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Oda a la Batalla de Talavera: Manuel Pardo de Andrade, 1809

Julio Fernández-Sanguino Fernández


Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales



Durante la contienda contra las tropas napoleónicas, la prensa se convertiría en un instrumento más de la guerra, incluyendo frecuentemente las publicaciones editadas en la España que deseaba a Fernando VII composiciones líricas para realzar gestas de la contienda como complemento a las informaciones bélicas ofrecidas. Como suceso representativo de aquella época, se puede citar a la batalla que se desarrolló durante los días 27 y 28 de julio de 1809 en las inmediaciones de Talavera de la Reina, Toledo, ya que, por motivos diversos, alcanzaría una de las mayores relevancias informativas de la Guerra Peninsular.

En este contexto, el Semanario Político, Histórico y Literario de La Coruña, incluiría en su primer número una Oda de Manuel Pardo de Andrade, editor de la publicación, «en elogio del triunfo conseguido en el campo de Talavera por las armas anglo-hispanas al mando del bizarro general de S.M.B. el Excmo. Sr. Arthuro Wellesley; y el de S.M.C. el Excmo. Sr. D. Gregorio de la Cuesta», militares al mando de las tropas inglesas y españolas, respectivamente.1

Los ejemplares de este periódico están sin fechar, y, aunque no se precisa la fecha del inicio de su impresión, se estima por las reseñas publicadas que comenzó a editarse en torno al 7 de septiembre de 1809. En el primer número se recogen noticias procedentes de Lisboa al 22 de agosto anterior para informar de las posiciones del «exército Anglo Hispano Lusitano» que se habían situado al oeste de Extremadura, con sus cuarteles generales muy lejos ya de Talavera.

En relación con esta reseña, cabe destacar que las esperanzas puestas tras la Batalla de Talavera no se alcanzaron. A pesar de las expectativas triunfalistas ampliamente difundidas, se desencadenaría seguidamente el segundo fracaso anglo-español tendente a expulsar a los franceses de España, teniendo lugar al acantonamiento de los ingleses en Portugal y las posteriores derrotas de los ejércitos españoles en el otoño de 1809 al quedarse sin el apoyo británico. Al margen de las evidencias informativas publicadas sobre el repliegue de los ejércitos combinados después de la batalla, el semanario ofreció la composición indicada como si se tratara de una brillante victoria que cambiaría el destino de España.

Por otro lado, la Batalla de Talavera sería igualmente motivo de inspiración para los principales poetas románticos británicos. Entre ellos, se puede citar a Robert Southey, que en 1811 escribiría una composición sobre «Talavera. For the Field of Battle».2

Pardo de Andrade en 1809 había conocido en Coruña al Southey en la casa del cónsul británico Jardine, causando al poeta inglés un recuerdo imborrable.3 Ambos escritores compusieron poemas dedicados a la Batalla de Talavera, por lo que es muy posible que en las tertulias a las que asistieron aflorasen inspiraciones que influyesen en la gestación de sus obras.

Pardo de Andrade en su Oda sentía que los campos de España ya sin sarracenos se llenaban de infieles galos y clamaba la venganza de los descendientes de Pelayo y del Cid. Tras referirse a la Batalla de Talavera y destacar el triunfo anglo-español, distinguía a los generales español y británico artífices de la victoria, con tantas acciones heroicas que cantarlas dignamente no podía. El autor centraba su poema en la figura del rey godo D. Rodrigo, cuya folganza tantas desgracias trajo a España, para finalizar señalando que igualmente dañaría a quien tuviera la grave carga del Estado.

La figura de D. Rodrigo utilizada por Pardo de Andrade en 1809 en el poema sobre Talavera sería motivo a desarrollar posteriormente por importantes escritores británicos, gestándose tres obras compuestas por Sir Walter Scott en 1811, Walter Savage Landor al año siguiente y Robert Southey en 1814.4

La leyenda del rey godo se esgrimió en aquellos momentos como mito histórico para hacer un paralelismo entre la invasión musulmana de la Península Ibérica y la de las tropas napoleónicas con la finalidad de justificar la Guerra Peninsular, ya que, ante las numerosas críticas que surgieron en Gran Bretaña por las campañas no del todo favorables inicialmente, el Gobierno de aquella nación intensificaría las medidas para hacer cambiar la opinión pública. Una de ellas, fue implicar a los mejores escritores para la causa como se aprecia en The Vision of Don Roderick, obra de Walter Scott publicada con el fin de recaudar fondos para las «víctimas portuguesas» y entusiasmar al público inglés para que apoyase la participación británica en el conflicto contra Napoleón en esa parte de Europa.5

La Oda a la Batalla de Talavera de Pardo de Andrade cayó en el olvido al igual que el Semanario Político, Histórico y Literario de La Coruña, ya que con la llegada de Fernando VII se intentó detener el curso de la Historia y borrar seis años de vida española. Una de las medidas empleadas fue hacer desaparecer una gran parte de las publicaciones editadas durante la guerra. Entre ellas, el semanario mencionado, sobre cuyo autor pesaba una condena a muerte.6

Pardo de Andrade, ex agustino que tras su secularización había publicado en el Diario de Madrid numerosos artículos ilustrados, dirigió al inicio de la guerra contra las tropas napoleónicas el Diario de la Coruña en 1808, reiniciando su andadura periodística al año siguiente una vez que la ciudad quedó libre de los ejércitos franceses. Dio un sentido liberal a su semanario, definiéndole Gómez Imaz como un demócrata exaltado.7

Posteriormente, colaboraría en El Ciudadano por la Constitución, publicación política que saldría a luz pública en A Coruña el día 16 de septiembre de 1812. Este periódico fue uno de los más avanzados entre los que militaban en el campo liberal, emprendiendo, junto con otros paladines entusiastas de la reforma constitucional, violentas campañas en contra de las ideas absolutistas y sus representantes en la prensa de entonces.8

No es de extrañar que por sus posicionamientos fuera condenado a la horca cuando se instauró el absolutismo en España, teniendo que exiliarse para salvar la vida. Sus obras serían repudiadas y el último periódico mencionado sería incluido expresamente en la relación de la Inquisición sobre las publicaciones y libros «mandados recoger por el santo Oficio con conocimiento y aprobación de S. M.».9

Pardo de Andrade, con aureola de poeta consagrado cuando se hizo cargo del Semanario Político, Histórico y Literario de La Coruña, compuso una delicada Oda formada de quince estrofas en composición métrica de lira de seis versos, cinco endecasílabos y el tercero heptasílabo, en rima consonante, los cuatro primeros en rima alterna y los dos últimos entre sí. La Oda publicada en el primer ejemplar del semanario es la siguiente:



    Después de siglos de combates fieros,
Que el folgar de Rodrigo trajo a España,
Ya libres los Íberos,
Ajeno de tornar a nueva hazaña,
Imperando su antigua monarquía,
El manso Tajo a su placer dormía.

   De nuevas Cabas la beldad nativa,
Interpuesta del trono la barrera,
En hora intempestiva
Interrumpirle el sueño no pudiera,
Si en la folganza de que fue testigo
No fuera ella la reyna de Rodrigo.

    Más ¿quando pudo el zelador de su honra
Descuidado dormir sin exponerse
Al agravio y deshonra,
Que al que dormido yace puede hacerse?
Así fue; pues un joven las cadenas
Labró, robando el oro a sus arenas.

   Hizo más: pues cargóle en grave sueño
De grillos y prisiones vergonzosas:
Dióle extranjero dueño,
Que taló sus riberas deliciosas;
Y entonces despertó despavorido,
Del rigor inclemente el Tajo herido.

   Su frondoso dosel vió derribado,
El cetro roto, y de sus aguas puras
El lustre amancillado,
Y ellas gemir en las cadenas duras:
Viólas; y revolvióse en su profundo
Seno, lleno de enojo, y tembló el mundo.

    Retrajo desde el mar de Lusitaña
A la imperial del Godo su corriente,
Y asombrada la España
Vió, que el cielo tocaba con la frente
Su gigante estatura; y al instante
Se hizo sentir de su enojo resonante.

    Volviendo entorno el ceño majestuoso
Dixo en ayrada voz: «¡Que siempre viva
De un tirano ambicioso
Por confianza mi libertad cautiva!
¡Y que mis campos ya sin Sarracenos,
Tornen a estar de infieles de Galos llenos!

    Vengaos y vengadme, descendientes
De Pelayo y del Cid, que el Pirineo
Humillasteis valientes
Llevando a Roncesvalles en trofeo
Por San Quintín, Pavía y mas lugares
En que disteis a Francia mil azares».

   Dixo: y acorre en su defensa luego
el respetable Cuesta acostumbrado
a despreciar el fuego:
Y el exército hispano combinado
Con el de Wellesley, fuerte guerrero,
Ya corre a redimir el suelo íbero.

   Congrega el Galo osado sus legiones,
Que Victor a presencia del Rey manda;
Y qual tigres y leones
Tres días los vió el sol en la demanda,
Y en todos victorioso el Anglo-hispano,
Segar laureles a una y otra mano.

    Castiga el necio orgullo el desengaño,
Y el terror le sucede: diligente
Sálvase el Rey del daño,
Y por librarle expónese su gente;
Que destrozada al fin, rota y vencida,
Ya no halla mas asilo que en la huida.

    ¡Oh quien contar pudiera las acciones
Que distinguieron tanto en las tres luchas
Los bizarros Campeones
De Wellesley y Cuesta! Mas son muchas;
Y si cien y cien voces mas tuviera
Cantarlas dignamente no pudiera.

   Dexo pues, que los marmoles las graven,
Que el bronce las entalle y eternice;
Los fastos las alaben,
Y la posteridad las solemnice,
Levantando a tan dignos Generales
De gloria monumentos inmortales.

   Y tú, Tajo dichoso, que vengado,
A la mar llevas tantos yelmos rotos,
Y corres colorado
De sangre de enemigos; ya tus votos
Cumplió el pueblo español, que nuevamente
Diadema y libertad vuelve a tu frente.

    Pues guardas el alcázar de los Reyes
Zela tu libertad, zela de España
Las primitivas leyes:
Mira quanto le cuesta, y quanto daña
La folganza de aquél, que a su cuidado
tiene la grave carga del estado.







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