Meditabundeando
Justo S. Alarcón
En el catecismo
se nos decía
que
Dios creó al mundo
de la nada.
Los niños
lo repetíamos
sin entender
absolutamente nada.
Más tarde
se nos leía
el Génesis
en donde se nos decía
que
Dios había creado al mundo
en seis días.
Y que
al séptimo
descansaría.
Andando los años
en clase de filosofía
más de un viejo doctor
nos repetía
que
ya los griegos
Aristóteles y Platón
estudiado habían
al inmóvil Primer Motor.
Y con mucha facundia
también nos hablaban
de la inalcanzable
Primera Causa.
En este mundo
todo se mueve
al mismo tiempo.
Nadie
puede ser causa
ni motor
de su propio movimiento.
Luego...
se sigue que
siempre girando sobre sí mismo,
sin poder
alcanzar
su propio principio
el movimiento Omega
fue causado
por el motor Alfa
en una inquebrantable cadena.
La mosca
que mueve sus alas
y el perro
que mueve su cola
y el hombre
que mueve su arma
y la cola
que mueve
el cometa...
todos son movimientos
Omega
causados por el motor
Alfa.
La vida humana
que de un punto
misterioso depende
se mueve
continuamente
en un mismo punto
por la Causa Alfa.
Hoy, entrado ya en años,
misteriosamente
me pregunto,
si el perro
que coleó a la mosca
el hombre
que mató al perro
y el cometa
que con la cola
dio un latigazo
a la Tierra
en donde habitan
la mosca, el perro y el hombre
son movimientos Omega
inquebrantablemente
en cadena
se seguiría luego...
que toda esta misteriosa
concatenación Omega
radicaría
en la Causa
y el Motor
Alfa.
Por primavera
arranco de raíz
las malas hierbas
de mi jardín.
Para que se sequen
las dejo boca arriba.
Cambia el verde a gris
después de unos días.
Corto una olorosa
y bella flor
del firme tallo
de un girasol.
En un jarro de cristal
la meto con agua.
La arrojo al basurero
después de una semana.
Con un afilado cuchillo
y de un solo tajo
de la enterrada raíz
una lechuga desgajo.
Esa lechuga
con tomate y aderezo
desaparece por encanto
a la hora del almuerzo.
(Y nadie se preocupa
de sus breves paraderos.)
Camino por mi huerta
y veo una procesión
de pequeñas hormigas
que buscan alimentación.
Con la lisa suela
de mi enlodado zapato
una tras otra
las voy pisando.
Tuve algunos canarios
de varios matices de canto.
Eran amarillos y verdes.
Un verdadero encanto.
Entre unos alambres
estando enjaulados
los gatos de la vecindad
a todos los desplumaron.
De rizada lana
tenía yo un perrito.
Era el mejor amigo
de mi pequeño hijo.
Debido a la ingénita vejez
a los dieciséis años
con una finísima aguja
lo feneció el veterinario.
Un tío mío
criaba vacas.
Unas de leche
y otras de matanza.
Allá por Navidades
la de color blanquinegro
para asadero de la familia
la llevó al matadero.
(Hasta ahora
nadie se preocupaba
de sus futuros paraderos.)
Una niña de diez años
y en su casa indefensa
por un hombre desalmado
fue violada y muerta.
El asesino desviado
fue puesto en cadenas.
Al año lo sentenciaron
a la silla eléctrica.
Una muchacha joven
que lo tenía unito
por alguna razón ignota
cometió suicidio.
La llevaron a la iglesia.
Entre llantos y dolencias
rodeada de blancas flores
se la tragó la hambrienta tierra.
Un viejo nonagenario
seco como un duro palo
después de largo esperar
expiró en su descanso.
Todos sus hijos y nietos
guardaban profundo silencio.
Sus miradas y ojos tersos
se mostraban satisfechos.
(Ahora
todos se preocupaban
si todos habían o no llegado
a sus ignotos paraderos).
«El que de madre nace
al vientre
de la tierra
vuelve».
«Recuerda hombre
que polvo eres
y en polvo
te convertirás».
«Todo lo espiritual es inmortal
Es así que...
el alma humana
es espiritual
Luego...
el alma humana
es inmortal».
Nace el pino de un piñón.
Después de siete o diez años
da piñas y cuantiosos piñones.
De los piñones nacen otros pinos.
Ni él ni nosotros sabemos
cuál vayan a ser sus destinos.
El naranjo brota de su semilla.
Después de siete o diez años
nos ofrece cien o más naranjas
jugosas, dulces y amarillas.
Nos comemos unas cuantas
y de las otras caen pepitas.
De éstas nacen más naranjos
y con esto se cierra el ciclo.
De dos pequeños huevos
nacen dos gorrioncillos.
Después de algún tiempo
emprenderán el vuelo
dejando su nido vacío.
Su madre les provee alimento.
Los pequeños gorrioncillos
se enamorarán con el tiempo.
Formarán otros nuevos nidos
y otra vez se cerrará el ciclo.
El campesino
desbroza la tierra
con su pala y con su pico
para sembrar y cosechar luego
una hectárea de dorado trigo.
Algunos conciudadanos
muelen el grano.
Otros hacen el pan
y todos se lo llevan
al epigastrio.
El trigo y el pan
desaparecen.
Y el campesino no deja
rastro de ninguna especie.
El minero
con dinamita y hierros
revienta la entraña de la tierra
para sacarle toneladas
de frío y plateado acero.
El automovilero
convierte el metal en carros.
Y el guerrero
para matar a sus hermanos
emplea armas de rojo acero.
Los autos, las armas y el acero
se transforman en chatarra.
Y dura muy breve tiempo
su larga memoria trágica.
Los padres
fertilizan sus contrapartes.
Después de nueve meses
al mundo un niño
entrega la madre.
Al igual que un pájaro
el niño alas echa.
Y con otra hembra
forma nueva pareja.
Cría hijos
y de nuevo
se cierra
otro ciclo.
Los abuelos simulan eternizarse
en la memoria y apellido
de su larga progenie.
Pero el nombre y la sangre
se van diluyendo
a medida que el árbol crece.
El artista
concibe y crea la obra.
La pintura yace fría en el cuadro,
la música en las notas de la partitura
y la poesía en los cortos versos de la estrofa.
El observador, el oyente y el lector
extraen del esquelético objeto de arte
la vida que está latente y encarcelada
en el lienzo, el pentagrama y la estrofa.
El artista creador,
émulo de Dios,
a través del arte
quiere eternizarse
en la sensibilidad
del receptor.
Pero éste
al convertirse en otros muchos,
diluyéndose lentamente va.
Y con ello
también desaparece
la humana sensibilidad
y la breve inmortalidad.
El filósofo
siembra en las mentes
de sus estudiantes
sus limpias visiones y juicios
y el chuparrosas el néctar
en el tierno pico
de sus hijitos.
Los conceptos e invisibles ideas
no quedan grabadas
ni en la pupila, ni en el oído
ni en la letra
del lector, del oyente y del vidente,
sino en la espiritual
sustancia de la mente.
La idea
ser espiritual
es concebida
en la entraña
de otro ser espiritual
que es el alma.
Ambas
contrayendo nupcias
y fertilizándose
con ansiedad
como un ser siamés
o un cometa en el firmamento
emprenden el vuelo
a los arcanos secretos
de la
misteriosa
inmortalidad.
Todos pronunciamos
todos hablamos
todos creemos
que vivimos
morimos
e incluso
matamos
por la libertad.
Hasta la saciedad.
Pero
¿qué es libertad?
El gallo
enjaulado
sale del gallinero
bate las alas
estira el cuello
y arroja
una cascada de notas
por su recién afinado
y canoro instrumento.
El gavilán
graciosamente
deslizándose
por el aire va.
Como un relámpago
clava la certera pupila
y sus frías garras
en el sonoro cuello
del altivo gallo.
El ranchero
su escopeta dispara.
Y el gavilán queda
con una rota ala.
Las tres libertades
quedan al instante
coartadas y teñidas
de sangre.
En la sociedad
el rico
su libertad ensancha
teniendo en su mano
la batuta mágica
que ordena al criado
que le traiga agua
y que arrodillado
le ponga la alpargata.
En la ciudad
el pobre
abriendo los ojos
arqueando las cejas
parpadeando las pestañas
extasiado
ante las corbatas de seda
y las uñas pintadas
en las telenovelas
prendido de la pantalla
su libertad explaya.
En el campo
el rico y el pobre
por entre el estricto orden
del sol que abrasa
de los torrentes que se desbordan
de la blanca escarcha
y de los anillos de la boa
andan a caza
de su libertad.
¿Qué es libertad?
Nos dice el político
que consiste en trabajar
diez horas al día
doce meses al año
sesenta años de vida
para engordar
a la sociedad.
Al político
le dijo un día:
«mentira.
Yo no quiero
tu libertad».
Con plena conciencia
le hizo una herida.
Ahora tiene que pasar
el resto de su vida
entre cuatro paredes
y en su soledad
pensando libremente
qué es libertad.
De niño
tenía un pavoroso
miedo
al infierno.
Aquellas llamas rojas
que rodeaban
y envolvían
a las almas
en formas de cuerpos
grabadas en estampas
y en relieves de catedral
representando al averno.
Aquellas llamas
que traducían
lo eterno.
Al Padre Eterno
con barbas de chivo
y severo ceño
siempre
le tuve miedo.
Y
aunque no quisiera
de niño
tuve que ser bueno.
De adulto
y siendo también padre
me pregunto
cómo una hormiga
por mucho que pique
puede mortalmente herir
la dura piel
de un elefante.
Y cómo a un mastodonte
puede entrarle
tanto coraje
como para aniquilar
de un culatazo
a una mosca trepidante.
Un padre recto
puede entregar
al encarcelamiento
a su hijo asesino
por algún tiempo.
Un niño travieso
aunque quiera
nunca podrá pegarle
con la piedra
de su resortera
al incandescente sol.
La distancia
y el tiempo
entre el niño
y el sol
corren parejas
entre un pecador
y un Dios.
Lo infinito y eterno
medirse no pueden
con el metro casero
que aparece
y desaparece
con la brevedad
del tiempo.
El amor y el temor
son antagónicos términos,
como la venganza y el dolor
son elementos
en contraposición.
El Amor
sin límites
crece.
El temor
en la Nada
se convierte.
Las avalanchas del Perú
y los terremotos de California
¿serán la misma cosa
que las bombas
de hidrógeno
o atómicas
arrojadas
sobre las ciudades niponas?
Centenares
y miles de seres humanos
de ambos sexos
y edades
inevitablemente
se enfrentan
con sus hados.
Aquel retoñito
de manzano que se abría
y que todavía chupaba
tiernamente
del tronco de la madre.
Y aquella flor de peral
que apenas
abría su delicada corola
al dulce néctar
que en sus zancos
recogía la abeja
quedaron frustrados.
Pues la bomba y la avalancha
troncharon el ombligo
que a la madre los ataba.
Dios y Truman
parecen tener algo en común.
Si la creación
consiste
en hacer que algo brote de la nada
la aniquilación
será
una anticreación.
¿A qué leyes obedecen
la creación y la aniquilación?
¿A una ley constante
o a un capricho
cruel
intolerable e intolerante?
El nido
construido por una pareja
de golondrinas
en una ventana de la misión
de Capistrano
y
la casita del Japón
hecha de ramas de palos
sobre uno de tantos pantanos
parecen tener en común algo.
Lamentable equivocación.
Si la casa y el nido
hubieran sido construidos
en otros sitios,
o si las leyes naturales
y las sociales
no hubieran sido tales
ni Dios ni Truman
ni el nido ni la casa
hubieran quitado
y perdido
las vidas
y creado problemas
de culpabilidad
y conciencia.
Pero persiste la incógnita
y también el problema.
Si los que hacen leyes
naturales o sociales
saben
que los que hacen nidos
sobre las ramas
y casas
sobre la tierragua
son ignorantes
¿serán
culpables
de tanto desacato?
¿O serán la ciencia
y la ignorancia
madres
de todos los males?
Porque
parece ser
que
tertium
non datur.
"Crear
es producir algo
de la nada".
Entre un piñón
que mide
un centímetro cúbico
de circunferencia
y un gigante pino
hay una gran
diferencia.
Entre el esperma
y el huevo
microscópicos
de un carnero
y una oveja
y su robusto cordero
hay una gran
diferencia.
Entre el hombre
y la mujer
que nacieron
de dos fertilizados
y diminutos
huevos
hay una gran
diferencia.
El carpintero
el albañil
y el fontanero
después de un acuerdo
construyen una casa
de cañería
cemento
y madera blanda.
El ingeniero
concibe una fábrica.
Con hierro
plástico
y acero
produce una máquina.
El escultor
se imagina una vida
y en el sueño febril
de una forma plástica
engendra
una palpitante
estatua.
El poeta
entre imágenes
colores
y palabras
gesta su propia alma.
El Ser Supremo
al mirarse
en su propio espejo
ideó el piñón
el huevo
y la imagen
del que concibió
la máquina
la casa
y la estatua
sacándolo todo
de la nada.
Pero si el Ser Supremo
siendo en el espacio infinito
y en el tiempo eterno
sacó al ser de la nada
parece ser
que si en Él
no existiera la nada
no podría haber creado
de la nada
la existencia
de otro ser.
El ser existe.
Luego...
¿cómo pudo
haber sido creado
de la inexistente nada
estando ésta
en lo infinito
de su plenitud
acrisolada
y aniquilada?
Cuando
a un almendro
una ramita
de naranjo
se le injerta
brotarán
olorosos azahares
la próxima primavera.
Una planta
con suficiente agua
y fertilizante
crecerá
en el desierto
saludable
y dará
rojos y carnosos
tomates.
Platón «el filósofo»
nos decía
que las cosas
en esta tierra
son reflejos
de las ideas
preestablecidas.
Carl Jung «el psicólogo»
concluyó
que muchas
de las características
humanas
de hoy día
por generaciones
y generaciones
centenarias
son transmitidas.
Los hijos
cuyos padres
fueron del SIDA afectados
caminarán con la muerte
a su lado
paso a paso.
La fruta
que comieron
nuestros primeros
y milenarios
padres
Adán y Eva
no era
ni manzana
ni naranja
ni aguacate
ni pera.
Tuvo que ser
de otra
misteriosa
y mortal
naturaleza.
Ayer quise probar algo.
Siempre hablamos
de orden
de regla
de simetría
de proporción
y de armonía
en la naturaleza
y en la vida.
Ayer quise probar algo.
Algo que va contra la regla
el orden y la armonía
de la naturaleza
y de la vida.
Salí al jardín
que cultivo
detrás de mi casa.
Una rosa, un jazmín
un perro, un pato
un gato gentil
y una suelta
bandada de pájaros.
Dejé que todo mi ser
se engolfara
y al mundo se abriera.
Dejé libres
a mis oídos
a mi olfato
a mi paladar
a mis ojos
y a mi tacto.
En menos de un minuto
oí diferentes trinos de pájaros
maullar al espeluznado gato
ladrar a mi enfurecido perro
y graznar al asustado pato.
Al mismo tiempo
vi un avión
que en su ruta
seguía dirección opuesta
a las juguetonas nubes
que hacían piruetas
mientras
que un denso
viento
despeinaba
la melena
de las palmeras.
Un rayo
caía
perpendicular
a los faros horizontales de otro avión
que con sus cuernos
enfurecido embestía
a un ciclón.
Una paloma
revoloteaba
loca
mientras
un turpial
se acurrucaba
bajo la penca
de un nopal.
Un chillido de ambulancia
se mezclaba
con el graznido del pato
el ladrido del perro
el maullido del gato
y el olor pestilente
a espinazo
de pescado.
Una toronja
azotada
por el viento
en su camino
hacia el suelo
le cayó en la cabeza
al atolondrado perro.
El polen de los girasoles
volando por el aire
se metieron
en las fosas nasales
del alérgico gato
produciendo un estornudo
que asustó al pato.
Me arrimé a una rosa
para ver si podía
restablecer la perdida
armonía.
Acerqué la nariz
y una laboriosa abeja
que se hallaba
en la corola metida
en un momento de enojo
me clavó el afilado aguijón
en la torturada mejilla.
El lamento de la ambulancia
y el quejido del avión
se mezclaron
al ladrido, al maullido
al graznido y al dolor
del aguijón.
Decidí recoger mis sentidos.
Cerré los ojos
y me concentré.
Saboreé
una deliciosa orquesta
que olía a susurro
palpaba aromas
y sabía a néctar.
Después de un eterno minuto
me di cuenta
que en la vida
y en la naturaleza
a pesar de un aparente desorden
hay una ley recóndita
y una armonía interna.
Ayer pude probar algo
acerca
del desorden
y la armonía
de la vida
y la naturaleza.
La balanza
Será muy triste irse de este mundo
sin que los seres queridos
agradezcan
lo que por ellos se ha hecho
en lo más mínimo.
Cuántos trabajos
cuántos desvelos
cuántos sinsabores
y cuántos esfuerzos
uno ha sufrido
entregando
el amor
la felicidad
y el apoyo moral
compartidos
silenciosamente
como una hormiga
con su carga en la mandíbula
como una abeja
con el néctar en las zancas
como una tortuga
con el caparazón a cuestas
como una paloma
con sus protectoras alas
y como una oveja
con su ubre repleta
silenciosamente
dando
amor
alimento
y protección
continuamente.
El fiel de la balanza
pierde
su estrella polar
su aguja imanada
y su justo medio
cuando
los deberes
y los derechos
en los dos platillos
no contienen el mismo peso.
Qué triste ha de ser irse
de este ingrato mundo
sin que los seres queridos
agradezcan
lo que por ellos
con dolor y amor
se ha hecho.
Pero más triste debe ser
llegar al final de la jornada
y darse cuenta
de que aquellos seres queridos
que tanto de sí han dado
para siempre ya se han ido
y sin antes
haberles las deudas pagado.
Los que se van
sin recibir pago moral
que en la presente vida
no esperen recompensa
y los que se quedan
que se dispongan
más tarde a pagar
con amargas lágrimas
las contraídas deudas.