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En esta comunicación las ecuaciones del trabajo Bajo y Sosvilla se referirán con su número en dicho texto y un asterisco, para diferenciarlas de la enumeración seguida en esta comunicación. (N. del E.)

 

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En el último párrafo del artículo los autores recogen esta sugerencia que ya les hice en mi discusión a una versión previa de este trabajo en el IV Simposio de Moneda y Crédito. (N. del A.)

 

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Queremos agradecer, de forma especial, a Vicente Salas las diversas sugerencias que nos ha hecho, a lo largo del proceso de elaboración de este artículo. También queremos expresar nuestra gratitud a Carmela Martín y Carmen Matutes, por sus comentarios con respecto a la primera versión. (N. del A.)

 

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Poseen también algunas diferencias metodológicas importantes que es conveniente tener en cuenta. En primer lugar, si bien ambas ofrecen información acerca del control de la actividad de las ramas industriales que posee el capital extranjero, la primera calcula ese control sobre las ventas totales de las empresas establecidas en cada rama, mientras que la segunda lo hace sobre el valor añadido. En segundo lugar, ambas poseen un sesgo hacia las grandes empresas, posiblemente de diferente magnitud, que se traduce en una infravaloración del grado de penetración. La primera se basa en la selección de las 1346 mayores empresas industriales en 1981, que, no obstante, incluye un gran número con menos de 100 empleados. La segunda, en la selección de aquellas empresas en que la aportación del capital extranjero a su capital social supera los 300 millones de pesetas de 1988. Finalmente, en tercer lugar, utilizan criterios de delimitación del control de capital extranjero distintos. La primera supone que toda empresa participada en más de un 50 por cien de su capital social por el capital extranjero está totalmente controlada por éste, que aquellas participadas en menos de un 10 por cien no lo están en absoluto, y que las situadas entre ambos extremos están controladas en el porcentaje de participación correspondiente. La segunda se basa en mayor información sobre la estructura del capital social y considera empresas controladas por el capital extranjero aquellas en las que los representantes de este pueden elegir a la mayoría de los miembros del Consejo de Administración. La utilización de este criterio de control hace que esta segunda estimación se refiera, en realidad, a 1987, pues no se consideran las empresas adquiridas o creadas por el capital extranjero en 1988, puesto que su control no se hace efectivo durante el año. (N. del A.)

 

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Como puede observarse, la penetración del capital extranjero en el alto de partida, 1981, es superior cuando se calcula sobre activos inmovilizados netos que sobre activos netos totales o sobre la producción. Ello se debe a que el capital extranjero se encontraba relativamente más implantado en sectores con elevadas proporciones de activos materiales netos sobre activos totales y sobre producción. (N. del A.)

 

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De hecho, en el último siglo ha habido cuatro grandes olas que han alcanzado a todos los países industrializados (Scherer y Ross, 1990). El último período de fusiones, aun no finalizado, se inició a principios de los ochenta en USA y no tardó en extenderse por Europa y Japón. En esta ocasión, y a diferencia de lo ocurrido en USA en los años sesenta, las empresas han optado por operaciones horizontales. Otros dos rasgos peculiares de esta última ola son, por una parte, el protagonismo que han tenido las instituciones financieras, estimulando operaciones y facilitando los recursos necesarios para ello y, de otra, la proliferación de operaciones de carácter internacional, apoyando las estrategias de globalización de las empresas.

Aunque no es fácil encontrar una explicación general a las diversas olas, algunos autores han destacado rasgos comunes a todas ellas (Jong, 1991): coinciden con períodos de relativa estabilidad de precios, crecimiento económico más elevado y mayor expansión del comercio internacional. Podría deducirse, a partir de esta constatación, que la presión de la competencia, los avances del progreso técnico y la mejora en los medios de transporte y comunicaciones obliga a la reestructuración de las empresas, una de cuyas vías es el crecimiento externo, a través de fusiones y adquisiciones. (N. del A.)

 

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Prueba de ello es que, en el sector de alimentación, en el que hemos podido contar con una fuente de información complementaria que registra casi todas las operaciones, hemos observado que el diario CINCO DÍAS refleja cada alto sólo entre el 25 y el 30 por ciento del total de las adquisiciones (Martínez Serrano y Sanchís Llopis, 1992). (N. del A.)

 

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Las dificultades surgen porque al clasificar la industria manufacturera en sólo trece sectores, operaciones diversificadas pueden ser contempladas como horizontales. Del mismo modo, al ser las compradoras grandes empresas con filiales en otros sectores puede ocurrir que operaciones aparentemente diversificadas sean de hecho horizontales. Por otro lado, existen operaciones fuera de la diagonal de carácter vertical que no se pueden diferenciar de las diversificadas. Finalmente, se han encontrado problemas para una correcta clasificación de las empresas que aparecen en otros sectores, que incluyen sociedades de procedencia muy diferente -petroleras, empresas de la construcción y de servicios-, así como grandes conglomerados que podrían estar realizando operaciones horizontales. (N. del A.)

 

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Más difícil de explicar resulta el que EE. UU. aparezca como receptor neto de inversiones extranjeras en el período 1981-1988 (OCDE, 1990). (N. del A.)

 

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Si las diferencias de rentabilidad fueran un factor explicativo fundamental, los sectores más rentables deberían atraer más inversiones. Si la rentabilidad desempeña un papel en la localización de la inversión, pero dentro del ámbito de cada sector, no estamos ya en el marco del modelo general descrito. (N. del A.)