11
María Luisa Bastos, op. cit.
12
Julio Cortázar, «Diario para un cuento» en Deshoras, Cuentos completos/2, Buenos Aires, Alfaguara, 1999.
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Algunos ejemplos del empleo de este procedimiento: «Como todo el mundo en Buenos Aires -me refiero al mundo de nuestra profesión- yo sabía quién era Rolando de Lancker. No digo que supiera nada concreto, sino vagamente que existía, que había publicado tal libro, que estaba enemistado con tales colegas. Por intercesión de su primo Jorge Velarde llegué después a conocerlo. He aquí, pues, el comienzo de la historia»
(«Historia prodigiosa» en Historia prodigiosa).
«Por lo general invento mis relatos, pero si alguien me refiere uno que me parece bueno lo acepto con gratitud. Noches atrás, en el club de Buenos Aires, mi amigo Arregui me contó -y me regaló según entiendo- la curiosa historia que le tocó vivir a un primo suyo. Antes que los inevitables olvidos la desdibujen, la pondré por escrito, sin más cambios que el de cuatro o cinco nombres.»
(«Ovidio» en Una magia modesta).
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Algunos ejemplos de estas anticipaciones: «Sin dudas por considerarlos de pública notoriedad, en cierta conversación a la que luego aludiré, Claudia Valserra refirió dos accidentes del año pasado (...)»
(«Historia prodigiosa en Historia prodigiosa). «Lo que le ocurrió al pobre Silveira tiene algo de fábula. Yo entreveo una moraleja, pero ustedes quizás descubran otra»
(«Mito de Orfeo e Eurídice» en Guirnalda con amores). En ambos casos, la cursiva es mía.
15
Walter Benjamin, «El narrador. Consideraciones sobre la obra de Nicolai Leskov», en Sobre el programa de la filosofía futura, Editorial Planeta-Agostini, Barcelona, 1986.
16
Ricardo Piglia, «Nuevas tesis sobre el cuento», en Formas breves, Temas Grupo Editorial, Buenos Aires, 1999.
17
Adolfo Bioy Casares, «Prólogo» a Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, Antología de la literatura fantástica, Buenos Aires, Emecé, 1991.
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«A veces me pregunto -escribe Bioy Casares en un ensayo de algunos años más tarde- si lectores de mañana no se lamentarán de que algunos de nosotros hayamos abrumado nuestros relatos con juegos con el tiempo y con máquinas fantásticas y más o menos policiales; a lo mejor se dirán: ¿Por qué esta gente, no del todo desatinada en sus observaciones, pacientemente elabora argumentos que resultan tediosos?»
(Adolfo Bioy Casares, «Lo novelesco y la novia del hereje», La otra aventura, Buenos Aires, Galerna, 1968).
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En el prólogo de Guirnaldas con amores, Bioy Casares anuncia este desplazamiento en forma explícita: «En cuanto a los relatos incluidos en el volumen, que alguna vez pensé titular Temas y aventuras, diré tan sólo que son historias de amor. El elemento sobrenatural, preponderante en mis narraciones previas, en la presente colección apenas determina un desenlace [...]»
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Algunos de los motivos típicos con que Bioy Casares representa el amor en su literartura son la irrealidad del objeto amado, la radical lejanía de su imagen, la incompatibilidad de los mundos en que habitan los amantes y la eternidad del amor como resultado de la muerte de los enamorados.