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A Palacio Valdés le preocupaban en aquellos momentos los asuntos de dinero, como se desprende de la carta a Doménech a la que anteriormente aludíamos, en la que ajusta cuentas con el editor, solicitándole que le abone algunas cantidades que le adeuda: «De los 3.900 reales mitad del precio de la novela, he recibido, 3.000; he recibido además mil como pago de los artículo del primer número de la Ilustración»
(Trinidad: 2005: 160).
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Sobre diversos aspectos de la relación entre Pereda y Mestres y sobre las obras ilustradas de Pereda y Clarín véanse los siguientes trabajos: Gutiérrez Sebastián: 2000 a y b; Gutiérrez Sebastián: 2003; Gutiérrez Sebastián: 2008; Gutiérrez Sebastián: 2009.
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La «melancolía negra» o misticismo exagerado del personaje de María nos recuerda a las heroínas algunos relatos como «La comendadora» de Pedro Antonio de Alarcón y refleja la crítica de Palacio Valdés al misticismo degenerado de Tolstoi que tanto censurara Nordau, con quien parece estar muy de acuerdo el escritor asturiano (Cifuentes: 1998: 73: nota 2).
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Se trata de La espuma, que fue ilustrada por Cuchy y M. Alcázar.