61
Ob. cit., págs. 152-153. (N. del A.)
62
La tesis de Gilman (The art of «La Celestina», Madison, 1956; cap. VII) es interesante de tener en cuenta sobre este aspecto. L. B. Simpson ha presentado la obra bajo este título: The Celestina. A Novel in Dialogue, en su trad. inglesa (Univ. of California Press, Berkeley, Los Ángeles, 1955). (N. del A.)
63
Ver Lapesa, La originalidad artística de la Celestina, en Romance Philology, XVII, I, 1963, págs. 55 sigs. (N. del A.)
64
Todas las críticas coinciden en destacar la quiebra de la antigua moral nobiliaria por la influencia de un ánimo lucrativo, lo que lleva a buscar el poder para aumentar la ganancia y viceversa. «Entonces, dice Valera, se buscava en el caballero sola virtud, agora es buscada cavallería para no pechar; estonce a fin de honrar esta orden, agora para robar el su nombre; estonce para defender la república, agora para señorearla» -Espejo de verdadera nobleza, BAE, CXVI, pág. 107-. Siempre el enriquecimiento ha sido una finalidad del noble, aun en el caso del más puro tipo de guerrero: «Ganançia -dicen Las Partidas- es cosa que naturalmente codician fazer todos los omes e mucho más los que guerrean» (Partida II, tít. XXVI, proemio). Pero, más tarde, se trata de otra cosa. En la baja Edad Media, el afán de enriquecimiento se desordena y desmesura, en forma de avaricia, que por esa razón es señalada por los moralistas como el principal pecado, mientras que en la época anterior se hablaba, en cambio, en tal sentido, de la soberbia (Huizinga, ob. cit., I, pág. 41). Un interesante testimonio de ello se encuentra en Los problemas de Villalobos (BAE, XXXVI, págs. 414 sigs.): «la necesidad presente de la innumerable suma de dinero» es la causa del mal; antes, siendo buen caballero, se era rico; ahora, para ser rico, se abandonan las virtudes del caballero. (N. del A.)
65
He aquí cómo interpreta Sánchez de Arévalo un pasaje de Aristóteles: «las riquezas modernas y nuevamente ganadas no bastan a causar nobleza, cuya cosa assigna bien el philosopho en la rethorica. Ca dize que el que es rico moderno es poco instruido en ganar riquezas y por esso el philosopho a los tales enriquezidos modernamente y en breve tiempo llamalos locos venturosos». Son los llamados, por tan recientes, «frescos ricos», en la traducción castellana de su Espejo de la vida humana, Zaragoza, 1491, sin numerar (folio 15). (N. del A.)
66
Carlos V y sus banqueros, Madrid, 1943, pág. 99. (N. del A.)
67
Ob. cit., pág. 120. (N. del A.)
68
Enrique de Villena define al mercader, por antonomasia, como aquel que se dedica al comercio marítimo: «Por estado de mercader entiendo los conprantes e vendientes siquiera mareantes que por ganançias de fletes e pasadas por las mares fazen preçios e abenencias en guisa de mercadoría sacando dende sabido provecho». Los doce trabajos de Hércules, ed. de M. Morreale, Madrid, pág. 12. (N. del A.)
69
Vicens Vives, Historia económica de España, Barcelona, 1959, página 247. (N. del A.)
70
Ver Fanfani, Le origini dello spirito capitalistico in Italia, Milán, 1933; y del mismo autor, Correnti di pensiero e ideali econimici in Europa all'inizio dell'Età moderna, en Giornale degli Economisti, enero-febrero, 1941. Para España, el antiguo libro de Corominas, El sentimiento de la riqueza en Castilla, Madrid, 1947, requiere ser rehecho, aunque tiene puntos de vista interesantes. Un capítulo de mi obra en preparación, La formación del Estado moderno, irá dedicado a los orígenes del espíritu burgués entre nosotros. (N. del A.)