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Probablemente inviable, pero conceptualmente imaginable, hubiera sido un sistema dual inspirado en la distinción norteamericana entre bancos estatales y nacionales, con una licencia europea para los bancos con sucursales fuera de su país de origen y una licencia nacional para los demás bancos. Véase Zandano (1988). (N. del A.)

 

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Si son filiales de una entidad de crédito se pueden beneficiar, bajo ciertas condiciones, del reconocimiento mutuo. (N. del A.)

 

33

El presente trabajo es una versión actualizada y ampliada del realizado por José Viñals y Ángel Bergés, publicado en el volumen Innovation. Techonology and Finance (Basil-Blackwell, Oxford) conmemorativo del treinta adversario del Banco Europeo de Inversiones. (N. del E.)

 

34

Servicio de Estudios, Banco de España. (N. del E.)

 

35

Universidad Autónoma de Madrid y Analistas Financieros Internacionales. (N. del E.)

 

36

Universidad Autónoma de Madrid y Analistas Financieros Internacionales. (N. del E.)

 

37

Véanse, por ejemplo los trabajos de Dufey y Giddy (1981), Mayer (1982), Silver (1983), Van Horne (1985), Kaufman (1986), BIS (1986), y Artus y de Boissieu (1988). (N. del A.)

 

38

Bajo el supuesto de previsión perfecta de los precios de los bienes en el futuro. (N. del A.)

 

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La derivación tradicional de la función de inversión contenida en el Apéndice y en la que se basa el razonamiento supone que no existen contingencias sin cubrir o que solamente son relevantes para las decisiones de inversión de la empresa los valores esperados. Dado que el desarrollar un modelo de inversión que tenga en cuenta explícitamente el factor riesgo nos llevaría demasiado lejos, suponemos que todo lo que mejora las posibilidades de cobertura de riesgo para la empresa mejora su «q». Por ejemplo en un marco de análisis de tipo media-varianza, la variable «q» ajustada por el factor riesgo sería igual a la variable «q» que hasta ahora hemos venido utilizando, menos un término que resulta de multiplicar la cantidad de riesgo adicional introducido en los ingresos financieros y en los costes financieros de la empresa por la inversión llevada a cabo, por el coste del riesgo, según es percibido éste por los propietarios de la empresa. Por tanto, cuanto mayor sea este riesgo, o su coste para la empresa, menor será el valor que tome la variable «q» ajustada, según prueba Nickell (1978, capítulo 8, pgs. 160-165). En este caso, una innovación financiera que de cobertura al riesgo de las empresas tiene el efecto de aumentar el valor de la variable «q» ajustada, dado que permite a las empresas «vender» su riesgo en el mercado a un precio inferior al de su coste. En lo que sigue, implícitamente suponemos que, tanto la eficiencia marginal del capital, como el coste de capital están ajustados por el factor riesgo. Véase también el trabajo de Fazzari, Hubbard y Petersen (1988), para una modificación del modelo tradicional de inversión incorporando imperfecciones de los mercados financieros. (N. del A.)

 

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Entre las imperfecciones consideradas destacan la presencia de impuestos sobre sociedades (Modigliani y Miller, 1963), costes de quiebra (Kim, 1978; Scott, 1976, Haugen y Senbet, 1978), e impuestos sobre las personas físicas (Miller, 1977). (N. del A.)