La condición del indígena en la obra de Daniel Moyano
Mayra Ibarra
En el marco de «Las Jornadas de Estudio en Honor a Daniel Moyano» -una invitación a observar e investigar su obra- ofrecí una lectura centrada en la reconstrucción de aquellos pasajes donde fue posible valorar la condición de lo indígena dentro del contexto cultural argentino. Fue así, y con la valiosa colaboración de la Dra. Virginia Gil Amate, de Eduardo San José, Gustavo Prado y Dante Klocker, como pude identificar dicha condición con el mito sobre el origen que, la obra de Daniel Moyano, aporta a la literatura argentina. La revisión y análisis de su producción novelística y cuentística, me permitió encontrar tres tópicos fundamentales para argumentar que el sentimiento de vergüenza hacia lo indígena o aindiado forma parte del discurso oficial sobre la identidad cultural de la sociedad argentina. Para ello, recurrí, no a un análisis cronológico, sino temático. A continuación, presento los resultados que obtuve con la revisión temática de la obra moyaniana que, apoyada en una metodología de análisis propia de los comentarios de texto, me fue posible elaborar con esta investigación del perfil de los estudios culturales.
Primero, es conveniente observar la condición indígena que subyace a algunos de los personajes que están dotados con características protagónicas dentro de los relatos. En este caso, es posible comprobar la existencia de dos ejemplos muy claros. En el coronel, personaje principal de El oscuro, se puede confirmar el sentimiento de vergüenza que éste padece por ser un aindiado, condición que le fue dada al ser hijo de un indígena y una europea; y en el de Jacinto, personaje de poca relevancia de Una luz muy lejana, quien representa para Ismael, a modo de espejo, el sentimiento de vergüenza que Jacinto experimenta, al mostrarle a su amigo que tiene un padre indígena. Los dos casos anteriores comparten un rasgo en común: la condición indígena les proviene del padre, quien, curiosamente, en ambos casos, tiene la particularidad de estar ausente. Vayamos al comentario de texto para que comprendamos mejor lo anterior.
En Una luz muy lejana se encuentra la idea del paraíso como un espacio y un tiempo doblemente irrecuperable. Se trata de una búsqueda a través del otro: Ismael, quien después de haber intentando apropiarse de la ciudad, decide hacer el camino inverso hacia el origen acompañando a su amigo Jacinto para visitar en su pueblo natal al padre. Después de andar un buen trecho y haber dejado el pueblo atrás, Jacinto se detiene y le comenta a Ismael que no sabía si hacerlo caminar un poco más porque no estaba seguro, de que a él, le fuera a gustar lo que iban a ver. El comentario de Jacinto suscita una conversación dentro del relato que arroja una serie de enunciados que permiten apreciar el sentimiento de vergüenza antes mencionado. Varias de las respuestas de Jacinto a Ismael, quien se muestra en el diálogo con mucho interés ante la actitud dubitativa e huidiza de su amigo, son muy reveladoras: «Si he venido acá es para ver todo -dijo Ismael. Sí, ya sé; pero esto no te va a gustar. No es común»1
. Es una obviedad decir que Jacinto le quiere ocultar algo a Ismael, sin embargo se puede extraer el significado de vergüenza de la frase en cursivas. Vale recordar que, desde una lectura psicológica, la necesidad de ocultar proviene de un sentimiento hacia algo que provoca la sensación corporal de vergüenza. Más adelante en la conversación, Jacinto le confiesa a Ismael que su padre: «[...] no es como todos, como todos nosotros»
(p. 158). Con esta declaración, Jacinto esclarece que el sentimiento de vergüenza que expresa en el diálogo es por la figura paterna.
En este momento de la conversación entre Jacinto e Ismael, un comentario del narrador, enfatiza la actitud interrogativa del parlamento de Ismael; y traslada al lector, a la descripción del monólogo interior de éste: «preguntó como si se dirigiese a la vieja de su conciencia»
(p. 158), con lo cual despierta nuestra inquietud para observar, entre el sentimiento de los amigos, el juego de espejo. Jacinto, con el siguiente parlamento, le explica a Ismael que su padre es un sobreviviente y le señala con el dedo hacia «un rancho de paja y de barro a poca distancia de ahí, entre algarrobos»
(p. 158). Luego, con otro comentario del narrador, se completa la idea del juego de espejo. Ismael le responde a Jacinto, según describe el narrador, como si se tratase de sus propios recuerdos; es decir, que Ismael ve en Jacinto una imagen de sí mismo. Y finalmente se cierra este diálogo que da la pauta para el encuentro entre Jacinto y su padre; con el cual se consolida el argumento de que la condición indígena va ligada al sentimiento de vergüenza: «Mi papá es un indígena. Por acá de este lado de las vías2, hay muchos descendientes de indígenas. Pero él es directo. Es un indio»
(p. 158).
Después de esta conversación, Jacinto se encuentra con su padre. Ismael se queda de pie junto a la puerta y es testigo del abrazo fraterno entre Jacinto y su padre. Al momento, sale Jacinto de la habitación y ve a Ismael por completo pálido. Ismael reacciona y le comenta a Jacinto que pensaba en su padre y que había escuchado que hablaba con él en otra lengua. Jacinto le confirma la noticia; e Ismael lo interroga por el contenido de la conversación que mantuvo con su padre:
| (p. 160) | ||
El narrador, después de este diálogo, indica que Ismael miró todo aquello y pensó en un remoto conquistador: «los nativos habrían lanzado desde aquí, en la época del conquistador, gritos salvajes»
(p. 162).
Vayamos al segundo caso. En la novela El oscuro es posible ir descubriendo que el conflicto psicológico del coronel radica en la condición indígena del padre: «Pero, después con el crecimiento, los rasgos de la madre fueron perdiéndose y él comenzó a parecerse, con los años, al indio soterrado que había en lo profundo de su padre, venido desde el corazón del desierto»3
. La relación del coronel con su padre es prácticamente nula, aunque éste nunca dejó de escribirle cartas. Durante años, el coronel no quiso leerlas, pero finalmente decide hacerlo. El padre está muerto. Y la ausencia paterna real lo invita a reconstruirla a través de la lectura de las cartas y por lo mismo, a reconciliarse con su fisonomía de aindiado. Sin embargo, el proceso de reconocimiento y perdón permite apreciar en el coronel el sentimiento de vergüenza que le produce acercarse a su propio origen indígena. Vayamos a la anécdota.
El coronel está con su padre. La conversación parece darse en la mente del protagonista. Las descripciones aleatorias del narrador, le sugieren al lector, que dicha conversación, es la lectura que, el coronel, encerrado en su habitación, hace de las cartas que su padre le había escrito hasta antes de morir. En una de ellas lee que su padre había descubierto que la mujer de Bermúdez tenía razón y relata: «[...] yo siempre lo había sabido pero [...] me lo había ocultado a mí mismo, quizás en procura de que no fuese cierto. En lo que ella se equivocaba era en la palabra, porque no era desprecio lo que usted sentía por mí (de eso me dio varias pruebas) sino vergüenza»
(p. 120). Finalmente, con la lectura de las cartas experimenta una catarsis -a la manera aristotélica- debido a que se va reconociendo en las bondades de su padre, las cuales le ayudan a dejar de verse físicamente como él, aliviando así su vergüenza. «Soy idéntico a mi padre, dijo tratando de pensar en voz alta, pero apenas había entreabierto la boca, de modo que emitió un murmullo solamente. [...] Quiero pedirle perdón; fui yo el equivocado. Heredé su corazón precario creyendo que iba a fallarme»
(p. 190). En ambos casos, existe la reivindicación del origen indígena: Jacinto con el recuerdo y en el coronel con el acto del perdón, por tanto, hay un alivio individual de dicha vergüenza. Jacinto llora y abraza a su padre y el coronel lo hace en el silencio de su arrepentimiento.
El tercer caso que se encontró con el mismo tópico; es decir, el sentimiento de vergüenza relacionado con la condición indígena, se localiza en Un sudaca en la Corte. En los casos de Jacinto y el coronel, dicho sentimiento se liga a la figura del padre ausente, uno de los tópicos más estudiados en la obra moyaniana; sin embargo, en el protagonista de Un sudaca en la Corte dicho sentimiento se percibe en la aceptación del origen despreciado, el cual es retratado de forma virtuosa y humorística. La transformación que se observa en este protagonista es posible que sea causada por la condición de extranjero. No se puede olvidar que el relato transcurre en una fiesta de escritores, ofrecida por el monarca español. El protagonista, que a la vez funge de narrador, se describe a sí mismo como un aindiado, pero en su retrato no hay una sola muestra del sentimiento de vergüenza por dicha condición, a diferencia de Jacinto y el coronel:
[...] no me luzco por ser alto y rubio y de bigotitos como los príncipes mentados por la abuela, y soy medio lampiño, [...] lampiño como lo eran casi todos los pobladores precolombinos de por allá. Soy medio indio, claro, pese a la cultura europea que me dieron en casa y a las permanencias en distintas ciudades del mundo como corresponsal de diarios sudamericanos. Uno puede llegar a París y expresarse tranquilamente en francés como si nada, pero en mirándose al espejo los rasgos indígenas saltan a la vista, especialmente mi mirada diaguita, que dicen es muy tímida. [...] en las Europas siempre me favoreció en el campo erótico...4. |
Con este último ejemplo se cierra el tratamiento del primer tópico. Para abordar el segundo es importante señalar que, a partir de una serie de configuraciones literarias en torno a la idea sobre el origen de la sociedad argentina, los diversos narradores, construidos por Daniel Moyano para sus obras, empiezan a percibirse como una conciencia colectiva que explica el sentimiento de vergüenza por el que atraviesan Jacinto y el coronel; y que en el sudaca, puede apreciarse ausente, gracias a la condición de extranjero, otro de los temas más estudiados en la obra moyaniana.
El primer ejemplo se localiza en el cuento «Hace 500 años». El narrador remite al territorio de la Argentina precolombina al decir que el protagonista «Cortaba ramas inútiles»5
. Esta acción descrita por el narrador pone el énfasis en el tiempo anterior al suceso histórico de 1492. Cuando los pobladores de la Argentina precolombina eran diversos grupos nómadas, algunos de los cuales -en el norte- estaban bajo el dominio Inca. El complemento de la acción descrita por el narrador sitúa al lector en el horizonte cultural de la llegada de los europeos al continente americano, logrando así una síntesis temporal y espacial dentro del relato que permite apreciar el origen del discurso oficial sobre la identidad cultural de la sociedad argentina con la llegada de los europeos y, por lo mismo, la condición del indígena relacionada con el sentimiento de vergüenza.
Es importante señalar la construcción del pasaje narrativo para visualizar la revisión histórica que, en este cuento, hace Daniel Moyano sobre el Descubrimiento de América y los sucesos posteriores. El protagonista está cortando ramas inútiles y con ellas, según el narrador, intenta «prolongar algo que se iba y en ese mismo instante empezaba a ser pasado, mientras sus compañeros le informaban que los invasores por fin habían llegado con armas y animales feroces no pensados y que ellos habían resuelto entregarles todo a cambio de la vida»
(p. 53). Este entregarles todo a cambio de la vida, si se lee bajo la óptica de la antropología cultural, es una metáfora del exterminio de los grupos indígenas nómadas6. A pesar del exterminio, en el padre indígena de Jacinto se comprueba la existencia de sobrevivientes, quienes como su padre, conservan una lengua distinta al castellano; con la fisonomía de aindiado del coronel se demuestra el mestizaje étnico; y, por último, con el sudaca, se exhibe, por un lado, el resultado del mestizaje cultural; y, por otro, que la condición de extranjero elimina el sentimiento de vergüenza por su fisonomía de aindiado y le revela que dicho sentimiento es producto de una ideología de estado.
Más adelante, regresando al análisis del cuento «Hace 500 años» el narrador relata el proceso de transformación cultural sufrido por los indígenas al recibir el nombre que los integraría al mundo occidental: «El hombre de negro roció con agua su cabeza, trazó rayas en el aire y lo llamó José»
(p. 66). Si se lee este suceso anecdótico desde los estudios mitológicos propuestos por M. Eliade, este acontecimiento que le da un nombre al protagonista que el narrador presentó como un sujeto nómada y ahora lo devela bajo el nombre de José, convierte al bautismo en el rito de iniciación que marcó el tránsito cultural de una mentalidad religiosa politeísta a otra monoteísta; y por lo mismo, significó la fundación (en este caso, católica) de una nueva sociedad. Vamos a ver a continuación cómo este cuento es clave para comprender la condición del indígena en la obra de Daniel Moyano.
Con la llegada del hombre blanco al paraíso, al mundo fabulado como invención renacentista, es decir, América, surge un sentimiento que el aborigen americano no conocía como propio: la vergüenza de sí. Daniel Moyano la describe así: «Hay un color distinto, los labios diferentes, hay esas plumas que le obligaron a ponerse no siendo su momento. Se ve semidesnudo. Miles de caras repetidas, en realidad una sola, desplegada y monstruosa, lo miran con el mismo interés que al papagayo. Y se avergüenza. Es un monstruo rompiendo la armonía del paraíso cuidadosamente embellecido y cultivado»
(p. 62). Si se piensa, el discurso narrativo bajo la óptica del relato histórico, se puede argumentar que la imagen del barco, como medio de transporte cultural, trae consigo la mirada europea sobre el aborigen del continente recién descubierto. Dicha mirada es el origen de la vergüenza. El indígena se percibe a sí mismo, bajo la mirada crítica, descriptiva y moral del hombre europeo, como un ser monstruoso, bárbaro y sólo interesante, en tanto valor folklórico y de análisis científico. En «Hace 500 años» surge como propuesta moyaniana la revisión histórica, sin que, aún sea precisada por el narrador, de la idea del barco como situación de origen, sobre todo, si se piensa que en ellos llega el hombre blanco al continente recién descubierto. Es en el Libro de navíos y borrascas donde aparece la definición de barco como origen: «El barco, como se dice, del que descendemos los conosurenses. Vapor, raza y origen. Barco que vale tanto como un imperio incaico y una civilización azteca»7
. Es en este medio de transporte donde convergen, tanto la condición indígena de la sociedad argentina como la siguiente migración europea que habrá de repoblar dicho territorio:
| (p. 196) | ||
En resumen: la reconstrucción de los pasajes que he hecho a lo largo de estas páginas arroja dos datos para estudiar la condición del indígena en la obra de Daniel Moyano. La primera es la vergüenza y la segunda derivada de la primera, es el mestizaje étnico como situación cultural que provoca también el sentimiento de vergüenza ante la raza blanca y/o europea por completo instalada en el imaginario colectivo de la sociedad argentina. Paralelamente, a esta reconstrucción, se analizó la idea semántica de barco como discurso mítico acerca del origen de la misma sociedad en cuestión. A modo de conclusión: la vergüenza argentina sobre su origen indígena y su derivado mestizaje proviene de la mirada crítica, descriptiva y moral de los hombres y mujeres europeos, que llegaron en barco, y documentaron posteriormente, las características físicas y morales de los aborígenes del territorio descubierto.
Para abordar el tercer y último tópico que, bajo la perspectiva del discurso ideológico sobre la identidad cultural, construido por el estado y para los fines del estado, me propongo estudiar sobre la condición del indígena en la obra moyaniana la relación entre Triclinio y Ufa de El trino del diablo. Con dicho análisis se comprueba que la referencia directa a la condición de lo indígena, ya sea en los rostros de los personajes o en alusiones a instrumentos, folclores, costumbres y tradiciones en donde la oralidad juega un papel fundamental en las prácticas culturales de los grupos sociales, es la seña de identidad que postula, no sólo Daniel Moyano, como parte clave de su propuesta literaria, sino todos los autores argentinos de la provincia8. En la descripción y los diálogos de la anécdota en el descanso del concierto de música al que asisten Triclinio y Ufa, se observó que dicha relación representa el enfrentamiento especular entre los modelos europeos y la raigambre aborigen como un conflicto entre el discurso oficial sobre la identidad y la realidad cultural de la sociedad argentina. No sólo se trata del conflicto de un personaje con un padre indígena o de origen indígena lo que se observa debatir, sino a la sociedad misma. De algún modo, Triclinio es un personaje metáfora que devela la lucha de un discurso cultural oficial que niega la condición de lo indígena en la sociedad en cuestión. Vayamos a la anécdota para comprender claramente lo anterior.
Triclinio es un músico que se lanza a la capital para buscar mayores y mejores oportunidades como artista. En esta travesía conoce a Ufa, la hija del presidente. Con ella va a un concierto de música europea y, en el descanso, surge el siguiente parlamento de Ufa, el cual es de gran utilidad para analizar la situación de Triclinio como personaje metafórico:
Cómo dice papá, el amor es el consuelo de los simples, como los habitantes de tu villa. Ellos, por su condición de exiliados, no tienen sobre sus espaldas ningún peso que cuente ni son responsables ante la Historia de los destinos del país. Porque esto pese a todo, es un país, Isn't it? Nosotros en cambio tenemos en casa las armas que usaron nuestros mayores para defender las fronteras de las invasiones de los espantosos indios y un álbum fotográfico familiar que si te lo muestro te caés de espalda9. |
Es importante recaer en la frase espantosos indios y recordar que Triclinio es un aindiado. El personaje de Ufa representa al interior del universo de ficción el discurso del colonizador10, el cual está vinculado con la situación victoriosa de los europeos y la posterior sumisión de los indígenas. La calificación que emite Ufa sobre los indígenas para diferenciarse de la gente como Triclinio coincide con la exaltación heroica de los primeros relatos hechos por los conquistadores. Y dicha exaltación forma parte del discurso cultural oficial. La siguiente descripción que ofrece el narrador sobre la convivencia durante el descanso es aún más reveladora: «A cada uno Ufa, radiante de belleza, respondía con una sonrisa diferente, aferrada cariñosamente a Triclinio, que pese a sus atuendos no podía modificar su aspecto aindiado. A él lo saludaban con respeto patriótico, como si se tratara de un objeto de interés folclórico»
(p. 89). Es evidente que el narrador describe la actitud de aquellos que han sido educados bajo la ideología del discurso oficial que muestra lo indígena como algo muerto que hay que venerar como una pieza de valor arqueológico, una fisonomía de carácter patriótico y en general, como una pieza artesanal digna de coleccionistas excéntricos. De algún modo, esta ideología estatal convierte el problema de la identidad en un tema de índole nacional. Con esta mirada de análisis, la condición del indígena relacionada al sentimiento de vergüenza es una herencia colonial, por tanto, desde una crítica de la cultura, un sentimiento estereotipado por la ideología del estado.
El siguiente pasaje que se tomará como objeto de estudio para el análisis de la propuesta literaria de Daniel Moyano pertenece a la novela El vuelo del tigre. En ella aparece la idea semántica de las aves migratorias como una explicación metafórica sobre el origen; idea que se muestra ligada a la de barco. Esta noción aves migratorias-barco se presenta unida en el siguiente fragmento: «-A callarse de una vez -dijo el viejo tendiendo las orejas para escuchar nuevas explosiones. -A callarse ustedes, imbéciles, enfermos, ignorantes, endémicos, canallas, ladrones, imberbes, descastados, bastardos, maricones, pretenciosos, utópicos, goyescos, protozoarios, deicidas, félidos, mestizos, hijos de la chingada»11
. Cada una de estas idea-palabra condensa los vuelos de las aves migratorias en un punto y, por lo mismo, un encuentro total entre todas las sociedades europeas en la tierra de los aborígenes de la Argentina precolombina. Y finalmente, el último pasaje con el que se cierra mi objeto de estudio proviene de Tres golpes de timbal.
El nudo de esta novela es el drama de Minas Altas, un pueblo construido por los sobrevivientes de otro pueblo arrasado: el de Lumbreras. Es por esa razón que toda la comunidad, de distintas maneras, participa, en la aventura de recuperar la canción del gallo blanco, la cual cuenta la historia de Lumbreras y los detalles de su destrucción. De ese modo, les será posible volver a reencontrarse con sus verdaderas raíces, lo cual significa hallar el punto fundacional que asegure la veracidad de la continuidad en el tiempo. Y en esa búsqueda por encontrar el punto fundacional vuelve a manifestarse la condición de lo indígena como colectivo social al que se le ha marginado: «En mis andanzas he visto poblaciones que desaparecen por cansancio o por olvido, o por haber perdido la contabilidad de los años, o por no saber el qué y el para qué. Ciudades casi enterradas que ya estaban así cuando llegaron los españoles. ¿Qué se hicieron los que las poblaron? De su memoria sólo quedan formas de barro, o hechuras de piedra donde estamparon su inocencia: un dios de la lluvia resquebrajándose en la peor de las sequías»12
.
El acercamiento a la condición indígena en la obra de Daniel Moyano se presenta, no sólo como una valoración mítica e histórica de la fundación de la sociedad argentina, sino también como una reivindicación de la herencia indígena que en ésta subyace. De este modo, la escritura de Daniel Moyano muestra así una ruptura con el estereotipo cultural de la Argentina como algo parecido a la Europa Americana que niega el sustrato «indígena» y con él, el conflicto entre Buenos Aires y el interior.