Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Anterior Indice Siguiente




ArribaAbajoJornada II


Escena I

 

LAMBERTO, ENGRACIA, ISABELA, ANA, un VIEJO y turba de hombres, mujeres y niños cristianos.

 
LAMBERTO
¡Oh virgen generosa, de quien pende
el bien común, y público reposo!
(Hija diré mejor) si cual entiendo
el vulgo, soy tu padre venturoso;
si mi cansada vida no te ofende, 5
ni tienes este nombre por odioso,
óyeme, si cual padre no, cual hombre
que tiene de cristiano ley y nombre.
ISABELA
¡Oh padres a quien debo reverencia!
¡Oh santa, perseguida compañía, 10
postrada, sin razón, en mi presencia,
espectáculo triste de este día!
¿De qué manera puedo dar audiencia,
ni quien seso tuviese la daría,
viendo vuestros aspectos venerados 15
a mis indignos pies así postrados?
   Las rodillas alzad del duro suelo,
o revolved los ojos hechos ríos
al sumo plasmador de tierra y cielo,
y dirigid allá los votos píos; 20
y pues que mis entrañas no son hielo,
ni los bircanos tigres padres míos,
probad a conquistar otra dureza
con estos aparatos de tristeza:
que yo sin espectáculo presente, 25
cuando fuese mi muerte necesaria,
padeceré las peñas obediente;
obediente, ¿qué dije? Voluntaria.
Y por el bien común de nuestra gente,
y daño de la pérfida contraria, 30
una muerte, mil muertes, y si puedo,
muchas más pasaré sin algún miedo.
LAMBERTO
Pues oye: bien sabemos cuán rendido
en amorosas llamas al rey tienes,
y cuán desesperado y ofendido 35
con tus castas repulsas y desdenes;
pero si tú con un amor fingido
sus locos pensamientos entretienes,
y cebas la esperanza lisonjera,
al yugo volverá la cerviz fiera. 40
   Así que con hacer lo que te digo,
queda la voluntad del rey por tuya,
harás que no prosiga su castigo,
ni de la dulce patria nos excluya,
puedes así vencer al enemigo, 45
o darnos ocasión que se atribuya
a sola tu dureza nuestra pena,
y digan: Isabela nos condena.
   Y por el consiguiente, si procuras
el bien universal (como lo creo) 50
y nuestras posesiones aseguras,
(cual la santa Judith al pueblo hebreo)
tu nombre librarán las escrituras
mal grado de las aguas del Leteo,
del fugitivo tiempo carcomido, 55
amigo de la envidia y del olvido.
   Ahora mira pues cuál nombre quieres:
ser madre de tus padres y tu gente,
(que tal nombre te cuadra si nos dieres
remedio, como puedes, suficiente) 60
O ser la más cruel de las mujeres
y con tus mismos padres inclemente
en una de estas cosas te resuelve,
condénanos, o luego nos absuelve.
   Al rey por cierto tiempo fingir puedes 65
precisa castidad tener votada,
y que cuando del voto libre quedes.
La prenda le darás tan deseado.
En este medio, tiende astutas redes
suspiros, llantos, vistas regaladas, 70
palabras tiernas, echo de estas cosas,
y lágrimas, si puedes, amorosas.
Suspenderás del rey la furia loca
con estas apariencias, Isabela,
volviendo con el aire de tu boca 75
a todas partes su movible vela;
así nuestra sentencia se revoca,
así puede fingirse la cautela;
y nosotros también en este medio
seguros aprestar nuestro remedio. 80
   No salga sin efecto nuestro lloro,
ni áspide cruel en esto seas,
así la majestad del sumo coro
disponga de tus cosas cual deseas,
y tus cabellos, émulos del oro, 85
en blancas canas convertidos veas,
después de largos años venerada,
de hijos y de nietos rodeada.
   ¿Por qué razón te turbas y suspiras?
¿Tan duro te parece lo que pido? 90
Con una risa falsa y dos mentiras
tienes este negocio concluido.
Por estas tristes lágrimas que miras,
por este vicio cano y afligido,
por esta triste madre te conjuro 95
no muestres a mis ruegos pecho duro.
   Si ver la perdición de los cristianos
no basta (que bastar sólo debía),
ni la muerte cruel de tus hermanos.
La de tu vieja madre, ni la mía, 100
por el que puesto en cruz las santas manos,
hijo del Padre eterno y de María,
te conjuro, te ruego, pido y mando
que muestres a mis ruegos pecho blando.
ENGRACIA
Hija, ¿qué digo? Lumbre de estos ojos 105
que, como tú les faltes, son ya ciegos,
y un tiempo suspensión de mis enojos,
inexorable ya para mis ruegos,
y yo satisfacción de tus antojos
en tu niñez y vagamundos juegos, 110
y en más crecida edad con mil arreos
complacencia también de tus deseos.
¿Por qué dilatas tanto la respuesta?
¿Aguardas por ventura que te pida,
besándote los pies y descompuesta, 115
merced a voces de mi corta vida?
¿O gustas de mirar ante ti puesta
esta mísera gente perseguida?
Di, ¿qué solemnidad del pueblo quieres,
que tanto la respuesta nos difieres? 120
   Por esos pocos años florecientes,
y por la muchedumbre de los míos;
por estos tristes ojos hechos fuentes,
¿qué digo fuentes? Caudalosos ríos,
te ruego yo, te ruegan tus parientes, 125
que dejes las excusas y desvíos
que contra nuestras justas peticiones
por ventura, recoges y compones.
   Mira que si salimos de los muros
por el segundo César fabricados, 130
a más que no saldremos muy seguros
de ser todos o muertos o robados,
porque jamás los bárbaros perjuros
observan ley ni pactos concertados,
la sagrada ciudad queda desierta, 135
y nuestra religión en ella muerta.
   El templo de la Virgen quedaría,
si no por los cimientos derribado,
a lo menos con vicios cada día
de los odiosos moros profanado; 140
y todo su tesoro se daría
en manos del sacrílego malvado,
reliquias y devotos simulacros,
todos los ornamentos al fin sacros;
   el cual prevaricándoles el uso, 145
osará coronar su torpe frente
de la corona que a la Virgen puso
(digo a su imagen) la devota gente
y con introducción de tal abuso
trocadas en oficio diferente, 150
servirán las casullas y frontales
de marlotas al fin, o cosas tales.
   Harán de las dalmáticas jaeces
a los fieros caballos andaluces,
con las borlas pendientes, que mil veces 155
acompañaron clérigos y luces;
y para refirmar los pies soeces,
el oro servirá de nuestras cruces,
haciendo de él labradas estriberas,
quizá con las historias verdaderas. 160
   Pero dejando aparte los tesoros,
y las vidas por Dios bien empleadas,
vuelve a mirar ahora nuevos lloros
de las míseras madres lastimadas,
que dejan sus hijuelos a los moros, 165
y por el consiguiente condenadas
sus almas, pues serán de su ley misma,
haciéndoles dejar la sacra crisma.
   ¿Será posible pues que tú permitas,
con daño de los tuyos infelices, 170
que solas permanezcan las mezquitas,
y que sus ignominias autorices?
Tú, tú, de la ciudad sagrada quitas
la religión cristiana y sus raíces:
tu dura pertinacia nos destierra, 175
y no la del tirano de la tierra.
ISABELA
No más, no más, queridos padres, basta,
si no queréis sin vida verme luego,
que donde la razón así contrasta,
poca necesidad hay de tal ruego. 180
Yo pues con intención sincera y casta,
sólo por procurar nuestro sosiego,
al fiero rey daré de amor señales
fingidas, si fingirse pueden tales.
LAMBERTO
La bendición de Dios omnipotente, 185
y la nuestra también recibe ahora
tu nombre se dilate y acreciente
en cuanto mira el cielo y el sol dora;
y si es de creer que alguna gente
debajo del ignoto polo mora 190
allá tus alabanzas se dilaten,
y con admiración todos las traten.
ENGRACIA
Estos maternos brazos lo primero
recibe por señal de lo que siento:
sírvante de collar, bien cual grosero, 195
pero lleno de amor y de contento.
Que en otro tiempo más felice espero
con mayor aparato y ornamento
mejorar estos dones, y tu cuello
ceñirlo del metal de tu cabello. 200
VIEJO
En tanto que el caudal del Ebro vaya
al poderoso mar Mediterráneo,
y en el alto Moncayo nieves haya,
Nieves que por renombre le dan cano,
y en tanto que dividan y hagan raya 205
entre el aragonés y el aquitano
los altos y nevados Pirineos,
donde tienen los nuestros sus trofeos,
tus obras cantaremos excelentes,
si bien a la desierta Libia vamos, 210
o bajo de la zona los ardientes
y no sufribles rayos padezcamos,
y nuestra sucesión y descendientes
darán las mismas gracias que te damos;
los niños con la lengua ternezuela 215
repetirán el nombre de Isabela.
LAMBERTO
No gastemos el tiempo más en esto;
¿no veis que la tardanza dañar puede,
y que según el rey está dispuesto,
el caso dilaciones no concede? 220
ISABELA
Dejadme sola pues, porque más presto
trazada mi intención astuta quede,
porque la soledad es aparejo,
y verdadera madre del consejo.
LAMBERTO
El Espíritu santo pues presida 225
en tus justos designios, Isabela,
y los del enemigo ahora impida
con esta nuestra lícita cautela.


Escena II

 

ISABELA.

 
ISABELA
Cual suele de los vientos combatida
en el soberbio mar hinchada vela, 230
los cuales a gran furia la relevan,
y con alternos sopios se la llevan;
   el dudoso piloto no bien sabe
a cuál de los dos vientos seguir deba
al uno vuelve ya la frágil nave, 235
y luego de seguir al otro prueba,
y en tanto que consulta el hecho grave,
éste y aquél a más andar la lleva,
y sin determinarse llega a puerto,
mucho más que el dudoso mar incierto; 240
   de tal manera voy confusa el alma,
a buscar el remedio de mi gente;
por otra parte mi Muley me llama
de la triste prisión con voz doliente
¿qué debe hacer quien ambas cosas ama? 245
¿A cuál debe mostrarse más clemente?
¿A quién he de poner aquí delante
a la fe, o a la patria, o al amante?
   Sin saber resolverme, voy confusa
a los odiosos pies del rey tirano, 250
y con adulación, como se usa,
le tengo de besar la fiera mano,
juntamente buscar bastante excusa
de refrenar su ciego amor profano.
Incierta voy de todo: tú me guía, 255
estrella de la mar, dulce María.


Escena III

 

ADULCE, SELIN.

 
ADULCE
Tres veces os he visto, verdes plantas,
de vuestras verdes hojas despojadas,
tres veces descompuestas, y otras tantas
de flores y de frutos adornadas, 260
después que la soberbia, sobre cuantas
han sido por hermosas celebradas,
aja cruel, origen de mi pena,
a mi dura cerviz puso cadena.
   Dejé los altos muros de Valencia, 265
ciudad con lo demás del reino mía,
huyendo la tirana competencia
que contra mi poder prevalecía;
y para castigar su resistencia,
atrevido furor y tiranía, 270
al rey de Zaragoza, mi pariente,
amistad demandé, favor y gente.
   Cosa no me negó de las que digo;
pero ninguna de ellas cumplir puede
hasta que dé lugar el enemigo, 275
y con seguridad el reino quede.
En este medio tiéneme consigo,
y libertad tan larga me concede,
que puedo disponer de su corona,
y casi represento su persona. 280
   ¿Pero de qué me fío, pues que tiene
una rabiosa tigre por hermana?
Tigre que de mi llanto se mantiene,
mas antes no lo escucha, ni se humana,
tres años ha que vivo me entretiene 285
una esperanza de mi gloria vana,
y tantos ha también, ¡ay, Aja fiera!
Que tu terrible furia persevera.
SELIN
Tiempo vendrá, señor, en el cual veas
las tierras usurpadas en tu mano, 290
y que sin sobresalto las poseas,
echando fuera de ellas a tu hermano,
y que goces la llama que deseas,
o vivas de su llaga fiera sano:
cosa fácil por cierto la postrera, 295
si con sagacidad se considera.
ADULCE
Aunque la majestad perdida cobre,
como tú pronosticas y yo creo,
y mi prosperidad me suba sobre
los montes de venganza que deseo, 300
no dejaré por eso de ser pobre,
si junto con el cetro no poseo
la dama, que merece dignamente
ser más que respetada de la gente.
   Pero dime, si sabes, ¿Aja quiere 305
salir, como dijeron, hoy a caza?
Porque quiero seguilla adonde fuere,
y dar a mi dolor alguna traza.
SELIN
De cierto no lo sé, pero quien viere
los hombres que concurren a la plaza 310
y cubren del palacio la gran puerta.
Su salida tendrá, señor, por cierta.
   Un palafrén más blanco que la nieve,
con guarniciones rojas y doradas,
de la puerta real el polvo mueve, 315
y deja en él las manos estampadas:
éste pienso será para que llevo
a tu dama, señor, que las preciadas
guarniciones y silla dan indicio
que sólo debe ser de su servicio. 320
ADULCE
Pues yo sin ocasión alguna tardo.
SELIN
Así me lo parece.
ADULCE
Vamos luego,
que pues en amorosas llamas ardo,
no tengo de tener aquí sosiego.
SELIN
Un caballo te espera tan gallardo, 325
que dirán que nació de vivo fuego,
y que de viento sólo se mantiene;
tanta velocidad y fuerza tiene.


Escena IV

 

ALBOACEN, AUDALLA, un PORTERO.

 
AUDALLA
Ahora que mostrar contento debes,
pues tienes en prisión a tu contrario, 330
cuyas horas de vida serán breves,
¿por qué, tan al revés de lo ordinario,
con la dulce venganza te entristeces,
y muestras del principio tu fin vario?
Y tú que graves pérdidas mil veces 335
con los ojos enjutos has mirado,
¿ahora sin razón los humedeces?
Viste morir tu viejo padre al lado,
¿y negando a su muerte digno llanto,
lo das a la de un perro renegado? 340
ALBOACEN
Es la amistad un nudo firme y santo,
y de todas las cosas de la vida
alguna no verás que valga tanto:
a todas es de sabios preferida,
en todos los estados importante 345
compás de los mortales y medida.
Es la amistad el mauritano atlante
que la celeste máquina sostiene,
digo que es a tal monte semejante:
también nombre de monte le conviene, 350
porque por más que el cielo se revuelva,
y arroje rayos, y con ira truene,
y puesto que en cenizas se resuelva,
con furia de las llamas y los vientos,
la vieja cumbre de encinosa selva, 355
jamás mudan los montes sus asientos,
ni los fieles amigos mudar pueden
en las adversidades los intentos.
Así que con razón mis ojos llueven
estas copiosas lágrimas, pues vemos 360
que los más firmes montes ya se mueven
y es gran razón, Audalla, que lloremos,
cuando vemos morir la fe sagrada
en los que más constante la creemos.
No lloro por la muerte desdichada 365
que a Muley ha de darse; pero lloro
por ver que con razón le será dada.
Dejó nuestra mezquita, siendo moro;
robome la cristiana rigurosa,
olvidando su ley y mi decoro. 370
Muéveme la venganza sanguinosa,
y la sacra corona con que ciño
la cabeza real y poderosa.
Yo mismo juntamente me constriño
a la misericordia que demanda 375
el amor que le tuve desde niño;
y cuando ya parece que me ablanda,
pónese la justicia de por medio,
y que muera Muley a voces manda.
AUDALLA
En su muerte consiste tu remedio; 380
y pues sabes, señor, lo que se gana,
elige por tu bien del mal el medio.
PORTERO
Poderoso señor, una cristiana
que a no dar de sus males apariencia,
la juzgara por diosa soberana, 385
para besar tus pies pide licencia,
y para relatarte su fatiga,
como tú sueles darles grata audiencia.
ALBOACEN
Su petición y nombre di que diga.
PORTERO
Isabela se llama, según dijo. 390
ALBOACEN
Ya su misma dureza la castiga.
Entre, pero yo juro de estar fijo
en mi resolución, por más que oya
palabras tiernas y clamor prolijo.
AUDALLA
Los caudillos, señor, de la gran Troya, 395
por entrar el caballo como ciegos,
creyendo ser de Palas don y joya,
vieron de noche los ocultos fuegos
salir de la gran máquina preñada
de la grave cautela de los griegos. 400
Así, señor, la gente bautizada
temo que con el medio de esta dama,
alguna gran traición tienen trazada.
ALBOACEN
Antes pienso cubrir así mi llama,
que pueda descubrir su pensamiento, 405
y ver que tan de veras me desama.
¿Qué nueva turbación es la que siento
con ver esta cristiana? Pero venga,
que no podrá mudarme de mi intento.


Escena V

 

ISABELA, ALBOACEN, AUDALLA.

 
ISABELA
Poderoso señor, porque no tenga 410
ocasión de cansarte tu cautiva
con largos ruegos y prolija arenga,
y porque la pasión es excesiva,
a mí triste semblante me remito,
semblante de mujer apenas viva. 415
Parte de mi dolor verás escrito
en mis húmedos ojos, pues con ellos
los duros pechos a llorar incito;
y parte de él verás en los cabellos,
sembrados a los pies que tienes puestos 420
sobre rendidos y postrados cuellos
parte verás en los turbados gestos
de nuestros miserables ciudadanos,
no sé por qué razón a ti molestos:
parte verás en mis cruzadas manos, 425
que cautiverio triste significan
de tus vasallos míseros cristianos
mas antes estas cosas las publican
hasta los animales sin sentido,
y todos lo que yo, señor, suplican. 430
En suma, gran señor, lo que yo pido,
es una general misericordia
con este nuestro pueblo perseguido;
y que con nuevos pactos y concordia
suspendas de tus siervos el tumulto, 435
nacido de esta súbita discordia:
y no lo dudo yo, ni dificulto,
pues por ser cosa justa, será tuya
que todos consigamos este indulto.
Tu benigna bondad nos constituya 440
en nuestras posesiones y descanso,
sin que tu gran castigo se concluya
y porque con mis voces quizá canso,
proseguiré con lágrimas mi ruego,
hasta que me respondas, señor manso. 445
ALBOACEN
Verdad es; pero ser sin causa niego,
que yo con mis edictos y pregones
he querido turbar vuestro sosiego
moviéronme justísimas razones,
infaustas y tristísimas señales 450
de fieras y sangrientas rebeliones;
y para prevenir a tantos males,
con un alfaquí docto me aconsejo,
que sabe los erectos celestiales;
pues hechos sus conjuros, el buen viejo 455
diome del vaticinio por respuesta
un duro y asperísimo consejo.
Yo vi con apariencia manifiesta,
que no fue la respuesta por él mismo,
mas por algún espíritu compuesta, 460
como si alguna furia del abismo
al sabio las entrañas lo royera,
o como que le toma parasismo,
con los mismos erectos: y tal era
la presencia del viejo, cuando vino 465
a darme la respuesta verdadera.
Andaba con furioso desatino,
torciéndose las manos arrugadas,
los ojos vueltos de un color sanguino:
las barbas, antes largas y peinadas, 470
llevaba vedijosas y revueltas,
como de fieras serpes enroscadas
las tocas, que con mil nudosas vueltas
la cabeza prudente le ceñían.
Por este y aquel hombro lleva sueltas 475
las horrendas palabras parecían
salir por una trompa resonante,
y que los yertos labios no movían.
Si quieres que tu Dios, o rey, levante
la rigurosa diestra (dijo) mira 480
el medio que será sólo bastante.
Si quieres aplacar tan grande ira
como muestra tener nuestro profeta
pues ya de tus estados se retira;
si no quieres tu gente ver sujeta, 485
y también descompuestas ambas sienes
del lucido metal que las aprieta,
conviene que te prives y enajenes
de la persona triste de tu corte,
a quien más voluntad y afición tienes: 490
aquella que te da mayor deporte,
ahora sea varón, o ahora sea
la dama que tomases por consorte.
AUDALLA
Según el rey lo finge y hermosea,
parece que es verdad esto que dice: 495

 (Aparte.)  

¿Habrá quien esta fábula no crea?
ALBOACEN
Divisas diferentes de ello hice,
la gravedad del caso ponderando,
por ver el que será tan infelice,
mis gentes y vasallos numerando, 500
sus obras y servicios repitiendo,
y cada cosa de ellas ajustando,
mi voluntad dudosa confiriendo
con cada cual, por ver a quién amaba:
¡extraña voluntad, y amor horrendo! 505
Y en tanto que con duda tal estaba,
llegó nuevo dolor a la memoria
y claro le mostró lo que buscaba
y vi que de la vida transitoria
eres tú solamente quien podía 510
darme mas aflicción o mayor gloria.
Creí luego que el hado disponía
que fueses tú la víctima y ofrenda
que pide la confusa profecía;
y que para torcerme de la senda 515
por donde me despeña mi deseo,
a ti sola su furia comprehenda,
por ser en nuestra secta caso feo
amar a quien a Cristo reverencia,
que ya debes saberlo, según creo. 520
Todos interpretamos la sentencia,
aunque con gran dolor de parte mía,
contra lo que merece tu presencia.
Así para cumplir lo que debía,
te quise desterrar ocultamente 525
con darte tan copiosa compañía
y mandé pregonar públicamente
que salga dentro tiempo limitado
fuera de Zaragoza vuestra gente.
ISABELA
¡Con qué supersticiones engañado, 530
o poderoso rey, te determinas
a perseguir el pueblo bautizado!
Mira que las sentencias repentinas,
por un sólo varón determinadas,
suelen parar en míseras ruinas; 535
y que muchas provincias encumbradas,
por otras novedades semejantes,
quedaron abatidas y postradas.
ALBOACEN
¡Oh, mujer afligida! ¿Por qué antes
de saber mi propósito dos voces? 540
Oye, mas ruégote que te levantes.
Ya quiero que gocéis, y que tú goces
todo cuanto me pides, puesto caso
que mis largas mercedes desconoces.
Verdad es que me mueve nuevo caso, 545
y no tu triste ruego solamente,
que muy más adelante en esto paso.
Por el común descanso de mi gente,
por dar satisfacción al gran profeta,
y ser a sus preceptos obediente, 550
por ser tú la persona más asceta,
y que mi voluntad tiene propicia,
y no sólo propicia, más sujeta:
creyendo que del cielo la justicia
con esto me mandaba que dejase 555
del amor insaciable la codicia,
mandé por mi ciudad se pregonase
que nadie de la gente bautizada
en los muros augustos habitase.
Quedaras tú con esto condenada; 560
mas en tu vez hallar pude persona,
por justas ocasiones más amada,
tanto, que pospusiera mi corona
por no privarme de ella, mas el hado
sin esta privación no me perdona. 565
Al fin, es Albenzaide, mi criado,
quien pudo suspender vuestro castigo
y quien ha de morir por ser amado:
que pues lo quiero tanto, como digo,
con traspasar en él vuestra sentencia 570
de todo lo demás me desobligo.
Segura parte ya de mi presencia
a consolar tus míseros cristianos
con dalles tú la nueva, y yo licencia.
¿Por qué con ira tuerces ambas manos 575
y con tan tristes lágrimas ahora
eclipsas esos ojos soberanos?
Injustamente un hombre su mal llora
después que ya su furia no le daña,
o cuando claro ve que se mejora. 580
ISABELA
Si quieres aplacar. ¡Oh rey! La saña
del que llamas profeta con privarte
del que te da más gusto, ¡ley extraña!
Yo quiero ser aquí contra mi parte,
por ver a la razón de la contraria, 585
y de tu ceguedad desengañarte.
¿Tú tienes ya por cosa necesaria
privarte del que amares más?
ALBOACEN
Concedo.
ISABELA
Pues mira tu sentencia temeraria.
Injustamente yo sin pena quedo, 590
pues soy la más amada.
ALBOACEN
¿De qué suerte?
ISABELA
Porque contigo más que todos puedo.
Esta sola razón puede vencerte.
A mí me desterrabas por castigo,
y das a tusvasallos cruda muerte. 595
ALBOACEN
Pudiérame valer eso contigo,
mas no con un varón tan importante,
el cual fuera viviendo mi enemigo.
ISABELA
Quiero que esa razón fuera bastante.
Pero dime: ¿tuvieras amor firme 600
al moro si lo vieras inconstante?
ALBOACEN
Antes por acertar bien a servirme,
y serme tan leal, su muerte lloro.
ISABELA
Luego ya no podrás contradecirme:
pues yo que no leal como ese moro, 605
antes traidora soy o tu grandeza,
la cruz es mi señal, y a Dios adoro.
Con ver en mí tan clara la dureza.
Con verme, como digo, bautizada,
no te pude mudar de tu firmeza, 610
mas antes soy de ti muy respetada,
que tanto cuanto yo me muestro dura,
tú muestras voluntad aficionada.
¿Sufrieras tú del moro por ventura
tan grandes desacatos y desdenes? 615
Ya dijiste que no.
ALBOACEN
Fuera locura.
ISABELA
Luego mayor amor a mí me tienes.
¿Por qué condenas pues al menos grato?
A mí será mejor que me condenes.
¿Consiste, di, señor, en un buen trato, 620
con la que te desama ser benigno,
y con el que te sirve bien ingrato?
Si sus fieles servicios le hacen digno
del amor que te muestras, ¿es ley justa
pagarle con castigo tan indigno? 625
Por sentencia tendré menos injusta,
que todos los cristianos miserables
dejemos la ciudad Cesaraugusta.
ALBOACEN
Ya no son tus palabras tolerables,
ni yo puedo sufrir en mi presencia 630
que con tal libertad y furor hables.
Con menos artificio y elocuencia
a tu cristiano pueblo defendías,
cuando me provocabas a clemencia;
porque su propio daño no tenías 635
por tan propio, traidora, como tienes
éste que contradices por mil vías.
A solo defender su causa vienes,
según has olvidado la primera,
y de razones prontas te previenes. 640
¿Puedo disimular? ¡Quién tal creyera,
que la que con un rey fue rigurosa,
con un vasallo suyo no lo fuera!
La muerte pues que pides animosa,
¡oh perra!, te darán en compañía 645
del perro que te tiene por esposa.
ISABELA
Ese fiero furor y tiranía
las vidas cuando mucho, quitar puede:
Muley dará la suya, y yo la mía:
pero después la gloria que sucede 650
al martirio dichoso, no la quita,
ni tal jurisdicción se te concede.
En Muley hallarás otro levita;
pues para ser católico cristiano,
en su patria dejó vuestra mezquita. 655
En mí verás también, como Daciano,
el pecho que mostró la virgen bella,
honor del apellido lusitano.
Yo pues te seguiré, casta doncella,
cuyo sangriento clavo resplandece 660
en tu divina frente como estrella.
AUDALLA
Poderoso señor, ¿no te parece
que todo lo que dije verifica
quien ambas las dos vidas nos ofrece?
ALBOACEN
Delitos a delitos multiplica 665
quien, sin arrepentirse de los hechos,
después con pertinacia los publica.
En polvos los cadáveres deshechos,
y vuestros corazones tan conformes
arrancados veré de vuestros pechos. 670
ISABELA
Pues aunque de metal un toro formes,
y quieras como un Fálaris tirano,
inventar los castigos más enormes,
el pecho que se precia de cristiano
recibirá gozoso cuantas penas 675
inventes y procedan de tu mano.
¡Oh lazos apacibles, y cadenas
temidas de los flacos corazones,
por ser de tales ánimos ajenas!
Ceñidme ya, dulcísimas prisiones, 680
seréis preciosas arras de mis bodas,
y del esposo dulce gratos dones:
venid a mí, cargad sobre mí todas;
y tú, danos el tálamo dichoso
que para los dos juntos acomodas. 685
ALBOACEN
En el lugar que sabes tenebroso,
Audalla, mandarás que pongan esta
enemiga cruel de mi reposo;
y después que la dejes allí puesta,
vendrás adonde dije, porque quiero 690
solemnizar de veras esta fiesta.
Esto con brevedad, porque te espero.
AUDALLA
Así se hará, señor, ¡oh desdichado,
mas antes venturoso carcelero!
¡Oh rey! En mi poder has hoy dejado 695
la joya que yo precio más ahora
que todo cuanto Dios tiene criado.
Desviaos ya vosotros. Tú, señora,
confía, pues Audalla va contigo,
que la contraria suerte se mejora. 700
ISABELA
¿Qué dices?
AUDALLA
Tú sabrás lo que yo digo
cuando los dos estemos donde haya
dejado los que van aquí conmigo.
Ni la trabéis de brazo ni de saya;
dejadla, bien podéis seguramente, 705
que de su voluntad ella se vaya,
y no venga tampoco tanta gente.


Escena VI

 

AJA.

 
AJA
    No somos ambos hijos de una madre,
injusto rey, por cierto no lo creo;
tanto diferenciamos en los hechos 710
mas antes juzgo yo por lo que veo,
que algún helado monte fue tu padre,
y tigres te debieron dar los pechos.
¿Tú los servicios hechos
or Albenzaide fuerte 715
pagas con triste muerte?
¡Injusto galardón, sentencia dura!
Yo Aja, sin ventura,
del soberbio mancebo desamada,
por más que me fue duro, 720
tu rigurosa espada
de esa bella cerviz quitar procuro.
En mi secreto tálamo fundado
sobre los claros baños y jardines,
donde el rey muchas veces se recrea, 725
hay un balcón cubierto de jazmines,
lugar para mirar acomodado,
sin que la gente del jardín lo vea:
yo, como quien desea
saber su mal, y acecha, 730
o porque mi sospecha,
o porque la costumbre me llamaba,
en el balcón estaba,
y vi venir al rey con rostro fiero,
tan solo con Audalla, 735
su falso consejero.
Mas ¡ay en quien amor ofensa halla!
Mis oídos atentos, y sus voces
altas, por ser con ira, me mostraron
ayudando también los movimientos, 740
gran parte de las cosas que trataron
los indignados ánimos feroces,
y la revolución de sus intentos.
Parte de ellos los vientos
y sonoras corrientes 745
de las heladas fuentes
no dejaron llegar a mis oídos,
y de ellas impedidos,
la causa de sus cóleras ignora
al fin dieron sentencia 750
contra mi dulce moro
en el secreto tribunal y audiencia.
¿De qué furor movido, duro viejo,
a tal atrocidad, a tan gran furia,
el venenoso pecho solicitas? 755
¿Y cuál fue de Muley tan gran injuria
para que sin proceso ni consejo
la vida, rey, le quites, como quitas?
¡Oh cielo, no permitas,
pues eres justiciero, 760
u suceso tan fiero!
Y tú también, Adulce, llega presto,
otras veces molesto,
ahora sumamente deseado:
oye, que tu tardanza 765
aumenta mi cuidado,
y muere, si tú tardas, mi esperanza,


Escena VII

 

ADULCE, AJA.

 
ADULCE
Si sobre las almenas de Valencia
hubiese ya fijado mi bandera,
y todos sus rebeldes castigado, 770
por menos buen suceso lo tuviera
que mandarme venir a tu presencia,
habiendo sido de ella tan odiado;
pero pues he llegado
a la sublime cumbre, 775
si mudas de costumbre,
declárame, señora, qué deseas;
porque quiero que veas
cuán bien tus mandamientos obedezco.
Cultivar las arenas 780
de la Libia me ofrezco,
si para tal trabajo me condenas;
y si con las desnudas plantas quieres
que pase de la Scitia los helados,
no tendré por difícil este hecho; 785
y si por el camino las espadas
sedientas de mi sangre me pusieres,
no dudaré de dallas este pecho.
AJA
Con juramento estrecho
primero, pues, te obliga, 790
que de lo que te diga
eternamente guardarás secreto.
ADULCE
Así te lo prometo,
y por mí ley lo juro.
AJA
Pues más quiero.
ADULCE
Juro que cuanto mandes 795
cumpliré si no muero.
AJA
Mira que son promesas las dos grandes.
ADULCE
A todas me prefiero.
AJA
Pues ahora
has de saber, Adulce, que te llama
Aja, la más que todas triste mora; 800
Aja, que tan sin culpa te desama;
Aja, que ya su mal cercano llora,
enemiga del rey y de su fama,
para que la defiendas con tu mano
de la furiosa diestra de su hermano. 805
   No sé por qué razón, pero sé cierto
que Muley Albenzaide, señor mío,
señor ha muchos años encubierto,
aunque siempre conmigo mármol frío,
hoy ha de ser injustamente muerto. 810
Si tú, de cuya diestra me confío,
no te libras, señor, del vivo fuego,
con armas, cuando no valiere ruego;
   si matan al mancebo de tal suerte,
yo moriré también desesperada. 815
A mí me libra pues de cruda muerte,
si tanto como dices soy amada.
Apiádate pues, ¡oh varón fuerte!
De esta tierna muchacha enamorada:
no mires a que fui dura contigo. 820
y te mando librar a tu enemigo.
   Y si de mis desdenes ofendido,
procuras la venganza dignamente
mi pecho, que del mal autor ha sido
tus rigurosas manos ensangriente: 825
mas con fiero suplicio no debido,
Muley, en mis delitos inocente,
no permitas que muera; viva, viva,
y muera yo, que fui y soy esquiva.
   Por esa fuerte diestra, la cual veas 830
de tus rebeldes moros vencedora;
por la digna corona que deseas;
y si puedo decir, por esta mora,
en quien la voluntad tan mal empleas,
y tienes o tuviste por señora, 835
te suplico, señor, que, a Muley libres,
y luego contra mí tu lanza vibres.
   ¿Por qué no me respondes? ¿Por ventura
pretendes no cumplirme la promesa?
¿O puédome partir de ti segura? 840
¿Aceptas con silencio tal empresa?
En tanto que suspensa mi ventura
tu valor y mi priesa te da priesa,
a tus ya favorables pies me postro,
tendidos los cabellos por el rostro. 845
ADULCE
¡Hay caso más atroz ni temerario!
¡Oh dama rigurosa! ¿Qué pretendes?
¿Yo tengo de librar a mi contrario,
Sabiendo que por él a mí me ofendes?
Pero porque no digas que soy varío, 850
yo quiero defender al que defiendes:
a lo menos haré con tal oficio,
aunque sin galardón, algún servicio.
   ¡Oh vana, pretensión de los humanos,
que viven de sus cosas confiados 855
en la prosperidad del mundo vanos,
sobre las altas ruedas colocados,
y vienen muchas veces a las manos
de aquellos a quien tienen agraviados,
los cuales, en lugar de hacer venganza, 860
convierten sus miserias en bonanza!
AJA
¡Oh pecho sin razón desheredado,
no sólo de tu reino, mas del mundo!
Que sólo se te debe tal reinado,
sólo, sin que conozcas rey segundo. 865
Tan cortés y benigno te has mostrado,
que yo misma de verlo me confundo:
conozco cuán ingrata fue contigo,
y con esta venganza me castigo.
    Y ya que dignamente recompensa 870
no puede recibir tu cortesía,
pues no puedo pagarte sin ofensa
del moro, cuya soy, pues no soy mía;
aunque fortuna varia que dispensa,
y por su voluntad las cosas guía, 875
las nuestras las dispone como pido,
jamás pondré tus obras en olvido.
   Y si sucede bien, como lo creo,
pues te llevo, señor, por mi columna,
tu gozo gozarás de este trofeo, 880
sin que de él participe la fortuna;
pero si sale vano mi deseo,
culpa no te daré, señor, ninguna,
mas sólo quejareme de los hados,
contra mis pretensiones conjurados. 885
   Y porque, como sabes, la tardanza
muchos buenos sucesos desbarata,
y por el consiguiente los alcanza
quien con solicitud sus cosas trata,
parte luego, señor, con esperanza 890
de que tu pretensión ha de ser grata,
que yo me voy también con harto miedo.
ADULCE
Y yo con las mortales ansias quedo.


Escena VIII

 

ADULCE.

 
ADULCE
¿Ha quedado tormento, por ventura,
sin ser fiero verdugo de mi pecho? 895
¿Puede llegar a más mi desventura?
¿Puedes hacer, amor, mas de lo hecho?
Amo sin esperanza, ¡cosa dura!
Dejo por el ajeno mi provecho;
y no sólo mi mal llevo conmigo, 900
sino también el mal de mi enemigo.
   No sé cómo será, porque primero
que me contase Aja su fatiga,
sólo por ser Muley tan buen guerrero
que con razón a todos nos obliga, 905
al rey rogué por él; pero severo
al punto respondió: que lo castiga
con gran razón; y en esto resoluto,
quedó mi pretensión sin algun fruto.
   Pues vemos que los ruegos salen vanos 910
y tengo tanta gente de mi porte,
será bueno valerme de las manos,
y junto con las fuerzas poner arte
y con mentido traje de cristianos,
pasada de la noche la más parte, 915
asaltar la prisión y cárcel fuerte,
para librar al moro de la muerte.
   ¡Oh ciego desatino, qué pretendo!
Veamos, puesto caso que sucedan
muy bien cuantas quimeras voy haciendo, 920
y defender las guardas no se puedan
si los contrarios yo del rey defiendo,
mis hechos y mi fama, ¿cuáles quedan?
Mancillados por cierto, pues que trato
de ser con quien me da favor ingrato. 925
   Pues, ¿debo de quebrar la fe debida
al rey, de cuya mano mi persona
espero que será restituida
en los perdidos reinos y corona.
Os quebraré la jura prometida 930
a esta ferocísima leona?
¡Terrible duda! Todo lo revuelvo,
y no me determino ni resuelvo.
   Éste con beneficios me detiene,
aquella con su mando me da priesa, 935
suspenso cada cual mi pecho tiene,
sin decidir cuál más o menos pesa.
¿Mas qué necio furor es el que viene,
y de mis confusiones hace presa?
Sigamos esta furia que me llama, 940
y viva para siempre nuestra fama.



Anterior Indice Siguiente