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En primer lugar, los datos estadísticos, especialmente los expresados en cifras absolutas, deben tratarse con cautela. Por ejemplo, las exportaciones japonesas a la Comunidad no pueden equipararse a las exportaciones japonesas a Europa, ya que algunas empresas japonesas situadas en Estados Unidos también exportan a Europa. Por lo tanto, existe una dificultad inicial en la utilización de flujos de exportaciones no desagregados por tipos de empresas.
Del mismo modo, la información sobre la inversión directa proporcionada por las estadísticas puede abarcar las adquisiciones y holdings o la inversión física en el establecimiento de una nueva filial. Además, un aumento en la capacidad productiva de una filial ya establecida en la Comunidad puede que no aparezca en las estadísticas sobre inversión directa, si se ha financiado mediante la reinversión de los beneficios.
Por último, la filial de un grupo norteamericano o japonés puede comprar una empresa europea sin que esto que se refleje en los flujos de inversión directa. Por lo tanto, hay que tener mucho cuidado a la hora de utilizar las estadísticas disponibles, sobre todo porque la definición estadística de inversión directa puede variar de un país a otro (W. Hager, 1989). Así, el Ministerio de Comercio de Estados Unidos aplica un umbral del 10% para distinguir la inversión directa de la inversión financiera. Por el contrario, el Ministerio de Comercio e Industria de Japón aplica un umbral del 30%, y las autoridades alemanas, uno del 25%. Así pues, esas diferencias dificultan la comparación de niveles. Por último, el tratamiento de los beneficios reinvertidos también varía de un país a otro. (N. del A.)
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Si se tiene en cuenta el mercado comunitario como porcentaje del total mundial, tanto para las exportaciones como para la inversión directa, no se produce un efecto de valoración directa sobre el índice utilizado aquí. Sin embargo, si el tipo de cambio comunitario se considera diferente al del resto del mundo desde el punto de vista de Estados Unidos o Japón, puede tener un efecto indirecto. La medición de esta distorsión puede ser útil, aunque compleja. Dado que el impacto afecta a la industria en su conjunto, y no a un sector específico, es probable que nuestro análisis, que es sectorial, se vea afectado de forma muy marginal. (N. del A.)
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Estimaciones. (N. del A.)
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Inversión directa norteamericana en el extranjero. (N. del A.)
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Flujos de capital. (N. del A.)
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El stock de inversión directa extranjera es preferible a los flujos anuales, y nosotros lo comparamos con las exportaciones, que son un flujo. De hecho, para hacerse una idea de la posible disponibilidad de oferta por parte de las empresas norteamericanas (o japonesas) en la CE, hay que combinar las exportaciones anuales a la CE de esas empresas con la capacidad productiva de su stock de capital acumulado en Europa. Tomando como ejemplo el caso de la participación japonesa en el mercado de automóviles europeo, debemos añadir junto con las exportaciones totales de automóviles de Japón a Europa en un año la capacidad productiva total de las fábricas de automóviles japonesas en la Comunidad. (N. del A.)
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Incluye vehículos a motor y aeronaves. (N. del A.)
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Incluye vehículos a motor y aeronaves. (N. del A.)
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Un estudio llevado a cabo entre las principales empresas industriales japonesas y norteamericanas (Ernst and Whinney, 1989) solicitaba comentarios acera del impacto esperado del mercado interior sobre las actividades de las multinacionales en Europa. Dos tercios de las empresas japonesas afirmaban que esperaban un aumento del proteccionismo en la Europa de 1992, en comparación con el 44% en el caso de las empresas norteamericanas. Esta información se ve confirmada por el quinto informe JETRO (1989) sobre la situación de la gestión en las empresas industriales japonesas en Europa; según las 216 empresas que respondieron al cuestionario, la aceleración de la inversión directa en Europa se debe más a los problemas comerciales entre Japón y la Comunidad Europea que a las perspectivas de apertura que brinda el programa de 1992. (N. del A.)
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Para algunos sectores, como el de productos eléctricos, la complementariedad es predominante para Estados Unidos y Japón, aunque en orden inverso. En otros sectores, como el de equipos de transporte, esto no está claro. (N. del A.)