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Esta dedicatoria salió a luz la primera vez en la edición del año 1813. Suprimióse después por motivos de circunspección y delicadeza; mas habiendo cesado estos motivos, se restablece ahora en su lugar en los mismos términos que primero.
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Don Dionisio Alcalá Galiano y don Cosme Churruca.
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Esta advertencia se puso en la edición de estas Poesías hecha el año 1821.
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Tal es el precepto de las unidades en todo el rigor de la escuela. El autor, que escribía su obra al salir del colegio y con la leche de la retórica en los labios, no podía menos de decidirse entonces por su más estrecha observancia. Ahora no piensa con tanto rigor respecto de las dos unidades de tiempo y lugar; y advierte que si hay grandes razones en pro, hay también grandes ejemplos en contra. Prescindiendo de las pequeñas licencias que se toman aún los más adictos a las reglas, y que a las veces no dejan de ser tan inverisímiles como las que se censuran en los escritores más laxos; prescindiendo asimismo de las impropiedades bien notables a que el riguroso cumplimiento de las reglas los obliga, no hay duda que los clásicos griegos han faltado a ella muchas veces, y que los dramáticos ingleses, los alemanes y los españoles antiguos la desconocen abiertamente. Y no por eso sus fábulas dejan de cautivar la atención y de producir todo el interés y efecto que se desea en la poesía dramática. No se trata aquí de resolver ligeramente una cuestión que las disputas actuales sobre la preferencia entre los dos géneros clásico y romántico o romancesco han hecho cada vez más complicada, y que por lo mismo exigiría una discusión más prolija que lo que conviene en este lugar. Pero acaso podría establecerse por principio que la severidad es necesaria en todo lo que pertenece a la verisimilitud, y que no deben concederse al arte más licencias que aquéllas de donde puedan resultar grandes bellezas.
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En la tragedia de este nombre.
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En el Misántropo de Molière.
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Medea.
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A la sazón que esto se escribía el teatro estaba ocupado por una nube de autores miserables e ignorantes, de quienes La Comedia nueva hizo una severa, bien que necesaria, justicia. Sin disposición bastante y sin aplicación para dedicarse a alguna de las otras profesiones útiles de la sociedad, pensaban hacer del teatro una granjería, careciendo absolutamente del ingenio y del saber precisos para sostenerle, si no con honor, a lo menos con decencia. Sus composiciones, insípidas o desatinadas, han desaparecido ya de la escena, y probablemente no resucitarán jamás. Pero en estos casos el rigor de la censura debe caer solamente sobre su ignorancia y atrevimiento, y no sobre su miseria. Nunca es bueno insultar a la pobreza, y en la suposición de que el teatro presentase medios suficientes para sostener con decencia a quien se dedicase a él, no sé yo qué pudiera tener de vergonzoso el que un hombre de talento se mantuviese con este recurso. Uno de los más grandes poetas del mundo ha dicho de sí mismo:
Pauperias impulit audax
Ut versus facerem.
Y si el hacer versos por hambre no fue parte para que los de Horacio dejasen de ser tan bellos, tampoco en ley de razón será bien decir a todo autor dramático que se halle en este caso: «Tú haces comedias para comer, luego las has de hacer mal.» Tantos como se mantienen de lo que escriben, de lo que cantan, de lo que pintan y de lo que predican, debieran hacernos más circunspectos para no decidir tan de ligero.
Tal vez una de las principales causas de nuestra escasez actual en este ramo de literatura es que el arreglo y disposiciones económicas de nuestros teatros no hayan abierto un recurso honesto y decente de subsistir a los autores que les surtiesen de composiciones a propósito para excitar la concurrencia del público. Por ventura una ocupación para la cual se necesita de tanto talento, de una aplicación tan exclusiva y de unos estudios tan profundos y continuos: ocupación, por otra parte, destinada a llenar un objeto tan importante y necesario de policía y de educación pública, como es el teatro, ¿no merece sacar de sí misma la recompensa y producto que sacan tantas otras de menos trabajo, menos delicadeza y cortísima utilidad? Las tentativas hechas en estos últimos tiempos para remediar este mal han sido infructuosas, acaso por no convenir ni con las personas ni con la época ni con las circunstancias. Es probable que tarde el remedio mucho tiempo todavía, porque esto pide otros medios, otro sosiego y otro gusto que el presente. Quizá será necesario que acabe de reducirse el arte a una nulidad absoluta, para que a su restauración puedan mejor combinarse los medios de fomentar y alentar los diferentes elementos de que se compone.
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Alusión a las tres tragedias de Esquilo. Los persas, Agamenón y Prometeo.
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Este terceto y los siguientes aluden a diferentes pasajes de la Fedra, de Racine, que, como ha dicho un gran maestro del arte, «es el carácter más teatral que se ha visto nunca.» Modelo, todavía no igualado, de versificación, de gusto y de vehemencia, este admirable papel reúne todos los dotes poéticos y dramáticos, y ha sido hasta ahora la desesperación de cuantos se han propuesto imitarle.