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Los banqueros de ruletas indican también sobre las tiendas el club de Londres del cual son agentes, a fin de hacer, en caso de necesidad, aceptar por los jugadores su papel como dinero.
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Ellos utilizan diversos medios, se me ha asegurado, para impedir a un caballo correr con su superioridad acostumbrada: lo debilitan haciéndole tomar drogas, les envuelven fuertemente una de las dos piernas con un cordón de seda, oculto por el pelo, o será el jinete el que conducirá el caballo de manera de dejarse pasar.
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En general las damas inglesas aman mucho los colores chillones. Es sobre todo en las grandes reuniones que se puede juzgar cómo este gusto es común entre ellas.
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Este pasaje es comprensible solamente para las personas que han leído mis Peregrinaciones. Después de que las he escrito, Chabrié partió para el Perú sobre el navío América que le pertenecía y el infortunado ha perecido. Por lo menos se presume, en la privación de toda noticia, que, ha zozobrado en plena mar. Pero no hay certeza completa. Pude por lo tanto tener un momento de ilusión, creer, encontrando en el hospital de Belén a un francés, marino y llevando ese mismo nombre, que era realmente el desgraciado Chabrié capitán del Mejicano.
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Supe en Belén que antes de su entrada Chabrier escribía continuamente y trataba las cuestiones más altas, pero era ante todo, sobre las doctrinas religiosas que emitía pensamientos filosóficos y sociales de gran alcance. Su arresto como enfermo mental fue provocado por un gran escándalo.
Vivía en un pequeño hotel de la cité. Un domingo mientras que todo el mundo estaba abocado a la lectura de la Santa Biblia, nuestro hombre se paseaba en el locutorio; de pronto se detuvo frente a la dama de la casa, la interrumpió en su piadosa lectura para preguntarle lo que haría de las escobas viejas cuando fueran usadas hasta el punto de no poder usarse más. La inglesa, sorprendida de semejante cuestión, le respondió que se las quemaba para encender el fuego. ¿Y por qué no las conserváis? -Porque llenarían la casa inútilmente.- Y bien, mujer, haced con la vieja ley lo que hacéis con los viejos escobones: metedlos al fuego y no dejéis jamás invadir vuestro espíritu por las ideas, buenas en su tiempo, pero hoy día fuera de moda. Y, diciendo estas palabras, tomó la Biblia de las manos de esta mujer y la arrojó al fuego.
Esta escena hizo gran escándalo. Hubo casi un motín en el barrio. Los fanáticos querían arrojarse sobre el impío. Pero el loco-profeta se impuso a este gentío y por el poder de su mirada y también por el poder de sus brazos nadie osó tocarlo.
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Mientras estaba en Londres, en 1835, las mujeres en Drury-Lane llevaron el cinismo hasta desnudar a un muchacho en plena sala. Le robaron todos sus vestidos y lo dejaron completamente desnudo; el desgraciado bajo las manos de cuarenta o cincuenta arpías, pidió auxilio pero nadie acudió. Cuando la sala fue evacuada, se le encontró agazapado en un rincón y sin osar mostrarse.
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Especie de danza inglesa.
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No hablo aquí sino de la fortuna media, porque la rica aristocracia y la alta finanza reúne con gran lujo todos los refinamientos del sibaritismo.
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En la clase alta, las señoritas mantienen a sus ayas hasta que se casan. Cuando la madre quiere verlas, les envía con su criado una invitación para venir a tomar el té, y las señoritas se arreglan para presentarse en el departamento de su madre como si fueran a visitar a una extraña.
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No hablo sino de las mujeres de bienestar; porque está bastante claro que la mujer pobre y la del pequeño comerciante están forzadas a trabajar. Pero muchas prefieren convertirse en mujeres galantes, antes de descender al estado de obreras. En Inglaterra el trabajo envilece.