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Leer es una necesidad básica para comunicarnos que aprendemos desde que somos pequeños. Pero leer y disfrutar leyendo son dos conceptos que, desgraciadamente, no siempre van unidos. Muchas veces, leer se convierte en un auténtico suplicio cuando los niños se sienten presionados por padres y maestros.
La preocupación nace cuando un niño no lee. ¿Por qué? -nos preguntamos-. Las respuestas pueden ser muchas, pero lo cierto, y esto lo debemos tener muy claro, es que todo niño que no lee puede tener dormido dentro de sí a un gran lector, simplemente hay que saber despertarlo.
Daniel Pennac en su ensayo Como una novela14 afirma: «Pero si el placer se ha perdido (...), no está muy lejos. Sólo se ha extraviado. Es fácil de recuperar».
Ciertamente, la pérdida puede haberse producido en medio de la televisión, de un minicasete o de un videojuego. Y para que dicha pérdida no se perpetúe hay que empezar muy pronto su búsqueda, como hace Roberto Cotroneo con la carta que dirige a su hijo de dos años y medio a través de las historias de los libros que el autor más ha querido en Si una mañana de verano un niño15.
El placer por la lectura hay que cultivarlo desde la más tierna edad incluso cuando el niño aún no sabe leer, pero disfrutará viendo las ilustraciones de un libro -que son indispensables-, tocándolo y oyéndonos a nosotros contar su historia.
—24→Padres y educadores habrán contemplado más de una vez con deleite la expresión de entusiasmo de un niño cuando oye algún fragmento interesante o sugestivo de un libro encantador. Tal vez es la voz, nuestra voz, capaz de arrastrarle a mundos maravillosos. Explicar una historia, un cuento, y que el niño lo escuche embelesado le motivará a escuchar otras historias y por la misma curiosidad que tiene todo ser humano le empujará, más adelante, a buscar más por sí mismo. Por esa razón hay que pisar bibliotecas y librerías de la misma manera que parques, atracciones o salas de cine.
Existen libros que son poderosas arenas que nos ayudan a librar la batalla -a veces ardua- de esta búsqueda del placer por la lectura. Muchas obras, más de las que pensamos, colaboran en esta labor de descubrimiento. Muchas veces será tan fácil como seguir el ritual que realiza cada día la ratita Maisy, un personaje de cuento. Ella, cada noche, antes de irse a la cama, se toma un vaso de leche, va al baño, se lava las manos, se cepilla los dientes, se pone el pijama y... ¡cómo no! lee un cuento antes de irse a dormir en Maisy se va a la cama16, de Lucy Cousins.
La pasión por los libros puede aparecer de la manera más imprevista, como le ocurre a Juan en Movida en la biblioteca17, de Josep Gregori. El protagonista de esta novela se aburre en la biblioteca esperando que un amigo acabe de leer hasta que decide coger un libro para matar el rato. Sin proponérselo, se encuentra atrapado en un libro de aventuras. O lo que les acontece -también en una biblioteca- a los secuestradores de una bibliotecaria, en El secuestro de la bibliotecarias18, de Margaret Mahy donde pasarán de ser unos terribles delincuentes a unos excelentes animadores a la lectura.
El libro es muy útil para introducirnos en el mundo de las bibliotecas, tanto por su utilización como por su organización. Cualquier libro puede convertirse en un poderoso aliado para desarrollar la imaginación, la única condición es abrirlo. La protagonista de El pavo real19, de Marta Osorio, nos muestra con palabras sencillas y frases llenas de sentido poético que la fantasía puede proporcionar imágenes capaces de suplir con creces la ausencia de un aparato de televisión, por ejemplo. Eso sí, sin caer en la voracidad lectora de la protagonista de Camila come cuentos20, de Laurence Herbert, quien siente tal pasión por los cuentos que se los come en el sentido más literal de la palabra, identificándose con los personajes que se ha tragado.
—25→Il. de Quentin Blake para El secuestro de la bibliotecaria, de Margaret Mahy (Madrid: Santillana, 1994).
—26→Además, los libros, los cuentos, pueden convertirse en un excelente compañero de juegos. Así es como los considera Anisia, una niña muy aficionada a leer que convierte las ilustraciones de sus libros en sus amigos. El libro de Anisia21, de Seve Calleja, está lleno de fantasía y posee una notable calidad literaria induciendo a descubrir el maravilloso mundo de la lectura.
Algunos libros nos transmiten de manera magistral el placer de leer como una auténtica epidemia. La pasión de Bastian, el protagonista de La historia interminable22, por la lectura se contagia desde las primeras páginas del libro gracias a la fantasía y la aventura rodeadas de poesía con las que nos invade la mágica pluma de Michael Ende.
O cómo el deseo de obtener un libro que ha leído en la biblioteca decide a Víctor a ahorrar hasta poder comprárselo en Víctor y la montaña mágica23, de Kate V. Rolder-Gnadeberg.
Es muy importante tener en cuenta que cualquier lugar puede ser bueno para leer -sobre todo a medida que nos vamos haciendo mayores- y que muchas veces no tendremos el privilegio de disfrutar de un mullido sillón, ni nos será fácil obtener el tiempo deseado para leer, pero bastará con desearlo. Como le ocurre a la mamá de Ismael en El sol de los venados24, de Gloria Cecilia Díaz que aprovecha para leer incluso mientras monda patatas. La autora nos transmite con gran sensibilidad y con un lenguaje a la vez cuidado y ameno el reducido mundo de Jana, una niña de diez años y su amigo Ismael a quienes une el placer de la lectura.
A su vez, las dificultades no serán ningún obstáculo para que un niño negro estadounidense de finales del siglo XIX decida aprender a leer para poder entender lo que dice un libro que ha caído en sus manos en Trueno25, de William Armstrong. El autor nos relata excelentemente el final de la infancia y la adolescencia del protagonista con auténtico realismo, pero sin amargura.
Los libros entran por los sentidos, viéndolos, tocándolos, oyendo a un amigo cómo nos explica su argumento, transmitiéndonos toda su magia, como intenta el Lazarillo de Tormes, presentador de excepción, en La edad de la aventura26, de José M. Merino, quien de manera muy sugerente nos habla de numerosos clásicos de la literatura. O cómo estos mismos personajes de los cuentos clásicos pueden convertirse en compañeros desenfadados de nuestros juegos en la pieza teatral para niños Te pillé, Caperucita!27, de Carles Cano.
—27→La cuestión es tomar contacto con personajes que la mayoría de las veces pueden parecer inaccesibles quizás por considerarse demasiado buenos. Hay que ayudar a los niños a perder el miedo a descubrir los grandes clásicos de siempre. Animales de aventura28, de Antonio Rodríguez Almodóvar, a través del texto y de la imagen evoca algunas de las historias de las obras clásicas de la literatura en la que los animales son los protagonistas.
Evidentemente, muchos libros que crean adicción se nos habrán quedado en las estanterías o encima del escritorio. El presente artículo sólo pretende ser una pequeña muestra de la cantidad de material que nos puede servir de refuerzo para «viciar» a los niños en la lectura y lo que es más importante: que disfruten leyendo.
Il. de portada de Juan Carlos Eguillor para Si una mañana de verano un niño, de Roberto Cotroneo (Madrid: Taurus, 1995).

