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Un aspecto interesante es el hecho de que el modelo de inversión de Jorgeson, quizá el más influyente durante mucho tiempo, no está basado ni en la maximización de beneficios ni en la minimización de costes en sentido estricto. De ahí que aparezcan como determinantes del capital deseado su coste real y la producción. Véase, por ejemplo, Jorgeson (1971).

 

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Por citar dos ejemplos recientes en el caso español, tanto en el trabajo de Mauleón (1985), en el que se utilizan series temporales, como en el de Mato (1988a), con datos de panel, el coste del capital no aparece en los modelos estimados.

 

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Bajo rendimientos constantes a escala, la elasticidad del capital respecto de su coste es igual a la elasticidad de sustitución multiplicada por la participación de los costes laborales en el valor añadido.

 

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Las implicaciones de la teoría neoclásica de la inversión sin costes de ajuste se encuentran discutidas en Nickell (1978).

 

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Véase Nickell (1986).

 

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Las propiedades e implicaciones de este tipo de funciones de pérdida cuadráticas pueden encontrarse en Nickell (1985). Para un ejemplo de la aplicación de este marco a la estimación de demanda de trabajo con costes de ajuste variables y series temporales, véase Burguess y Dolado (1987).

 

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El fundamento de esta relación puede consultarse en cualquier manual de financiación como el de Brealey y Myers (1984).

 

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La inclusión del efecto temporal ai recoge la influencia de todas las variables macroeconómicas cambiantes en el tiempo pero que son iguales para todas las empresas.

 

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Valores que son, por una parte, muy similares a los estimados en Mato (1988) con una muestra de empresas para el período 1978-81.

 

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Se ha probado con la producción sectorial, exportaciones de las empresas e impuestos ligados a la producción.