones, inversión reorganizativa e inversión de renacionalización. (N. del A.)
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UNCTC (1991). (N. del A.)
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Respecto a la inversión directa intracomunitaria para el mismo período (1980-1990), Morsink (1991) muestra un fuerte crecimiento de un 50,9% en el
total de la inversión directa intracomunitaria entre 1980-1984 y 1984-1998. «Es posible mantener que el aumento de los flujos de inversión directa revela una mayor interacción entre las economías de la Comunidad Europea. Por consiguiente, la creciente importancia de los flujos de inversión directa intracomuniaria demuestran una mayor integración de la economía europea
».
(N. del A.)
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La mayor parte de la IED de la Comunidad Europea está localizada en Estados Unidos, pues Japón representa menos de un 1 % de los stocks de la Comunidad en la inversión de la Tríada. Según se afirma en el informe sobre inversiones mundiales de las Naciones Unidas (1991), «Desde un punto de vista estratégico, muchas de esas inversiones (efectuadas por la Comunidad en el mercado norteamericano) están encaminadas a obtener una masa crítica que sitúe a sus empresas en el estatus de competidores globales, capaces de competir con efectividad con las grandes empresas transnacionales de Estados Unidos y Japón
».
En 1990, la posición de la inversión directa extranjera de Europa en Estados Unidos, sobre la base del coste histórico, era de 125.600 millones de dólares para la industria: el 17% en productos alimentarios y afines, el 27,5%, en productos químicos y afines, el 10% en metales primarios y elaborados, el 18% en maquinaria, y el 27,5% en otras industrias. En el caso de Japón, la cifra total en 1990 era de 1.500 millones de dólares, fundamentalmente en maquinaria y productos químicos. (N. del A.)