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- CXIV -


ArribaAbajo   Con aquel recelar que amor nos muestra,
mezclado el desear con gran cuidado,
viendo soberbio el mar, el cielo airado,
Hero estaba esperando a la fenestra;

   cuando fortuna, que hacer siniestra  5
quiso la fin de un bien tan deseado,
al pie de la alta torre, y ahogado,
del mísero Leandro el cuerpo adiestra.

   Ciega, pues, del dolor extraño, esquivo,
de la fenestra con furor se lanza  10
sobre Leandro, en el caer diciendo:

   «Pues a mis brazos que llegase vivo
no quiso el hado, ¡oh sola mi esperanza!,
espera, que a do vas te voy siguiendo.»




- CXV -


ArribaAbajo   Sigue su curso el sol ya destinado,
y de su Hacedor tal orden lleva
que ni por ir más alto o bajo mueva,
ni se aparte ni deje el hilo usado.

   Podrá la oscuridad de algún nublado,  5
noche, luna o eclipse, o cosa nueva,
hacer que no dé luz, no que remueva
el paso del camino acostumbrado.

   Así sigue, señora, el alma mía
el camino que Amor quiso hacerme,  10
dando a mi voluntad fuerza el destino.

   Bien podéis vos turbar mi fantasía,
privarme de la luz y oscurecerme,
mas no apartarme ya de este camino.




- CXVI -


ArribaAbajo   Está en mi alma mi opinión escrita
con tal fuerza de amor, tan bien guardada,
que si de vuestra saña no es borrada,
a la par con la vida en ella habita.

   Bien me podéis vos dar pena infinita,  5
Amor os da el poder como le agrada,
mas excusar que no seáis amada
de mí, con tal beldad, ¿quién me lo quita?

   Aborrecerme vos podéis, señora,
afecto tan contrario al ardor mío,  10
y aun desearme, si queréis la muerte;

   mas que no os ame esta alma que os adora...
Ni vos ni vuestra saña, yo lo fío,
podéis mudar lo que me cupo en suerte.




- CXVII -


ArribaAbajo   ¿Cuál hombre fue jamás tan sin sentido
que si entiende de amor el duro estado,
viendo en claros ejemplos lo pasado,
quiera seguir su bando o su partido?

   Yo solo soy a quien el hado ha sido  5
tan contrario, que siendo destinado
a amar sabiendo el daño, soy forzado
quedar, si me defiendo, al fin vencido.

   Si trabajo, tal vez por alegrarme,
como cosa contraria al mal que siento,  10
luego se ve lo falso descubierto.

   Si en otro que en amor quiero ocuparme,
el hábito que ha hecho el pensamiento
hace lo más dudoso en mí más cierto.




- CXVIII -


ArribaAbajo   Como está el alma a nuestra carne unida,
en los miembros las partes igualmente,
y como cada miembro el alma siente
entera en sí y en todos repartida,

   y como si una parte es dividida  5
del cuerpo por algún inconveniente,
el alma queda entera y tan potente
cual siempre, sin que pueda ser partida,

   así el amor en mí no se acrecienta
por más favor, ni cuanto más padece  10
el triste corazón muda el estado.

   Muéstrase amor en mí como tormenta
de mar, que cuando más con furia crece,
su término, no pasa limitado.




- CXIX -


ArribaAbajo   Huyendo baja el monte aquella fiera
que de pequeños canes es seguida,
y apenas en lo llano es ya venida,
que no puede volver donde partiera,

   en otros da mayores, do cualquiera  5
la aprieta y le podría quitar la vida,
de estos es peligrosa la salida
de otros sin peligro se saliera.

   Así huyendo yo los viejos males,
pequeños en respecto a los de ahora,  10
en otros más crueles he caído,

   y tanto en el peligro desiguales
cuanto, siendo por vos, estoy, señora,
cierto de no volver donde he salido.




- CXX -


ArribaAbajo   Amor, fortuna y la memoria esquiva
del mal presente, atenta al bien pasado,
me tienen tan perdido y tan cansado
que de triste vivir la alma se priva.

   Fortuna me contrasta, amor aviva  5
el fuego, la memoria un desusado
dolor me causa, y en tan triste estado
quieren a mi pesar los tres que viva.

   Yo no espero ver más alegres días,
mal del mal en peor preso y revuelto,  10
me hallo en la mitad de la carrera.

   Teniendo de delante las porfías,
la esperanza de vidrio se me ha vuelto,
y rompió cuando más durar debiera.




- CXXI -


ArribaAbajo   Quien tanto de su propio mal se agrada,
señora, como yo, razón le falta,
ni por nuevo dolor se sobresalta,
ni del que ha de venir recela nada.

   Quien tiene el alma ya tan transformada  5
en vos, por ocasión justa tan alta,
si de un extremo grande en otro salta,
bástale la memoria enamorada.

   Si no os puede gozar, que os ha gozado,
quien no puede con lágrimas moveros,  10
con la esperanza puede remediarse.

   Mas ¿en qué esperará un desesperado
quien tan lejos está del bien de veros?
¿Basta pensar que os vio, basta acordarse?




- CXXII -


ArribaAbajo   ¡Oh pasos, tan sin fruto derramados,
oh alto y peligroso pensamiento,
oh memoria, ocasión de mi tormento,
oh ardor, no mortal, mas de dañados!

   ¡Oh flaco corazón, graves cuidados,  5
oh vano desear, fundado en viento,
oh grande y obstinado sufrimiento,
oh ojos, de llorar fuentes tornados!

   ¡Oh vida triste, de trabajos llena,
oh dulce error, que andar me hace errando,  10
oh esperanza incierta, oh cierto engaño!

   ¡Oh vos, que estáis en la amorosa pena,
almas que en este infierno ardéis amando,
ved cual debe de ser mi mal extraño!




- CXXIII -


ArribaAbajo   Hiere el puerco montés cerdoso y fiero,
y la alterada sangre detenida
tarda del corazón a la herida
y una blanca señal muestra primero.

   Así del amador que es verdadero,  5
en lágrimas la sangre convertida,
no llegan así presto a su salida
en llorando un pesar muy lastimero.

   Da el corazón señal que está alterado;
hace que de dolor el fiero diente  10
en lo vivo del alma ha penetrado.

   Entonces muestra el daño el accidente,
y la blanca señal de estar turbado
matiza con el llanto el mal que siente.




- CXXIV -


ArribaAbajo   Cosa es cierta, señora, y muy sabida,
aunque el secreto de ella está encubierto,
que lanza de sí sangre un cuerpo muerto
si se pone a mirarlo el homicida.

   Así yo, aunque vivo, estoy sin vida  5
siendo visto de vos, que me habéis muerto;
con mi sangre mostré lo que más cierto
mostráis vos con mostraros desabrida.

   Pero si no fue así, fue que corriendo
la sangre al corazón para valerle,  10
por saliros a ver erró el camino;

   salvo si no fue el alma, que sintiendo
su agravio, así ante vos quiso ponerle
con señal tan costoso y tan divino.




- CXXV -


ArribaAbajo   Cuando del grave golpe es ofendido
el cuerpo, de improviso es lastimado,
o por nuevo accidente es alterado
por caso de que no fue prevenido,

   la sangre corre luego al desvalido  5
corazón como a miembro señalado,
y de allí va a parar do el golpe ha dado,
de do nace el quedar descolorido.

   Hizo en mi pecho Amor mortal herida;
corrió luego la sangre allí alterada  10
y reparóse donde estaba el daño.

   De allí quedé con la color perdida:
al rostro el corazón se la ha usurpado
para favorecer su mal extraño.




- CXXVI -


ArribaAbajo   Es lo blanco castísima pureza;
amores significa lo morado;
crudeza o sujeción es lo encarnado;
negro oscuro es dolor, claro es tristeza;

   naranjado se entiende que es firmeza;  5
rojo claro es venganza, y colorado
alegría; y si oscuro es lo leonado,
congoja, claro es señoril alteza;

   es lo pardo trabajo, azul es celo;
turquesado es soberbia; y lo amarillo  10
es desesperación; verde esperanza.

   Y de esta suerte, aquél que niega el cielo
licencia en su dolor para decillo,
lo muestra sin hablar por semejanza.




- CXXVII -


ArribaAbajo   Bastar debiera, ¡ay, Dios!, bastar debiera,
señora, el ser cruel, áspera y dura,
sin que por adornar la hermosura
que al mundo es hoy un sol, tal nombre os diera.

   Bastar debiera, ¡ay, Dios!, mostraros fiera  5
siempre a la obstinación de mi locura,
sin que por el color mi desventura
de nueva crueldad temor tuviera.

   Si queréis que a entender me dé el vestido
cuál es la condición esquiva y dura,  10
volverlo del revés y será cierto:

   lo encarnado cruel quede escondido,
mostrad lo blanco que es limpieza pura;
será el engaño así más encubierto.




- CXXVIII -


ArribaAbajo   Si tras de tanto mal me está guardado
algún bien, de que estoy tan fuera agora,
aún espero por vos cantar, señora,
con estilo más alto que he llorado.

   Entonces será el bien más estimado  5
por no haber del jamás sabido un hora,
cual madre que por muerto el hijo llora
se alegra en verlo vivo así tornado.

   Entonces contaré de la tormenta,
seguro de zozobras en el puerto,  10
y placeráme la pasada afrenta.

   Desterraré el dolor que sin concierto
me suele fatigar, do nunca sienta
nueva, ni sepa del si es vivo o muerto.




- CXXIX -


Al monte donde fue Cartago


ArribaAbajo   Excelso monte do el romano estrago
eterna mostrará vuestra memoria;
soberbios edificios do la gloria
aún resplandece de la gran Cartago;

   desierta playa, que apacible lago  5
lleno fuiste de triunfos y victoria;
despedazados mármoles, historia
en quien se ve cuál es del mundo el pago;

   arcos, anfiteatro, baños, templo,
que fuisteis edificios celebrados  10
y agora apenas vemos las señales;

   gran remedio a mi mal es vuestro ejemplo:
que si del tiempo fuisteis derribados,
el tiempo derribar podrá mis males.




- CXXX -


ArribaAbajo   Notorio es en el mundo aquel tormento
que en el infierno Tántalo padece,
do el agua y el manjar le desfallece,
teniendo entre los dos perpetuo asiento.

   Yo en el infierno acá que el sentimiento  5
a un alma triste, enamorada, ofrece,
de un fiero desear, que le parece,
infernalmente atormentar me siento.

   Mas, ¡ay!, ¿qué digo yo? ¡qué desvarío!:
que su tormento es pena de pecado  10
y el mío injusto mal no merecido.

   Y de tanto es más grave el daño mío,
que él desea el manjar que no ha probado
y yo el que solía gozar y he ya perdido.




- CXXXI -


ArribaAbajo   «Amor, ¿de dónde nace un tan gran miedo?
¿Soy causa yo de este temor que siento?
¿Por qué no piensa el bien mi pensamiento
ni de recelar mal tirarlo puedo?

   ¿Qué es esto que me quita el vivir ledo,  5
como solía cuándo más contento?
Si me quita el descanso el sentimiento,
¿quién me quita el esfuerzo y el denudo?

   Estas congojas y estas bascas tales,
¿de qué proceden? ¿ Son por ventura  10
en los otros amantes de esta suerte?»

   «Sí -respondió el Amor-, tu desventura,
que ni pueden hallar medios tus males,
ni en tus males hallar medio la muerte.»




- CXXXII -


ArribaAbajo   Remorder de dolor el alma siento
mil veces un temor de cosa incierta;
un nuevo sobresalto en mí despierta
de venidero daño el sentimiento.

   ¡Oh desaventurado pensamiento,  5
tan pronto siempre a abrir al mal la puerta!
¿No basta que al entrar la halle abierta
sin que entre antes el miedo que el tormento?

   Si por desdicha duermo, a despertarme,
helado, sin color, llega el recelo,  10
pronosticando algún inconveniente;

   y es tan familiar en visitarme,
que tengo, porque así lo ordena el cielo,
siempre el mal por venir ya por presente.




- CXXXIII -


ArribaAbajo   Del dulce fuego que en el pecho me arde
no sé cómo decir que estoy quejoso,
ni en medio del ardor fiero, rabioso,
sé de quién fíe, ni de quién me guarde.

   Contra la ley de Amor soy tan cobarde  5
que aun el mismo dolor pedir no oso
tanto tiempo de venia y de reposo
que me pueda quejar, aunque es ya tarde.

   Pero si a dicha alcanzo tanta suerte
que la turbación pierda del sentido,  10
y al corazón torna el valor usado,

   aún espero, señora, que el sonido
del triste lamentar podrá moverte
a piedad de haberme maltratado.




- CXXXIV -


ArribaAbajo   Amor, si por amar amor se aquista,
si alguna fe de tanta fe procede,
si premio por servir ganar se puede,
si un grave padecer un alma atrista;

   si dura obstinación venció conquista,  5
si pidiendo merced dureza cede,
si a grande mal piedad se le concede,
si a luengo importunar no hay quien resista;

   si de tu mano escrito ya en la frente
lo que siento en el alma al mundo muestro,  10
debería mi dolor hallar remedio.

   Mas ya ni podrá ser, ni lo consiente
mi mal, si por algún caso siniestro
no muestra a tu pesar fortuna el medio.




- CXXXV -


ArribaAbajo   Contento con el mal de Amor vivía,
habiendo el alma en él hábito hecho;
su daño principal ni su provecho
no me alteraba ya, ni lo sentía.

   Hora ha querido la desdicha mía  5
con otro nuevo mal herirme el pecho;
éste me desbarata y me ha deshecho,
mientra menos del otro me temía.

   Como enfermo que está ya confiado
que no puede morir de un mal que tiene,  10
por haberse en el uso así guardado,

   cualquier nuevo accidente que le viene,
diferente de aquel que había pensado,
le hace recelar más que conviene.




- CXXXVI -


ArribaAbajo   Como enfermo a quien ya médico cierto
dice que ha de morir si no se bebe
un vaso de ponzoña y no se atreve,
siéndole el daño de ello descubierto;

   teme si dura el mal, que ha de ser muerto  5
antes que el medio peligroso pruebe,
y si para probarlo al fin se mueve,
está de su salud también incierto;

   a tal término, Amor, soy allegado,
que me mata el temor, y el desengaño  10
me tiene de la muerte temeroso.

   Pensar venir en duda es excusado,
y habiendo de pasar por el un daño,
de entrambos igualmente estoy dudoso.




- CXXXVII -


ArribaAbajo   Como al que grave mal tiene doliente,
después de haber con la paciencia larga
faltado la virtud, que el mal se alarga,
la rabia y el dolor hace impaciente;

   y como cuando afloja el accidente,  5
la lengua el pesar la culpa carga,
la conciencia se duele, el alma amarga,
y de cuanto ha hablado se arrepiente.

   Así en la furia yo de aquel tormento
que me causáis, me quejo y me maldigo,  10
y ruego a Dios que cual me veis os vea.

   Después me reconozco y arrepiento,
mas no puedo hacer, por más que digo,
que lo que dije ya, dicho no sea.




- CXXXVIII -


ArribaAbajo   Un año hizo ayer, ya es hoy pasado,
¡ay, Dios!, ¿por qué lo traigo a la memoria?
que pudiera acabar la triste historia
que hora de nuevo Amor ha comenzado.

   Tal día como ayer pudo un cuidado  5
los despojos gozar de su victoria;
pude y no quise asegurar mi gloria
porque pensaba ser asegurado.

   Pensé, digo, y fue justo que pensase
quien tales muestras vio, que eran, señora,  10
afectos, no ficción disimulada.

   Tal fue un dar lugar que descansase
esta alma a quien llevar hacéis agora
menos honrosa carga y más pesada.




- CXL -


ArribaAbajo   Mientras que de sus canes rodeado
el mísero Acteón seguro andaba,
mientras con más amor los regalaba
por habérselos él mismo criado,

   habiendo, por su mal, un día mirado  5
la beldad que a una fuente se bañaba,
de aquellos de quien él más se fiaba
se vio el triste, a la fin, despedazado.

   Tal obra hace en mí mi pensamiento,
tan regalado mío y tan querido,  10
tan confiado yo de sus hazañas,

   que en viendo la ocasión de mi tormento,
airado luego me ha desconocido
y así me despedaza las entrañas.




- CXLI -


ArribaAbajo   Cual doncella hermosa y delicada
que en verde prado está, de flores lleno,
el ánimo del mal de amor ajeno
tejiendo una guirnalda, descuidada,

   estando en su labor toda ocupada,  5
fría serpiente se le entró en el seno,
y apenas se apercibe del veneno,
que en el alma la siente atravesada,

   descuidada se andaba el alma mía,
recreándose sola entre las flores  10
que en el prado de Amor había cogido,

   cuando turbarse vio la fantasía
y entrar helado entre el ardor de amores
un áspide celoso en el sentido.




- CXLII -


Sobre un verso de Ovidio que dice: «Fit quoque longus amor, quem diffidentia nutrit»


ArribaAbajo   Escrito, aunque imposible al fin parece,
misterio es muy sabido y muy tratado,
que el amor en el firme enamorado
con los celos se aviva y se engrandece.

   Cuanto dura el amor el ansia crece  5
y el deseo de verse asegurado,
sin que pueda aflojar un tal cuidado
mientras vive el recelo y prevalece.

   Ni el furor, ni el más blando tratamiento,
ni aquel dulce gozar de cosa amada,  10
aseguran un alma temerosa.

   No basta discreción ni sufrimiento,
ni esperanza en ajeno mal probada,
porque no cura amor ninguna cosa.




- CXLIII -


ArribaAbajo   ¿Será verdad, ¡ay, Dios!, serán antojos
este temor villano, este recelo?
¿Será verdad, ¡ay Dios!, el desconsuelo
que de nuevo da fuerza a mis enojos?

   ¿Será verdad, ¡ay Dios!, que vean mis ojos  5
gozar hombre mortal beldad del cielo?
¿Será verdad, ¡ay Dios!, que hay en el suelo
quien merece ganar tales despojos?

   ¿Será verdad, ¡ay Dios!, que de aquel gesto,
de aquel valor que es hoy al mundo extremo,  10
goce otro, si gozarle yo no debo?

   ¡Ay, Dios! Si esto es verdad, muera yo presto;
acábeme el dolor del mal que temo,
y no la vista de él, a que me atrevo.




- CXLIV -


ArribaAbajo   Del más subido ardor, del más precioso
olor de gloria y del más alto grado,
nació en mi alma el mal de su cuidado,
antes no, sino el bien de su reposo.

   Mi mal nació de allí fiero y rabioso,  5
a mi bien sin igual, igual en grado;
razón en mi dolor se ha transformado,
y el dolor sin razón está quejoso.

   ¿A quién se dio jamás, pues, tal tormento?
¿Dónde se vio decir que un mal tan alto  10
venga envuelto en un bien que par no tiene?

   Amor, gracias te doy por lo que siento:
razón sobra al dolor, y de ella falto,
teme el honoroso mal que de ti viene.




- CXLV -


ArribaAbajo   ¡Dichoso desear, dichosa pena,
dichosa fe, dichoso pensamiento,
dichosa tal pasión y tal tormento
dichosa sujeción de tal cadena!

   ¡Dichosa fantasía de gloria llena,  5
dichoso aquél que siente lo que siento,
dichoso el obstinado sufrimiento,
dichoso mal que tanto bien ordena!

   ¡Dichoso el tiempo que de vos escribo,
dichoso aquel dolor que de vos viene,  10
dichosa aquella fe que a vos me tira!

   ¡Dichoso quien por vos vive cual vivo,
dichoso quien por vos tal ansia tiene!
¡Felice el alma que por vos suspira!




- CXLVI -


ArribaAbajo   Venturoso ventalle a quien ha dado
fortuna todo el bien que pudo darte,
tus obras y color han sido en parte
pronóstico a mi mal desventurado.

   Yo en los efectos soy enamorado,  5
tú lo muestras estar con algún arte;
viento sacas al fin de trabajarte,
yo de mi trabajar viento he sacado.

   Si el favor de que gozas conocieses,
¿quién podría contigo de contento,  10
ya que de ufano no ensoberbecieses?

   Envidia habría de ti si el mal que siento
sintieras; pero ya que lo sintieses,
tú la deberías haber de mi tormento.




- CXLVII -


ArribaAbajo   Temía hasta aquí de entristecerme,
cansada el alma ya de un luengo llanto;
érame hasta aquí visión de espanto
ver un pesar y no saber valerme.

   Mas agora que vos holgáis de verme  5
triste, ningún placer procuro tanto;
hora me es enojoso el dulce canto
y alegre aquél que ya solía ofenderme.

   Dama, pues de mi bien sois tan esquiva,
descanso me será cualquier tormento  10
que de tan alta causa se deriva.

   Pero tengo temor que, de contento,
el rostro, cuando en más tristeza viva,
muestre al revés señal de lo que siento.




- CXLVIII -


ArribaAbajo   Vos sois todo mi bien, vos lo habéis sido;
si he dicho alguna vez, señora mía,
que habéis sido mi mal, no lo entendía,
hablaba con pasión o sin sentido.

   Yo soy todo mi mal, yo lo he querido;  5
de mí viene, en mí nace, en mí se cría;
tan satisfecha del mi fantasía,
que el mal no piensa haber bien merecido.

   Vos fuiste, vos seréis mi buena suerte:
si el mal desvariar me hace al cuanto,  10
ésta es mi voluntad libre y postrera.

   Pues si con verte al punto de la muerte,
por ser por vos el mal lo tengo en tanto,
¡ved que hiciera el bien si lo tuviera!




- CXLIX -


ArribaAbajo   Si mientra el hombre al sol los ojos gira,
ciego del resplandor, busca un desvío,
¿cómo un flaco mirar ante el sol mío,
cuanto se ciega más, tanto más mira?

   Si una sola gloria un alma aspira,  5
puesto que mi deseo es desvarío,
visto un suave mirar, honesto y pío,
¿adónde el desear me lleva y tira?

   Si de lo que ha de ser certeza tengo,
de mil almas que arder en vivo fuego  10
he visto, ¿para qué busco otro indicio?

   ¿A qué me trae el Amor? ¿Do voy, do vengo,
haciendo de mi vida, al vulgo juego
del alma, lastimero sacrificio?




- CL -


ArribaAbajo   Como garza real alta en el cielo,
entre halcones puesta y rodeada,
que siendo de los unos remontada,
de los otros seguirse deja a vuelo,

   viendo su muerte acá bajo en el suelo,  5
por oculta virtud manifestada,
no tan presto será del aquejada
que a voces mostrará su desconsuelo.

   Las pasadas locuras, los ardores
que por otras sentí, fueron, señora,  10
para me levantar, remontadores;

   pero viéndoos a vos, mi matadora,
el alma dio señal en sus temores
de la muerte que paso cada hora.




- CLI -


ArribaAbajo   Temor de mayor mal a algunos suele
hacer correr a voluntaria muerte,
pensando así excusar dolor más fuerte,
si bien más que el morir ninguno duele.

   Hizo Catón que su memoria vuele,  5
y el nombre a tal morir muda y pervierte;
uso de libertad llama su suerte,
y muestra que con ella se consuele.

   Si nuestra religión lo permitiera,
como aquella gentil que solamente  10
de un hermoso morir tuvo cuidado,

   yo sé por menos mal lo que hiciera:
que salvo a no morir siéndoos ausente,
en todo puedo ser de vos forzado.

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