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Domingos de La Verdad, Murcia, 18-6-1978.
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Desvarío y fórmulas en 1981 y Cada día conmigo en 1987.
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En la entrevista ya citada se le pregunta si Miguel Hernández estuvo enamorado de ella, María Cegarra contesta «Pues no me lo dijo nunca, ni yo me sentí que estuviese enamorada». El periodista insiste: «¿Puedo decir yo, por mi cuenta, que Miguel estaba enamorado de usted?». Sin poder evitar la satisfacción que le produce el sentirse halagada en su amor propio de solterona, María Cegarra melindrea: «Tú puedes decir lo que quieras porque no levantas falso testimonio, pero no sé si debes decirlo, ¿no comprendes? No se consigue nada con eso». Sin embargo, en 1979 la revista Tránsito de Murcia publica un poema de María Cegarra en tajante contradicción con sus coquetas reticencias:
Presencia de MiguelNadie-ni antes ni después de ti-supo, sabepronunciar mi nombre.[...]Voz nueva, distinta.Con rumor de campos.Alzada en solitaria espiga.Crecida en anchas claridades[...]Entonces vinieron a mi mundosueños, ilusiones, esperanzas.Entonces nacía «el rayo que no cesa».